viernes, 31 de diciembre de 2010

El último día del año.

Y llegamos al último día, al último momento del año. No todos los que comenzaron este año han podido terminarlo.
De los que lo terminan, no todos lo terminan con la felicidad y con la salud con las que nosotros tal vez lo terminamos.
Indudablemente, esto nos debe mover a un acto de gratitud a Dios, que nos ha concedido otro año más.
En estos 365 días hemos vivido más de 8.000 horas, y más de medio millón de minutos. ¿Podremos afirmar con verdad, delante de Dios y de nuestra conciencia, que todas esas horas y todos esos minutos han sido vividos con honestidad, buscando el bien y la verdad? ¿No habremos perdido lamentablemente algunos de esos minutos en actos que nos han rebajado; en violencias, en odios, en torcidas intenciones, en actos de pereza, de soberbia, en egoísmos?
Al terminar este año, no está mal arrepentirnos con sinceridad de todo lo malo que hayamos hecho y de todo lo bueno que hayamos dejado de hacer.
“El Señor creó al hombre de la tierra y o hace volver de nuevo a ella; le señaló un número de días y un tiempo determinado” (Eclo 17, 1-2). Cada uno de los días del año que ha pasado ha sido una responsabilidad para nosotros: ¿lo habremos hecho fructificar? ¿lo habremos dejado perder?.
(R.P. Alfonso Milagro, claretiano, 1915-1981).

jueves, 30 de diciembre de 2010

Carta de la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei" para FIUV.


Miembros y simpatizantes de Una Voce Casablanca nos es grato enterarnos que una carta del Secretario de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei, monseñor Guido Pozzo, ha sido recibida por nuestro Presidente Ejecutivo de la FIUV don Leo Darroch, el texto de la misiva trata sobre el informe presentado por la FIUV a la Comisión con motivo del tercer aniversario de Summorum Pontificum. Una Voce Casablanca contribuyó a la elaboración de dicho informe. Mas información en el enlace de la FIUV

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Amén.

Expresión que no puede ser más breve ni más rica de significación. Puede significar alabanza, acto de fe en la palabra o en la acción divina, confirmación, aquiescencia. Al final de las oraciones pronunciadas sólo por el sacerdote, el Amén respondido por los fieles tiene el sentido de una aprobación, de un compromiso aceptado. Al final de una doxología, es como la prolongación de la expresión: in saecula saeculorum, la expresión de la alabanza que no acaba nunca.
Hace ya mucho tiempo que los hombres repiten esa breve palabra que nos viene de los antiguos patriarcas, esa palabrita que en los tiempos de la promesa los israelitas repitieron reiteradamente, esa palabra con la que Cristo comenzaba sus discursos decisivos, la palabra que se encuentra en los escritos de los apóstoles; la palabra que resonará en el cielo, resumiendo la adoración de los elegidos.
Yo no he reflexionado sobre ella; no he aprendido a amarla; ni he tratado de aplicarla como una lección a mis rebeldías, ni como un vendaje a mis heridas. No he pensado que venía de tan lejos, conducida por Dios, hacia mi oración; y bastaría con introducir en ella todos mis quereres para estar al resguardo de todo ataque enemigo, para librarme de la dispersión, del pesar y de la muerte.
Cuando el sacerdote dice la misa, lee en su misal oraciones latinas que los fieles no entienden, y el pequeño acólito, en nombre de todos los asistentes, responde con confianza: Amén, sí, así es, todo eso es lo que deseamos, eso es lo que pedimos. Lo aceptamos de antemano, todo lo ratificamos y queremos que Dios acepte los votos que ese sacerdote acaba de formular. Los espíritus paganos pueden sonreírse; de hecho nada hay tan hermoso como esa confianza absoluta en nuestra Madre la Iglesia. Los discípulos de Cristo están tan seguros de que el sacerdote no puede pedir para ellos más que cosas saludables, están tan acostumbrados a poner en manos del Padre celestial la preocupación por los resultados; han comprendido tan bien el significado del Sermón de la Montaña, y que Dios se ocupa de sus necesidades más que de alimentar a los pajarillos; tienen tan absoluta confianza en su Salvador, que basta un simple amén para expresar su docilidad confiada, y sancionar anticipadamente todo lo que la Sabiduría quiere para ellos.
Mi vida podría ser un amén continuado y total. La perfección no consiste en ser raro, sino en ser recto, y para ser recto, no hay que seguir con rigidez sus propias ideas, sino acomodarse a todos los deseos divinos, y no obrar más que para colaborar con el Maestro. –Unus est Magister vester (Uno solo es vuestro Maestro: Mt. 23, 8).
Un amén que nunca se rompa, como un hilo interminable que retorcido diez mil veces sobre sí mismo cruzado y recruzado, siempre flexible y fuerte, llega a convertirse en el maravilloso tejido de la túnica inconsútil –inconsutilis. Sin un nudo, ni resistencia, ni rigidez, pero tampoco con flojedad e inconsistencia, ni bruscas fantasías. No puede tejer con granos de arena, ni formar cordeles con agua.
¡Si tratase de encerrar toda mi vida en un amén!
(Fuente: La oración de las horas de Pedro Charles, s.j. (1957).

martes, 28 de diciembre de 2010

Santos Inocentes, mártires.

“Vox in Rama audita est, plorátus et ululates: Rachel plorant filios suos, et nóluit consolári, quia non sunt” (“Una voz fue oída en Ramá, muchos lloros y alaridos: es Raquel que llora sus hijos, sin querer consolarse, porque ya no existen”, Mt. 2, 18), reza la antífona de Communio en la Sancta Missa de los Santos Inocentes, mártires, que dieron sus pequeñas vidas por el Cordero inmaculado, Nuestro Señor Jesucristo. ¡Cuán dignos de compasión son estos pobres niños, considerados desde un punto de vista natural! Y sin embargo, ¡cuán feliz fue su suerte, si la consideramos desde el punto de vista sobrenatural!
Y ante todo ocurre preguntar: ¿qué habría sido de estos niños a no morir a tan tierna edad? Tal vez se habrían manchado con placeres deshonestos, y más tarde habrían sido enemigos del Salvador y acaso cooperadores de su muerte… En todo caso, no habrían llegado a ceñir su frente con una corona, y su felicidad no habrá dejado de naufragar en la ruina que más tarde sobrevino a todo el pueblo judío.
Preguntémonos ahora qué es lo que ha sido de aquellas inocentes víctimas. Son santos, y santos poderosos, que, según se dice, han recibido de Dios especial poder de intercesión para la hora de la muerte. Son almas inocentes que en el cielo ostentan la aureola de la virginidad. Por eso en la Sancta Missa de hoy, la Iglesia les aplica aquel hermoso pasaje del Apocalipsis, en donde San Juan pinta la felicidad y la gloria de las almas inocentes en el cielo. Son finalmente, santos mártires. La Iglesia los reconoce como tales, porque perdieron su vida por Cristo, y celebra su fiesta de un modo especialmente solemne, aun cuando cae en días de júbilo dentro de la Octava de Navidad. Ellos fueron objeto de una profecía de Jeremías. Jeremías presentó a Raquel, una de las madres primitivas de Israel, llorando con los mismos lamentos sobre el cautiverio del pueblo de Dios en Babilonia, y sobre su reprobación final, hacia lo que la matanza de los inocentes fue el primer paso, con el fin de matar entre ellos al Mesías. El destino de aquellos niños está ligado con el de todo un pueblo, su muerte es profecía y principio de la perdición de toda la nación.
Los niños inocentes encontraron, pues, su felicidad en su martirio. Al trasponer los umbrales de la vida, dice la Iglesia, en un himno a ellos dedicado, habían llenado ya su misión. Rápidamente y sin dolor, al menos sin dolor consciente. En un instante, sin más tiempo que el preciso para cortarles el cuello. Cerraron sus ojos al mundo terrenal y a sus padres carnales, y los abrieron para contemplar eternamente la hermosa faz de Dios.
Ellos fueron la salvaguardia del Salvador, y a ellos les debemos todo lo que por nosotros hizo en los treinta y tres años de su vida. Por esta íntima relación de los Inocentes con Jesús, los ama y festeja tanto la Iglesia, así como también María les debió guardar una compasiva ternura en su corazón. En una encantadora visión, el cantor eclesiástico ve a los pequeños mártires en la gloria jugando alrededor de la Virgen con su Hijo divino: “Vos prima Christi víctima, Grex immolatórum tener, Aram sub ipsam símplices Palma et corónis lúditis” (“Vosotros sois las primeras víctimas de Cristo, los tiernos corderos inmolados por Él; y jugáis, inocentes, ante su altar con vuestras palmas y coronas”). Amén.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Domingo de la Infraoctava de Navidad.

Día santo de la Natividad del Señor.
*
“Puer natus est nobis, et fílius datus est nobis: cujus impérium super húmerum ejus: et vocábitur nomen ejus, magni consilii Angelus” (“Un Niño nos ha nacido, y un Hijo se nos ha dado; el cual lleva sobre sus hombros el principado; y será su nombre: Ángel del gran Consejo”), rezamos en el Introito a la Sancta Missa del día de la Natividad del Señor. Nuestro Salvador ha nacido hoy: alegrémonos. No puede darse tristeza en el día en que nace la vida, el cual, disipando el temor de la muerte baña en la alegría a nuestras almas, por la promesa certera de la eternidad. Nadie hay que no tenga su parte en esta alegría. Nuestro Señor, destructor del pecado y de la muerte, al vernos a todos sujetos al pecado, ha venido para libertarnos.
“El Hijo de Dios se hizo carne y es perfectus Deus, perfectus homo, perfecto Dios y perfecto hombre. En este misterio hay algo que debería remover a los cristianos”, nos recuerda San Josemaría en un sermón pronunciado el 24 de diciembre de 1963, y consignada ahora en su obra: “Es Cristo que pasa”. “Iesus Christus, Deus Homo, Jesucristo Dios-Hombre. Una de las magnalia Dei, de las maravillas de Dios, que hemos de meditar y que hemos de agradecer a este Señor que ha venido a traer la paz en la Tierra a los hombres de buena voluntad. A todos los hombres que quieren unir su voluntad a la Voluntad buena de Dios: ¡no sólo a los ricos, ni sólo a los pobres!, ¡a todos los hombres, a todos los hermanos! Que hermanos somos todos en Jesús, hijos de Dios, hermanos de Cristo: su Madre es nuestra Madre”.
“No hay más que una raza en la tierra: la raza de los hijos de Dios. Todos hemos de hablar la misma lengua, la que nos enseña nuestro Padre que está en los cielos: la lengua del diálogo de Jesús con su Padre, la lengua que se habla con el corazón y con la cabeza, la que empleáis ahora vosotros en vuestra oración. La lengua de las almas contemplativas, la de los hombres que son espirituales, porque se han dado cuenta de su filiación divina. Una lengua que se manifiesta en mil mociones de la voluntad, en luces claras del entendimiento, en afectos del corazón, en decisiones de vida recta, de bien, de contento, de paz”.
“Es preciso mirar al Niño, Amor nuestro, en la cuna. Hemos de mirarlo sabiendo que estamos delante de un misterio. Necesitamos aceptar el misterio por la fe y, también por la fe, ahondar en su contenido. Para esto nos hacen falta las disposiciones humildes del alma cristiana: no querer reducir la grandeza de Dios a nuestros pobres conceptos, a nuestras explicaciones humanas, sino comprender que ese misterio, en su oscuridad, es una luz que guía la vida de los hombres”.
¡Ora pro nobis Sancta Dei Genetrix. Ut digni efficiamur promissiónibus Christi! Amén.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Natividad del Señor.

