domingo, 19 de abril de 2015

Domingo del Buen Pastor.

Los antiguos cristianos de Roma se reunían hoy en San Pedro. Es el Domingo del Buen Pastor, el cual, después de su Resurrección, nombró a San Pedro, Pastor visible de todas sus ovejas y corderos. Es el día de acordarnos lo que el Buen Pastor ha hecho por nosotros; "la tierra está llena de la misericordia del Señor. Justos (bautizados, reconciliados, co-resucitados), alegraos en el Señor" (Introito). La Misa revela una unidad perfecta. En la Oración volvemos a encontrar al Buen Pastor salvando a sus ovejas de toda suerte de peligros; en la Epístola aparece otra vez el mismo tema en boca de San Pedro. En el Evangelio es el mismo Cristo quien nos dice: "Yo soy el Buen Pastor...". En la consagración de la Misa el Buen Pastor se hace presente real, personal y sustancialmente ante nuestros ojos bajo la apariencia de pan y vino para inmolarse en el altar. De este sacrificio fluyen hasta nosotros todas las misericordias, todas las gracias y fuerzas de la vida sobrenatural. La parábola del Evangelio de hoy fue pronunciada por Jesús después de curar al ciego de nacimiento. Habiendo expulsado los judíos a este ciego de la sinagoga, Cristo le ofrece como asilo su Iglesia y compara a los fariseos con los malos pastores que abandonan a sus ovejas. La alegoría del buen Pastor ha sido siempre muy saboreada por las generaciones cristianas, y por eso vemos tantas veces representado a Cristo en las Catacumbas del siglo II y III como divino Buen Pastor, que carga con la oveja perdida.

domingo, 12 de abril de 2015

Domingo de Quasimodo o “In Albis ”

Este domingo se llama de Quasimodo por las primeras palabras del Introito, o in Albis, porque los neófitos (adultos recién bautizados; en la antigüedad, en los comienzos del Cristianismo, había más bautismos de adultos que de niños) acababan de dejar sus blancas túnicas. La Iglesia compara a sus hijos con los niños recién nacidos y esa leche que les da de beber (Introito) es la fe en Jesús que les hará triunfar sobre el mundo. Esa fe tiene por fundamento el testimonio del Padre, que en el bautismo de Cristo (agua) le había ya proclamado Hijo suyo; del Hijo, que en la Cruz (sangre), se mostró verdaderamente Hijo del Padre; y del Espíritu Santo (fuego), el cual atestigua por la Resurrección de Jesús la divinidad del Salvador (Epístola). También nos muestra el Evangelio cómo Cristo, que se apareció dos veces en el Cenáculo, después de confundir la incredulidad de Tomás, alabó a los que, sin haber visto, creen en Él. Creamos nosotros en Jesús resucitado, y repitamos en presencia de la divina Eucaristía, donde está real y verdaderamente, aquel grito de fe y de humildad de Sto Tomás: "¡Señor mío y Dios mío!" Cristo ha muerto por nuestros pecados; pero también ha resucitado para revestirnos de su justicia y devolvernos el derecho perdido a la herencia. "¡En tu resurrección, oh Cristo, se alegren cielos y tierra!" porque todos juntamente con Él resucitamos. Que estas alegrías pascuales perduren en nosotros y dejen impresa honda huella en nuestras almas. Ya hace ocho días que vimos surgir vencedor de la muerte y del infierno. Cada domingo renovemos y honremos la memoria de su Santa Resurrección. Pidamos una gracia, gracia que las resume todas; gracia que tantas veces implora la liturgia de estos sacratísimos días: ut Sacramentum vivendo teneant; que estas fiestas pascuales y las gracias celestiales que en ellas llueven a torrentes, moribus et vita teneamus. Lo que equivale a aquella amonestación que el sacerdote nos dirigió al bautizarnos: serva baptismum tuum, guarda blanca la túnica de tu bautismo, y encendida la luz de la fe que en él se te dió; para que cuando el Esposo venga a llamarte a las bodas, puedas seguirle con todos sus Santos a los palacios del cielo y tener la vida eterna, y el gozo por los siglos de los siglos. ¡Amén, amén. Fiat, fiat!
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sábado, 11 de abril de 2015

Altares que ya no están (II).

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Sancta Missa Tridentina celebrada por el Rev. Padre Jaime Herrera en la antigua Capilla San Juan de Dios, Viña del Mar, Chile. Domingo 30 de mayo de 2010. Fue demolida para construir un moderno edificio que a la fecha aún no se edifica.

viernes, 10 de abril de 2015

Monseñor Eladio Lazcano Sáa, 44 años de párroco.



Entre los curas párrocos de Casablanca destaca Monseñor Eladio Lazcano Sáa, quien se mantuvo en dicho cargo por más de cuatro décadas. Su recordada memoria entre los fieles de Casablanca nos exige que le dediquemos un apartado especial.
Nació en la ciudad de Santiago el 6 de enero de 1886, siendo sus padres don Alejandro Lazcano Aspée y doña María Emperatriz Sáa Lazcano. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de Santo Tomás, pero sintiendo ya muy niño una vocación religiosa ingresó en segundo año de humanidades al Seminario de Santiago en el año 1901. Ingresó siendo rector monseñor Gilberto Fuenzalida e inspector monseñor Pío Alberto Fariña, quien fuera obispo auxiliar de Santiago.
Cuando don Eladio Lazcano cursaba el segundo año de Teología fue enviado al seminario San Pelayo de Talca, como inspector y profesor. Alumno aventajado, monseñor Lazcano estudiaba en Talca y volvía a Santiago para rendir sus exámenes.
Fue ordenado sacerdote en tiempos de monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre, el 24 de septiembre de 1910, cantando su primera misa el día siguiente. Vivían en esos tiempos uno de sus cinco hermanos y sus padres. Ya sacerdote volvió al seminario de Talca siendo vicerrector hasta el año 1917.
Al año siguiente, en el mes de marzo, dejó los libros al serle ofrecido ministerio parroquial y viajó a Casablanca, perteneciente entonces a la Arquidiócesis de Santiago. Monseñor Lazcano al llegar no conocía a Valparaíso, pero se encariñó con esta tierra y así al separarse Valparaíso para formar una nueva diócesis se quedó en su parroquia.
Don Eladio Lazcano ha sido uno de los sacerdotes que más tiempo ha permanecido en una parroquia que era la más extensa de la diócesis. De él dependían San José de la Costa, Quintay, La Vinilla, Los Orozcos, Los Ovalles y Marga Marga.
Más de diez de los más de cuarenta años de párroco los pasó absolutamente solo. Con ocasión de sus bodas de oro sacerdotales, en un periódico se le describía como: “Reacio, por una gran modestia, a contar las fatigas de su ministerio sacerdotal, Monseñor Lazcano confiesa, sin embargo, que las más duras fatigas de su vida parroquial son las largas caminatas para atender a los enfermos en los lugares más apartados de su parroquia”. Agregaba que “es quizás lo más duro, pero lo más consolador en la vida de un sacerdote. Muchas veces volvía mojado, solo en medio de la noche y bajo una lluvia inclemente agradeciendo a Dios que me había brindado la oportunidad de llegar y dar auxilio religioso oportuno a algún moribundo”.
Una de sus grandes obras fue el Santuario de Lo Vásquez dedicado a la Virgen María, y ubicado a 8 kilómetros de la ciudad de Casablanca. En 1918 cuando Monseñor Lazcano llegó era una capillita que andando el tiempo se transformó en el precioso templo en que ahora se venera a la Madre de Dios. La preocupación que demostró este párroco por la Virgen fue innegable; por eso es que sus restos mortales descansan al interior del santuario.

