jueves, 11 de noviembre de 2010

El Apóstol San Pablo.

Al lado del formidable apostolado de san Pablo hay que resaltar sus escritos, en donde está su extraordinario pensamiento y la faceta especial de su personalidad. Son trece las cartas que escribió a diversas comunidades o directivos de comunidades cristianas, a los que entrega su magistral enseñanza. La Carta a los Hebreos es respetada como canónica desde la época apostólica, pero se la considera de autor distinto. Resplandece en ellas, ante todo, su amor sin límites a Jesucristo, ante quien se rindió sin condiciones en el camino de Damasco, amor del cual nada podía ya separarlo. Recuerda Pablo que tiene títulos humanos (Flp y 1 Co 11, 21-22), que ha padecido por predicar el Evangelio (1 Co 4, 11-13; 2 Co 23-27), pero considera basura todo lo que no sea conocimiento y amor a Cristo Jesús (Flp 3, 7-8).
Quedan como herencia paulina, con tanto puntos de doctrina de sumo interés, estas epístolas: a los Romanos, Primera y Segunda a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, Primera y Segunda a Timoteo, a Tito y a Filemón. Aún las cartas breves, como la de Filemón, está llenas de enseñanza que por medio del gran San Pablo entregó el Espíritu Santo a la Iglesia naciente, y para todos los siglos. La presentación de la Iglesia como Cuerpo Místico (Rm 12, 4-5; 1 Co 12, 12), el llamado a vivir la vida de Cristo (1 Co 1, 10-13), la alusión a la venida del Mesías por medio de María, la mujer que entra tan de lleno en los planes divinos (Ga 4, 4), su precioso Himno a la Caridad (1 Co 13), su adhesión total a Jesucristo, su única gloria (Ga 6, 14), nos ofrecen un panorama de verdades fundamentales que dan clara contextura al pensamiento cristiano, que será profundizado luego por concilios y padres en la fe.
Fue san Pedro piedra angular de la Iglesia, y san Pablo trompeta de la verdad cristiana en los más variados ambientes, en especial entre los gentiles que no conocían las promesas mesiánicas, pero que eran el pueblo que caminaba en las tinieblas (Is 9, 2), que necesita luz y orientación. Ambos se complementaron en una misma y grande misión evangelizadora. Con ellos, y con el gran equipo misionero que los rodeara, se abrió paso la epopeya de entregar al mundo el pregón de un Crucificado.
San Pablo no fue Papa, ni piedra fundamental de la Iglesia como san Pedro (Mt 16, 6-19), ni émulo de él en la dirección de los creyentes en Cristo, pero sí le es reconocido el título de Apóstol y gran Apóstol con el encargo de difundir el cristianismo entre los gentiles.
(Msr. Libardo Ramírez Gómez).

miércoles, 10 de noviembre de 2010

San León Magno.

León Magno tuvo conciencia de la grandísima importancia y responsabilidad de ser obispo de Roma. Como cabeza de la Iglesia universal, llamaba a la comunidad romana a tener especial y santo comportamiento, pues debía dar testimonio a las demás Iglesias. Reconocía el deber que tiene cada obispo de dirigir su rebaño con especial solicitud, pero advertía sobre la misión de velar por todas las Iglesias como le corresponde al Papa. León I con su carta dogmática dirigida al patriarca Flaviano de Constantinopla (agosto del año 449), en la que definía la fe verdadera sobre las dos naturalezas en Jesucristo, en contra de las aseveraciones de Eutiques, reafirma la autoridad universal del obispo de Roma. Esa misiva de san León ante el concilio de Calcedonia (451), fue recibida con respeto, obediencia y entusiasmo por los padres conciliares, quienes reconocieron: “Pedro ha hablado por boca de León”.
Especial importancia histórica tuvo también la actuación de san León en la defensa de regiones de Italia ante las pretensiones destructoras y devastadoras del rey de los hunos, Atila, llamado por sus crueldades “azote de Dios”, detenido a las puertas de la ciudad por el Papa, quien lo disuadió, con tributo material, para que no atacara la ciudad (año 452). Tres años más tarde detuvo, en gran parte, mayores destrucciones de parte de Genseico, rey de los vándalos.
Como hombre de extraordinaria virtud, san León es recordado en escritos de su época. Existe uno atribuido a Amos, patriarca de Jerusalén: “Por mis lecturas estoy enterado que el bienaventurado papa León, hombre costumbres angélicas, veló y oró durante cuarenta días en la tumba de san Pedro, pidiendo a Dios, por intercesión del apóstol, perdón de sus pecados”. Su preocupación por la purificación, como lo expresa con frecuencia en sus sermones, pone de relieve la gran dignidad del cristiano por la encarnación del Verbo de Dios, lo cual reclama una gran respuesta de cada bautizado y una vida purificada de todo pecado (Sermón 95, 6-8).
Es inolvidable el acento de fe, de piedad y de profundidad teológica que se percibe en sus sermones, que nos recuerda la Iglesia en la fiesta de Navidad: “¡Reconoce, oh cristiano, tu dignidad y, ya que ahora participas de la misma naturaleza divina, no vuelvas a tu antigua vida depravada! ¡Recuerda de qué cabeza y de qué cuerpo eres miembro! Ten presente que has sido arrancado del dominio de las tinieblas y transportado al reino y claridad de Dios” (Sermón I, en la Natividad del Señor 1-3).
En disciplina, doctrina y organización eclesiástica, san León fue claro y exigente. Escribió varias cartas a obispos y patriarcas precisando el pensamiento de la Iglesia en esos fundamentales aspectos. Fue quien abolió la exigencia de confesión pública de los pecados, dio determinaciones sobre el respeto especial hacia las vírgenes consagradas a Dios y precisó medidas sobre el cuidado y manejo de bienes materiales puestos bajo la potestad de la Iglesia en sus distintos estamentos.
Murió el 10 de noviembre del año 461. En sus 21 años de pontificado se había ganado el cariño y veneración de ricos y pobres, de emperadores, del clero y de los laicos.
Al lado de Gregorio I, por su prestancia, por su virtud, por su obra de Iglesia, por su influjo en el momento histórico, tiene bien ganado el título de “Magno”.
(Msr. Libardo Ramírez Gómez).

martes, 9 de noviembre de 2010

San Pedro, primer Vicario de Cristo.

La tradición de la Iglesia ha reconocido la presencia de san Pedro en Roma, después de Jerusalén y Antioquía. Las investigaciones históricas y arqueológicas ratifican este ejercicio de su misión de Pastor universal desde Roma, y su muerte allí, según testimonios de Tertuliano (muerto en el 225), de Eusebio y Orígenes (muerto en el 253) sobre la crucifixión del apóstol y su solicitud de ser colocado cabeza abajo, pues no era digno de igual posición a la de la muerte de su Maestro. La fecha de la muerte de San Pedro se coloca dentro del reinado persecutorio del inclemente Nerón (54 a 68), ubicada con mayor precisión en el año 67. Es de recordar la profecía de Jesús: “Cuando eras joven tú mismo te ceñías, e ibas a donde querías, pero cuando llegues a viejo extenderás tus brazos y otro te ceñirá”. Sobre estas palabras de Jesús anota el evangelista: “Con esto indicaba la clase de muerte con que iba a glorificar a Dios” (Jn 21, 18-19). Claro anuncio de su crucifixión.
Su sepultura ocurrió en las colinas vaticanas, en donde es venerado claramente desde la época de su segundo sucesor, San Cleto (76-89), quien levantó allí un santuario a su memoria. Sobre estas colinas se levantó la magnífica basílica en su honor que se comenzó desde la época de Constantino (323), y a cuya grandiosa construcción actual contribuyeron los papas Julio II (1503-1513), Paulo V (1605-1621), Urbano VIII (1623-1644) con el aporte de Miguel Ángel. Está en la memoria de todos, en relación con san Pedro, la legendaria tradición de su propósito de alejarse de Roma ante la atroz persecución de Nerón, pero que, al intentar alejarse de la ciudad, se le aparece Jesucristo y le dice: Quo vadis, Petrus? (¿A dónde vas, Pedro?), y el apóstol regresa y permanece allí hasta ser martirizado.
Fue el convertido por Jesús en “Pedro”, o fundamento de una sucesión que se tendría desde Roma hasta hoy con Benedicto XVI, como el número 265 en legítima sucesión. Está allí su figura humana, digna de recuerdo, pero están también su vocación y misión anunciada por la palabra de Jesús de que sería: “Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mt 16, 18). Después de dos mil años seguimos admirando la figura de san Pedro, y nos colocamos bajo su cayado, que sigue llevando su sucesor, el obispo de Roma.
Como documentos de valor sagrado están las dos epístolas, acogidas en la Biblia, que comienzan con su nombre, con insistente llamado a la santidad y al testimonio, basados en la fe en Dios y Jesús resucitado. Sigue resonando su llamado consignado allí a responder con fidelidad a Dios y a nuestro Salvador Jesucristo, alegres en nuestro vivir cristiano, pues: “Nos ha cabido la suerte de una fe tan preciosa” (cf. 2P 1, 1). (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

lunes, 8 de noviembre de 2010

Gregorio VII (El monje Hildebrando).