“Et péperit Filium suum primogénitum, et pannis eum invólvit, et reclinávit eum in praesépio: quia non erat eis locus in diversório…” (“Y dio a luz a su Hijo primogenito, y lo envolvió en pañales, y lo recostó en un pesebre; porque no quedaba lugar para ellos en el albergue…”). De este modo narra el Santo Evangelio de la Noche de Navidad el Nacimiento del Divino Redentor pobre y humilde en un pesebre de Belén. Si todos los nacimientos revisten importancia, ¡cuánta mayor importancia debe concederse al nacimiento y aparición del Redentor!
En el acontecimiento fundamental que celebramos hoy hay dos clases de caracteres que meditar: los externos y los internos. Entre los primeros, cabe consignar que apareció Cristo en el lugar y tiempo profetizados (Mich., V, 2), en el plazo prefijado en las semanas de Daniel (Dan., IX, 24 y sig) y en Bethlehem , la ciudad de David (Mich., V, I). Aparece, en segundo lugar, revestido de los más amables encantos: como un niño. El Divino Niño aparece inconsciente de nuestros pecados y de la suerte que éstos le preparan, y así nada se interpone entre El y nosotros que pueda disminuir nuestra feliz confianza. En tercer lugar, aparece el Salvador, pobre, humilde, abandonado. Su pobreza no puede ser mayor. Todo le falta: la comodidad, el gozo, los amigos, y hasta lo más indispensable. Es una pobreza voluntaria, pero parece hija de la fatalidad… Viene al mundo fuera de la ciudad, a medianoche, e ignorado de todos. ¡Cuán importante era aquel momento para Israel y para toda la humanidad, y hasta para la gloria y el conocimiento de Dios! Y todo permanece en el más absoluto silencio. Sólo María y José forman toda la corte humana del Divino Rey y Señor; y unos cuantos animales, el frío y las tinieblas, y la dura paja del pesebre forman todo su séquito…
Y a pesar de todo, la aparición de Cristo no deja de ser gloriosa, pues el Salvador hace su entrada en el mundo poniéndolo en movimiento; El es el centro de este movimiento y la persona de más influencia a pesar de la oscuridad y la soledad. Así el nacimiento del Salvador aparece rodeado de una nube preñada de tinieblas y de destellos de luz.
Si de la parte externa pasamos a los caracteres internos del Nacimiento de Jesús, entonces penetraremos en la vida interior del divino recién nacido. Aquí ya no hay que hablar para nada de debilidad ni de inconsciencia; no se encuentra más que fuerza y vida; vida magnífica, expansiva, divina. Esta mano diminuta es la diestra poderosa de Dios que lanza el rayo, sostiene el globo terrestre y maneja las riendas del gobierno del mundo y del cielo; este ligero soplo de su respiración es más fuerte que el oleaje del mar; estos labios que aún no balbucean, juzgan las almas en este mismo momento; y esta vista escudriña hasta el más recóndito rincón del universo; y de este pequeño corazón sube un constante sacrificio de olorosos perfumes para honra y gloria infinitas de Dios.
El Divino Niño toma posesión visible de esta tierra, en nombre de su Padre celestial a quien glorifica, para edificarse en ella una casa y fundar un reino en el cual su gloria no tendrá fin. Y luego, el Salvador vuelve los ojos a su Madre. Por primera vez sus ojos carnales ven la bella y amable fisonomía de María, y a esta vista, se dibuja en sus labios una graciosa sonrisa, extendiendo los brazos hacia ella con un grande amor filial. Seguidamente, los fija en su padre nutricio, San José y, a todos nosotros, nos dedica sus primeros pensamientos y afectos, pues ha venido al mundo como Hijo de Dios para salvarnos y revelarnos al Padre de los cielos. En efecto, El tenía también hermanos menores, no carnales, pero sí espirituales, y estos hermanos somos nosotros. A todos nosotros nos abrazó con el pensamiento en aquel precioso instante de su divino nacimiento. ¡Cuán querido debe sernos, entonces, el Nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, por esta última circunstancia!
Por eso que en esta noche santa, unimos nuestra alabanza a la milicia celestial, diciendo: “Glória in altíssimis Deo, et in terra pax homínibus bonae voluntátis” (¡”Gloria a Dios en las alturas, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad!”).
*
¡Feliz Navidad a todos nuestros lectores y amigos de la Tradición católica!

viernes, 24 de diciembre de 2010

Feliz Navidad!!!

Puer natus est nobis,
Et filius datus est nobis:
Cujus imperium super humerum ejus:
Et vocabitur nomen ejus,
Magni consilii Angelus.

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Les desea



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jueves, 23 de diciembre de 2010

El desprendimiento y pobreza cristiana.

El desprendimiento efectivo de lo que somos y poseemos es necesario para seguir a Jesús, para abrir nuestra alma al Señor, que pasa y llama. Por el contrario, el apegamiento a los bienes de la tierra cierras las puertas a Cristo, y nos cierra las puertas al amor y al entendimiento de lo más esencial en nuestra vida: si alguno no renuncia a todo lo que posee no puede ser mi discípulo.
El nacimiento de Jesús, y toda su vida, es una invitación para que nosotros examinemos en estos días la actitud de nuestro corazón hacia los bienes de la tierra. El Señor, Unigénito del Padre, Redentor del mundo, no nace en un palacio, sino en una cueva; no en una gran ciudad, sino en una aldea perdida, en Belén. Ni siquiera tuvo una cuna, sino un pesebre. La precipitada huida a Egipto fue para la Sagrada Familia la experiencia del exilio en tierra extraña, con pocos más medios de subsistencia que los brazos de José acostumbrados al trabajo. Durante su vida pública Jesús pasará hambre, no dispondrá de dos pequeñas monedas de escaso valor para pagar el tributo del templo. El mismo dirá que el Hijo del hombre no tiene donde reclinar su cabeza. La muerte en la cruz es la muestra del supremo desprendimiento.
El Señor quiso conocer el rigor de la pobreza extrema –falta de lo necesario- especialmente en las horas más señaladas de su vida.
La pobreza que ha de vivir el cristiano ha de ser una pobreza real, ligada al trabajo, a la limpieza, al cuidado de la casa, de los instrumentos de trabajo, a la ayuda a los demás, a la sobriedad de vida. Por eso se ha dicho que “el mejor modelo de pobreza han sido siempre esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre, que se desviven por sus hijos, y que con su esfuerzo y su constancia –muchas veces sin voz para decir a nadie que sufren necesidades- sacan adelante a los suyos, creando un hogar alegre en el que todos aprenden a amar, a servir, a trabajar”.
Si llegan los bienes, siempre será posible vivir como “esos padres y esas madres de familia numerosa y pobre” y hacer con ellos el bien, porque “la pobreza que Jesús declaró bienaventurada es aquella hecha a base de desprendimiento, de confianza en Dios, de sobriedad y disposición a compartir con otros”.
La pobreza que nos pide a todos el Señor no es suciedad, ni miseria, ni dejadez, ni pereza. Estas cosas no son virtud. Para aprender a vivir el desprendimiento de los bienes, en medio de esta ola de materialismo que parece envolver a la humanidad, hemos de mirar a nuestro Modelo, Jesucristo, que se hizo pobre por amor nuestro, para que vosotros fueseis ricos por su pobreza. (R. P. Francisco Fernández Carvajal).

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Generosidad y espíritu de servicio.

Por aquellos días, María se levantó, y marchó deprisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
La Virgen se da del todo a lo que Dios le pide. En un momento sus planes personales –los tendría- quedan en un rincón para hacer lo que Dios le propone. No puso excusas. Desde el primer momento, Jesús es el ideal único y grandioso para el que vive.
Nuestra Señora manifestó una generosidad a lo largo de toda su existencia aquí en la tierra. De los pocos pasajes del Evangelio que se refieren a su vida, dos de ellos nos hablan directamente de su atención a los demás: fue generosa con su tiempo para atender a su prima Santa Isabel hasta que nació Juan; estuvo preocupada por el bienestar de los demás, como nos muestra su intervención en las bodas de Caná: Fueron actitudes habituales en Ella. Mucho tendría que decirnos sus paisanos de Nazareth de los incontables detalles de María con ellos en la convivencia diaria.
La Virgen no piensa en sí misma, sino en los demás. Trabaja en las faenas de la casa con la mayor sencillez y con mucha alegría; también con gran recogimiento interior, porque sabe que el Señor está en Ella. Todo queda santificado en la casa de Isabel por la presencia de la Virgen y del Niño que va en su seno.
En María comprobamos que la generosidad es la virtud de las almas grandes, que saben encontrar la mejor retribución en el haber dado: habéis recibido gratis, dad gratis. La persona generosa sabe dar cariño, comprensión, ayudas materiales… y no exige que la quieran, la comprendan, la ayuden. Da, y se olvida de que ha dado. Ahí está toda su riqueza. Ha comprendido que es mejor dar que recibir. Descubre que amar “es esencialmente entregarse a los demás. Lejos de ser una inclinación instintiva, el amor es una decisión consciente de la voluntad de ir hacia los otros. Para poder amar de verdad conviene desprenderse de todas las cosas y, sobre todo, de uno mismo, dar gratuitamente… Esta desposesión de uno mismo (…) es fuente de equilibrio. Es el secreto de la felicidad”.
El dar ensancha el corazón y lo hace más joven, con más capacidad de amar. El egoísmo empobrece, hace el propio horizonte más pequeño. Cuanto más damos, más nos enriquecemos..
A la Virgen le suplicamos hoy que nos enseñe a ser generosos, en primer lugar con Dios, y luego con los demás, con quienes conviven o trabajan junto a nosotros, con quienes nos encontramos en las diversas circunstancias de la vida. Que sepamos darnos en el servicio a los demás, en la vida ordinaria de cada día. (R.P. Francisco Fernández Carvajal).

lunes, 20 de diciembre de 2010

Actualización de la Galería de Fotos.