También Monseñor Lazcano fue un hombre dedicado a la labor educativa. En el desaparecido diario “La Unión de Valparaíso” de fecha 24 de septiembre de 1960, en el reportaje que se le hizo, se afirmaba que “en su parroquia tiene cuatro escuelas primarias de primer orden, dos de las cuales están ubicadas en Casablanca”. También se recalcaban las obras religiosas llevadas a cabo por su celo pastoral y que apuntaban “a la piedad y al ejercicio de la beneficencia y de la caridad cristianas”.
Monseñor Lazcano recibió el título honorífico de Monseñor y Camarero Secreto de Su Santidad, de parte de S.S. Pío XII, en reconocimiento a su apostólica y dilatada labor sacerdotal. El título le fue entregado por Monseñor Rafael Lira Infante.
Querido, respetado y admirado por generaciones –“a los que he bautizado, los casé, les bauticé los hijos, se los casé y también les he bautizado los nietos”, decía Monseñor Lazcano en el diario citado, fue objeto de diversas celebraciones y atenciones en la ciudad de Casablanca cuando cumplió sus bodas de oro sacerdotales.
Falleció el 24 de agosto de 1962.

jueves, 9 de abril de 2015

Normas generales para el tiempo pascual:

Se añaden dos aleluyas al Introito de todas las misas.
Se dice siempre “Gloria in excelsis Deo”
No se dice Gradual ni Tracto, sino el aleluya pascual, también en las fiestas de los santos.
Se añade a la Ant. del Ofertorio y de la Comunión un aleluya.
Se dice siempre el prefacio pascual - in hoc potissimum-, excepto que lo tenga propio.
En todas las ferias de IV clase, se permite celebrar misa votiva del algún santo o cotidiana de difuntos.

miércoles, 8 de abril de 2015

Requiem del ayer.


Una antigua foto de nuestra parroquia, celebrándose una misa de funeral. Se puede apreciar el púlpito que actualmente no existe, fue desarmado. Un altar lateral que tampoco está. El que hace las veces de diácono, es el sacerdote don José Moreno, español, de recordada memoria, muerto trágicamente en su patria.

martes, 7 de abril de 2015

Corpus Dómini nostri.

La fotografía recuerda un momento importante de la vida familiar tradicional, la Primera Comunión de mi hermana Carmen que la recibe de las manos del Reverendo Padre Román (RIP) en el Santuario de Nuestra Señora de Lo Vasquez. En primer plano mi madre; al lado de mi hermana la tía Irene Morales (RIP) y al fondo se observa timidamente mi hermano Diácono Eddie Morales. 

lunes, 6 de abril de 2015

Altares que ya no están.

Parroquia de Putaendo.
Iglesia de La Merced, Valparaíso, demolida en 1987.
Santuario de Nuestra Señora de Lo Vasquez.

jueves, 2 de abril de 2015

SEMANA SANTA 2015 UNA VOCE CASABLANCA

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PROGRAMA DE SEMANA SANTA
DE ACUERDO AL VENERABLE RITO TRIDENTINO

PARROQUIA SANTA BARBARA DE CASABLANCA
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29 DE MARZO: DOMINGO DE RAMOS
16:30 HRS BENDICION DE RAMOS
17:00 HRS SANTA MISA

PARROQUIA N.S. DE LAS MERCEDES DE LAGUNILLAS
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2 DE ABRIL:  JUEVES SANTO.
18:30 HRS “MISA DE LA CENA DEL SEÑOR” 

3 DE ABRIL:  VIERNES SANTO.
10:00 HRS RETIRO ESPIRITUAL Y CONFESIONES
15:00 HRS ACCION LITURGICA
17:00 HRS VIA CRUCIS EN LA COMUNIDAD DE LOS MAITENES

4 DE ABRIL: SABADO SANTO.
16:00 HRS VIGILIA PASCUAL


PARROQUIA SANTA BARBARA DE CASABLANCA
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5 DE ABRIL: DOMINGO DE RESURRECCION
17:00 HRS SANTA MISA


miércoles, 1 de abril de 2015

Monumento de Semana Santa.

El Jueves Santo se reserva la Eucaristía en el Monumento, que es una suerte de triunfo o altar distinto del altar mayor muy solemnemente adornado con luces y flores que representa al mismo tiempo la institución de la eucaristía y el sepulcro del Señor (de ahí que en Italia se les denominesepolcri). A pesar de ello, los adornos de luto están prohibidos. Debía haber una arca eucarística o tabernáculo, que no tendría conopeo, donde reservaba el pan y el vino (ya el vino no se reserva y dudo de que se reservase en todas partes). En teoría las imágenes estaban prohibidas en el mismo, salvo las de ángeles en adoración, pero no es menos cierto que esta norma no se cumplía si atendemos a las fotografías que más abajo ponemos. Algunas prohibiciones establecidas nos hablan de usos que debieron existir, como los "soldados romanos que vigilan el sepulcro" o las escenas de la pasión. También estaban prohibido adornar el monumento con relicarios, cálices, custodias y copones. La luz eléctrica y de aceite estaba permitida, pero sólo fuera del altar donde estaba el arca eucarística, donde sólo podía haber cera verdadera, que debían ser al menos doce.
Como he dicho, ciertas prohibiciones expresamente señaladas por decretos invitan a pensar que ciertamente hubiesen existido los usos prohibidos, como el de sellar la puerta de la urna con sellos o candados, así como la costumbre de dar la custodia de la urna, es decir, entregar su llave una vez reservada la eucaristía, a algún noble o cofrade o a la autoridad civil. A este último fue desde luego costumbre entregársela en toda España y de hecho se sigue realizando en algunas catedrales, si bien con una llave simbólica porque quién hace la ley hace la trampa. La iluminación duraba todo el día y toda la noche, lo mismo que la adoración, si bien el viernes santo normalmente se reducía el número de velas encendidas, aunque sobre esto los autores discrepan.
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Seguir leyendo en http://liturgia.mforos.com/1699089/8062024-monumento-de-semana-santa/

martes, 31 de marzo de 2015

JUEVES SANTO.