Hay hombres providenciales que con su virtud y gestiones de mando han centrado el rumbo verdadero a instituciones, y entre ellas a la misma Iglesia. Es el caso de Gregorio VII, conocido como “El monje Hildebrando”.
Este Papa defendió decididamente la autoridad del obispo de Roma, como ya lo había hecho San Clemente Romano (87-89) y San León Magno (440-461). Tuvo que afrontar con decisión el cisma de Focio en Constantinopla, que surgió a raíz de la condena por parte del Papa al rey de Lorena, Lotario II y a César Borgia, tío del emperador Miguel III, quienes pretendían el divorcio de sus legítimas esposas para casarse con otras.
El siglo X no fue un periodo de florecimiento espiritual; ningún papa santo aparece allí, sólo al final, y terminando el primer milenio del cristianismo, la Iglesia tuvo dos papas excelentes: Gregorio V (996-999), primer papa alemán, y Silvestre II, francés (999-1003).
En la primera parte del siglo XI hay una época tremendamente turbia en el pontificado por la dependencia en que se sumió bajo familias italianas, específicamente de los “condes de Túsculo”, que manejaron el papado como un feudo. Juan XVII y Juan XVIII, así como Sergio IV, fueron parte de ese gris ambiente. Con Benedicto IX se ennegrece aún más la figura del papado… Pero ya con Clemente II y Dámaso II comienzan a mejorar hasta llegar a san León IX, y luego a Nicolás II y Alejandro II. Si la Iglesia sale adelante, a pesar de tales circunstancias, es ciertamente milagro de la asistencia del Espíritu Santo.
Todo lo anterior hace ver que de esa situación tan difícil emergiera, por bondad divina, el famoso “Monje Hildebrando”, nacido en Toscana, Italia, hacia el año 1020.
Testigo de las dificultades de la Iglesia, por la injerencia de poderosos de la tierra sobre ella, y como necesaria superación de un estado de cosas tan lamentables en ella por falta de un cristianismo vivido a fondo, el Papa Gregorio VII emprendió una gran tarea de liberación de poderes extraños y de purificación de costumbres, comenzando por el clero. Grave mal era el llamado “derecho de investidura” que tenían seglares influyentes para propiciar los nombramientos eclesiásticos.
Época difícil de la Iglesia fue la que bordeó el paso del primero al segundo milenio y la figura clave para la futura marcha de la Iglesia, fue, ciertamente, la del “Monje Hildebrando”. Grandes dificultades sostenidas con el temple de quien fue, sin duda, un gran hombre y un gran santo, quien obró con firmeza, pero siempre con nobleza y con el espíritu del perdón que inspira el Evangelio.
(Msr. Libardo Ramírez Gómez: Grandes pontífices y apóstoles).

domingo, 7 de noviembre de 2010

Domingo XXIV después de Pentecostés.

XXIV DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTES (5 domingo después de Epifanía) (II clase, verde) Gloria, Prefacio de la Santísima Trinidad.
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Punto Doctrinal: El demonio.
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Hay en el mundo un genio maléfico, sembrador de cizaña, trastornador del orden social y provocador maldito de llantos y miserias. El Evangelio de hoy le llama "Malo" y "Enemigo"; su nombre ordinario es "Demonio". Un odio implacable le consume las entrañas: odio a Dios, porque es la fuente de todo bien, y odio al hombre porque, después de los ángeles, en cuyo número está él, es él la más bella obra de Dios. Contraponiéndolos a los de Cristo, envía también el demonio al mundo sus apóstoles, sus predicadores, sus profetas, sus taumaturgos y sus locuaces doctores, para sembrar la cizaña de la discordia, para reducir a los incautos con el sofisma, con la ilusión, con la mentira, con sortilegios y apariencias de milagro, con todas las ambiguas prácticas del ocultismo, del espiritismo y del satanismo. Sin embargo, no hay que temer: Dios está con nosotros, y el ángel bueno nos defiende. Vigilemos y no nos dejemos sorprender, porque el demonio existe en verdad.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Las reliquias de los Santos en el culto católico.

Hoy es el día tradicionalmente dedicado a la celebración litúrgica en honor de las Sagradas Reliquias de los Santos. Aunque no se trata de una festividad del calendario universal en el Misal romano de 1962, se difundió ampliamente en muchas diócesis, órdenes y congregaciones y consta en sus calendarios particulares, siendo celebrada con especial acompañamiento de festejos populares en no pocos lugares. Las conservación y veneración de reliquias es algo ínsito en la naturaleza humana, que desea conservar el recuerdo físico de los seres queridos (ya se trate de sus retratos, fotografías, prendas y pertenencias). El mismo nombre “reliquia” designa “lo que queda”, “lo que resta” de las personas amadas. Y como la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona, así lo que es un sentimiento natural de amor hacia nuestros deudos, se convierte en un acto religioso referido a los que son nuestros parientes en la fe: los bienaventurados. Y ese acto, que consiste en conservar piadosamente y venerar sus reliquias, es muy útil y recomendable y enriquecedor de nuestra vida espiritual.
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jueves, 4 de noviembre de 2010

La foto del día.

Próximos ya a comenzar con el tradicional Mes de María en Chile, una foto del recuerdo con la multitudinaria peregrinación que cada año confluye hacia el Santuario de Lo Vasquez ubicado a no más de 8 km. de la ciudad de Casablanca....claro está que las Missas celebradas en aquel entonces eran las ordinarias de la época, osea, las Sanctas Missas Tridentinas.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

¿El último Papa? de Rodolfo Vargas Rubio.

La obra de Rodolfo Vargas Rubio titulada “¿El último Papa? Benedicto XVI y su tiempo” ( Barcelona: Ediciones Altera 2005) que acabamos de leer es, indudablemente, una aproximación a la vida del Papa Ratzinger que, de alguna manera, se escapa a las biografías al uso. En otras palabras, el autor ha contextualizado la vida del Papa Benedicto revisando todos los acontecimientos históricos a la vez que él era protagonista de la suya propia; es decir, en el libro encontramos un sorprendente ensamblaje discursivo entre la Historia y la intrahistoria. Como lo ha resaltado un comentarista de la obra de Vargas Rubio, “Joseph Ratzinger estaba inmerso en una serie de acontecimientos que están muy pormenorizadamente reflejados en este libro (Ascenso de Hitler al poder, sometimiento de Alemania a los dictados del militar, presión sobre el catolicismo, alistamientos obligatorios, etc.) que le afectan de una forma extremadamente personal. Podemos decir, por lo tanto, que nada de lo que sucede en su tiempo deja de afectar al joven Joseph”.
La obra del amigo Vargas Rubio va desplegando ante los ojos del lector la fascinante vida del Papa Ratzinger desde su nacimiento en la Alta Baviera, hasta su elección como Sumo Pontífice en 2005. En resumidas cuentas, “se trata de un libro donde podemos conocer la evolución vital del ahora Santo Padre desde que, en su juventud, fuera obligado a participar en la defensa de la Alemania Nazi (ejército del que, técnicamente desertó y tras estar "unas semanas concentrado en Bad Aibling", pues era prisionero de guerra sin haber querido participar en ella, "fue definitivamente liberado el 19 de junio de 1945") hasta que, tras su elección como sucesor de Pedro, comenzó a llevar las llaves que Cristo dio al que tres veces le negó”.
El libro lleva en el título una sugerente pregunta: “¿El último Papa?”. En un completísimo apéndice, el autor de la obra se refiere a diversas profecías en torno a la figura del Vicario de Cristo, partiendo por San Malaquías hasta las visiones de San Juan Bosco, pasando por “ la tesis propuesta por el Padre Antonio Pacios (en su libro La Pasión de la Iglesia) en el que propone el camino a seguir por la Esposa de Cristo similar al que siguió el Esposo en su Pasión; en las apariciones de la Santísima Virgen de La Salette y Fátima; en las visiones de "dos papas de la Era Moderna León XIII y San Pío X" y en las apariciones de San Sebastián de Garabandal (entre 1961 y 1965) en las que, por ejemplo, Conchita González, en tiempos del Beato Juan XXIII dijo que serían sucesores de Pedro cuatro Papas hasta que llegara el fin de los tiempos (es decir, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II Magno y… Benedicto XVI) cree entender el autor del libro que, es posible, que el actual Santo Padre pudiera ser el último Papa”.
Estas reflexiones sobre las profecías, las termina Vargas Rubio con estas palabras: "no hemos pretendido prevenir el juicio de nadie y, menos que ninguno, el de la Iglesia". En todo caso "hemos tan sólo ensayado una interpretación sobre un tema sugestivo y eso en tanto opinionum relator. Aquí queda la intención; de lo demás, juzgue el benévolo lector".
En definitiva, se trata de un libro muy interesante acerca de nuestro Papa Benedicto XVI, felizmente reinante, donde se percibe la condición de teólogo y de historiador de su autor.

martes, 2 de noviembre de 2010

Conmemoración de Los Fieles Difuntos.