Hemos actualizado la Galería de Fotos con la Santa Misa Tridentina celebrada este domingo 19 de diciembre de 2010, correspondiente al Cuarto Domingo de Adviento. La Santa Misa fue celebrada por nuestro capellán Msr Jaime Astorga Paulsen. Las fotos se pueden ver linkeando sobre la imagen.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Sermón del Cuarto Domingo de Adviento.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
“Vox clamántis in desérto: Paráte viam Dómini: rectas fácite semitas ejus…” (“Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor; enderezad sus senderos…”), se proclama en este último domingo de Adviento ad portas ya de la Navidad. Y nuevamente la figura de Juan el Bautista se nos hace presente. El lugar donde apareció él no fue ninguna ciudad, ni siquiera ningún país habitado, sino el desierto, las vastas praderas y estepas del bajo Jordán. Juan no abandonó nunca el desierto; antes bien atrajo las muchedumbres hacia el Jordán para recibir el bautismo de penitencia en preparación de la venida del Salvador. Siguiendo la inspiración de Dios, Juan se trasladó a la orilla del viejo Jordán, de tantas implicancias vivenciales para los hebreos, pues por el entraron en la tierra de promisión; por él fueron conducidos al cautiverio, y por el Jordán regresaron de él; y del Jordán debía venir también el Mesías prometido.
El fin de la misión del Precursor fue, como ya lo hemos recordado, preparar los caminos para la venida del Señor. Esta preparación debía hacerse principalmente por la predicación de la penitencia y de la fe en el Cristo. Juan el Bautista vivió en plenitud su vocación de ser el pregonero del Divino Redentor. Para ello centró su predicación en la llamada a la penitencia; al igual que el más severo de los profetas, vivió en la más extrema pobreza y mortificación. Y lo hizo, además, con su palabra: “Vox clamántis in desérto…”. Para despertar este espíritu de conversión y de penitencia en las muchedumbres que lo escuchaban, Juan lo simbolizó en una ceremonia extraordinaria: en el bautismo de agua, que se convirtió en el signo visible de su apostolado; por eso se le llamó también el Bautista.
Juan prepara también los caminos al Cristo, “paráte viam Dómini…”, predicando la fe en El, en su próxima llegada y en su gloria y magnificencia. La primera ocasión para esto se la dio a Juan la opinión del pueblo que le tomó a él por el mismo Mesías. Juan niega que sea él el Mesías, dando un testimonio al Cristo verdadero. Este testimonio tiene tres objetivos. Primeramente, la venida de Cristo. Cristo, el Mesías, está cerca. Seguidamente, el testimonio de Juan apunta a la grandeza y excelencias del Cristo. Juan dice que no puede compararse con El; en general, porque Jesús es más fuerte y más alto, tanto que él (Juan) no es digno de llevar sus sandalias, o, postrándose, de desatar la correa de sus zapatos; y, en especial, atestigua la mayor grandeza del apostolado y de la vocación de Cristo. Juan califica también esta vocación como administración de un bautismo, pero de un bautismo de naturaleza mucho más elevada; y en tercer lugar, Juan da testimonio de la relación del Cristo con el Antiguo Testamento, y de su naturaleza divina. Cristo es Juez, o, mejor aún, el Señor “de la era” (símbolo del reino de Dios, que no sólo abarca Israel, sino el universo entero), el trigo, es “suyo”; El lo purifica, y, como Juez, lo separa de la paja, la cual hace echar al “fuego inextinguible”. El es el mismo Dios, porque comunica el Espíritu Santo. Así preparaba Juan los caminos a Cristo.
La misma aparición de Juan era en sí una preparación al Cristo, porque en su persona, en su ministerio y en sus discípulos, vemos ya prefigurado al Cristo y todo el desarrollo del reino de Cristo. En Juan brilla la buena nueva y la sana orientación del Antiguo Testamento, en la severidad de sus virtudes, en su absoluto aislamiento, en el sentimiento de su propia insuficiencia, en sus anhelosos deseos hacia el Cristo cuyos caminos había de preparar. Pero también se manifiesta aquí la degeneración del mismo Antiguo Testamento. En los fariseos y saduceos se descubre el cáncer que lo corrompe, y en su pertinacia contra el Precursor y los profetas del Cristo, ya se adivina la tenaz oposición que debe conducir a la muerte al mismo Bautista y a Cristo, y conducirles a ellos a su propia ruina, como se lo profetiza el Bautista. También se descubren aquí importantes rasgos del ministerio y apostolado de Cristo. Ante todo es importante el testimonio de la llegada de Cristo y de su significación, de su dignidad de Mesías y de su divinidad. En segundo lugar, tenemos aquí la introducción del Bautismo que, si aun no es más que una figura, será luego el principal Sacramento de la Iglesia. La principal importancia del bautismo de Juan consiste en haber sido la figura del bautismo cristiano. Finalmente, la afectuosa acogida a los pecadores, a los publicanos y a los gentiles, constituye uno de los más notables y salientes rasgos de la semejanza entre Juan y Cristo; este rasgo de la fisonomía moral de Juan, es como una profecía de las futuras misericordias reservadas al mundo de los gentiles. Así iba cumpliéndose la palabra del ángel: Juan será grande ante el Señor, irá delante de El, para aparejarle un pueblo perfecto (“erit enim magnus coram Dómino”, “et ipse praecédet ante illum”, “paráre Dómino plebem perféctam” (Lc 1, 15. 17).
Queridos fieles, en vísperas de la Natividad del Señor, el Cristo, anunciado por Juan el Bautista, permítanme desearles a cada uno de ustedes y a sus familias, amigos y bienhechores, mucha paz y bien en el Señor Jesús que llega.
¡Que la Santísima Virgen, nuestra Buena Madre, nos enseñe a acoger de verdad a Quien predicó Juan el Bautista, preparando nuestra alma convenientemente y a no estar distraídos y dispersos cuando tenemos tan cerca a Jesús, el Señor. Amén!
En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Palabras de Cardenal Ratzinger/Benedicto XVI (III).

“Los que sí lo reconocieron –a diferencia de toda esa gente de renombre- fueron “el buey y el asno”: los pastores, los magos, María y José. ¿Es que acaso podría ser de otro modo? En el establo donde está el Niño Jesús no vive la gente fina: allí viven, justamente, el buey y el asno. ¿Pero qué es lo que ocurre con nosotros? ¿Nos hallamos tan alejados del establo porque somos demasiado finos y demasiado sesudos para ello? ¿No nos enredamos también nosotros en sabihondas interpretaciones de la Biblia, en pruebas de la autenticidad o inautenticidad, de forma que nos hemos hecho ciegos para el Niño y no percibimos ya nada de él? ¿No estamos demasiado en “Jerusalén”, en el palacio, encasillados en nosotros mismos, en nuestra propia gloria, en nuestras manías persecutorias para que podamos oír en seguida la voz de los ángeles, acudir al pesebre y ponernos a adorar? Así, pues, esta noche los rostros del buey y del asno nos miran con ojos interrogativos: mi pueblo no entiende; ¿entiendes tú la voz de tu Señor?” (La bendición de la Navidad).
“Podemos imaginar el asombro de los Magos ante el Niño en pañales. Sólo la fe les permitió reconocer en la figura de aquel niño al Rey que buscaban, al Dios al que la estrella los había guiado. En él, cubriendo el abismo entre lo finito y lo infinito, entre lo visible y lo invisible, el Eterno a entrado en el tiempo, el Misterio se ha dado a conocer, mostrándose ante nosotros en los frágiles miembros de un niño recién nacido. “Los Magos están asombrados ante lo que allí contemplan: el cielo en la tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven encerrado en un pequeñísimo cuerpo aquello que no puede ser contenido en todo el mundo” (san Pedro Crisólogo, Sermón 160, 2). Durante estas jornadas contemplaremos con el mismo asombro a Cristo presente en el tabernáculo de la misericordia, en el sacramento del altar” (18/8/2005).
“Aquí comenzó su camino interior. Comenzó en el mismo momento en que se postraron ante este Niño y lo reconocieron como el Rey prometido. Pero debían aún interiorizar estos gozosos gestos. Debían cambiar su idea sobre el poder; sobre Dios y sobre el hombre y así cambiar ellos mismos… Dios es diverso; ahora se dan cuenta de ello. Y eso significa que ahora ellos mismos tienen que ser diferentes, han de aprender el estilo de Dios”.

viernes, 17 de diciembre de 2010

Exercitium Nouemdiale ad praeparandum festum Natiuitatis D.N.I.C.


INVITATORIVM
Cantores antiphonam canunt :
CANTORES
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
Chorus antiphonam iterat:
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
Cantores sequentes canunt prophetias alternantes eas cum antiphona a choro iterata. Dum prophetiae cantantur et ad Canticum necnon ad Hymnum omnes stant, etiamsi Sanctissimum Sacramentum exponatur.
CANTORES
Jucundare, filia Sion, et exulta satis, filia Jerusalem: ecce Dominus veniet, et erit in die illa lux magnam et stillabunt montes dulcedinem, et colles fluent lac et mel, quia veniet Propheta magnus, et ipse renovabit Jerusalem.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Ecce veniet Deus, et homo de domo David sedere in throno, et videbitis, et gaudebit cor vestrum.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Ecce veniet Dominus protector noster, Sanctus Israël, coronam regni habens in capite suo, et dominabitur a mari usque ad mare, et a flumine usque ad terminos orbis terrarum.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Ecce apparebit Dominus, et non mentietur: si moram fecerit expecta eum, quia veniet et non tardabit.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Descendet Dominus sicut pluvia in vellus: orietur in diebus ejus justitia, et abundantia pacis, et adorabunt eum omnes reges terræ, omnes gentes servient ei.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Nascetur nobis parvulus, et vocabitur Deus fortis, ipse sedebit super thronum David patris sui, et imperabit, cujus potestas super humerum ejus.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Bethlehem, civitas Dei summi, ex te exiet Dominator Israël, et egressus ejus sicut a principio dierum æternitatis, et magnificabitur in medio universæ terræ, et pax erit in terra nostra dum venerit.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
In vigilia Nativitatis cantores addunt:
CANTORES
Crastina die delebitur iniquitas terræ, et regnabit super nos Salvator mundi.
CHORVS
Regem venturum Dóminum: * Venite adoremus.
CANTORES
Prope est jam Dominus.
CHORVS:
Venite, adoremus.
*
CANTICVM
*
Lætentur cæli et exultet terra* jubilate montes laudem.
Erumpant montes jucunditatem* et colles justitiam.
Quia Dominus noster veniet* et pauperum suorum miserebitur.
Rorate cæli desuper et nubes pluant justum* aperiatur terra, et germinet Salvatorem.
Memento nostri Domine* et visita nos in salutari tuo.
Ostende nobis Domine miseericordiam tuam* et salutare tuum da nobis.
Emitte Agnum Domine dominatorem terræ* de petra deserti ad montem filiæ Sion.
Veni ad liberandum nos Domine Deus virtutum* ostende faciem tuam, et salvi erimus.
Veni Domine visitare nos in pace* ut lætemur coram te corde perfecto.
Ut cognoscamus Domine in terra viam tuam,* in omnibus gentibus salutare tuum.
Excita Domine potentiam tuam et veni* ut salvos facias nos.
Veni Domine et noli tardare* relaxa facinora plebis tuæ.
Utinam dirumperes cælos et descenderes* a facie tua montes defluerent.
Veni et ostende nobis faciem tuam Domine* qui sedes super Cherubim.
Gloria Patri et Filio et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio et nunc et semper et in sæcula sæculorum. Amen.
*
Deinde celebrans recitat in tonu capituli:
*
CELEBRANS
Præcursor pro nobis ingreditur Agnus sine macula, secundum ordinem Melchisedech, Pontifex factus in æternum, et in sæculum sæculi. Ipse est Rex justitiæ cujus generatio non habet finem.
CHORVS
Deo gratias.
*

HYMNVS
*
En clara vox redarguit
Obscura quæque personans:
Procul fugentur somnia,
Ab alto Jesus promicat.
En Agnus ad nos mittitur
Laxare gratis debitum:
Omnes simul cum lacrymis
Precemur indulgentiam.
Beatus Auctor sæculi
Servile corpus induit:
Ut carne carnem liberans,
Ne perderet quos condidit.
Castæ Parentis viscera
Cælestis intrat gratia:
Venter puellæ bajulat
Secreta quæ non noverat.
Domus pudici pectoris
Templum repente fit Dei,
Intacta nesciens virum
Concepit alvo Filium.
Deo Patri sit gloria,
Ejusque soli Filio,
Cum Spiritu Paraclito
In sæculorum sæcula. Amen.
*

MAGNIFICAT
*
Ad Magnificat cantatur antiphona competentis diei iuxta sequentem ordinem:
Dies 16.- Ecce veniet Rex, * Dominus terræ, et ipse auferet jugum captivitatis nostræ.
Dies 17.- O Sapientia, * quæ ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem fortiter, suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiæ.
Dies 18.- O Adonai et Dux domus Israël, * qui Moysi in igne flammæ rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.
Dies 19.- O radix Jesse, * qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare.
Dies 20.- O clavis David, * et sceptrum domus Israël; qui aperis et nemo claudit, claudis et nemo aperit: veni et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris et umbra mortis.
Dies 21.- O Oriens, * splendor lucis æternæ, et sol justitiæ: veni et illumina sedentes in tenebris et umbra mortis.
Dies 22.- O Rex gentium, * et desideratus earum: lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti.
Dies 23.- O Emmanuel, * Rex et legifer noster, exspectatio gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine Deus noster.
Dies 24.- Cum ortus fuerit sol de cælo, * videbitis Regem regum procedentem a Patre, tamquam sponsum de thalamo suo.

Magníficat sequitur:

Magnificat * anima mea Dominum,
et exsultavit spiritus meus * in Deo salutari meo.
Quia respexit humilitatem ancillae suae, * ecce enim ex hoc beatam me dicent omnes generationes.
Quia fecit mihi magna qui potens est: * et sanctum nomen ejus,
et misericordia ejus a progenie in progenies * timentibus eum.
Fecit potentiam in brachio suo, * dispersit superbos mente cordis sui,
deposuit potentes de sede, * et exaltavit humiles,
esurientes implevit bonis, * et divites dimisit inanes.
Suscepit Israel puerum suum, * recordatus misericordiae suae,
sicut locutus est ad patres nostros, * Abraham et semini ejus in saecula.
Gloria Patri, et Filio, * et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nun et semper, * et in saecula saeculorum. Amen.

Antiphona iteratur et celebrans cantat orationem:

V. Dominus vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.

(Si non sit sacerdos seu priuatim recitatur, loco Dominus vobiscum dicatur:

V. Domine, exaudi orationem meam.
R. Et clamor meus ad Te veniat.)

Oremus. Festina, quaesumus, Domine, ne tardaveris et auxilium nobis supernae virtutis impende ut adventus tui consolationibus subleventur qui in tua pietate confidunt. Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. R. Amen.