Está dominada esta jornada por la conmemoración de la Cena del Señor. Ya en el siglo V aparece denominada Feria quinta in Coena Domini. También se la denominó en la Alta Edad Media, sobre todo en las Galias meridionales, dies Natalis Calicis, como encontramos en Avito de Viena (+518), Eloy de Noyon (siglo VII).
Desde tiempos remotos se unieron a esta memoria los ritos de la reconciliación de los penitentes y de la consagración de los santos óleos. El Sacramentario Gelasiano contiene tres misas: la primera, para la reconciliación de los penitentes; la segunda, llamada missa chrismalis, reservada a la consagración de los óleos, y la tercera, consagrada a la memoria de la institución de la Eucaristía.
El Sacramentario Gregoriano, en su recensión más antigua, prescribe dos misas, pero en las recensiones posteriores, como ocurre en los antiguos Ordines, sólo una, con ambos objetos, y se va desplazando hacia la mañana, hasta quedar fijada en la hora tercia.
En Jerusalén, según nos refiere Egeria, había dos misas: una ad Martyrium sobre las dos de la tarde y otra ad Crucem hacia las cuatro de la tarde en memoria de la Cena del Señor, en la que comulgaban los fieles.
En África, por testimonio de San Agustín sabemos que también se celebraban dos misas: una por la mañana y otra por la tarde, en la que podían comulgar todos, aunque hubieran roto el ayuno, que ya era práctica común, como sucedía también en las Galias, pero no en Hispania, donde a causa de los errores priscilianistas era riguroso y absoluto el ayuno.
En la misa vespertina, primitivamente, se omitía la liturgia de la Palabra, y se comenzaba directamente por el prefacio, porque ya se habían celebrado dos misas en la jornada. Se prescribía la comunión a todos, obligación que duró hasta los siglos X-XI, y se prohibían las misas rezadas.
Los sacerdotes que no celebraban misa solemne, concelebraban con el pontífice o el sacerdote más digno, y cuando se abolió esta práctica, comulgaban antes del pueblo, rito en el que empezaron a ver los liturgistas una imagen de la Última Cena, en la que los apóstoles todos comulgaron de manos del Señor.
La ceremonia del lavatorio de los pies o del mandato, como también se llama por las palabras del Señor: “Mandatum novum do vobis ut diligatis invicem, sicut dilexi vos, ut et vos diligatis invicem” (Jn.13, 34b-35), fue una práctica muy estimada en la primitiva Iglesia (cf. I Tim. 5, 10), a modelo de la realizada por Cristo en la Última Cena, como testimonio de humildad y servicio (Jn. 13, 1-20). Fue muy difundida por los monjes, como atestigua la Regla de San Benito (cap. 35 y 53).
El primer indicio de liturgización se documenta en la liturgia hispánica, pues en el Concilio XVII de Toledo (a. 694), en que se ordena que los obispos y sacerdotes laven en este día los pies a sus subordinados. En Roma se menciona por primera vez en el Ordo X, y el Ordo XIV habla de doce pobres o capellanes; en algunos testimonios se habla de trece, por el ángel que se le apareció a San Gregorio Magno (+604) cuando daba de comer a doce pobres. Hoy está ubicado detrás de la homilía.
En el siglo XV era uso común lavar los pies a doce menesterosos, a los que se les daba una limosna, hasta que pasó al Ceremonial de los Obispos, que hablaba de trece pobres, mejor que canónigos, porque indicaba mayor humildad y caridad.
Como al día siguiente no se celebraba la misa, debía reservarse la Eucaristía para la comunión del día siguiente. Cuando se desarrolló la devoción eucarística fuera de la misa, a principios del segundo milenio, se empezó a dar mayor solemnidad y aparato a la reserva de este día en que se instituyó la Eucaristía. Pero pronto adquirió un simbolismo sentimental y anacrónico, pues desde el siglo XI los simbolistas vieron en ella la deposición de Cristo en el sepulcro, para completar los tres días pasados por Éste en la tumba, por lo que empezó a llamarse monumento, en latín “sepulcro”.
En la disciplina actual, como a medianoche empieza el Viernes Santo, jornada de la sagrada pasión y muerte del Señor, debe cesar, incluso en los elementos del aparato externo, la adoración solemne pública del Santísimo Sacramento.
Terminados los oficios, se desnudan los altares. Este acto pronto se ritualizó, pues ya se encuentra en el Ordo I, pasando a realizarlo el celebrante y los ministros, quizá resto del uso primitivo de quitar los manteles después de la celebración eucarística. Los simbolistas lo ligaron a la pasión de Cristo y al duelo y tristeza de la Iglesia por ella.  


Ramón de la Campa Carmona

lunes, 30 de marzo de 2015

La reforma de 1956 Domingo de Ramos.

No cabe duda de que la Semana Santa reformada bajo Pío XII introdujo (y suprimió) prácticas que preparaban los cambios postconsiliares. En mi descartable opinión se trató de una reforma pobre, apresurada, fea y sobre todo innecesaria, que aún desconcierta en sus ceremonias patosas a los sacerdotes que hoy la vuelven a celebrar a tenor del Motu Proprio Summorum Pontificum
Déjenme que vaya trabajando de memoria en esta entrada algunos puntos. No intento ser exhaustivo, sólo indicaré los cambios a mi entender más chocantes que alteran, mutilan o reemplazan usos multiseculares.
Reitero que estoy refiriéndome a las alteraciones que tuvieron lugar en 1956, a tenor delDecretum Generale Quo Liturgicus Hebdomadae Sanctae Ordo Instauratur de la Sagrada Congregación de Ritos, del 16 de noviembre de 1955. Estamos nadando en el piélago abisal de la liturgia.
Domingo de Ramos
  • supresión de la aspersión dominical previa a la misa mayor
  • cruz procesional descubierta durante el tiempo de la Pasión, mientras que la del altar permanece cubierta
  • ornamentos rojos en vez de morados para la bendición, distribución de palmas y procesión
  • supresión de la "misa seca" en el altar (introito, epístola, gradual, evangelio, prefacio, oraciones solemnes) que se reemplaza por una bendicion escuálida, una epístola dicha no se sabe desde dónde y un evangelio que tampoco se sabe desde dónde se canta
  • posibilidad de bendecir los ramos colocados sobre una mesa, con el celebrante de cara al pueblo y sin foco común de orientación
  • extraño rito en el que el celebrante se pasea entre los fieles haciendo una aspersión que no se sabe si es de los ramos, los fieles, o ambos, y vuelta a pasearse incensando sin parar, algo nunca visto en el rito romano
  • alteración del orden de imposición del incienso
  • sin clarificar quién da el ramo al celebrante
  • procesión con la posibilidad de introducir cantos ad libitum que mutilan o suprimen los cantos de siempre, sin pararse ante la puerta cerrada para el diálogo del Gloria laus et honor, con el Ingrediente cantado no cuando entra la procesión en la iglesia sino cuando entra el sacerdote, aunque hasta esto no queda claro en el texto
  • oración final en el altar de cara al pueblo y con un acólito, no los ministros, aguantando el libro
  • supresión de las casullas plegadas, vestigio antiquísimo de la práctica de la Iglesia primitiva
  • el sacerdote no lee lo que se canta sino que se sienta y escucha
  • supresión de los ritos iniciales de la misa, que empieza con la incensación del altar
  • la Pasión se lee sin evangelio final
  • en el oficio solemne, tres diáconos sin manípulo cantan toda la Pasión, mientras los ministros escuchan y el diácono de la misa... ¡no canta el evangelio!
  • como no hay evangelio, se cambia el momento del Munda cor meum, no hay incensación ni ósculo al misal
  • supresión en el relato de la Pasión de la institución de la Eucaristía
  • los ramos no se tienen en las manos durante la Pasión
  • omisión del último evangelio

domingo, 29 de marzo de 2015

Segundo Domingo de Pasión o Domingo de Ramos.