En este mes de noviembre la Iglesia nos invita con más insistencia a rezar y a ofrecer sufragios por los fieles difuntos del Purgatorio. Con estos hermanos nuestros, que “también han sido partícipes de la fragilidad propia de todo ser humano, sentimos el deber –que es a la vez una necesidad del corazón- de ofrecerles la ayuda afectuosa de nuestra oración, a fin de que cualquier eventual residuo de debilidad humana, que todavía pudiera retrasar su encuentro feliz con Dios, sea definitivamente borrado”.
En el Cielo no puede entrar nada manchado, ni quien obre abominación y mentira, sino sólo loes escritos en el libro de la vida. El alma afeada por falta y pecados veniales no puede entrar en la morada de Dios: para llegar a la eterna bienaventuranza es preciso estar limpio de toda culpa. El Cielo no tiene puertas –escribe Santa Catalina de Génova-, y cualquiera que desee entrar puede hacerlo, porque Dios es todo misericordia y permanece con los brazos abiertos para admitirlos en su gloria. Pero tan puro es el ser de Dios que si un alma advierte en sí el menor rastro de imperfección, y al mismo tiempo ve que el Purgatorio ha sido ordenado para borrar tales manchas, se introduce en él y considera una gran merced que se le permita limpiarlas de esta forma. El mayor sufrimiento de esas almas es el de haber pecado contra la bondad divina y el no haber purificado el alma en esta vida. El Purgatorio no es un infierno menor, sino la antesala del Cielo, donde el alma se limpia y esclarece.
La Santa Misa, que tiene un valor infinito, es lo más importante que tenemos para ofrecer por las almas del Purgatorio. También podemos ofrecer por ellas las indulgencias que ganamos en la tierra, nuestras oraciones, de modo especial el Santo Rosario; el trabajo, el dolor, las contrariedades, etc. Estos sufragios son la mejor manera de manifestar nuestro amor a los que nos han precedido y esperan su encuentro con Dios; de modo particular hemos de orar por nuestros parientes y amigos.
¡Qué bueno y grande es el deseo de llegar al Cielo sin pasar por el Purgatorio! Pero ha de ser un deseo eficaz que nos lleve a purificar nuestra vida, con la ayuda de la gracia. Nuestra Madre, que es Refugio de los pecadores –nuestro refugio-, nos obtendrá las gracias necesarias si de verdad nos determinamos a convertir nuestra vida en un spatium verae paenitentiae, un tiempo de reparación por tantas cosas malas e inútiles.
(R.P. Francisco Fernández Carvajal).

lunes, 1 de noviembre de 2010

Todos los Santos.

Alegrémonos todos en el Señor, al celebrar este día de fiesta en honor de todos los santos: de esta solemnidad se alegran los ángeles y alaban al Hijo de Dios.
La fiesta de hoy recuerda y propone a la meditación común algunos componentes fundamentales de nuestra fe cristiana –señalaba el Papa Juan Pablo II. En el centro de la Liturgia están sobre todo los grandes temas de la Comunión de los Santos, del destino universal de la salvación, de la fuente de toda santidad que es Dios mismo, de la esperanza cierta en la futura e indestructible unión con el Señor, de la relación existente entre salvación y sufrimiento y de una bienaventuranza que ya desde ahora caracteriza a aquellos que se hallan en la condiciones descritas por Jesús. Pero la clave de la fiesta que hoy celebramos “es la alegría, como hemos rezado en la antífona de entrada: Alegrémonos en el Señor al celebrar este día de fiesta en honor de todos los Santos; y se trata de una alegría genuina, límpida, corroborante, como la de quien se encuentra en una gran familia donde sabe que hunde sus propias raíces…”. Esta gran familia es la de los santos: los del Cielo y los de la tierra.
La Iglesia, nuestra Madre, nos invita hoy a pensar en aquellos que, como nosotros, pasaron por este mundo con dificultades y tentaciones parecidas a las nuestras, y vencieron. Es esa muchedumbre inmensa que nadie podría contar, de toda nación, raza, pueblo y lengua… Todos están marcados en la frente y vestidos con vestiduras blancas, lavadas en la sangre del Cordero. La marca y los vestidos son símbolos del bautismo, que imprime en el hombre, para siempre, el carácter de pertenecía a Cristo, y la gracia renovada y acrecentada por los sacramentos y las buenas obras.
En la solemnidad de hoy, el Señor nos concede la alegría de celebrar la gloria de la Jerusalén celestial, nuestra madre, donde una multitud de hermanos nuestros le alaban eternamente. Hacia ella, como peregrinos, nos encaminamos alegres, guiados por la fe y animado por la gloria de los Santos; en ellos miembros gloriosos de su Iglesia, encontramos ejemplo y ayuda para nuestra debilidad”.
Nosotros nos encontramos caminando hacia el Cielo, y muy necesitados de la misericordia del Señor que es grande y nos mantiene día a día. En el Cielo nos espera la Virgen para darnos la mano y llevarnos a la presencia de su Hijo, y de tantos seres queridos como allí nos aguardan.
(R.P. Francisco Fernández Carvajal).

Festividad de Todos los Santos.

Fiesta de 1ª clase, ornamentos blancos.
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Rodeado de los cuatro seres simbólicos de la visión de Ezequiel, entre el resplandor de los siete candelabros de oro, en presencia de los ángeles de las siete Iglesias, en medio de los veinticuatro ancianos que ciñen su corona, se sienta en trono el Cordero, el Rey del cielo, el primero y el último, el alfa y el omega, que nos ha redimido en su sangre.
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La Iglesia, que en el transcurso del año va celebrando una por una las fiestas de sus santos, los reúne hoy a todos en una fiesta común. Además de los que puede llamar con su nombre, evoca en una grandiosa visión a toda una muchedumbre incontable de Santos "de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el cordero, revestidos de blancas vestiduras y con palmas en la mano", que aclaman al que con su sangre los ha rescatado.
La fiesta de Todos los Santos ha de colmarnos de una gran esperanza.
Entre los santos del cielo hay algunos a quienes hemos conocido.
Todos han vivido en la tierra una vida semejante a la nuestra. Bautizados, marcados con el sello de la fe, fielesa las enseñanzas de Cristo, nos han precedido en la patria celestial y nos invitan a reunirnos con ellos.
El evangelio de las bienaventuranzas, al mismo tiempo que proclama su felicidad, nos muestra el camino que han seguido; no hay, ciertamente, ningún otro que nos lleve a donde ellos están.
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ORACIÓN
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Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis
que honremos en una misma solemnidad
los méritos de todos vuestros santos, haced que,
asistidos por tan numerosos intercesores,
obtengamos cada vez más, según nuestros deseos,
la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S.

Fiesta de Todos los Santos.

domingo, 31 de octubre de 2010

CONSAGRACIÓN A CRISTO REY

Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar; vuestros somos y vuestros queremos ser y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamentenos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón.

Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han desechado. Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Sacratísimo.

Oh Señor, sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os han abandonado; haced que vuelvan pronto a la casa paterna, para que no perezcan de hambre y de miseria.

Sed Rey de aquellos que, por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos: devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve, se forme un solo rebaño bajo un solo Pastor.

Sed Rey de los que permanecen todavía envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerlos a todos a la luz de vuestro reino.

Mirad, finalmente, con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fue vuestro predilecto: descienda también sobre ellos como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron.

Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos los pueblos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no suene sino esta voz:

¡Alabado sea el Corazón Divino, causa de nuestra salud, a Él se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos!
Amén.
S.S. León XIII

sábado, 30 de octubre de 2010

Santa Misa Fiesta de Cristo Rey.

Domingo 31 de octubre, Santa Misa Cantada.
a las 12,30 horas
Parroquia de Nuestra Señora del Puerto Claro
Calle Santos Torneros 215, Cerro Toro, Valparaíso
Oficiará el Rev. don Jaime Herrera
Sacerdote Diocesano.

viernes, 29 de octubre de 2010

San Pío V.

A Miguel Ghislieri se le recuerda como el Papa de la Batalla de Lepanto y de la difusión del Santo Rosario, quien al ser elegido tomó el nombre de Pío V.
Al lado de Gregorio VII, “El monje Hildebrando” (benedictino) que organizó y vitalizó la Iglesia después de los graves lunares de principios del siglo XI, como guía providencial de esta magna comunidad de los creyentes, la Iglesia, en el siglo XVI, aparece este dominico nacido en Bosco Morengo (Italia), en 1504, de familia humilde y sinceramente cultura del vivir cristiano.
A los catorce años ingresó el joven Miguel a la comunidad de Santo Domingo. Después de la debida preparación, fue ordenado sacerdote y durante 16 años ejerció como profesor de filosofía. En 1556 fue nombrado obispo de Nepi y Sutre. Al año siguiente, en plena época de la Inquisición, con la que se quería, según la mentalidad de la época, defender la integridad de la fe, dando sentencias en la Iglesia y pidiendo a los poderes temporales que aplicaran penas, aun de muerte, a los herejes, se dio al obispo Ghislieri el cargo de inquisidor general, y se le dio el título de cardenal. Por obediencia a la Iglesia, ejerció esas funciones. Se destaca la manera paternal como el Cardenal trataba a los acusados ante la Inquisición.
En 1565, a la muerte de Pío IV, y con influjo de san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, que veía en él una esperanza para la Iglesia, fue elegido Papa, asumiendo el nombre de Pío V. Se acaba de realizar el Concilio de Trento (1545-1563) y era necesaria su aplicación, en lo que puso todo empeño el nuevo pontífice.
En ese avance de orden y purificación en la Iglesia san Pío V fue tomando determinaciones concretas ya en los libros litúrgicos como el breviario para sacerdotes y religiosos, ya en el Misal, que centrará bien la celebración eucarística. El Papa buscó mayor atención a los pobres y la ejecución de obras concretas a favor de ellos; impuso normas de moralidad pública claras y tan estrechas, que se habló de haber convertido a Roma en “un gran monasterio”. Prestó gran atención a los problemas del naciente protestantismo y a las situaciones de unidad y separación de los ingleses de la Iglesia. Sin embargo, alcanzó pocos resultados, y más bien se afianzaron las divisiones.
En 1571 se agudizó el enfrentamiento con los musulmanes. En la mente y en el corazón de los creyentes en Cristo está la figura del Papa, quien, mientras luchaban en Lepanto los ejércitos cristianos, recorría las calles de Roma recitando con millares de fieles el santo rosario, invocando a María Santísima como auxilio de los cristianos. El 7 de octubre fue el día central de esa oración y de esa victoria, por manifiesta ayuda de la Madre de Dios sobre los creyentes que, con el Papa a la cabeza, la invocaron con tanta fe, al igual que Moisés invocaba a Dios con los brazos en alto para que sus ejércitos lograran los triunfos necesarios (Ex 17, 8-16).
En 1572 se enfermó gravemente Pío V y el 1 de mayo, a los 68 años, murió en Roma. Pío I y Pío X son los otros Papas con ese glorioso nombre que han sido canonizados al lado de Pío V, quien lo fuera en 1712. Pío IX ya recibió en el año 2000 el honor de los altares como beato. (Pío XII, por su parte, ha sido declarado venerable en camino a los altares). De las virtudes de San Pío V, que lo alentaron en su edificante vida y en su memorable pontificado, se han destacado su fervor en la oración, su amor y confianza en María Santísima, su bondadoso trato, su austeridad monacal en todas las épocas de su vida, su atención personal a los pobres y necesitados. Mucho le debe la Iglesia y el mundo por sus enseñanzas, por sus normas y exigencias claras y persistentes, pero, ante todo, por su testimonio. En él también “la gracia de Dios no fue vana” (1 Co 15, 10) y de allí su memorable personalidad. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