ANTIPHONA FINALIS B.M.V.

Alma Redemptoris Mater, quae pervia caeli
Porta manes, et stella maris, succurre cadenti,
Surgere qui curat, populo: tu quae genuisti,
Natura mirante, tuum sanctum Genitorem
Virgo prius ac posterius, Gabrielis ab ore
Sumens illud Ave, peccatorum miserere.

V. Angelus Domini nuntiavit Mariae
R. Et concepit de Spiritu Sancto.

Oremus. Gratiam tuam, quaesumus, Dómine, méntibus nostris infúnde: ut qui, Angelo nuntiánte, Christi Fílii tui Incarnatiónen cognóvimus, per passiónem ejus et crucem ad resurrectiónis glóriam perducámur. Per eúndem Christum Dóminum nostrum. R. Amen.

V. Nos cum prole pia.
R. Benedicat (†) Virgo Maria.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Ejemplo a seguir.

Arzobispado de Guadalajara.
Decreto de erecciòn de Cuasiparroquia de San Pedro en Cadenas.
Teniendo en cuenta que hay Sacerdotes y fieles que quieren seguir la sana Tradiciòn de la Liturgia del Misal Romano del Papa Juan XXIII de 1962, sin oponerse a la reforma que se ha tenido en el Concilio Vaticano II y que ha quedado plasmada en el Misal Romano del Papa Paulo VI de 1970, y sabiendo que hay algunos que se han excluído de la comunión por no ser fieles y que el Obispo tiene "por misión pastoral el grave deber de ejercer una vigilancia clarividente, llena de caridad y fortaleza, de modo que en todas partes se guarde esa fidelidad” (ED no. 5)

Además, para que todos los Pastores, y los demás cristianos tomen nuevamente conciencia, no solo de la legitimidad sino también de la riqueza que representa para la Iglesia la diversidad de carismas y tradiciones de espiritualidad, la cual constituye la belleza de la unidad en la diversidad: Esa sintonía que, bajo el impulso del Espíritu Santo, eleva la Iglesia terrestre al cielo.

Siguiendo la llamada del Papa, de respetar en todas partes, la sensibilidad de todos aquellos que se sienten unidos a la Tradiciòn Litúrgica Latina, por medio de una amplia y generosa aplicaciòn de las normas emanadas hace algun tiempo por la Sede Apostólica, para el uso de la ediciòn tìpica del Misal de 1962. (ED. no 6c). Y puesto que el artìculo 10 del motu proprio "Summorum Pontificum cura" permite que el Ordinario del lugar, si lo considera oportuno, pueda erigir una Parroquia personal segun la norma del c. 518 para las celebraciones con la forma del rito antiguo
POR EL PRESENTE DECRETO SE ERIGE LA CUASIPARROQUIA DE SAN PEDRO EN CADENAS, a tenor de los canones 515, 516, y los demás concernientes a la Cuasiparroquia.
Guadalajara, Jalisco a 6 de Diciembre del 2010.
Juan Card. Sandoval Iñiguez.
Arzobispo Metropolitano de Guadalajara.
Juan Pablo Preciado Ramírez.
Canciller Secretario.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Palabras de Cardenal Ratzinger/Benedicto XVI (II)

El Niño Dios.
*
“(…) al ver las calles y las plazas de nuestras ciudades adornadas con luces resplandecientes, recordemos que estas luces evocan otra luz, invisible para nuestros ojos, pero no para nuestro corazón. Al contemplarlas, al encender las velas de las iglesias o las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, que nuestro espíritu se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. ¡El Dios con nosotros, nacido en Belén de la Virgen María, es la Estrella de nuestra vida!” (21/12/2005).
“El misterio de Belén nos revela al Dios-con-nosotros, al Dios cercano a nosotros, no sencillamente en sentido espacial y temporal; Él está cerca de nosotros porque ha “desposado”, por así decirlo, nuestra humanidad; ha tomado sobre sí nuestra condición, eligiendo ser en todo como nosotros, menos en el pecado, para hacer que nos convirtamos como Él. La alegría cristiana brota, por lo tanto, de esta certeza: Dios está próximo, está conmigo, está con nosotros, en la alegría y en la tristeza, en la salud y en la enfermedad, como amigo y esposo fiel. Y esta alegría permanece también en la prueba, en el sufrimiento mismo, y permanece no superficialmente, sino en lo profundo de la persona que se entrega a Dios y confía en Él”. (16/12/2007).
“El buey y la mula no son un mero producto de la imaginación piadosa, sino que se han convertido en acompañantes del acontecimiento de la Navidad en virtud de la fe de la Iglesia en la unidad entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En efecto, en Isaías 1, 3 dice: “Conoce el buey a su dueño y el asno el pesebre de su amo; Israel no conoce, mi pueblo no entiende”. Los Padres de la Iglesia vieron en esas palabras un discurso profético que preanuncia el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia formada por los judíos y los gentiles. Ante Dios, todos los hombres, judíos y paganos, eran como bueyes y asnos, sin razón ni entendimiento. Pero el Niño del pesebre les abrió los ojos de modo que, ahora, entienden la voz del dueño, la voz de su Señor” (La bendición de la Navidad).

martes, 14 de diciembre de 2010

Palabras de Cardenal Ratzinger/Benedicto XVI (I)

El Niño Dios.
*
“La luz de Cristo quiere iluminar la noche del mundo a través de la luz que somos nosotros; su presencia ya iniciada ha de seguir creciendo por medio de nosotros. Cuando en la Noche Santa suene una y otra vez el himno Hodie Christus natus est, debemos recordar que el inicio que se produjo en Belén ha de ser en nosotros inicio permanente, que aquella Noche Santa es nuevamente un “hoy” cada vez que un hombre permite que la luz del bien haga desaparecer en él las tinieblas del egoísmo (…) El niño Dios nace allí donde se obra por inspiración del amor del Señor, donde se hace algo más que intercambiar regalos” (Homilía Adviento 2002).
“Jesús se hizo niño. ¿Qué es eso de ser niño? Significa, ante todo, que se depende, que se recurre, que se necesita, que se remite uno a otro. En cuanto niño, Jesús procede no sólo de Dios, sino de otro ser humano. Se ha gestado en el seno de una mujer de la que ha recibido su carne, su sangre, su latido, su garbo, su habla. Ha recibido vida de la vida de otro ser humano. Lo propio, que procede así de lo ajeno, no es meramente biológico (…) Podemos, pues, decir que la niñez ocupa un lugar tan destacado en la predicación de Jesús porque está en la más profunda correspondencia con su más personal misterio, con su filiación. Su dignidad más alta, la que remite a su divinidad, no es en último término un poder del que él disfruta, sino que se funda en su referencia al otro, a Dios, al Padre” (El Dios de los cristianos).
“Este es el misterio de Navidad, que podemos comprender mejor a través de tantos símbolos. Entre estos símbolos está el de la luz, que es uno de los más ricos de significado espiritual y sobre el que querría reflexionar brevemente. La fiesta de Navidad coincide, en nuestro hemisferio con la época del año en que el sol termina su parábola descendente y empieza la fase en la que se amplía gradualmente el tiempo de luz diurna, según el recorrido sucesivo de las estaciones. Esto nos ayuda a comprender mejor el tema de la luz que prevalece sobre las tinieblas. Es un símbolo que evoca una realidad que afecta a lo íntimo del hombre: me refiero a la luz del bien que vence al mal, del amor que supera al odio, de la vida que vence a la muerte. Navidad hace pensar en esta luz interior, en la luz divina, que nos vuelve a presentar el anuncio de la victoria definitiva del amor de Dios sobre el pecado y la muerte (…) El Salvador esperado por las gentes es saludado como “Astro naciente”, la estrella que indica el camino y la guía de los hombres, viandantes entre las oscuridades y los peligros del mundo hacia la salvación prometida por Dios y realizada en Jesucristo” (21/12/2005).
Fuente: Benedicto XVI-Joseph Ratzinger: Orar. Planeta. 2009.

lunes, 13 de diciembre de 2010

Pbro. Jaime Ringeling Leigh, in memoriam.

Este domingo, Día del Señor, y en que recordamos a Nuestra Señora de Guadalupe, dejó de existir en Santiago, el reverendo padre Jaime Ringeling Leigh, a la edad de 88 años y 63 de ordenación sacerdotal, y que fuera cura párroco de Casablanca por casi quince años. El padre Jaime llegó a la Parroquia de Santa Bárbara procedente de la ciudad de Maullín, perteneciente a la Arquidiócesis de Puerto Montt, aunque él era del clero de Valparaíso, a fines de los años 80 y, prontamente, comenzó a desarrollar una intensa labor pastoral que muchos casablanquinos y feligreses recuerdan.
El padre Jaime demostró una predilección especial por la pastoral juvenil y la pastoral familiar, asentadas ambas en la catequesis que para él era fundamental. Su preocupación por extender el servicio litúrgico hacia las zonas rurales, lo llevó a fundar diversas capillas, como la de La Viñilla, que atendía con gran celo sacerdotal en conjunto con un equipo de catequistas que fue consolidando.
También quiso que el templo parroquial fuera hermoseado, y al poco tiempo con la ayuda de benefactores se efectuaron importantes reparaciones en el mismo, como el cambio de piso y la habilitación de nuevas bancas y confesionarios.
Una característica esencial de su personalidad sacerdotal era su cercanía. Del mismo modo, muchos lo recuerdan como un cura al que le gustaba el ministerio de la confesión sacramental.
El padre Jaime logró entrar en el corazón de los casablanquinos literalmente, pues mantuvo durante mucho tiempo un programa en un canal de cable de esta ciudad; allí cada sábado comentaba la palabra de Dios e iluminaba con ella el quehacer cotidiano. Fiel a su personalidad sacerdotal, protegió, cobijó y educó a varios jóvenes, algunos de los cuales son sacerdotes.
Al poco tiempo de acercarse su alejamiento como párroco y con ocasión de su 50 aniversario sacerdotal, la ciudad de Casablanca le otorgó la distinción de Hijo Ilustre en una hermosa ceremonia a la que asistió el entonces Nuncio de Su Santidad el Papa Juan Pablo II, Monseñor Piero Biggio, así como varios obispos compañeros suyos de seminario, como Mons. Bernardino Piñera.
Cuando dejó la parroquia, siempre estuvo dispuesto a colaborar en lo que se le pidiera. Se puede decir que el Padre Jaime hasta el final quiso servir a Dios y a la Iglesia. Su figura cansina era visible a los casablanquinos para los cuales siempre tenía un saludo amable. Por lo que a mí respecta, al querido P. Jaime le debo lo que soy: Diácono de la Santa Madre Iglesia, Iglesia a la que él sirvió con creces hasta desgartarse; por eso, mi gratitud para con él siempre será inmensa e inolvidable.
Padre Jaime Ringeling, descansa en la paz de Cristo y en el regazo de la Buena Madre.
Diácono Eddie Morales Piña.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Gaudete!!!

Domingo III de Adviento.
1ª clase, ornamentos rosados.
*
*
"El Señor está cerca". He aquí el anuncio que nos hace hoy la Iglesia, he aquí por qué nos incita hoy a la alegría y por qué se viste Ella misma hoy de fiesta, con ornamentos rosados, con flores en los altares, con acordes del órgano. Está la Iglesia como impaciente por recibir al Señor, y nos contagia a nosotros de esta santa ansiedad. ¡El señor está cerca! Más aún:"Entre nosotros está Uno a quien muchos no conocen". Esta queja amarga del Bautista desgraciadamente es también hoy verdadera.
¡Un año más, la luz que esperamos pasa al lado de muchos sin iluminarlos; un año más llamará a nuestras puertas el que puede remediar nuestras necesidades. Y muchos estarán dormidos! Las exhortaciones de San Juan Bautista conservan aún toda su importancia, pues el Salvador, que ya ha venido, debe "venir" aún para muchas almas que permanecen sumidas en la ignorancia, y nosotros mismos tenemos que recoger cada vez más perfectamente los frutos de su venida, en nuestras almas. Y el fruto primario que trae consigo la fiesta de Navidad es la realización cada vez más perfecta, de la filiación divina en nosotros, filiación divina por la gracia traducida en la santidad de vida.
Sentimos gran júbilo al acercarse las fiestas de Navidad, que nos recuerdan la venida del humilde Niño del pesebre. Por eso escribe San Pablo: "Gaudete, regocijaos en el Señor, porque el Señor está para llegar"; por eso los sacerdotes celebran hoy con ornamentos rosados; por donde se simboliza la alegría de la celestial Jerusalén, en que Jesús nos ha de introducir al fin de los tiempos.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La foto del día: Misa de Campaña.