Palmeras de gloria, puños de odio: "¡Hosanna al Hijo de David! ¡Crucifícale!" Por Cristo o contra Cristo: con esto en cuenta serán juzgadas las almas.
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(I clase) Bendición y procesión (pluvial roja, y en su defecto, estola)
Santa Misa (morado). Lectura de la Pasión (sin Dnus. vob., sin señal de la cruz, sin beso ni per evangelica) . Prefacio de la cruz. (Si hubo bendición de los ramos, se omite el Último Evangelio y las Preces; sino, se lee como último Evangelio el propio de la Bendición.
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La liturgia de este domingo consta de dos partes muy diferentes: una, rebosante de alegría, la procesión de los ramos; otra, llena de tristeza, la misa y el canto de la Pasión.
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Reflexión
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“Plúrima autem turba stravérunt vestiménta sua in via: álii autem caedébant ramos de arbóribus et sternébant in via: turbae autem, quae praecedébant at quae sequebántur, clamábant dicéntes: Hosánna filio David: benedíctus qui venit in nómine Dómini” (“Y una gran muchedumbre tendía también sus vestidos por el camino; otros cortaban ramos de los árboles y los extendían por el camino, y tanto las turbas que iban delante como las que venían detrás, clamaban diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David; bendito sea el que viene en el nombre del Señor!” (Matthaéum 21, 1-9).
“Jesús hace su entrada en Jerusalén como Mesías en un borrico, como había sido profetizado muchos siglos antes. Y los cantos del pueblo son claramente mesiánicos. Esta gente llana –y sobre todo los fariseos- conocían bien estas profecías, y se manifiesta llena de júbilo. Jesús admite el homenaje, y a los fariseos que intentan apagar aquellas manifestaciones de fe y de alegría, el Señor les dice: Os digo que si estos callan gritarán las piedras.
“Con todo, el triunfo de Jesús es un triunfo sencillo, “se contenta con un pobre animal, por trono. No sé a vosotros; pero a mí no me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como un jumento: como un borrico soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tu lado, porque tú me has tomado de tu diestra (Sal 72, 23-24), tú me llevas por el ronzal”.
“Jesús quiere también entrar hoy triunfante en la vida de los hombres sobre una cabalgadura humilde: quiere que demos testimonio de El, en la sencillez de nuestro trabajo bien hecho, con nuestra alegría, con nuestra serenidad, con nuestra sincera preocupación por los demás. Quiere hacerse presente en nosotros a través del las circunstancias del vivir humano. También nosotros podemos decirle en el día de hoy: Ut iumentum factus sum apud te… “Como un borriquito estoy delante de Ti. Pero Tú estás siempre conmigo, me has tomado por el ronzal, me has hecho cumplir tu voluntad; et cum gloria suscepisti me, y después me darás un abrazo muy fuerte”. Ut iumentum… como un borrico soy ante Ti, Señor…, como un borrico de carga, y siempre estaré contigo. Nos puede servir de jaculatoria para el día de hoy.
“El Señor ha entrado triunfante en Jerusalén. Pocos días más tarde, en esa ciudad, será clavado en una cruz.
“Al entrar el Señor en la ciudad santa, los niños hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamando con ramos de palmas: “Hosanna en el cielo”.
“Nosotros conocemos ahora que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.
“¡Qué diferentes voces eran –comenta San Bernardo-: quita, quita, crucifícale y bendito sea el que viene en nombre del señor, hosanna en las alturas! ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudan de los suyos y echan suerte sobre ellos.
“La entrada triunfal de Jesús en Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y pronto se apagan.
“La liturgia pone en boca de los cristianos este cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos, puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria. El que se queda recluido en la ciudadela del propio egoísmo no descenderá al campo de batalla. Sin embargo, si levanta las puertas de la fortaleza y permite que entre el Rey de la paz, saldrá con El a combatir contra toda esa miseria que empaña los ojos e insensibiliza la conciencia.
“María también esté en Jerusalén, cerca de su Hijo, para celebrar la Pascua. La última Pascua judía y la primera Pascua en la que su Hijo es el Sacerdote y la Víctima. No nos separemos de Ella. Nuestra Señora nos enseñará a ser constantes, a luchar en lo pequeño, a crecer continuamente en el amor a Jesús. Contemplemos la Pasión, la Muerte y la Resurrección de su Hijo junto a Ella. No encontraremos un lugar más privilegiado”.

sábado, 28 de marzo de 2015

La Pasión y la Virgen María.

“El Corazón de María es, después del Corazón de Jesús, el rey de todos los corazones. Dios ama a María más que a todo el paraíso, es decir, más que a todos los ángeles y los santos pasados, presentes y futuros. Desead amar a Dios como el corazón de esta Virgen sin mancilla, y para esto dirigíos en espíritu a su bellísimo corazón, y amad al soberano Bien con este corazón purísimo, con la intención de practicar todas las virtudes de que ella nos ha dado ejemplo.
“¿Cómo hablar del triunfo de la Reina del cielo y de la tierra, en su gloriosa asunción? Las riquezas de esta excelsa Reina son inmensas; es un océano de perfección, cuya profundidad sólo puede sondear Aquel que la colmó de tantas gracias.
“La gran herida de amor que recibió desde el primer instante de su inmaculada Concepción, se aumentó durante el resto de su vida, y la penetró tan profundamente, que el al fin desprendió su santísima alma de su cuerpo virginal. La muerte de amor, más dulce que la misma vida, puso fin al dolor sin medida que ella sufrió toda su vida, no solamente por la Pasión de Jesús, sino también viendo las ofensas e ingratitudes de los hombres hacia la divina Majestad. Regocijémonos en Dios del triunfo brillantísimo de María, nuestra Reina y nuestra Madre; regocijémonos al verla encumbrada sobre los coros de los ángeles y sentada a la diestra de su Hijo divino.
“Os podéis regocijar de las glorias de María en el sagrado Corazón de Jesús, y aun amarla por este divino Corazón. Regocijaos con ella; alegraos viendo que sus padecimientos han tenido fin; pedidle la gracia de vivir siempre sumergido en ese océano inmenso del amor divino, de donde ha salido este otro océano de los padecimientos de Jesucristo y de los dolores de María… Dejaos penetrar de sus penas y dolores; dejad que se aguce la lanza, la espada, el dardo, que os han de herir a fin de que la herida del amor sea más profunda; será más profunda a medida que el alma cautiva salga de su prisión.
“Quien quiera agradar a María debe humillarse y anonadarse muy profundamente, porque María fue la más humilde de todas las criaturas, y por eso ha agradado más a Dios.
“Meditad a menudo los dolores de la divina Madre, dolores inseparables de los de su Hijo muy amado. Si os dirigís al crucifijo, encontraréis en él a María; y allí donde está la Madre está también el Hijo. Unid los padecimientos de Jesucristo a los de la Santísima Virgen; sumergíos en estos padecimientos, y haced una mezcla de amor y de dolor. El amor os enseñará todo esto si permanecéis al pie de la cruz y bien concentrado en vuestra nada.
“He aquí el día de la pasión de mi santísima Madre, la Virgen de los Dolores; mi corazón se despedaza cuando considero los tormentos de María. ¡Oh tierna Madre! ¡Oh Virgen inmaculada, Reina de los mártires! Yo os ruego por los dolores que habéis padecido durante la Pasión de vuestro amado Hijo: que nos deis a todos vuestra maternal bendición: yo pongo a toda mi familia bajo el manto de vuestra protección”.
San Pablo de la Cruz, Flores de la Pasión, 1921.

viernes, 27 de marzo de 2015

La Pasión y la oración.