miércoles, 27 de octubre de 2010

San Gregorio I, “El Grande”.

El Papa Gregorio I se destacó por distintos aspectos, entre ellos por su gran valor y prudencia en defensa de la ciudad de Roma ante el rey de los lombardos Agilulfo (año 593), quien ante el valor del Papa y sus serias negociaciones se abstuvo de destrucciones. San Gregorio puso también empeño en la atención a los enfermos, a los vasallos y a los campesinos, auxiliándolos espiritualmente pero también con ayuda material. Todas las riquezas heredadas de su familia, y también los bienes a su disposición como Pontífice Romano, fueron destinados a la atención de tantas personas en penuria y hambre.
En cuanto a escritos de San Gregorio Magno hay varios de gran importancia como su Regula Pastoralis, sobre funciones episcopales en sus tareas catequísticas y pastorales. Están también sus célebres Diálogos, con recolección de tradiciones religiosas de los pueblos. Su epistolario está conformado por numerosas cartas a obispos y comunidades. Son célebres también los varios y magníficos sermones que han sido recogidos por la Iglesia en la Liturgia de las Horas. Este Papa promovió el canto litúrgico y con su compilación Antiphonario se cultivó la maravillosa cadencia llamada canto gregoriano.
Magnífica obra de San Gregorio Magno, por medio del gran misionero y luego obispo san Agustín de Canterbury, fue la evangelización de Inglaterra (tierra de ángeles). La conversión a la fe cristiana del rey Etelberto, de Kent (en el año 597), abrió la puerta a esa obra evangelizadora que tanto gozo espiritual dio a los dos santos propulsores. El Papa pidió insistentemente a los obispos del norte de Francia, colaboración para esa labor misionera en Inglaterra. San Beda el Venerable (672-735) elogió la dedicación de san Gregorio en la tarea de conversión de los ingleses a la fe: “Si Gregorio no es apóstol para los demás lo es para nosotros, puesto que somos su sello de apostolado ante el Señor”.
En el aspecto litúrgico-piadoso, además de su impulso al canto gregoriano, tenemos la institución de la costumbre de hacer celebrar treinta misas en días consecutivos por algún difunto, con la gran certeza de lograr con ello la liberación de las penas del purgatorio. San Gregorio dice haber recibido un mensaje de un monje difunto por quien se aplicó esa serie de misas, lo cual dio pie para darle especial indulgencia y propiciar las llamadas misas gregorianas.
San Gregorio Magno fue infatigable en su labor apostólica hasta el final de sus días (12 de marzo del año 604). Su labor por la organización de la Iglesia y la purificación de las costumbres, comenzando por el clero, fueron tarea suya permanente. En su tumba, ubicada a la entrada de la sacristía en la Basílica de San Pedro se lee: “Después de haber llevado a cabo sus acciones, conforme a sus doctrinas, el gran cónsul de Dios fue a gozar de sus triunfos eternos”. Humilde y diciente fue el título que san Gregorio se dio, y que han utilizado sus sucesores, al llamarse: “Siervo de los siervos de Dios”.
(Msr. Libardo Ramírez Gómez).

martes, 26 de octubre de 2010

San Alberto Hurtado.

San Alberto Hurtado en la localidad de Orrego Abajo, cerca de Casablanca.
San Alberto Hurtado, a ti encomiendo la salud de mi cuñada Ana y que supere este dificil trance. Pater Noster...Ave María...Glória Patri...

lunes, 25 de octubre de 2010

Nuevo Centro de Misa Tradicional, Valparaíso, Chile.


Santa Misa Tradicional en Latín,

domingos y fiestas de precepto,

12:30 hrs.

Parroquia Nuestra Señora del Puerto Claro,

Santos Torneros Nº 215, Cerro Toro,

f. 2281151, Valparaíso.

Celebra Rvdo. Jaime Herrera, Sacerdote Diocesano.

domingo, 24 de octubre de 2010

Domingo XXII después de Pentecostés.

(II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Trinidad. Hoy Domingo de la propagación de la fe: 2ª oración unida a la primera bajo una sola conclusión y colecta.
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Evangelio
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+ Continuación del Santo Evangelio según San Mateo (XXII, 15:21)
En aquel tiempo: Los fariseos se retiraron a tratar entre sí como podrían sorprenderle en lo que hablase. Y para ellos enviaron sus discipulos con algunos herodianos, que le dijeron: Maestro, sabemos que eres veraz, y que enseñas el camino o la ley de Dios conforme a la pura verdad, sin respeto a nadie, porque no miras a la calidad de las personas. Esto supuesto, dinos qué te parece de esto: ¿ Es o no es lícito pagar tributo al César? A lo cual Jesús, conociendo su malicia, respondió: ¿ Por qué me tentáis, hipócritas? Enseñadme la moneda con que se paga el tributo. Y ellos le mostraron un denario. Y Jesús les dijo: ¿ De quién es esta imagen y esta inscripción? Respóndele: De César. Entonces les replicó: Pues dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

sábado, 23 de octubre de 2010

Pío XI. Su obra apostólica.

“Las obras quedan, las gentes se van”, dice una expresiva canción. Murió el Papa Pío XI, el gran Aquiles Ratti, pero queda su inmensa obra realizada en escaso 17 años de pontificado (1922-1939). Las circunstancias del mundo y de la Iglesia llevaron al Papa a crear vigorosas organizaciones intraeclesiales, a escribir magistrales encíclicas, a abrirle paso a la evangelización en las más remotas regiones de la tierra, a firmar acuerdos con muchos países para la pacífica convivencia y creación de progreso uniendo católicos y gentes de otras mentalidades.
La solución a la “Cuestión Romana”, con la firma del “Pacto de Letrán” con Mussolini, fue momento de gran significado que marca el pontificado del Papa Ratti. En este mismo aspecto de relación con los gobiernos de las naciones, se amplió grandemente el número de países con los que el Vaticano abrió relaciones, con delegaciones apostólicas y nunciaturas, y fueron diecinueve los nuevos concordatos que entre Iglesia y estado se firmaron en esta época.
Fruto de la oración y del fuego apostólico de Pío XI fue el impulso dado a las Misiones; nombró como patrona de ella a santa Teresita del Niño Jesús, al lado de san Francisco Javier. Bajo este pontificado se crearon decenas de vicariatos y prefecturas apostólicas para especial cuidado a nuevas comunidades en regiones apartadas. Gran número de canonizaciones hizo este Papa y señaló patronos de distintos sectores humanos a santos de destacada virtud.
La preocupación de Pío XI por el avance de la efectiva participación del laicado en la vida de la Iglesia lo llevó a delinear con gran precisión la Acción Católica, que se abriría en nuevos matices con el pontificado de Pío XII y luego con el Concilio Vaticano II. En el aspecto social fueron magistrales sus encíclicas Quadragésimo anno (1931) y Divini redemptoris (1935), en donde recuerda las enseñanzas de León XIII, amplía el pensamiento cristiano con aplicaciones concretas de servicio magnánimo a los más necesitados y condena el comunismo. Numerosos fueron los temas tratados por Pío XI en encíclicas como Divini illius magistri sobre educación, Casti connubii sobre la naturaleza y santidad del matrimonio, Ubi arcano en la que expuso su programa pontificio y líneas para la Acción Católica y la Rerum Ecclesiae sobre misiones.
Salieron de su pluma magistral once epístolas apostólicas, veinticinco “motu proprio”, ciento dieciocho constituciones y trescientas letras apostólicas. En todo un gran conjunto doctrinal que enriqueció a la Iglesia.
Importante a la vez, en este pontificado, fue la realización de varios congresos eucarísticos como los de Buenos Aires, Londres y Budapest, que sirvieron para acrecentar el culto a la Sagrada Eucaristía, llevar la presencia del Papa por legados de gran personalidad como el cardenal Pacelli. Con Pío XI crece, ciertamente, en el mundo el respeto y aprecio por el Papa y por la Iglesia.
Se recordará a Pío XI como sabio organizador, diligente pastor y benemérito servidor de la humanidad, a la altura de otros que han llevado ese nombre, signo de bondad y recogimiento espiritual, entre los que estará también su inmediato sucesor, a quien preparó con visión y amor de padre: Eugenio Pacelli. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

viernes, 22 de octubre de 2010

Actualización de la Galería de Fotos.