Misa a los pies del Santo Cristo Redentor, ubicado en la frontera chileno-argentina a 3854 msnm. Celebra el Reverendo Padre Manuel Sirot, superior de los Asuncionistas, acompañado por la comunidad de los Hermanos Maristas de la ciudad de Los Andes. Inicios de la década de 1940. Tomado de "Ceremonia y Rúbrica de la Iglesia Española".

jueves, 9 de diciembre de 2010

Reunión Centros de Misa Tradicional.


El pasado domingo 5 de diciembre, Segundo de Adviento, se llevó a efecto una reunión de algunos Centros de Misa Tradicional, dicho encuentro fue organizado y coordinado por la Agrupación "Magnificat" o Una Voce Chile. Este se llevó a efecto en la ciudad de Santiago, donde se participó del Santo Sacrificio, celebrado por don Milan Tisma y para posteriormente reunirnos a compartir impresiones y estatus de los diferentes grupos que nos encontrabamos presentes. Participaron de esta primera reunión, Una Voce Casablanca, Grupo de Concepción, Grupo de San Felipe, Una Voce Chile, también se invitó a otras agrupaciones, Valparaíso, Viña del Mar, San Bernardo quienes no participaron por diferentes motivos. Proximamente publicaremos los compromisos y tareas que se pretenden realizar para el año venidero. Más fotos aquí.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

La Purísima.

Desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios; porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas. Son palabras que la Liturgia pone en labios de Nuestra Señora en esta Solemnidad, y expresan el cumplimiento de la antigua profecía de Isaías.
Todo cuanto de hermoso y bello se puede decir de una criatura, se lo cantamos hoy a nuestra Madre del Cielo. “Exulte hoy toda la creación y se estremezca de gozo la naturaleza. Alégrese el cielo en las alturas y las nubes esparzan su justicia. Destilen los montes dulzura de miel y júbilo las colinas, porque el Señor ha tenido misericordia de su pueblo y nos ha suscitado un poderoso salvador en la casa de David su siervo, es decir, en esta inmaculadísima y purísima Virgen, por quien llega la salud y la esperanza a los pueblos”, canta un antiguo Padre de la Iglesia (San Andrés de Creta).
La Trinidad Santa, queriendo salvar a la humanidad, determinó la elección de María para Madre del Hijo de Dios hecho Hombre. Más aún: quiso Dios que María fuera unida con un solo vínculo indisoluble, no solo al nacimiento humano y terrenal del Verbo, sino también a toda la obra de la Redención que El llevaría a cabo. En el plan salvífico de Dios, María está siempre unida a Jesús, perfecto Dios y hombre perfecto, Mediador único y Redentor del género humano. “Fue predestinada desde toda la eternidad como Madre de Dios juntamente con la encarnación del Verbo, por disposición de la Divina Providencia” Conc. Vat. II).
Por esta elección admirable y del todo singular, María, desde el primer instante de su ser natural, quedó asociada a su Hijo en la Redención de la humanidad. Ella es la mujer de que nos habla el Génesis. Después de cometido el pecado de origen, dijo Dios a la serpiente: Pongo enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. María es la nueva Eva de la que nacerá un nuevo linaje, que es la Iglesia. En razón de esta elección, la Virgen Santísima recibió una plenitud de gracia mayor que la concedida a todos los ángeles y santos juntos, como correspondía a la Madre del Salvador. María está en un lugar singular y único entre Dios y los hombres. Ella es la que en la Iglesia ocupa después de Cristo el lugar más alto y el más cercano a nosotros, es el ejemplar acabado de la Iglesia, modelo de todas las virtudes, a la que hemos de mirar para tratar de ser mejores. Es tan grande su poder salvador y santificador que, por gracia de Cristo, cuanto más se difunde su devoción, más atrae a los creyentes hacia su Hijo y hacia el Padre.
En Ella, purísima resplandeciente, fijamos nuestros ojos, “como en la Estrella que nos guía por el cielo oscuro de las expectativas e incertidumbres humanas, particularmente en este día, cuando sobre el fondo de la Liturgia del Adviento brilla esta solemnidad anual de tu Inmaculada Concepción y te contemplamos en la eterna economía divina como la Puerta Abierta, a través de la cual debe venir el Redentor del Mundo” (Venerable Juan Pablo II).
(R. P. Francisco Fernández Carvajal).

martes, 7 de diciembre de 2010

San Ambrosio, Obispo, Confesor y Doctor.

San Ambrosio era magistrado romano y ejercía el cargo de gobernador de Milán, cuando lo escogió el pueblo para obispo de la ciudad. Bella estampa de prelado, san Ambrosio ejerció un papel considerable. Como consejero de la corte imperial, hizo frente a la herejía, y con su serena energía indujo al emperador Teodosio a hacer penitencia pública por la odiosa matanza perpetrada en Tesalónica. Cúpole la gloria de ganar para Dios, y de bautizar a san Agustín, cuya conversión había de ser tan preciosa para la Iglesia. Con san Agustín, san Jerónimo y san Gregorio Magno, forma el grupo de los cuatro grandes doctores de la Iglesia latina. Murió el 4 de abril del 397; el 7 de diciembre es el aniversario de su consagración episcopal.
San Ambrosio es autor de varios himnos litúrgicos y el que introdujo en Occidente el canto de los salmos a dos coros, alternando los versículos.

domingo, 5 de diciembre de 2010

Reflexión: II Domingo de Adviento.

La llegada del Mesías fue precedida de profetas que anunciaban la llegada de un gran rey. “Juan aparece como la línea divisoria entre ambos Testamentos: el Antiguo y el Nuevo. El Señor mismo enseña de algún modo lo que es Juan, cuando dice: La Ley y los Profetas hasta Juan Bautista. Es personificación de la antigüedad y anuncio de los tiempos nuevos. Como representante de la antigüedad, nace de padres ancianos; como quien anuncia los tiempos nuevos, se muestra ya profeta en el seno de su madre. Aún no había nacido cuando, a la llegada de Santa María, salta de gozo dentro de su madre. Juan se llamó el profeta del Altísimo, porque su misión fue ir delante del Señor para preparar sus caminos, enseñando la ciencia de salvación a su pueblo”.
Toda la esencia de la vida de Juan estuvo determinada por esta misión, desde el mismo seno materno. Está será su vocación; tendrá como fin preparar a Jesús un pueblo capaz de recibir el reino de Dios y, por otra parte, dar testimonio público de El. Juan no hará su labor buscando una realización personal, sino para preparar al Señor un pueblo perfecto. No lo hará por gusto, sino porque para eso fue concebido. Así es todo apostolado: olvido de uno mismo y preocupación sincera por los demás.
Juan realizará acabadamente su cometido, hasta dar la vida en el cumplimiento de su vocación. Muchos conocieron a Jesús gracias a la labor apostólica del Bautista. Los primeros discípulos siguieron a Jesús por indicación expresa suya, y otros muchos estuvieron preparados interiormente gracias a su predicación.
La vocación abraza la vida entera y todo se pone en función de la misión divina. (…) Cada hombre, en su sitio y en sus propias circunstancias, tiene una vocación dada por Dios; de su cumplimiento dependen otras muchas cosas querida por la voluntad divina… ¿Acercamos al Señor a quienes nos rodean? ¿Somos ejemplares en la realización de nuestro trabajo, en la familia, en nuestras relaciones sociales? ¿Hablamos del Señor a nuestros compañeros de trabajo o de estudio?
(…)
El Precursor señala también ahora el sendero que hemos de seguir. En el apostolado personal –cuando vamos preparando a otros para que encuentren a Cristo-, debemos procurar no ser el centro. Lo importante es que Cristo sea anunciado, conocido y amado. Sólo El tiene palabras de vida eterna, sólo en El se encuentra la salvación. La actitud de Juan es una enérgica advertencia contra el desordenado amor propio, que siempre nos empuja a ponernos indebidamente en primer plano. Un afán de singularidad no dejaría sitio a Jesús.
El Señor nos pide también que vivamos sin alardes, sin afanes de protagonismo, que llevemos una vida sencilla, corriente, procurando hacer el bien a todos y cumpliendo nuestras obligaciones con honradez. Sin humildad no podríamos acercar a nuestros amigos al Señor. Y entonces nuestra vida quedaría vacía.
Nosotros, sin embargo, no somos sólo precursores; somos también testigos de Cristo. Hemos recibido con la gracia bautismal y la Confirmación el honroso deber de confesar, con las obras y de palabra, la fe en Cristo. Para cumplir esta misión recibimos frecuentemente, y aun a diario, el alimento divino del Cuerpo de Jesús; los sacerdotes prodigan la gracia sacramental e instruyen con la enseñanza de la Palabra divina.
Todo lo que poseemos es tan superior a lo que Juan tenía, que Jesús mismo pudo decir que el más pequeño en el reino de Dios es mayor que Juan. Sin embargo, ¡qué diferencia! Jesús está a punto de llegar, y Juan vive fundamentalmente para ser el Precursor. Nosotros somos testigos; pero ¿qué clase de testigos somos? ¿Cómo es nuestro testimonio cristianos entre nuestros colegas, en la familia, entre nuestros amigos? ¿Tiene suficiente fuerza para persuadir a los que no creen todavía en El, a quienes no le aman, a los que tienen una idea falsa acerca de Jesús? ¿Es nuestra vida una prueba, al menos una presunción, a favor de la verdad del cristianismo? Son preguntas que podrían servirnos para vivir este Adviento, en el que no puede faltar un sentido apostólico.
Mira al Señor que viene… Juan sabe que Dios prepara algo muy grande, de lo cual él debe ser instrumento, y se coloca en la dirección que le señala el Espíritu Santo. Nosotros sabemos mucho más acerca de lo que Dios tenía preparado para la humanidad. Nosotros conocemos a Cristo y a su Iglesia, tenemos los sacramentos, la doctrina salvadora perfectamente señalada… Sabemos que el mundo necesita que Cristo reine, sabemos que la felicidad y la salvación de los hombres dependen de El. Tenemos al mismo Cristo, al mismo que conoció y anunció Juan.
La Reina de los Apóstoles aumentará nuestra ilusión y esfuerzo por acercar almas a su Hijo, con la seguridad de que ningún esfuerzo es vano ante El.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Misa Tridentina "Festividad de Santa Bárbara".


Fiesta de Santa Bárbara, virgen y mártir.

La virginidad es el privilegio que por excelencia da derecho a un premio especial en el Paraíso: "De seguir al Cordero Jesús por donde quiera que vaya"; es la virtud que más nos asemeja al divino Salvador. La gloria de la virginidad adquiere un fulgor especial si va unida con el martirio.
*
S. Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthaeum. (Matth. 25, 1-13).
M. Glória tibi, Dómine.

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos será semejante a diez vírgenes que, tomando sus lámparas, salieron a recibir al esposo y a la esposa. De las cuales cinco eran necias y cinco prudentes; pero las cinco necias, al coger sus lámparas, no se proveyeron de aceite. Al contrario, las prudentes, junto con las lámparas, llevaron aceite en sus vasijas. Como el esposo tardase en venir, se adormecieron todas, y `al fin se´quedaron dormidas. Mas llegada la medianoche se oyó una voz que gritaba: Mirad que viene el esposo, salidle al encuentro. Al punto se levantaron todas aquellas vírgenes y aderezaron sus lámparas. Entonces las necias dijeron a las prudentes: Dadnos de vuestro aceite, porque nuestras lámparas se apagan. Respondieron las prudentes diciendo: No sea que ´este que tenemos´no baste para nosotras y para vosotras; mejor es que vayáis a los que le venden, y compréis el que os falta. Mientras iban éstas a comprarle, vino el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él a las bodas, y se cerró la puerta. Al cabo vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, Señor!, ábrenos. Pero él respondió, y dijo: En verdad os digo que yo no os conozco. Así que, velad vosotros, ya que no sabéis ni el día ni la hora.