“Yo creería faltar a mi deber, como dice san Buenaventura, si pasara un solo día sin pensar en la Pasión de mi Salvador.
“Vuestro más importante negocio es el cuidado de vuestra alma. Por lo mismo, antes de salir por la mañana de vuestros aposentos, haced al menos un cuarto de hora de oración sobre la vida, pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Oh, qué alegría para el cielo y qué satisfacción para los ángeles custodios, al veros hacer oración! No omitáis jamás este santo ejercicio.
“Quiero que el objetivo de vuestra oración sea la Pasión de Jesucristo, y que vuestro corazón se abisme en Dios, en esos entretenimientos llenos de amor; pero comprendedme bien: quiero que dejéis vuestra alma en libertad, que la dejéis secundar los atractivos del Espíritu Santo. Es menester hacer oración, no a nuestro gusto, sino al gusto de Dios. Sí; cuando el alma halla gusto en estar sola con Dios, con una atención pura, santa, amorosa, con una fe sencilla y viva, reposando en el seno silencioso del Bien amado, con un silencio sagrado de amor, es necesario dejarla tranquila y no turbarla con otros ejercicios. Dios entonces la lleva en los brazos de su amor, y la hace entrar en su bodega a beber este vino delicioso que engendra vírgenes. ¡Oh, qué magnífica ocupación!
“Algunas veces en la oración, Dios comunica al alma con un solo rasgo sus tesoros de luz y de gracias celestiales.
“Yo quisiera que todo el mundo se aplicara a la oración y a la meditación… ¡Qué desgracia, que haya tan pocas almas que conozcan el tesoro escondido en la oración y unión con Dios!... ¡Ay! Se entra fácilmente en el camino de la perdición cuando se deja la oración.
“Si Dios os ha dado el don de la oración, sed fiel; velad, y no descuidéis la práctica de las virtudes y la imitación de Jesucristo. Comenzad siempre vuestra oración por uno de los misterios de la Pasión, y entreteneros en piadosos soliloquios, sin hacer esfuerzos para meditar. Si Dios os atrae al silencio de amor y de fe en su seno divino, no turbéis la paz y el reposo de vuestra alma con reflexiones y palabras. Os recomiendo sobre todo, ahondar mucho en la humildad y en vuestra vileza y miseria… jamás haréis lo bastante en este punto.
“Sed muy fiel en corresponder a los grandes beneficios que habéis recibido del Señor; esta fidelidad es una preparación a mayores gracias y más altas luces, que harán que vuestra alma tenga más amor a Dios, adquiera mayor virtud y la practique de manera heroica”.
San Pablo de la Cruz: Flores de la Pasión, 1921.

jueves, 26 de marzo de 2015

La Pasión y la fe.

“¡Oh, cuánto amo a las almas que marchan en la fe pura y en un completo abandono en las manos de Dios! ¡Cuánto deseo que marchemos juntos en la fe! Sí, este es el verdadero camino.
“Por obscura que sea la fe, ella es la guía segura del santo amor. ¡Oh, qué dulzura gusta mi corazón en su certidumbre!
“San Juan de la Cruz así cantaba: ¡Oh noche que guiaste, /O noche amable más que la alborada,/ Oh noche que guiaste/ Amado, con amada,/ Amada en el Amado transformada!
“¡Oh, qué noble ejercicio anonadarse delante de Dios en la fe pura, sin imágenes, sumergir nuestra nada en la verdad suprema, que es Dios, y perderse en el abismo inmenso e infinito de su caridad! El alma amante que nada en este océano, está penetrada de este amor infinito; e identificándose con Jesucristo, se transforma en él por el amor, y se apropia los dolores del Bien amado. Esta es una ciencia sublime, pero Dios quiere enseñárosla: os quiere en este santo ejercicio. El amor habla poco. Mientras más se ama, menos se hable; digo esto de la santa oración.
“Busquemos siempre a Dios por la fe en el interior de nuestra alma. Ved una bola de algodón muy fino sobre la cual se deja caer una gota de bálsamo oloroso. El bálsamo se extiende y la perfuma toda. Así una aspiración del corazón hacia Dios embalsama nuestra alma de su divino espíritu y hace que ella exhale un suave perfume en su presencia.
“Hay algunos que hacen consistir su devoción en visitar los lugares santos y las grandes basílicas. Yo no repruebo esta devoción; sin embargo, la fe nos enseña que nuestro corazón es un gran santuario y el templo vivo de Dios, donde reside la augusta Trinidad. Entremos a menudo en este templo, y adoremos en espíritu y en verdad a la augusta Trinidad. ¡He aquí, ciertamente una devoción sublime y muy provechosa!
“El reino de Dios está en vuestro interior. Avivad a menudo esta fe cuando estudiéis, trabajéis, comáis; y al acostaros y levantaros haced exclamaciones de amor hacia Dios, diciéndole de corazón: ¡Oh bondad infinita! o alguna otra oración jaculatoria. Dejad a vuestra alma penetrarse de estas oraciones jaculatorias como de un precioso bálsamo.
“Este gran Dios, que se hizo hombre y que sufrió tanto por amor nuestro, lo tenéis más cerca de vosotros que los estáis vosotros mismos. En cuanto a mí, no puedo cómo es posible no pensar siempre en Dios.
“El justo vive de la fe. Vos sois el templo de Dios vivo: visitad a menudo el santuario interior; ved si arden las lámparas, es decir, la fe, la esperanza y la caridad”.
San Pablo de la Cruz, Flores de la Pasión, 1921.

martes, 24 de marzo de 2015

La Pasión y el camino de la perfección.

“La Pasión de Jesucristo es la puerta real que da entrada a los pastos deliciosos del alma. El Divino Salvador ha dicho: Ego sum ostium. Yo soy la puerta. El alma que entrare por esta puerta andará con seguridad.
“Figuraos que estáis gravemente enfermo y que voy haceros una visita. Seguramente, después de haberos expresado mi sentimiento y dicho algunas palabras de consuelo, os miro con compasión y me apropio vuestros dolores por amor. Así, cuando meditamos la Pasión de Jesucristo, al verle sumergido en el dolor, debemos compadecernos de sus penas; y después de contemplarle con amor en este estado, apropiarnos por amor y compasión sus padecimientos.
“Suponéis que habéis caído en un profundo río, y que una persona caritativa se arroja a él para salvaros; ¿qué diríais de tal bondad? Suponed todavía más: que, apenas sacado del agua, sois atacado por unos asesinos, y que esa misma persona, por amor vuestro, se opone a ellos y recibe heridas por salvaros la vida. ¿Qué haríais en retorno de tan grande amor? ¿No es cierto que miraríais sus dolores como si fueron vuestros, que os apresuraríais a manifestarle vuestra compasión y curarle sus heridas?
“Así debemos obrar con Jesús crucificado: es necesario contemplarle abismado en un océano de dolores para sacarnos de un abismo eterno, considerarle todo cubierto de llagas y de heridas para darnos la vida y la salvación; después apropiarnos sus penas con amor, compadecernos de sus dolores y consagrarle todas nuestras afecciones.
“Guardad en vuestro corazón un tierno y amoroso recuerdo de los padecimientos del celestial esposo y dejaos penetrar enteramente del amor con que los sufrió. El camino más corto para santificarse es el de perderse en este abismo de padecimientos. En efecto, el profeta llama a la Pasión de Jesús mar de amor y de dolor. ¡Ah! Este es un secreto que se revela a las almas humildes. En este gran mar pesca el alma las perlas de las virtudes, y hace suyos los padecimientos del Bien amado. Yo tengo una viva confianza que el celestial Esposo os enseñará esta pesca divina; os la enseñará si permanecéis en la soledad interior, separado de las afecciones terrestres, desprendido de todo lo creado, en la pura fe y en el santo amor.
“Vivid interiormente en el seno de Dios, anonadado en vos mismo de una manera pasiva; este es el camino más corto para abismaros en el Todo infinito, pasando por la puerta divina que es Jesús crucificado, y apropiándoos sus padecimientos. El amor lo enseña todo, porque la Pasión es la obra de un amor infinito”.
San Pablo de la Cruz (1696-1775; canonizado por Pío IX en 1867): Flores de la Pasión. 1921.

lunes, 23 de marzo de 2015

DOMINGO DE RAMOS.