Hemos actualizado la Galería de Fotos con la Santa Misa Tridentina celebrada el 21 de octubre de 2010 con motivo del XX aniversario de la Ordenación Diáconal del Rev. Sr. Eddie Michael Morales Piña. La Santa Misa fue celebrada por nuestro capellán Msr Jaime Astorga Paulsen y contó con la asistencia de el Sr. Cura Párroco don Reinaldo Osorio Donaire y del Sr. Vicario don Jose Mauricio Moraga. Como se puede apreciar en las imagenes, un gran número de fieles participó de la celebración litúrgica, que además contó con la exposición y posterior bendición con el Santísimo Sacramento del Altar. Las fotos se pueden ver linkeando sobre la imagen.

jueves, 21 de octubre de 2010

Aniversario Ordenación Diáconal.

Con motivo de los XX años de Ordenación Diáconal, del Rev. Sr.
Eddie Morales Piña,
se invita cordialmente a Ud. y Familia a la
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SANTA MISA TRIDENTINA
(En latín y con canto gregoriano)
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21 de octubre de 2010
19:00 hrs
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Misa Votiva de los Angeles
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Templo Parroquial
Santa Bárbara de Casablanca
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Celebra el Rev. Msr. Jaime Astorga Paulsen

miércoles, 20 de octubre de 2010

Benedicto XV. Gran labor eclesial.

Al interno de la Iglesia un gran paso del Papa fue frenar la persecución antimodernista que se adelantaba sin claro fundamento contra clérigos y laicos por el llamado Sodalitium Pianum, con su documento Ad Beatissimi, en donde pedía no exigir nuevos epítetos a la profesión de fe católica: “Basta que cada uno diga me llamo cristiano y me apellido católico”, escribió el Papa. Aunque renovó la condena de San Pío X contra el “modernismo” y “en toda su extensión”, buscó que cesara el clima de sospechas e intimidaciones que se había creado en la Iglesia.
De suma importancia, en el pontificado de Benedicto XV, fue la publicación del Código de Derecho Canónico, el 19 de junio de 1917, cuya preparación se inició en el pontificado de San Pío X, tarea en la que se empeñó plenamente el cardenal Pedro Gasparri, con la eficaz colaboración como secretario del entonces monseñor Eugenio Pacelli, futuro Pío XII. En el campo misionero tuvo gran desvelo el papa Della Chiesa, con especial preocupación por la promoción del clero indígena, dando al respecto precisas llamadas e indicaciones en su encíclica Maximum illud (1919).
Aspecto también de gran solicitud de Benedicto XV fue el de las relaciones diplomáticas de la Santa Sede, pues logró crear o restablecer el intercambio de embajadores o de enviados especiales con Inglaterra, Alemania, Servia, Holanda, Suiza, Japón y China. En 1922 se restablecieron las relaciones diplomáticas con Francia, que ya había enviado representación oficial al hecho significativo de la canonización de Santa Juana de Arco (1919), efectuado por este pontífice.
El 17 de enero de 1922 el papa Benedicto XV fue temprano a cama, afectado por una pulmonía aguda que no pudieron curar los médicos. Rodeado por cardenales, y con oración de la Iglesia universal que lo amaba, murió el Papa en la mañana del 22 de enero, noticia sentida en las más diversas naciones del mundo.
“Si la historia es justa tiene que decir solemnemente que aquel Papa tuvo clara visión de los intereses de la Iglesia, y que estuvo dominado por un vivo sentimiento de humanidad. Con toda verdad supo poner la diplomacia y la fe al servicio de los hombres”.
Reivindicando la grata y destacada memoria del Papa Della Chiesa, el cardenal Joseph Ratzinger, al ser elegido papa el 19 de abril de 2005, escogió el nombre de Benedicto, en su memoria, como él mismo lo expresó en sus iniciales declaraciones, al tiempo que invocaba también la protección del padre de la Europa cristiana, San Benito, abad. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

lunes, 18 de octubre de 2010

Actualización de la Galería de Fotos.


Hemos actualizado la Galería de Fotos con la Santa Misa Tridentina de este domingo correspondiente al Domingo XXI después de Pentecostés, primera Misa celebrada en el Templo Parroquial después de la restauración producto de los daños del terremoto del 27 de febrero de 2010. Las fotos se pueden ver linkeando sobre la imagen.

domingo, 17 de octubre de 2010

Domingo XXI después de Pentecostés.

Sermón Domingo XXI después de Pentecostés.
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En nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo
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Queridos fieles:
En el trato con los demás, en el trabajo, en las relaciones sociales, en la convivencia de todos los días, es prácticamente inevitable que se produzcan roces. Es también posible que alguien nos ofenda, que se porte con nosotros de manera poco noble, que nos perjudique. Y esto, quizá, de forma un tanto habitual. ¿Sabemos disculpar en todas las ocasiones? ¿lo hacemos con prontitud?
En algún caso nos puede costar el perdón. En lo grande o en lo pequeño. El Señor lo sabe y nos anima a recurrir a El, que nos explicará cómo este perdón sin límite, compatible con la defensa justa cuando sea necesaria, tiene su origen en la humildad. Cuando acudimos a Jesús, El nos recuerda la parábola que narra el Evangelio de la Misa. Un rey quiso arreglar cuentas con sus siervos. Y le presentaron a uno que le debía diez mil talentos. ¡Una enormidad! Unos sesenta millones de denarios (un denario era el jornal de un trabajador de campo.
Cuando una persona es sincera consigo misma y con Dios no es difícil que se reconozca como aquel siervo que no tenía con qué pagar. No solamente porque todo lo que es y tiene a Dios se lo debe, sino también porque han sido muchas las ofensas perdonadas. Sólo nos queda una salida: acudir a la misericordia de Dios, para que haga con nosotros lo que hizo con aquel criado: compadecido de aquel siervo, le dejó libre y le perdonó la deuda.
Pero cuando este siervo encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios, no supo perdonar ni esperar a que pudiera pagárselos, a pesar de que el compañero se lo pidió de todas las formas posibles. Entonces su señor lo mandó llamar y le dijo: Siervo malo, yo te he perdonado toda la deuda porque me lo has suplicado. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo la he tenido de ti?
La humildad de reconocer nuestras muchas deudas para con Dios nos ayuda a perdonar y a disculpar a los demás. Si miramos lo que nos ha perdonado el Señor, nos damos cuenta de que aquello que debemos perdonar a los demás –aun en los casos más graves- es poco: no llega a cien denarios. En comparación de los diez mil talentos nada es.
Nuestra postura ante los pequeños agravios ha de ser la de quitarles importancia (en realidad la mayoría de las veces no la tienen) y disculpar también con elegancia humana. Al perdonar y olvidar, somos nosotros quienes sacamos mayor ganancia. Nuestra vida se vuelve más alegre y serena, y no sufrimos por pequeñeces. “Verdaderamente la vida, de pos sí estrecha e insegura, a veces se vuelve difícil. Pero eso contribuirá ha hacerte más sobrenatural, a que veas la mano de Dios; y así serás más humano y comprensivo con los que te rodean” (San Josemaría Escrivá, Surco).
“Hemos de comprender a todos, hemos de convivir con todos, hemos de disculpara todos, hemos de perdonar a todos. No diremos que lo injusto es justo, que la ofensa a Dios no es ofensa a Dios, que lo malo es bueno. Pero, ante el mal, no contestaremos con otro mal, sino con la doctrina clara y con la acción buena: ahogando el mal en abundancia de bien (Cfr. Rom 12, 21)” (San Josemaría, Es Cristo que pasa). No cometeremos el error de aquel siervo mezquino que, habiéndosele perdonado a él tanto, no fue capaz de perdonar tan poco.
¡Cuántos errores cometemos en los pequeños roces de la convivencia diaria! Muchos de ellos se deben a que nos dejamos llevar por juicios o sospechas temerarias. Sólo es capaz de comprender quien es humilde. Si no, las faltas más pequeñas de los demás se ven aumentadas, y se tiende a disminuir y justificar las mayores faltas y errores propios. La soberbia es como esos espejos curvos que deforman la verdadera realidad de las cosas.
Quien es humilde es objetivo, y entonces puede vivir el respeto y la comprensión con los demás: surge fácil la disculpa para los defectos ajenos. Ante ellos, el humilde no se escandaliza.
La Virgen nos enseñará, si se lo pedimos , a saber disculpar –en Caná la Virgen no critica que se haya acabado el vino, sino que ayuda a solucionar su falta-, y a luchar en nuestra vida personal en esas mismas virtudes que, en ocasiones, nos puede parecer que faltan en los demás. Entonces estaremos en excelentes condiciones de poder prestarles nuestra ayuda.
Que así sea.

sábado, 16 de octubre de 2010

León XIII. Aspectos destacados de su pontificado.