M. Laus tibi, Christe.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Santa Bárbara.

Con motivo de celebrarse mañana sábado 4 de diciembre la Festividad de Santa Bárbara, Vírgen y Mártir, Patrona de nuestra Parroquia y del Nuevo Movimiento Litúrgico, se invita cordialmente a Ud. y Familia a la:
*
SANTA MISA TRIDENTINA
(En latín y con canto gregoriano)
*
Sábado 4 de diciembre de 2010
12:00 hrs
*
Oratorio Parroquia
Santa Bárbara de Casablanca
*
Celebra el Rev. Msr. Jaime Astorga Paulsen
*
Casablanca, Chile, diciembre de 2010.
--

jueves, 2 de diciembre de 2010

Meditación de Adviento (I).

El Mesías, príncipe de la paz.
*
La paz es uno de los grandes bienes constantemente implorados en el Antiguo Testamento. Se promete este don al pueblo de Israel como recompensa a su fidelidad, y aparece como una obra de Dios de la que se siguen incontables beneficios. Pero la verdadera paz llegará a la tierra con la venida del Mesías. Por eso los ángeles anuncian cantando: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. El Adviento y la Navidad son tiempos especialmente oportunos para aumentar la paz en nuestros corazones; son tiempos también para pedir la paz de este mundo lleno de conflictos e insatisfacciones.
Mirad: Nuestro Señor llega con fuerza. Para visitar a su pueblo con la paz y darle la vida eterna. Isaías nos recuerda que en la era mesiánica habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos. Con el Mesías se renueva la paz y la armonía del comienzo de la Creación y se inaugura un orden nuevo.
El Señor es el Príncipe de la Paz, y desde el mismo momento en que nace nos trae un mensaje de paz y de alegría, de la única paz verdadera y de la única alegría cierta. Después las irá sembrando a su paso por todos los caminos: La paz sea con vosotros; soy yo, no temáis. La presencia de Cristo en nuestras vidas es, en toda circunstancia, la fuente de una paz serena e inalterable: Soy yo, no temáis, nos dice.
Las enseñanzas del Señor constituyen la buena nueva de la paz. Y este es también el tesoro que nos ha dejado en herencia a sus discípulos de todos los tiempos: la paz os dejo, mi paz os doy, no os la doy yo como la da el mundo. (…) La paz del Señor trasciende por completo la paz del mundo, que puede ser superficial y aparente, quizá resultado del egoísmo y compatible con la injusticia.
Cristo es nuestra paz y nuestra alegría; el pecado por el contrario, siembra soledad, inquietud y tristeza en el alma. La paz del cristiano, tan necesaria para el apostolado y para la convivencia, es orden interior, conocimiento de las propias miserias y virtudes, respeto a los demás y una plena confianza en el Señor, que nunca nos deja. Es consecuencia de la humildad, de la filiación divina y de la lucha contra las propias pasiones, siempre dispuestas al desorden.
Intentemos, pues, en estos días de Adviento, fomentar la paz y la alegría, superando los obstáculos; aprendamos a encontrar al Señor en todas las cosas; también los momentos difíciles.
Santa María, Reina de la Paz, nos ayudará a tener paz en nuestros corazones, a recuperarla si la hubiéramos perdido, y a comunicarla a quienes nos rodean.
(R. P. Francisco Fernández Carvajal).

miércoles, 1 de diciembre de 2010

!Importante¡: Reporte de la FIUV con ocasión del Tercer Aniversario del Motu Proprio Summorum Pontificum.

Estimados miembros de la FIUV:
Mis agradecimiento a los miembros por proporcionar informes detallados acerca de la aplicación del Motu Proprio Summorum Pontificum en sus países. Este informe ha sido de particular importancia debido a que la Santa Sede había pedido a los obispos de la Iglesia presentar sus informes sobre la aplicación del motu proprio, después de tres años. Era esencial que la FIUV presentara nuestras cuentas de los éxitos y dificultades a nivel parroquial y diocesano durante este período de tres años para que Roma llegara a una verdadera evaluación del motu proprio.

He compilado estos informes individuales en un gran expediente viajando a Roma el 16 de noviembre con Jason King (vicepresidente), y Rodolfo Vargas Rubio (Secretario). Tenía la esperanza de organizar una breve reunión con el Santo Padre Benedicto XVI para presentar una copia personal, como hicimos el año pasado. Sin embargo, no fue posible en esta visita ya que el nuevo Consistorio de Cardenales se llevaba a cabo al final de la semana y los lugares en la audiencia papal del miércoles 17 de noviembre fueron muy limitados.

El informe FIUV es muy amplio y detallado, que se ejecuta a 262 páginas y pesa casi un kilo. Consta de cinco partes. Parte 3 incluye todos los informes individuales de los miembros y contiene la mayor cantidad de información sensible. Por esta razón, esta parte se ha reservado a la Santa Sede y no se hará público. Los miembros encontrarán un archivo adjunto a este correo electrónico que incluye todas las demás partes del informe.

A pesar de la decepción en esta ocasión de no presentar nuestro informe directamente al Papa Benedicto XVI, los seis días en Roma fueron muy importantes para la Federación Internacional Una Voce.

En la mañana del miércoles 17 de noviembre se presentó copia de la memoria a Monseñor Pozzo en la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. Nuestros informes son vistos en la Comisión como documentos de gran importancia ya que proporcionan información de los laicos, tanto positivas como negativas, en la forma en que el motu proprio se está aplicando. Más tarde esa mañana asistieron a la audiencia pública del Papa en la Plaza de San Pedro.

El jueves 18 de noviembre se presentó copias del informe a la Congregación para el Culto Divino (donde fuimos recibidos por el cardenal Cañizares), la Congregación para el Clero, la Congregación para los Obispos, y en la Signatura Apostólica (donde fuimos recibidos por el arzobispo Raymond Leo Burke).

En la mañana del viernes 19 de noviembre, tuvimos otra reunión en la Comisión Ecclesia Dei y después de una larga reunión en la Congregación para la Educación Católica donde se debatieron, entre otras cosas, la formación de los seminaristas en nuestros seminarios. Ese mismo día yo había asistido a las 07,00 horas a la Misa del Arzobispo Malcolm Ranjith en la Basílica de San Pedro.

En la mañana del sábado 20 de noviembre, tuvimos el gran privilegio de asistir al Consistorio de Cardenales durante el cual los arzobispos Burke y Ranjith fueron elevados al Sacro Colegio de Cardenales. Hemos recibido invitaciones personales del Arzobispo Burke para asistir no sólo al Consistorio, sino también a la recepción al final del día en el Colegio de América del Norte, y también una recepción aún más la noche siguiente en su oficina en la Cancillería. En la noche del sábado asistí a la "Visite de Colore" en el Salón Papa Pablo VI y se ofreció las felicitaciones de la Federación para el recién elevado Cardenal Ranjith.

Nuestro compromiso final fue a las 10.00 horas del lunes 22 en la Secretaría de Estado en el que se presentó una copia de nuestro informe para el Santo Padre a los "Assessore", Monseñor Peter Wells. Monseñor Wells dijo que se aseguraría de que nuestro informe se colocaría en el apartamento del Santo Padre. Aprovechamos la oportunidad para plantear una serie de cuestiones que son importantes para la labor de la Federación y el tono de la reunión fue cordial y positiva.

Desde la promulgación de Summorum Pontificum la atmósfera de la Federación en Roma ha sido muy acogedor. Se nos ha dicho que estos informes de nuestros miembros han demostrado ser muy importante para dar una voz de los laicos y proporciona a Roma la información que no se reciben a través de los canales habituales de comunicación.

Una copia de este informe se ha colocado en nuestro sitio web www.fiuv.org con fotografías.

Con mis mejores deseos en Domino.

Darroch Leo.

Presidente - Foederatio Una Voce Internationalis.

martes, 30 de noviembre de 2010

San Andrés, apostol.

San Andrés, pescador de Betsaida en Galilea, hermano de Simón Pedro y, primero, discípulo de San Juan Bautista, fue, después de la Ascensión, a predicar el Evangelio en Tracia, en Escitia y, después, en Grecia. Fue apresado bajo Nerón, azotado varias veces y por fin, condenado a morir crucificado. Regaló sus vestiduras al verdugo y, en cuanto vio la cruz, la abrazó exclamando: “¡Oh buena cruz, cuánto tiempo hace que te deseo!” Desde lo alto de ella predicó durante dos días el Evangelio a la multitud que presenciaba su suplicio.
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Meditación sobre la cruz de San Andrés.
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I. San Andrés había deseado durante mucho tiempo la cruz y había preparado su espíritu para recibirla. Imita esta santa previsión y prepárate para padecer valerosamente las más duras pruebas. Pide a Dios que te castigue según su beneplácito. Si te escucha, la cruz te será dulce; si no te escucha, no por eso quedarán sin recompensa tus buenos deseos. Di con San Andrés: Oh buena Cruz, oh Cruz por tanto tiempo deseada, sepárame de los hombres para devolverme a mi Maestro, a fin de que Aquél que me ha redimido por la cruz, me reciba por la cruz.
II. San Andrés se alegró a la vista de su cruz porque debía morir como su divino Maestro. Cuando veas tú que se te aproximan la cruz y los sufrimientos, que este pensamiento te fortifique. Jesús ha padecido todos estos tormentos y mucho más crueles aun, para endulzarme con su amargura. En lugar de imitar a este santo Apóstol, ¿no tiemblas tú, acaso, a la vista de las cruces y de las aflicciones?
III. Considera que no es San Andrés quien lleva la cruz, sino la cruz la que lleva a San Andrés. Si llevas tú la cruz como él, ella te llevará, no te incomodará, te ayudará a evitar los peligros del mundo. Si no llevas tu cruz con alegría y buena voluntad, será preciso que la arrastres gimiendo. Nadie está exento de cruz en este mundo; siente menos su pesadez quien la lleva alegremente por amor a Dios. La cruz es un navío; nadie puede atravesar el mar del mundo si no es llevado por la cruz de Jesucristo (San Agustín).
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Oración (Del Misal)
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Oíd nuestras humildes plegarias y concedednos, Señor, que el Apóstol San Andrés, que instruyó y gobernó a vuestra Iglesia, interceda continuamente por nosotros ante el trono de vuestra divina Majestad. Por J. C. N. S. Amén

lunes, 29 de noviembre de 2010

Reflexión sobre el tiempo de Adviento.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Estad sobre aviso, velad y orad, porque no sabéis cuándo será el tiempo (…) Velad, pues, porque no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa: si a la tarde, o a media noche, o al canto del gallo, o a la mañana. No sea que cuando viniere de repente, os halle durmiendo. Y a lo que a vosotros digo a todos digo, velad”.
Para mantener este estado de vigilia es necesario luchar, porque la tendencia de todo hombre es vivir con los ojos puestos en las cosas de la tierra. Especialmente en este tiempo de adviento, no vamos a dejar que se ofusquen nuestros corazones con la glotonería y embriaguez y los cuidados de esta vida, y perder de vista así la dimensión sobrenatural que deben tener todos nuestros actos. San Pablo compara esta vigilia sobre nosotros a la guardia que hace el soldado bien armado que no se deja sorprender. “Este adversario enemigo nuestro dondequiera que pueda procura dañar; y pues él no anda descuidado, no lo andemos nosotros” (Santa Teresa, Camino de Perfección).
Estaremos alertas si cuidamos con esmero la oración personal, que evita la tibieza y, con ella, la muerte de los deseos de santidad; estaremos vigilantes si no descuidamos las mortificaciones pequeñas, que nos mantienen despiertos para las cosas de Dios. Estaremos atentos mediante un delicado examen de conciencia, que nos haga ver los puntos en que nos estamos separando, casi sin darnos cuenta, de nuestro camino.
“Hermanos –nos dice San Bernardo-, a vosotros, como a los niños, Dios revela lo que ha ocultado a los sabios y entendidos: los auténticos caminos de la salvación. Meditad en ellos con suma atención. Profundizad en el sentido de este Adviento. Y, sobre todo, fijaos quién es el que viene, de dónde viene y a dónde viene; para qué, cuándo y por dónde viene. Tal curiosidad es buena. La Iglesia universal no celebraría con tanta devoción este Adviento si no contuviera algún gran misterio”.
Salgamos con corazón limpio a recibir al Rey supremo, porque está para venir y no tardará, leemos en las antífonas de la liturgia.
Santa María, Esperanza nuestra, nos ayudará a mejorar en este tiempo de Adviento. Ella espera con gran recogimiento el nacimiento de su Hijo, que es el Mesías. Todos sus pensamientos se dirigen a Jesús, que nacerá en Belén. Junto a Ella nos será fácil disponer nuestra alma para que la llegada del Señor no nos encuentre dispersos en otras cosas, que tienen poca o ninguna importancia ante Jesús. (R.P. Francisco Fernández Carvajal).

domingo, 28 de noviembre de 2010

Primer Domingo de Adviento.