"El Domingo de RAMOS"
El cielo de la Iglesia se pone cada vez más sombrío; los tonos severos de los que se había revestido en el curso de las cuatro semanas que acaban de pasar, ya no son suficientes para demostrar su duelo. Sabe que los hombres persiguen a Jesús y conspiran su muerte. No pasarán doce días sin que sus enemigos pongan sobre él sus manos sacrílegas. La Iglesia le seguirá a la cumbre del Calvario; recogerá su último suspiro; verá sellar sobre su cuerpo unánime, la piedra del sepulcro. No es extraño, pues, que invite a todos sus hijos, en esta quincena, a contemplar a Aquel que es la causa de todas sus tristezas y afectos.
Pero no es precisamente, lágrimas y compasión estériles, lo que pide de nosotros nuestra Madre; quiere que nos aprovechemos de las enseñanzas que nos van a proporcionar los sucesos de esta Santa Semana. Se acuerda de que el Señor al subir al Calvario, dijo a las mujeres de Jerusalén que lloraban su desgracia ante sus mismos verdugos: "No lloréis por mí; más bien llorad por vosotros y por vuestros hijos". No rehusó el tributo de sus lágrimas, se enterneció y su misma ternura le dictó esas palabras. Quiso sobre todo verlas penetradas de la grandeza del acto del que se compadecían, en una hora en que la justicia de Dios se mantenía tan inexorable ante el pecado.
La Iglesia comenzó la conversión del pecador en las semanas precedentes; ahora quiere consumarla. Lo que ofrece a nuestra consideración, no es ya Cristo ayunando y orando en el monte de la Cuarentena; es la víctima universal que se inmola por la salvación del mundo. La hora va a sonar y el poder de las tinieblas se apresura a aprovechar los pocos momentos que le quedan. Va a consumarse el más afrentoso de los crímenes. Dentro de pocos días el Hijo de Dios va a ser entregado al poder de los pecadores y ellos le matarán. La Iglesia no necesita exhortar a sus hijos a la penitencia; demasiado saben ya que el pecado exige esta expiación. Ahora está penetrada por completo de los sentimientos de anonadamiento que le inspira la presencia de Dios sobre la tierra; y al expresar estos sentimientos en la Liturgia nos indica aquellos que nosotros debemos concebir de nosotros mismos.
El carácter más general de las oraciones y de los ritos de esta quincena es de profundo dolor de ver al justo oprimido por sus enemigos, hasta la muerte y una indignación enérgica contra el pueblo deicida. El fondo de los textos litúrgicos, son de David y de los Profetas. Ya es Cristo mismo quien declara las agonías de su alma; ya son las imprecaciones contra los verdugos. El castigo del pueblo judío es expuesto en todo su horror; y en los tres últimos días veremos a Jeremías lamentarse sobre las ruinas de la ciudad infiel.
Preparémonos, pues, a estas fuertes impresiones desconocidas con harta frecuencia por la piedad superficial de nuestros tiempos. Recordemos el amor y benignidad del Hijo de Dios que viene a confiarse a los hombres, viviendo su misma vida. "Pasando por esta tierra haciendo el bien", y veamos cómo acaba esta vida de ternura, condescendencia y humildad con el más infame de los suplicios, con el patíbulo de los esclavos. Por una parte, contemplemos al pueblo perverso de los pecadores, que, falto de crímenes, imputa al Redentor sus beneficios, y consuma la más negra de las ingratitudes, derramando sangre inocente y divina; y por otra, contemplemos al Justo por excelencia, presa de las amarguras todas, "su alma triste hasta la muerte", cargado con el peso de la maldición, y bebiendo hasta las heces el cáliz que a pesar de su humilde queja debió de beber: el cielo inflexible a sus plegarias como a sus dolores; y al fin escuchemos su grito: "Dios mío, Dios mío, ¿porqué me has abandonado?" (Mateo 28, 4-6.)
Esto es lo que recuerda la Iglesia con tanta frecuencia en estos días; esto es lo que propone a nuestra consideración; porque sabe que si llegamos todos a comprender lo que esta escena significa, se romperán los lazos que nos atan al pecado, y nos será ya imposible permanecer por más tiempo como cómplices de estos crímenes atroces.
Pero la Iglesia sabe también lo duro que es el corazón del hombre, y la necesidad que tiene del temor, para determinarse a la enmienda; por esta razón no omite ninguna de las imprecaciones que los Profetas ponen en la boca del Mesías contra sus enemigos. Estos anatemas son otras tantas profecías que se han cumplido al pie de la letra en los judíos endurecidos. Tienen por fin enseñarnos lo que el cristiano debe temer de sí mismo si persiste en "crucificar de nuevo a Jesucristo" (Hebreos 6., 6), según la enérgica expresión de San Pablo. Que se acuerde entonces de estas palabras que el mismo Apóstol dice en la Epístola a los Hebreos: "¿Qué suplicio tendrá, el que haya pisoteado al Hijo de Dios, el que haya tenido por vil la sangre de la alianza por la cual fue santificado, el que haya ultrajado al Espíritu de gracia? Porque sabemos que ha dicho: A mí me pertenece la venganza y sabré ejercitaría; v en otra parte: el Señor juzgará a su pueblo. Será, pues, una cosa horrible caer en las manos de Dios vivo" (Hebreos 10, 31).

En efecto, nada más afrentoso; ya que en estos días en que estamos "no perdonó a su propio Hijo" (Romanos 8, 32) dándonos por este incomprensible rigor la medida de lo que debernos esperar de Él, si encontrase aún en nosotros el pecado que le ha obligado a mostrarse tan cruel con su amadísimo Hijo "en quien ha puesto todas sus complacencias"(Mateo 3, 17). Estas consideraciones sobre la justicia para con la rnás inocente y la más augusta de todas las víctimas; y sobre el castigo de los judíos impenitentes acabarán de destruir en nosotros el afecto al pecado, desarrollando este temor tan saludable sobre el cual vendrán a apoyarse una esperanza firme y un amor sincero, como sobre base, inquebrantable.