Gobernó la Iglesia durante veinticinco años, con un pontificado fecundo y glorioso. “De inteligencia privilegiada, carácter enérgico, autoritario en el gobierno de la Iglesia, pero conciliador en su relación con los Estados”, lo señala la historia (A. Boulenger). Se destacó en diversos aspectos en donde dejó huella con documentos magistrales y con llamados a positivas líneas en la vida espiritual y pastoral.
En el aspecto religioso, León XIII se distinguió por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, a la Virgen Santísima (instituyó el mes del Rosario) y a San José, a cuya fiesta dio especial categoría y le consagró el mes de marzo. En el terreno de los principios fue tan valiente como Pío IX, mantuvo todas las condenas contra los errores contemporáneos expuestos en el Syllabus, y denunció los socavadores males que entrañaba la masonería.
En el campo doctrinal escribió varias encíclicas como: Aesterni Patris (1879), sobre la filosofía cristiana; la Arcanum (1880) sobre el matrimonio; la Humanum Genus (1884) contra la fracmasonería; la Providentissimus (1893) sobre los estudios bíblicos.
En el campo sociopolítico fueron amplias las enseñanzas del Papa Pecci. Allí están encíclicas como Diuturnum (1881) sobre el origen del poder civil; Inmortale Dei (1885) sobre la constitución cristiana de los Estados; la Libertas sobre libertad humana (1888). En este campo, sin rectificar las condenas de Pío IX, ni renunciar a la situación de prisionero del Vaticano, como quedó el Papa a partir de la toma de Roma por el gobierno italiano (1870), adelantó importantes conversaciones y tratados con muchos países del mundo que reconocieron la autoridad espiritual del Papa sobre los católicos en todo el mundo, y su soberanía temporal en la Ciudad del Vaticano como base mínima de su autonomía para actuar, teniendo representaciones diplomáticas y calidad de Estado soberano.
Especial capítulo de León XIII fue lo relacionado con el campo social. Su encíclica Rerum novarum (15/5/1891) fue como una clarinada que anunció al mundo la presencia de una Iglesia viva, preocupada no sólo por lo estrictamente espiritual, ni entristecida por haber perdido el poder temporal de amplias regiones. Al convertirse en “conciencia moral” de la humanidad, despreocupada de dominios terrenos, y mostrar su gran inquietud por los más pobres daba una nueva y respetable imagen de la Iglesia. Señala en esta encíclica caminos de justicia en las relaciones obrero-patronales, recordando a unos y a otros derechos y deberes.
Con la Rerum novarum de León XIII se inició una serie de documentos de los Papas subsiguiente en donde se ha ido aplicando el mensaje social cristiano a las nuevas circunstancias de cada época. Pío XI hizo eco especial a su predecesor con su Quadragessimo anno, al igual que Pío XII con un amplio radiomensaje a los cincuenta años de la encíclica (1941). Juan XXIII con su Mater et Magistra (1961). Pablo VI con su Populorum progressio (1967) y Octogesimo adveniens (1971). Juan Pablo II con varias encíclicas sociales, y, más directamente en referencia con la de León XIII, con su Centesimus annus (1991).
En febrero de 1903 se le celebraron a León XIII sus 25 años de pontificado, y pocos meses después, a los 93 años, murió este pontífice dejando honda huella en la humanidad por su vida ejemplar, su tenaz labor y sus sabias enseñanzas. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

viernes, 15 de octubre de 2010

Beato Pío IX.

Concilio Vaticano I y dogmas.
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Hecho feliz del Pontificado de Pío IX fue la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de la bienaventurada Virgen María, el 8 de diciembre de 1854. Después de siglos de sustentarse esta verdad sobre María Santísima, después de la encuesta propiciada ante los obispos del mundo por la encíclica Ubi primum, con abrumadora mayoría en solicitud de la definición, ante gran número de cardenales y obispos, definía el Papa, en la basílica vaticana, que la Virgen Santísima “fue preservada de toda mancha de pecado original, desde el primer instante de su concepción” (Bula Deus). Hubo muchos estudios teológicos, escriturísticos y patrísticos, pero con una racionamiento sencillo se explicaba esta definición: “No podría haber sido esclava del demonio por el pecado la que iba a ser Madre de Dios”. El franciscano Duns Scoto concluía: “Dios pudo darle ese privilegio, luego lo hizo”.
El 29 de julio de 1868, año vigésimo segundo de su pontificado, por la Bula Aesterni Patris convocaba Pío IX el Concilio Vaticano I para el 8 de diciembre del año siguiente, que sería el vigésimo concilio ecuménico. El concilio, en el que participaron 747 prelados, tuvo cuatro grandes sesiones solemnes, siendo definitivas las del 24 de abril de 1870, en la que por unanimidad se aprobó el esquema sobre relaciones entre razón y fe, con condena de errores sobre el racionalismo (apoyo al Syllabus), y la del 14 de mayo en la que se votó sobre el dogma de la Infalibilidad pontificia, con 533 votos favorables, 2 negativos y 55 que no quisieron participar en la votación. Por la constitución Pastor aeternus de definía la autoridad pontificia en la disciplina y el gobierno de la Iglesia en todo el mundo, y que “el Romano Pontífice es infalible cuando habla ex cátedra, o sea, cuando desempeñando el cargo de pastor y de doctor de todos los cristianos, define una doctrina sobre la fe y las costumbres que ha de ser aceptada por la Iglesia universal”. No se había terminado lo previsto para el concilio, pero, ante los peligros de la guerra y de la invasión de Roma por el gobierno italiano (20/9/70) se suspendieron definitivamente sus deliberaciones, “en espera de mejores tiempos”.
Cuatro años antes de la convocatoria del Concilio Vaticano I el Papa Pío IX había publicado la encíclica Quanta cura, que llevaba anexo el Syllabus o catálogo de los principales errores de la sociedad contemporánea (8/12/1864). Duras reacciones hubo ante estos documentos pontificios, con prohibiciones de gobiernos en Francia, Italia y Rusia de que fueran publicados, tormenta que al interno de la Iglesia serenaría en el concilio subsiguiente, pero que sigue siendo agitada por los voceros de radicalismos antidogmáticos y de la total libertad de pensamiento. Fue apenas una toma de posición de la Iglesia ante sus fieles hijos, defendida en los diversos países del mundo como signo de unidad entre interminables discusiones.
Puntos salientes en las condenas del Syllabus fueron los siguientes errores:
-en el orden filosófico: el panteísmo que identifica a Dios con la creación universal; el naturalismo que rechaza todo influencia religiosa en el gobierno de los pueblos; el racionalismo que hace de la razón el único arbitrio entre el bien y el mal, sin mezcla de postulados superiores a ella.
-en el orden religioso-social: el indiferentismo y el laxismo, el socialismo y el comunismo.
-en el orden político: el regalismo (total autoridad y sacralidad del poder de los reyes), y la intromisión de la autoridad civil en materia del sacramento del matrimonio con concesión de divorcio; las doctrinas del liberalismo radical que proclamaba libertades absolutas, con separación total entre Estado e Iglesia, tolerando la presencia de esta pero con plena dependencia de las autoridades civiles y prácticamente sin recursos de subsistencia para su labor. (Mrs. Libardo Ramírez Gómez).

jueves, 14 de octubre de 2010

Venerable Pío XII. Su magisterio.

Sólo ideales altos guiaron a Pío XII en sus diversas actuaciones, y en su inmensa obra pastoral y el torrente doctrinal que nos legó. Había comenzado Pío XII (…) con su encíclica Summi Pontificatus (20 de octubre de 1939), con la que presentaba a grandes líneas su programa pontifical y daba también fundamentales orientaciones. Con la Mystici Corporis Christi (29 de junio de 1949) y con la Divino Afflante Spiritu (30 de septiembre de 1943) entregaba fundamentalmente enseñanzas sobre la naturaleza misma de la Iglesia y sobre el piadoso y cuidadoso estudio de la Sagrada Escritura. En la Mediator Dei (20 de noviembre de 1947) daba a su vez magníficas líneas al avance y aclimatación de una bien vivida liturgia. En la Humani generis (12 de agosto de 1950) recordaba la autoridad que hay y debe haber en la Iglesia de Cristo para unidad y complemento de su misión.
Continuando la enumeración de documentos de gran trascendencia emanados de la mente iluminada y el corazón ardiente de Pío XII, está, en orden cronológico, la encíclica Evangelii praecones (11 de junio de 1951) sobre la vigente y fundamental tarea de las misiones. No podían faltar encíclicas sobre la Virgen Santísima, y están, por ello, la Fulgens corona, con ocasión del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción (24 de mayo de 1953), y la Ad coeli reginam, al establecer la fiesta de María Reina (11 de octubre de 1954). Son de destacar las encíclicas Sacra virginitas, sobre el celibato sacerdotal y el voto de castidad de los religiosos (25 de marzo de 1954); la Haurietis aquas, sobre la devoción al Sagrado Corazón de Jesús (3 de abril de 1956); la Miranda prorsus, para acoger y bendecir los avances de los medios de comunicación (8 de septiembre de 1957), y su última carta universal sobre la paz del mundo y la libertad religiosa, la Meminisse juvat (14 de julio de 1958).
Al lado de las encíclicas están en el legado doctrinal y pastoral de Pío XII sus radiomensajes, al principio de cada año, y, muy especialmente, el de 1 de junio de 1941, en la conmemoración del cincuentenario de la Rerum novarum de León XIII. Pío XII no escribió específicamente ninguna encíclica sobre el tema social, pero el radiomensaje del 41, y tantos apartes de sus numerosos documentos, tienen un admirable tejido social que fueron aprovechados para la encíclica Mater et magistra, de Juan XXIII, que recoge magistralmente el pensamiento social del Papa Pacelli.
Acontecimiento de resonancia mundial en el pontificado de Pío XII fue la celebración del Año Santo de 1950, en el cual definió el dogma de la Asunción de la Virgen María al Cielo (1 de diciembre) y canonizó muchos santos muy queridos del pueblo cristiano. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).

miércoles, 13 de octubre de 2010

Un documento histórico de Msr. Mariano Casanova.