Fin de los tiempos, prodigios en el cielo, furia de los mares, zarandeo de los cimientos de la tierra: desde el seno del mundo que se derrumba, la Iglesia eleva hacia Dios su alma y sus manos suplicantes; y el Espíritu clama con ella: "Ven, Señor".
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Estación en Santa María la Mayor. Domingo de 1ª clase, ornamentos morados.
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La liturgia del Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.
Dios no se hace el sordo a la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continúa hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.
En la Misa del domingo se evoca toda esta obra de la redención, desde su preparación en la esperanza de Israel y su resonancia en nuestra vida presente (epístola) hasta su última consumación (evangelio). Al prepararnos para celebrar en Navidad el nacimiento del que ha venido a rescatar nuestras almas del pecado y hacerlas semejantes a la suya, invoca la Iglesia sobre nosotros y sobre todos los hombres la plena realización de la misión salvadora que Cristo ha venido a cumplir en la tierra.

sábado, 27 de noviembre de 2010

La Virgen María en palabras de Benedicto XVI (III).

“Engrandece mi alma, Señor”: no como si a Dios le pudiéramos añadir algo, comenta sobre esto san Ambrosio, sino de manera que lo dejamos ser grande en nosotros. Engrandecer al Señor significa no querer engrandecerse a sí mismo, el propio nombre, el propio yo, desplegarse y reclamar un lugar, sino dejarle lugar a él para que esté más presente en el mundo. Significa llegar a ser más verdaderamente lo que somos: no una mónada cerrada, que sólo se representa a sí misma, sino imagen de Dios. Significa liberarse el polvo y del hollín que hacen opaca la imagen, la ocultan, y ser verdaderamente ser humano en la pura referencia a él. (María, Iglesia naciente).
Así, María habla con nosotros, nos habla a nosotros, nos invita a conocer la palabra de Dios, a amar la palabra de Dios, a vivir con la palabra de Dios, a pensar con la palabra de Dios. Y podemos hacerlo de muy diversas maneras: leyendo la Sagrada Escritura, sobre todo participando en la liturgia, en la que a lo largo del año la santa Iglesia nos abre todo el libro de la Sagrada Escritura. Lo abre a nuestra vida y lo hace presente en nuestra vida. (15/8/2005).
Como Madre que se compadece, María es la figura anticipada y el retrato permanente del Hijo. Su corazón, mediante el ser y el sentir con Dios, se ensanchó. En ella, la bondad de Dios se acercó y se acerca mucho a nosotros. Así, María está ante nosotros como signo de consuelo, de aliento y de esperanza. Se dirige a nosotros, diciendo: “Ten la valentía de osar con Dios. Prueba. No tengas miedo de él. Ten la valentía de arriesgar con la fe. Ten la valentía de arriesgar con la bondad. Ten la valentía de arriesgar con el corazón puro. Comprométete con Dios; y entonces verás que precisamente así tu vida se ensancha y se ilumina, y no resulta aburrida, sino llena de infinitas sorpresas, porque la bondad infinita de Dios no se agota jamás”. (8/12/2005).
María aparece en su reciprocidad creyente ante el llamamiento de Dios como representación de la creación llamada a dar respuesta, de la libertad de la criatura que no se disuelve, sino que se perfecciona, en el amor. (María, Iglesia naciente).

viernes, 26 de noviembre de 2010

La Virgen María en palabras del Papa Benedicto XVI (II).

“El Evangelio de Lucas la muestra atareada en un servicio de caridad a su prima Isabel, con la cual permaneció “unos tres meses” (Lc. 1, 56) para atenderla durante el embarazo. Magnificat anima mea Dominum, dice con ocasión de esta visita –“proclama mi alma la grandeza del Señor”- (Lc 1, 46), y con ello expresa todo el programa de su vida: no ponerse a sí misma en el centro, sino dejar espacio a Dios, a quien encuentra tanto en la oración como en el servicio al prójimo; sólo entonces el mundo se hace bueno. María es grande precisamente porque quiere enaltecer a Dios en lugar de a sí misma. Ella es humilde: no quiere ser sino la sierva del Señor (cfr. Lc 1, 38; 48)”. (Deus caritas est, 40).
“María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está “dentro” de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna”. (15/8/2005).
“Nos ha sido dada como “madre” –así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros” (15/8/2005).
“Esta poesía de María –el Magnificat- es totalmente original; sin embargo, al mismo tiempo, es un “tejido” hecho completamente con “hilos” del Antiguo Testamento, hecho de palabra de Dios. Se puede ver que María, por decirlo así, “se sentía como en su casa” en la palabra de Dios, vivía de la palabra de Dios, estaba penetrada de la palabra de Dios. En efecto, hablaba con palabras de Dios, pensaba con palabras de Dios; sus pensamientos eran los pensamientos de Dios; sus palabras eran las palabras de Dios. Estaba penetrada de la luz divina; por eso era tan espléndida; tan buena; por eso irradiaba amor y bondad” (15/8/2005).
(Fuente: Benedicto XVI/Joseph Ratzinger: Orar. Planeta).

jueves, 25 de noviembre de 2010

La Virgen María en la palabra de Benedicto XVI.

“Comienza con la palabra Magnificat: mi alma “engrandece” al Señor; es decir, proclama que el Señor es grande. María desea que Dios sea grande en el mundo, que sea grande en su vida, que esté presente en todos nosotros. No tiene miedo de que Dios sea un “competidor” en nuestra vida, de que con su grandeza pueda quitarnos algo de nuestra libertad, de nuestro espacio vital. Ella sabe que, si Dios es grande, también nosotros somos grandes. No oprime nuestra vida, sino que la eleva y la hace grande: precisamente entonces se hace grande con el esplendor de Dios” (15/8/2005).
“El icono de la Anunciación, mejor que cualquier otro, nos permite percibir con claridad cómo todo en la Iglesia se remonta a ese misterio de acogida del Verbo divino, donde, por obra de Espíritu Santo, se sello de modo perfecto la alianza entre Dios y la humanidad. Todo en la Iglesia, toda institución y ministerio, incluso el de Pedro y sus sucesores, está “puesto” bajo el manto de la Virgen, en el espacio lleno de gracia de su “sí” a la voluntad de Dios. Se trata de un vínculo que en todos nosotros tiene naturalmente una fuerte resonancia afectiva, pero que tiene, ante todo, un valor objetivo” (25/3/2006).
“(…) “llena de gracia”, y la gracia no es más que el amor de Dios; por eso, en definitiva, podríamos traducir esa palabra así: “amada” por Dios (cfr. Lc 1, 28). Orígenes observa que semejante título jamás se dio a un ser humano y que no se encuentra en ninguna otra parte de la Sagrada Escritura (cfr. In Lucam 6, 7). Es un título expresado en voz pasiva, pero esta “pasividad” de María, que desde siempre y para siempre es la “amada” por el Señor, implica su libre consentimiento, su respuesta personal y original: al ser amada, al recibir el don de Dios, María es plenamente activa, porque acoge con disponibilidad personal la ola del amor de Dios que se derrama en ella. También en esto ella es discípula perfecta de su Hijo, el cual realiza totalmente su libertad en la obediencia al Padre y precisamente obedeciendo ejercita su libertad” (26/3/2006).
(Fuente: Benedicto XVI-Joseph Ratzinger: Orar. Planeta. 2009).

miércoles, 24 de noviembre de 2010

San Juan de la Cruz, Confesor y Doctor.

De entre los poetas que produjo el Siglo de Oro hispánico, no hay lugar a dudas de que destaca Juan de Yepez, nacido en Fontiveros, Ávila, en 1542, a quien la historiografía literaria ha adscrito a la poesía mística española, por cuanto la producción de San Juan de la Cruz es una muestra palpable de la más alta experiencia religiosa experimentada por el fraile carmelitano. A juicio de la crítica, “era San Juan hombre y poeta del Renacimiento español y conoció las directrices culturales de su época (…). Vivió la experiencia de una orden en pleno proceso de reforma, entendió los temas fundamentales (también sus peligros) que se debatían en la espiritualidad española, esa espiritualidad donde en palabras de Salinas, “se libraban las grandes aventuras del alma”. Supo de literatura mística, bíblica, religiosa (…) manejó el lenguaje amoroso –italianista, tradicional, cancioneril- de la poesía coetánea”.
Como es bien sabido, San Juan de la Cruz escribió fundamentalmente poesía lírica bajo los parámetros de la lírica renacentista amalgamada con elementos propios de la tradición castellana. De entre sus poemas destaca el “Cántico espiritual” de longitud considerable; además, es autor de romances acerca de la Trinidad y de la Encarnación, de interés esencialmente doctrinal. Las obras en prosa del fraile poeta constituyen comentarios exegéticos a sus poemas y fueron escritos a solicitud. La mayor parte de los poemas pueden ser fechados con bastante exactitud. “Así el primero de ellos, los versos que empiezan “Vivo sin vivir en mí”, fueron con casi toda seguridad escritos en Ávila entre 1572 y 1577. La razón de que así lo creamos es que Santa Teresa escribió un poema sobre la misma glosa y con las mismas ideas en 1571, no mucho antes de que San Juan pasase a ser su confesor. Era corriente que frailes y monjas escribiesen versos sobre un tema dado y compitiendo entre sí”.
En la poesía de San Juan de la Cruz es posible detectar influencias de la lírica española y bíblica. Entre las primeras, la poética de Garcilaso de la Vega se evidencia en la escritura del santo, quien había leído al poeta que introdujo en España las corrientes italianizantes de la poesía en Medina del Campo, “cuando era joven y se saturó de su poesía”. Se detecta la influencia de Garcilaso en la métrica, especialmente en sus poemas donde usa el endecasílabo y la estrofa llamada lira. También tomó del poeta renacentista de las églogas, precisamente, el lenguaje pastoril. Así, el “Cántico espiritual” está escrito sobre la base de imágenes y palabras convencionales del lenguaje pastoril. De entre las influencias bíblicas, destaca, a su vez, “El cantar de los cantares”, que no sólo fue una influencia prosódica, sino de escenas, incidentes, imágenes y colorido.
La poesía de san Juan de la Cruz es esencialmente la materialización estética de sus vivencias; es por eso que Brenan no duda en calificarlas como autobiográficas, pues “no puede haber duda alguna de que el poeta describe –o más bien, representa- sus propias experiencias”, que son fundamentalmente de carácter místico, que según el propio santo carecían de impresiones sensoriales e imaginarias. El santo de Ávila escribió: “Ni basta ciencia humana para lo saber entender ni experiencia para lo saber decir, porque sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir”. La misma idea la desarrolló en un villancico: “Yo no supe dónde entraba, / pero, cuando allí me vi, /sin saber dónde me estaba,/ grandes cosas entendí;/ no diré lo que sentí,/ que me quedé no sabiendo,/ toda ciencia trascendiendo”

martes, 23 de noviembre de 2010

Beato Juan XXIII: Pastor de almas.