Si por nuestros pecados somos los autores de la muerte del Hijo de Dios, también es cierto que la sangre que brota de sus Sagradas Llagas tiene la virtud de lavarnos de este crimen. La justicia del Padre celestial no se satisface más que con la efusión de esta Sangre divina; y la misericordia del mismo Padre celestial quiere que se emplee en nuestro rescate. El hierro del verdugo ha abierto cinco llagas en el cuerpo del Redentor; y de ellas brotan cinco manantiales de salvación sobre la humanidad para purificarla y restablecer en cada uno de nosotros la imagen de Dios que había sido borrada por el pecado. Acerquémonos, pues, con confianza, y glorifiquemos esta sangre libertadora que abre al pecador la puerta del cielo; y cuyo valor infinito sería suficiente para rescatar millones de mundos más culpables que el nuestro. Nos acercamos al aniversario del día en que fue derramada; han pasado ya muchos siglos desde el día en que enrojeció los miembros desgarrados de nuestro Salvador y que, descendiendo de la Cruz, bañó esta tierra ingrata; pero su poder siempre es el mismo.

Vengamos pues, "a beber a las fuentes del Salvador" (Isaías 12, 3); nuestras almas saldrán de allí llenas de vida, purísimas, completamente esplendorosas con belleza celestial; ya no quedará en ella la menor señal de sus antiguas manchas; y el Padre nos amará con el mismo amor con que ama a su Hijo. ¿No es para hacernos suyos, a nosotros, que estábamos perdidos, por lo que ha entregado a la muerte sin compasión a su Hijo? Habíamos llegado a ser propiedad de Satanás por nuestros pecados; y ahora, de pronto, somos arrancados de sus garras y recobramos la libertad. Y sin embargo de eso, Dios no ha usado de violencia para sacarnos del poder del ladrón, ¿cómo pues, hemos sido libertados? Escuchad al Apóstol: "habéis sido rescatados a gran precio" (1 Corintios 6, 20). Y ¿cuál es este precio? El príncipe de los Apóstoles nos lo explica: "no es, dice, por precio de oro o de plata corruptibles, con que habéis sido rescatados, sino por la preciosa sangre del Cordero sin mancilla" (Pedro 1, 18). Esta Sangre divina, colocada en la balanza de la justicia celestial, la ha hecho inclinarse en nuestro favor; ¡tanto sobrepasaba al peso de nuestras iniquidades! La fuerza de la Sangre ha roto las puertas del infierno, ha quebrantado nuestras cadenas, "restablecido la paz entre el cielo y la tierra" (Colosenses 1, 20). Derramemos sobre nosotros esta Sangre preciosa, lavemos en ella todas nuestras llagas, sellemos nuestra frente con su señal inquebrantable y protectora, a fin de que en el día de la cólera, nos perdone la espada vengadora.
(tomado de Stat Veritas)

domingo, 22 de marzo de 2015

Domingo 1º de Pasión.

La Cuaresma anda ya adelantada. Pronto asomará la "Pascua florida" y entraremos en los conmovedores misterios de la Semana Santa. Hoy mismo, Domingo, aparecen los altares y las estatuas cubiertas de luto, anunciando el luto y el duelo de la Iglesia, y de todos sus buenos hijos, por la vecina Muerte del Salvador. ¿Has cumplido tú ya con Pascua, o te preparas de verdad a cumplir pronto con ese sagrado deber?¿Has confesado y comulgado durante la Cuaresma, o te preparas a confesar y comulgar en esta su última quincena?¿Cuántos años hace que no te has confesado y que no has comulgado por Pascua? ¿Por qué no lo has hecho? ¿Por qué estás resuelto a no hacerlo tampoco este año? ¿Tienes miedo de no ser perdonado? ¿Te parecen demasiado grandes y numerosos tus pecados? Si piensas así, irrogas gravísima injuria al Salvador, que murió por ti y por ti derramó su sangre. A Dios no le asustan tus pecados, pues desea perdonártelos; en cambio, le ofende tu poca confianza en El, que es misericordioso y perdonador hasta lo infinito. Confiésate, pues, y vuelca en el Corazón de Jesús tus miserias, que El te las trocará por riquezas de gracia.
*

sábado, 21 de marzo de 2015

SAN BENITO.

Abad
n. hacia el año 480 en Nursia, Italia;
† hacia el año 547 en Montecasino, Italia
Patrono de monjes; personas en órdenes religiosas; ingenieros civiles; trabajadores agrícolas; granjeros; espeleólogos; niños escolares; personas en trance de muerte. Protector contra la hechicería; brujería; veneno; fiebre; urticaria; erisipela; enfermedades inflamatorias;
enfermedades renales. Se lo invoca en las tentaciones y cuando se ha roto alguna pertenencia de un superior.
SAN BENITO, Abad
Dichosos los siervos a los cuales
el amo al venir encuentra velando.
(Lucas 12, 37)
San Benito abandonó el mundo a la edad de 14 años para retirarse al desierto. Esforzose el demonio por encender en su corazón el fuego de las pasiones impuras. Para vencer, San Benito revolcábase entre espinas y zarzas. Su fama de santidad extendiose a lo lejos y le atrajo una multitud de discípulos. Hizo muchos milagros que lo han hecho célebre; mas el mayor de los prodigios fue el establecimiento de su orden, que ha dado un sinnúmero de santos a la Iglesia. Murió hacia la mitad del siglo VI.
MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA Y
LA MUERTE DE SAN BENITO
I. Desde que hubo comprendido la vanidad del mundo, retirose San Benito a la soledad, y allí mortificó su cuerpo mediante continuas austeridades. ¡Hace ya tanto tiempo que tú conoces los peligros del mundo, y lo amas todavía! ¡Sabes que es infiel, y en él te fías! ¡Estás persuadido de que no hay recompensa para sus adoradores, y ansiosamente buscas sus favores! Engañó ya a muchos otros con sus falsos bienes; mas, los que antes lo honraban lo desprecian ahora. ¿Por qué no lo dejas?Apenas si tiene el mundo lo que es preciso para engañar; carece de bienes, hasta de bienes frágiles (San Euquerio).
II. San Benito despreció al mundo, y el mundo le honra; los reyes, los príncipes, numerosos fieles acuden a verlo en la soledad, para encomendarse a sus oraciones o para imitar su género de vida. Tú amas al mundo y él te desprecia; lo desprecias y él te prodiga sus alabanzas. Pareciera que Dios, impaciente por recompensar a sus servidores, no puede esperar la vida futura para hacerlo.¡Cuán apurada estáis, oh bondad divina, en glorificar a vuestros santos! (San Eusebio).
III. San Benito, vencedor del mundo, lo abandona y muere en una iglesia en medio de sus religiosos, advertidos por él de la hora de su muerte. ¿Te ha sido revelado cuándo y cómo morirás? Mantente siempre preparado. Los religiosos de este santo son sus hijos y su corona. Tus hijos y tu corona son tus obras: ellas te seguirán hasta el trono de Dios, para acusarte o defenderte.
El amor de la soledad.
Orad por la Orden de San Benito.
ORACIÓN
Haced, os lo rogamos, Señor, que la intercesión de San Benito, abad, nos haga agradables a Vuestra Majestad, y que obtengamos por sus oraciones lo que no podemos esperar de nuestros méritos. Por J. C. N. S.

viernes, 20 de marzo de 2015

Tiempo de Pasión.

Exposición Litúrgica.

El Tiempo de Septuagésima, el de Cuaresma y el de Pasión son respectivamente una preparación remota, próxima e inmediata para las solemnidades pascuales.

Los festejos y ceremonias de la última semana, llamada Semana Mayor o Semana Santa, tuvieron su origen en la Iglesia de Jerusalén. Los cristianos seguían con el Evangelio en mano los pasos todos del Salvador, recogiendo piadosamente en el sitio mismo los preciosos recuerdos de sucesos tan solemnes. La Iglesia adoptó luego esa liturgia local en sus comienzos, y aun dispuso sus iglesias de manera que pudiesen celebrarse los Oficios de Semana Santa lo mismo que en Jerusalén.