“Nos Mariano Casanova por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Arzobispo de Santiago de Chile.
Por cuanto por parte del Cura de Casablanca se nos ha hecho presente que para servicio de Dios Nuestro Señor, aumento del culto divino y bien y utilidad común de los feligreses de la parroquia de Casablanca ha erigido, fundado y dotado una Iglesia en el lugar llamado Las Dichas situado en la jurisdicción de la referida parroquia; y constándonos por las diligencias practicadas que de la dicha erección no se sigue daño ni perjuicio alguno, sino mucha utilidad y provecho a los fieles, por tanto: con esta misma fecha hemos proveído el auto que sigue: Santiago, 13 de julio de 1907. Vistos, erígese en iglesia pública, bajo la advocación de Nuestra Señora del Carmen, la que el Párroco de Casablanca ha construido en el lugar de su parroquia denominada Las Dichas y se le asigna por dote la cuadra de terreno que la rodea, perteneciente también a la parroquia. Despáchesele el título correspondiente y tómese razón. El Arzobispo de Santiago. Silva C., secrio.
En conformidad a esto y en uso de nuestra jurisdicción ordinaria diocesana, declaramos por iglesia pública viceparroquial la que se ha construido en el ya citado lugar para que, bendiciéndose primero por el Párroco o por el sacerdote a quien delegare esta facultad, pueda celebrarse en ella el Santo Sacrificio de la Misa, administrarse los Santos Sacramentos de la Penitencia y de la Eucaristía, predicarse la divina palabra y practicarse los demás ejercicios del culto, sin perjuicio de los derechos parroquiales. En cuyo testimonio mandamos dar y dimos las presentes, firmadas de nuestra mano, selladas con nuestro sello y refrendadas por nuestro infrascrito Secretario de Cámara en Santiago a dieciséis de julio de mil novecientos siete.
Mariano Arzobispo de Santiago.
Por mandato de S.S. Illma. Y Rma.
Carlos Silva C. Secrio.”
(Nota: en esta Capilla de Las Dichas –localidad rural de Casablanca- celebramos por varios meses la Sancta Missa. La Capilla es atendida pastoralmente por el diácono Eddie Morales P., quien es nuestro formador doctrinal y litúrgico).

martes, 12 de octubre de 2010

Nuestra Señora del Pilar.

Según una antiquísima y venerada tradición, la Virgen, cuando aún vivía en carne mortal, se apareció al Apóstol Santiago el Mayor en Zaragoza, acompañada de ángeles que traían una columna o pilar como signo de su presencia.
En la aparición, Nuestra Señora consoló y reconfortó al Apóstol Santiago, a quien prometió su asistencia maternal en la evangelización que estaba llevando a cabo en España. Desde entonces, el Pilar es considerado como “el símbolo de la firmeza de fe”; a la vez, nos indica el camino seguro de todo apostolado: Ad Jesum per Mariam, a Jesús, por María. La Virgen es el pilar firme, los cimientos seguros, donde se asienta la fe y donde esta fe se guarda. “Por medio de ella, a través de muy diversas formas de piedad, ha llagado a muchos cristianos la fe en Cristo, Hijo de Dios y de María”. Son sostenidos “por la devoción a María, hecha así columna de esa fe y guía segura hacia la salvación”.
Al ver tantas naciones y pueblos diversos que celebran hoy -12 de octubre- esta fiesta y al contemplar su amor a la Virgen podemos ver cumplidas las palabras de la Sagrada Escritura: Eché raíces entre un pueblo grande, en la porción del Señor, en su heredad. Crecí como cedro del Líbano y como ciprés del monte Hermón, me he elevado como palmera de Engadí y como rosal de Jericó, como gallardo olivo en la llanura y como plátano junto al agua. Exhalé fragancia como el cinamomo y la retama, y di aroma como mirra exquisita, como resina perfumada, como el ámbar y el bálsamo, como nube de incienso en el santuario. Su devoción se ha extendido por todas partes.
La fiesta de hoy es una excelente ocasión para pedir, por su mediación, que la fe que Ella alentó desde el principio se fortalezca más y más, que los cristianos seamos testigos tanto más firmes cuanto mayores sean las dificultades que podamos encontrar en el ambiente de trabajo, de las personas con las que habitualmente nos relacionamos, o en nosotros mismos. Esto nos consuela: si hemos de enfrentarnos a obstáculos más grandes, más gracia nos obtendrá Nuestra Señora para que salgamos siempre triunfadores.
Le pedimos hoy ser pilares seguros, cimiento firme, donde se puedan apoyar nuestros familiares y nuestros amigos. Dios todopoderoso y eterno –le rogamos en la Misa propia de esta fiesta- que en la gloriosa Madre de tu Hijo has concedido un amparo celestial a cuantos la invocan con la secular advocación del Pilar, concédenos, por su intercesión, fortaleza en la fe, seguridad en la esperanza y constancia en el amor. (R.P. Francisco Fernández Carvajal).

lunes, 11 de octubre de 2010

Actualización de la Galería de Fotos.

Hemos actualizado la Galería de Fotos con la Santa Misa Tridentina de este domingo correspondiente al Domingo XX después de Pentecostés. Las fotos se pueden ver linkeando sobre la imagen.

domingo, 10 de octubre de 2010

Domingo XX después de Pentecostés.

(II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.
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Como los tres jóvenes, ilesos en la hoguera del tirano, "llenos del Espíritu Santo", cantemos himnos a Dios que nos salva.
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Propio de la Sancta Missa
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Reflexión
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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El Evangelio de la Sancta Missa nos muestra la curación del hijo de un cortesano. La condición que pone el Salvador para la curación es la fe: fe de parte de todos en general, y en especial la exige al cortesano, para que su hijo sea curado. Apenas formula el cortesano su petición, prorrumpe el Salvador en estas palabras: Está bien: milagros, y grandes milagros deben de ser obrados; de otro modo no creéis en mí (Jn IV, 48). Los judíos, siguiendo el ejemplo de los samaritanos que creyeron sin milagro alguno, debieran haber creído en Jesús por el testimonio del Bautista y por su autorrevelación; mas en atención a su anhelo por los milagros, y teniendo en cuenta que en la mayor parte de los casos no los pedían con mala intención, como los fariseos, sino movidos por la necesidad, el Señor accedía bondadosamente a sus ruegos.
Este señala aquí la significación y el objeto de los milagros, que no son otros que despertar y robustecer la fe. La reprensión que envuelven las palabras de Cristo va dirigida a los judíos, pero, para el cortesano, no es más que una prueba y un medio de animarle a la fe. En concreto, la condición consistió en que, bajo su palabra, creyera y tuviese por seguro que, al volver a su casa encontraría vivo y sano a su hijo, sin necesidad de que el Salvador fuese con él. En esto demostró el Salvador su sabiduría y su bondad; no se contentó con curar milagrosamente al enfermo, sino que también quiso curar el alma del padre, por la fe y la confianza.
La curación de este joven es uno de los pocos milagros que obró el Salvador sin su presencia personal en el lugar del hecho, y es por consiguiente un milagro absoluto, que por lo tanto demuestra la omnipotencia divina del Salvador, la cual puede obrar por todas partes y sean cuales fueren las circunstancias.
El milagro fue comprobado por la noticia dada por los criados a su señor, de que la curación había tenido lugar a las siete de la mañana, o sea, al tiempo mismo que Jesús aseguró que el joven estaba curado. Caná dista de Cafarnaúm unas siete u ocho horas. La palabra ayer debe, pues, entenderse en el mismo sentido usado por nosotros, o bien, por cuanto los judíos empezaban el día, la víspera anterior, debe entenderse el día mismo en que el cortesano habló con el Señor.
De todos modos, y sea esto lo que fuere, esta curación es un milagro importante y trascendental; primeramente, porque sus circunstancias demuestran la fama de que ya entonces gozaba el Salvador; en segundo lugar, por la manera de realizarse, o sea, sin la presencia personal de Cristo en el lugar donde el hecho se realizó; tercero, por la posición del hombre cortesano; y finalmente por los efectos que de él se siguieron, o sea que toda la familia creyó en Cristo. Seguramente que este ejemplo y la fama del milagro atrajo también a otros al Salvador.
Este hecho, como muchos otros, demuestra las ventajas de las contrariedades y tribulaciones temporales. Estas nos hacen pensar en Dios, aspirar a Él y buscarlo. Las dichas temporales nos hacen olvidar fácilmente a Dios. Pero las desgracias nos hacen sensibles, tiernos y humildes. El cortesano busca él mismo al Salvador y le ruega humildemente y repetidas veces. Nos inclinan también a la fe y a la confianza. Aunque, al principio, la fe del cortesano distaba mucho de ser perfecta, por cuanto creía que la presencia del Salvador era necesaria para curar a su hijo; pero fácilmente aceptó y cumplió la condición de creer sinceramente que su hijo estaba sano o sanaría por la simple palabra de Cristo.
Las tribulaciones, en fin, nos hacen agradecidos y despiertan nuestro celo por las almas. El buen cortesano gano a toda su familia para el Salvador, y así la desgracia contribuye también para servicio y honra de Dios.
Pidamos al Señor avive nuestra fe cual la del cortesano. Que así sea.
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

sábado, 9 de octubre de 2010

Un documento histórico del Cardenal Caro.