El nuncio Roncalli cumplió una importante labor religiosa, cultural y diplomática, con culminación brillante en París. Pío XII apreciaba la misión de este gran servidor de la Iglesia, y, en enero de 1953, lo elevó a la dignidad cardenalicia. Fue nombrado arzobispo patriarca de su querido noreste italiano, en Venecia, a donde llegó el 15 de marzo, con ánimo de ser ante todo “santo y sencillo pastor”. Era, en medio de todo, una diócesis pobre y pequeña, a cuyo cuidado soñó Roncalli dedicar con amor paterno los últimos años de su vida.
De lleno el cardenal Roncalli, como obispo residencial, al igual que san Agustín, se siente uno más como cristiano con sus fieles, aunque con el grave deber pastoral. El 29 de mayo de 1954, participó en la canonización de su santo predecesor Pío X. En su celo pastoral entró en contacto con pastores excelentes como los cardenales Viszynski de Polonia y Lercaro de Bolonia, lo mismo que con el destacado arzobispo de Milán, recién nombrado, Juan Bautista Montini. Así se desempeñaba, como silencioso y bondadoso pastor, hasta que el 8 de octubre de 1958 murió en Castelgandolfo el extraordinario pontífice Pío XII, y tuvo que viajar a Roma para el día 25 participar en el cónclave que elegiría al sucesor. Como uno más, deseoso de retornar pronto a su parcela de Venecia, viajó Roncalli a Roma, sin saber las sorpresas que le esperaban.
Elegir al sucesor de Pío XII fue un compromiso difícil para el colegio cardenalicio por la tensa situación que en ese momento vivía la Iglesia y la humanidad. Tres días de oración y deliberación tuvieron los cardenales, con viva expectativa en Roma y en el mundo por tan trascendental elección. En la noche del 27 de octubre, el cardenal diácono Canali anunciaba “tenemos Papa”, y que era “Ángel José Roncalli, quien tomaba el nombre de Juan XXIII”. Muy diversas fueron las reacciones, pues toda su excelente hoja de vida al servicio de la Iglesia, y su espíritu de avanzada moderada, no eran muy conocidas. La escogencia de su nombre era profética, pues sería el precursor de una nueva época, y dilucidaba el intrincado asunto de la serie de Papas con esa denominación, al descartar al antipapa de los años 1414 a 1417, que había llevado ese nombre.
Muy pronto se hizo sentir el empeño de Juan XXIII por aprovechar bien los años de la vida que Dios le diera, pues con 77 años de edad, y salud no muy rebosante, preveía que su regencia no sería muy larga.
(Msr. Libardo Ramírez Gómez).

lunes, 22 de noviembre de 2010

San Pío X: su triple corona.

Desde el propio día de la muerte de Pío X las gentes han recordado su edificante vida, en medio de tantas dificultades en su pontificado, y ha recordado con simpatía al escuelerito de Castalfranco, al hijo del cartero del pueblo, llegado a Papa con la misma sencillez y modestia. Un destacado prelado escribió ante la muerte de este venerado pontífice: “No tengo la menor duda de que este rincón de la cripta de San Pedro, en donde colocamos sus restos, se convertirá muy pronto en un santuario, en un centro de peregrinación… Dios glorificará ante el mundo a este Papa, cuya triple corona fue la pobreza, la humildad y la bondad”.
Profundas y oportunas fueron las enseñanzas de san Pío X en su más bien breve pontificado. En frontal repudio al modernismo plasmó su pensamiento en su encíclica Pascendi dominici gregis. Abrió paso también hacia el compromiso del laicado en la vida y actividades de la Iglesia con su fundamental documento Il Fermo Proposito, en el que dejaba las puertas abiertas para los ordenamientos que luego darían Pío XI, Pío XII y el concilio Vaticano II. De gran contenido doctrinal, resumen del pensamiento de la Iglesia, y con precisiones necesarias para su época, fue el llamado Catecismo de San Pío X, de proyección universal.
En medio de su modestia y humildad fue, sin embargo, firme en sus exigencias a los gobiernos en cuanto al respeto por los derechos de los fieles de la Iglesia en países como Estados Unidos, Rusia, Alemania, Portugal y Francia. San Pío X afrontó con decisión esta delicada faceta de su gestión de gobierno, porque exigir derechos y condenar errores, es signo de santidad y no hacerlo es signo de debilidad o irresponsabilidad.
Poco después de su muerte se inició la causa de canonización del Papa Sarto, que muchos llamaban Papa Santo. En 1954 el Papa Pío XII, respondiendo al clamor popular, lo elevaba al honor de los altares. Su solo testimonio fue contribución eficaz para “restaurar todo en Jesucristo” (Ef 1, 10).
(Msr. Libardo Ramírez Gómez).

domingo, 21 de noviembre de 2010

Caelum et terra transíbunt, verba autem mea non praeteríbunt.

+ Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (XXIV, 15, 35)
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuando viereis que la espantosa abominación anunciada por el profeta Daniel está en el Lugar santo (lector ten cuidado); entonces los que estén en Judea huyan a los montes; y el que en el tejado, no baje a tomar nada de su casa; y el que en el campo, no vuelva a tomar su vestido. Mas ¡ay de las mujeres encinta, o de las que crían en aquellos días! Rogad que vuestra huida no suceda en inverno o sábado. Porque habrá entonces gran tribulación, cual no se vio desde el principio del mundo, ni la habrá jamás. Y, si no se abreviaran aquellos días, nadie se salvaría; mas en gracia a los elegidos, se abreviarán aquellos días. Entonces si se os dice: Mirad, el Cristo está aquí o allí, no le créais. Porque surgirán falsos Cristos, y falsos profetas, y obrarán grandes señales y prodigios, hasta engañar (si pudiera ser) aun los escogidos. Ya estáis prevenidos. Si, pues, os dijeren: Mirad que está en el desierto, no salgáis; mirad que está en las cavernas, no lo créais. Porque como relámpago sale de Oriente y brilla hasta el Occidente, así será también la venida del Hijo del hombre. Donde estuvieren el cadáver, allí se juntarán las águilas. Después de los días de tribulación, el sol se oscurecerá, la luna no dará su luz, las estrellas caerán del cielo, y las virtudes de los cielos se agitarán. Entonces aparecerá la señal del Hijo del hombre en el cielo; entonces plañirán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad. Y enviará sus ángeles con trompetas y voz potente, y reunirán a sus escogidos de los cuatro vientos, de un extremo de los cielos al otro. Entended esta comparación tomada de la higuera: cuando sus talos están tiernos y las hojas han brotado, sabéis que está cerca el verano; pues así, cuando viereis todo esto, sabed que el acontecimiento está cerca, a la puertas mismas. En verdad os digo, no pasará esta generación sin que todo esto suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.


sábado, 20 de noviembre de 2010

Ultimo Domingo después de Pentecostés.

Ciérrase el Ciclo litúrgico con la semana última del año eclesiástico y, con él, la historia del mundo, que se nos ha ido recordando desde sus comienzos (en el Adviento), hasta su fin postrero (en el Domingo 24º después de Pentec.). Por eso ha querido la Iglesia que este día se lea en su Breviario ( el libro del profeta MIQUEAS (contemporáneo de aseas) con el comentario de S. Basilio en que se nos habla del Juicio final, sirviendo de comentario al Evangelio. El Señor, dice Miqueas, saldrá de su lugar; las montañas quedarán consumidas debajo de Él, y los valles se agrietarán y se fundirán como cera junto a la llama, como las aguas que se precipitan por la pendiente. Todo eso por causa del crimen de Jacob y de los pecados de la casa de Israel (Noct., 50 domo de nov.). Pero junto a estas amenazas vienen las promesas de salvación: "Yo te juntaré a todo Jacob, y reuniré lo que aún queda de Israel y los pondré juntos como a rebaño en el aprisco".
Los asirios han destruido a Samaría y los caldeos a Jerusalén; pero el Mesías restaurará esas ruinas, y ese mesías nos dice Miqueas que ha de nacer en Belén, y que su reino, el de la Jerusalén celestial, no tendrá fin. Los profetas NAHUM, HABACUC, SOFONÍAS, AGGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS, cuyos escritos se leen también por ahora, confirman lo que dice Miqueas. Jesús mismo empieza por evocar en el Evangelio la profecía de DANIEL, que anuncia la ruina total y definitiva del Templo de Jerusalén y de la nación judía por las armas romanas. Esa "abominable desolaciónque en el Templo santo reinó" por entonces, fué justo castigo de lainfidelidad y obstinación de Israel en no querer admitir a Cristo (Ev.). El vaticinio de Daniel y de Jesús se cumplió al pie de la letra unos años después de la Ascensión de Cristo, y la desolación fue tal que de haber durado algo más ni un solo judío hubiera quedado vivo. Mas Dios quiso abreviar aquellos aciagos días del asedio para salvar a los que, al ver tamaño escarmiento, habían de convertirse. Algo de esto sucederá también al fin del mundo, del que la ruina de Jerusalén era figura. "Tunc, entonces" o sea, cuando Cristo vuelva, serán todavía mayores los satánicos prodigios, entre ellos el Anticristo, para hacerse pasar por Cristo. Ese hombre maldito de pecado llegará hasta a sentarse en el Templo santo para que se le adore como a Dios. Al fin de todo vendrá Jesús. Pero no humilde y manso como la vez primera y en un rinconcillo del mundo; antes vendrá con "poderío y majestad" y el Hijo del Hombre aparecerá con la rapidez de un relámpago.
Entonces le saldrán a esperar los elegidos con las ansias que el águila manifiesta cuando cae sobre su presa. Su advenimiento se anunciará con cataclismos de cielos, de mar y tierra. Todas las gentes estarán despavoridas y con los ojos desencajados, y se lamentarán antes de morir muertos y antes del juicio sentenciados, cuando vean en el cielo a Cristo a quien no quisieron reconocer ni servir como a su Dios y Señor, y que ahora viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego (V. Libera me).
No hay pensamiento tan poderoso como éste para apartarnos del pecado.
Claro lo dice S. Basilio en la homilía de hoy: "Cuando el deseo de pecar te ande salteando, quisiera te acordases del tremendo y terrible tribunal de Cristo... ante el cual uno por uno iremos dando cuenta de nuestra vida.
Inmediatamente, los que hubieron perpetrado muchos males durante su vida veránse rodeados de ángeles terribles y feísimos que los precipitarán en el abismo sin fondo, en donde arde envuelto de espesas tinieblas un fuego sin llama, y gusanos venenosos devoran sin cesar sus carnes, causándoles con sus mordeduras inaguantables dolores; y por fin, el oprobio y eterna confusión, que es el peor de todos los suplicios. Temed estas cosas y traspasados de este temor, servíos de su memoria como de freno contra la concupiscencia y el pecado. (3" Noct.). Por eso mismo nos exhorta la Epístola a portarnos de una manera digna de nuestro Dios y a dar frutos de toda clase de buenas obras... dando gracias a nuestro Padre celestial por habernos hecho capaces de tener parte en la herencia de los Santos desde ahora en espíritu, pero desde el día del Juicio Final en cuerpo y alma, merced a la Sangre redentora de su Hijo queridísimo. En medio de
las angustias de nuestros postreros momentos precursores de nuestramuerte, desde el fondo del abismo de nuestra poquedad y miseria clamaremos al Señor (Of.) para que, en su misericordia, nos procure los remedios poderosos de los últimos sacramentos (Or.); y nuestro buen Dios, que abriga para con sus fieles sentimientos de paz y no de ira (Int.), y que tiene prometido despachar las plegarias hechas con fe (Com.), nos oirá, librándonos de las terrenales concupiscencias (Sec.), poniendo fin a nuestro cautiverio (Int. V.) e introduciéndonos en el cielo juntos con Jesús triunfante, el cual obrará entonces la consumación de las cosas y entregará a su Padre el reino con tantos trabajos por Él conquistado, como homenaje perfecto de Él y de sus místicos miembros. Aquel día será el de la verdadera Pascua, el verdadero paso del destierro a la Tierra de promisión, a la Patria de la Jerusalén celestial, en aquel inmenso "Templo en que todos cantaremos: ¡Gloria!". Y Dios será todo en todos. En ese día venturoso, por medio de nuestro Pontífice Jesús, rendiremos un culto eterno a la Santísima Trinidad, diciendo: ¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! Como en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén. El párroco aplica hoy la misa por sus feligreses.