lunes, 22 de diciembre de 2008

Pastor Angelicus.


El 9 de octubre se cumplieron 50 años de la ida a la Casa del Padre del Siervo de Dios, el Papa Pío XII, quien guió a la Iglesia Católica hasta 1958. Cuando uno observa las imágenes que han quedado de su paso por esta vida, tanto en fotografías como en películas, no deja de sorprenderse del halo de santidad que se desprendía de su persona, especialmente en aquellos momentos en que se recogía en oración. Parecía distante y heriático, pero prodigaba humanidad y paternidad para todos los hombres y mujeres puestos a su cuidado como fiel reflejo del Divino Pastor y Maestro. Por eso que es incomprensible que durante muchas décadas, precisamente se ha tratado de enlodar su memoria, presentándolo como un pontífice todo lo contrario de lo que acabo de decir, esto es, que Pío XII fue un ser alejado, distante y frío en los años de la Segunda Guerra Mundial.
Hoy, transcurridos ya el medio siglo de su Pascua, la memoria histórica de Pío XII, el Pastor Angelicus, comienza a ser valorada en su integridad desde la perspectiva de los métodos de investigación históricos objetivos y bien documentados. Empieza a develarse la verdadera imagen del pontífice, oculta por los prejuicios, pues desde siempre se ha tenido la certeza de su santidad y de su honda preocupación por la humanidad en los años de la guerra y, especialmente, sus desvelos por el pueblo hebreo. Como dice Margherita Marchione: “En realidad, Pío XII salvó la vida a miles y miles de hebreos y perseguidos. Muchos edificios eclesiásticos, incluida su residencia en Castel Gandolfo, fueron transformados en lugares de acogida y de refugio. Todo se desarrolló no sólo gracias a su consenso sino, sobre todo, según las órdenes de Pío XII”. Hoy, promediando ya la primera década del siglo XXI, principia a hacerse justicia con el Pastor Angelicus, lo que sólo podrá terminar cuando Pío XII sea elevado a la gloria de los altares.

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