Durante esos 15 días, y para asociar a sus hijos a su dolor la Iglesia suprime el Salmo Judica me y algunos Gloria Patri, porque no figuraban en la antigua liturgia en estos días, y sobre todo en el último Triduo de Semana Santa, ha quedado casi enteremente con su forma arcaica.

Se cubren también con oscuros velos las imágenes de los Santos. El culto a los Santos debe eclipsarse estos días ante la obra magna de la Redención; pero si se advierte que también el Crucifijo está tapado, luego se verá en este uso un vestigio de la cortina que antes se colgaba durante toda la Cuaresma entre el santuario y la nave. Y, en efecto, antiguamente los Penitentes públicos eran expulsados de la iglesia, no podían volver a entrar en ella hasta el Jueves Santo. Suprimida esta ceremonia, todos los fieles fueron asimilados más o menos a los públicos Penitentes, y sin pronunciar sobre ellos la pena de exclusión, se ocultaba a sus miradas el santuario y todo cuanto en derredor de él había, como indicando que no merecían participar en el culto eucarístico por la Comunión pascual, sino después de haber hecho dignos frutos de penitencia.

En el desnudar los altares y el callar de las campanas durante los tres días santos, quiere la Iglesia significar su tristeza al recordar la muerte de su divino Esposo.

jueves, 19 de marzo de 2015

San José.

"Nunca pedí nada a San José, sin haber sido oída"
(Santa Teresa)


Fuera de Jesús y de su Madre Santísima, ¿qué abogado hallaremos más poderoso para con Dios, que el glorioso patriarca San José? El Padre Eterno le confió su Hijo amantísimo; el Hijo de Dios lo adoptó por padre y tutor de su Humanidad sacrosanta; el Espíritu Santo le entregó su amantísima Esposa; Jesús y María Santísima, después de haberlo honrado y obedecido treinta años consecutivos asistieron a su muerte preciosa. ¡Qué motivos estos tan poderosos para profesarle una cordial devoción!.
¿Queréis, pues, almas cristianas, adelantar en la virtud y alcanzar una santa muerte? Tomad por guía en la vida y por protector en el terrible trance de la muerte. al glorioso San José. Consagradle el mes de marzo y los miércoles de cada semana, rezando aquellos días un Pater Noster, Avemaría y Gloria Patri, en honor de sus principales dolores y gozos.
*
*
San José, nos acercamos a ti con confianza a pedir tu protección.
Reconocemos en ti a un poderoso intercesor ante Dios.
Te pedimos nos ayudes a nosotros, pecadores, a obtener del Señor toda la gracia y misericordia que necesitamos para trabajar celosamente por el Reino de Dios, y servir a nuestro prójimo en todas sus necesidades.
Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor, Amén.
San Pío X

miércoles, 18 de marzo de 2015

Prefacio de la Santa Cruz.

El Tiempo de Pasión corresponde a las dos últimas semanas de Cuaresma; en este tiempo:

-Se mantienen las normas de la Cuaresma,
-Se suprime el salmo Iudica de las oraciones al pie del altar
-Se suprime el Gloria Patri del Introito
-Se suprime el Gloria Patri del salmo Lavabo.
-En las misas no se inciensa ni las imágenes de los santos, ni sus reliquias.
-Las imágenes y la cruz del altar han de estar cubiertos con velos morados.
-Se dice el Prefacio de la Santa Cruz, que es el siguiente:(1)


Vere dignum et iustum est,
aequum et salutare,
nos tibi semper et ubique gratias agere:
Domine, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus:

Qui salutem humani generis in ligno Crucis constituisti:
ut, unde mors oriebatur,
inde vita resurgeret:
et, qui in ligno vincebat,
in ligno quoque vinceretur:
per Christum Dominum nostrum.

Per quem maiestatem tuam laudant Angeli,
adorant Dominationes, tremunt Potestates,
coeli, coelorumque Virtutes,
ac beata Seraphim,
socia exsultatione concelebrant.
Cum quibus et nostras voces, ut admitti iubeas,
deprecamur, supplici conffesione dicentes:

Sanctus, sanctus, sanctus...

martes, 17 de marzo de 2015

EL TIEMPO DE PASIÓN (I).

(Preparación inmediata de la Redención)
 
1. Vista general. Llámase Tiempo de Pasión a las dos últimas semanas de Cuaresma, en las cuales el tema de los padecimientos y persecuciones del Salvador es el principal en la liturgia, mientras el de la instrucción de los catecúmenos y preparación de los penitentes públicos para su reconciliación, pasa ya a segunda línea. Es, pues, la misma Santa Cuaresma, pero más íntimamente vivida con Jesucristo, Varón de dolores, cuyas humillaciones y tormentos, a la par que excitan la compasión de los buenos cristianos, los predisponen a la compunción del corazón. Está todo él sombreado por el leño de la Cruz, ese "árbol esbelto y refulgente, ataviado con la púrpura real", como canta con aires de triunfo la Iglesia, repitiendo sin cesar, en estos días, las bellas estrofas del Vexilla Regís, de Venancio Fortunato.
En la primera de estas dos semanas, evoca la liturgia los seis últimos meses de la vida pública de Jesús, época de las grandes polémicas con los judíos y de las persecuciones, descaradas ya y agresivas, de sus enemigos. Jesús sólo se les aparece a intervalos; pues los ve tan enconados contra su persona, que tiene que huirles, para dar tiempo a que llegue su hora. Son seis meses de humillaciones y de afrentas; seis meses de verdadera Pasión, pero todavía incruenta.
Los textos litúrgicos van descubriéndonos, día tras día, nuevos aspectos de esta furibunda persecución. El domingo vemos a los judíos arrojándole piedras, el lunes, ingeniándose para prenderle; el martas, a punto de matarle; el miércoles, queriendo de nuevo apedrearle, el jueves, acechándole, en casa del fariseo Simón, mientras perdona Él a la Magdalena; el viernes, tramando ya definitivamente su muerte, y el sábado, acorralándolo de tal forma que le obligan a esconderse para no adelantar los acontecimientos.
En la segunda semana, la "Semana santa" que nosotros llamamos, o la "Semana penosa", como la denominaban los antiguos, la liturgia reproduce con los más vivos colores los últimos episodios de la vida de Jesús: los postreros destellos del Sol de Justicia, venido a alumbrar a este mundo entenebrecido por la culpa; las terribles peripecias que rodean la obra maestra de nuestra redención.
El domingo, lunes y miércoles santo son días de brillante aurora, pero de sombrío ocaso. El Divino Maestro aparece glorioso por la mañana, enseña en público, discute, triunfa; pero al anochecer, se retira a casas amigas, como para ponerse al abrigo del espíritu de las tinieblas. El jueves, después de realizar, a los postres de la Cena legal, el milagro de amor de la Eucaristía, se entrega sin reservas en manos de sus enemigos, entre quienes muere el viernes, para salvarlos a ellos y con ellos al mundo prevaricador.
 
EXTRAÍDO DE: R.P. ANDRÉS AZCÁRATE; La Flor de la Liturgia; Buenos Aires, Abadía San Benito, 6ta. Ed., 1951; pág.498-504