“Circular sobre el Santo Rosario.
Amados hijos:
Con ocasión de la Fiesta de Ntra. Sra. del Rosario y del mes dedicado a su honor, nos sentimos impulsados, como en otros años, a dirigiros, al menos, breves palabras de exhortación para recordar la eficacia de esta práctica de devoción inspirada por la misma Reina del Cielo y enseñada con su propio ejemplo en sus manifestaciones en Lourdes y en Fátima.
Así como en otro tiempo obtuvo brillante triunfo la Cristiandad, por el Rosario, en Lepanto, y Santo Domingo de Guzmán contra las herejías de su tiempo, así también esperamos que el rezo devoto del Santo Rosario, por los cristianos de nuestros días, y en las familias, obtenga de Nuestra Santísima Madre del Cielo, la santificación del hogar y la preservación contra la inmoralidad reinante y de los errores.
Exhortamos, pues, a los Sres. Párrocos y Rectores de Iglesia a fomentar esta práctica en el pueblo fiel para atraer las bendiciones del Cielo que anhelamos sobre nuestra Patria y sobre todo el mundo actual que tanto lo necesita.
Dada en Santiago el 24 de septiembre de 1957.
José María Cardenal Caro Rodríguez, Arzobispo de Santiago y Primado de Chile.
Alejandro Huneeus C., Secretario”.

viernes, 8 de octubre de 2010

Nuestra Señora del Rosario.

En la Edad Media se saludaba a la Virgen María con el título de rosa (Rosa mystica), símbolo de alegría. Se adornaban sus imágenes –como ahora- con una corona o ramo de rosas (en latín medieval Rosarium), expresión de las alabanzas que nacían de un corazón lleno de amor. Y quienes no podían recitar los ciento cincuenta salmos del Oficio divino lo sustituían por otras tantas Avemarías, sirviéndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o nudos hechos en una cuerda. A la vez, se meditaba la vida de la Virgen y del Señor. Esta oración del Avemaría, recitada desde siempre en la Iglesia y recomendada frecuentemente por los Papas y Concilios en una forma más breve, adquiere más tarde su forma definitiva al añadírsele la petición por una buena muerte: ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. En cada situación, ahora, y en el momento supremo de encontrarnos con el Señor. Se estructuran también los misterios, contemplándose así los hechos centrales de la vida de Jesús y de María, como un compendio del año litúrgico y de todo el Evangelio. También se fijó el rezo de las letanías, que son un canto lleno de amor, de alabanza a Nuestra Señora y de peticiones, y de manifestaciones de gozo y de alegría.
San Pío V atribuyó la victoria de Lepanto, el 7 de octubre de 1571 –con la cual desaparecieron graves amenazas para la fe de los cristianos- a la intercesión de la Santísima Virgen, invocada en Roma y en todo el orbe cristiano por medio del Santo Rosario, y quedó instituida la fiesta que celebramos hoy. Con este motivo, fue añadida a las letanías la invocación Auxilium christianorum. Desde entonces, esta devoción a la Virgen ha sido constantemente recomendada por los Romanos Pontífices como “plegaria pública y universal frente a las necesidades ordinarias y extraordinarias de la Iglesia santa, de las naciones y del mundo entero” (Beato Juan XXIII).
En este mes de octubre, que la Iglesia dedica a honrar a Nuestra Madre del Cielo especialmente a través de esta devoción mariana, hemos de pensar con qué amor lo rezamos, cómo contemplamos cada uno de sus misterios, si ponemos peticiones llenas de santa ambición, como aquellos cristianos que con su oración consiguieron de la Virgen esta victoria tan trascendental para toda la cristiandad. Ante tantas dificultades como a veces experimentamos, ante tanta ayuda como necesitamos en el apostolado, para sacar adelante a la familia y para acercarla más a Dios, en las batallas de nuestra vida interior, no podemos olvidar que, “como en otros tiempos, ha de ser hoy el Rosario arma poderosa, para vencer en nuestra lucha interior, y para ayudar a todas las almas” (San José María Escrivá).
(Fuente: Francisco Fernández Carvajal: Hablar con Dios).

jueves, 7 de octubre de 2010

La foto del día.

Bendición de un autobus frente al Santuario de la Virgen de Lo Vásquez, Casablanca. Esta conocida empresa de buses cubría el recorrido Casablanca - Valparaíso in illo tempore.

miércoles, 6 de octubre de 2010

La Cruz de la torre.


La madrugada del 27 de febrero de este año un violento terremoto asoló la zona centro-sur de Chile, seguido en algunas partes de un tsunami. Frente a este cataclismo muchas construcciones colapsaron y se vinieron abajo, entre ellas muchos templos desde iglesias a capillas. Nuestro templo parroquial de Casablanca también recibió los azotes de la naturaleza y por siete meses estuvo en reparaciones, especialmente de su techumbre interior y otros daños colaterales.
El templo parroquial de Casablanca actual que ha resistido a varios terremotos, fue inaugurado en 1908, es decir, dos años después de ese gran evento telúrico que tuvo por epicentro a Valparaíso en 1906, y que echó por tierra prácticamente a todo el puerto y a las zonas aledañas, entre ellas a Casablanca. En consecuencia, el templo parroquial tiene más de cien años lo que para un país relativamente joven como lo es el nuestro, es una construcción patrimonial. Nuestros amigos que nos leen desde Europa ciertamente que tienen vestigios arquitectónicos religiosos que vienen desde el inicio de la cristiandad en ese continente. Para nosotros, hispanoamericanos, la presencia de una iglesia más que centenaria es de por sí un acontecimiento cultural.
Hasta ahora el referente de altura que tiene Casablanca lo constituye la torre de la iglesia parroquial que luce en su cúspide una cruz visible desde los cuatro puntos cardinales. Los últimos arreglos y reparaciones que se están llevando a cabo en el templo precisamente están aconteciendo en la torre donde está situada la cruz. Hace pocos días, esta ha sido sacada desde su base para su restauración y hemos tenido la oportunidad de verla a ras de suelo. Es una gran cruz de fierro que desde lo alto pareciera pequeña. Lo más probable que la cruz de la torre eclesial sea más antigua que el templo reconstruido después del terremoto del año 1906, es decir, con seguridad la cruz de la torre de la iglesia parroquial debe ser más que centenaria. Esta cruz ha sido testigo de la iglesia militante en esta tierra chilena por mucho más de un siglo.
San Josemaría Escrivá decía que cuando recorría los caminos de España y divisaba una torre eclesial con su cruz en lo alto decía una jaculatoria dedicada al Santísimo Sacramento, porque la cruz le indicaba que allí había un templo católico. Lo mismo le ha ocurrido a los casablanquinos con la cruz de la torre de nuestro templo parroquial que pronto será puesta en su lugar para que siga sirviéndonos de señal o distintivo de nuestra condición de cristianos y de nuestra fe católica.
Cómo no recordar a San Agustín cuando dice: “¿Cuál es la señal de Cristo que todos conocieron sino la Cruz de Cristo?”.

martes, 5 de octubre de 2010

San Francisco, el hombre eterno.

Durante los tiempos medievales, como es sabido, la poesía era de carácter oral y su transmisión correspondía a los recitadores o juglares. Más tarde, cuando aparecen los poetas cultos más de uno de ellos se definirá como “juglar de la Virgen”, tal como lo dice el poeta y monje español Gonzalo de Berceo. Releyendo la obra del celebrado poeta y agudísimo novelista y pensador inglés, Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), y converso al catolicismo, acerca de Francesco Bernardone, conocido en la historia del cristianismo como Francisco de Asís, el autor lo llama “el juglar de Dios”, ya que cuando el santo y sus compañeros espirituales salieron a predicar el Evangelio, su jefe les llamaba los juglares de Dios.
La biografía de Francisco es por todos conocida y uno de sus primeros hagiógrafos, Tomás de Celano, hace notar que Dios suscitó en un tiempo en que el espíritu del Evangelio se había olvidado casi por todas partes, la persona de Francisco para que denunciara “la necedad de la sabiduría del mundo, y por la predicación de la locura de la Cruz de Cristo, conquistara a los hombres para la sabiduría de Dios”. En 1209, Francisco comenzó a anunciar el Evangelio en Asís y pronto contó con discípulos que le acompañaron en la misión que Dios le había encomendado. De acuerdo a la historia, en un principio el pobrecito de Asís no pensó fundar una orden, pero luego se vio obligado a reglamentar sencillamente el estilo de vida que estaban asumiendo él y sus seguidores, basándose fundamentalmente en la humildad y la pobreza, reflejados ambos rasgos en el título de frailes menores con que quiso que se reconociese a sus discípulos. La regla fue aprobada por el Papa Inocencio III.
Los frailes menores tenían como principal actividad predicar la penitencia y la paz de ciudad en ciudad; es decir, el franciscano en su origen, en nada se asemejaba a los monjes del Medievo que eran de vida monacal. Francisco, por el contrario, quiso tan solo formar predicadores ambulantes que viviesen estrictamente el espíritu evangélico y que recorriesen los caminos de dos en dos, tal como lo exigía la letra del Evangelio. Así, los frailes menores predicaban en las iglesias, pero con mayor frecuencia en las plazas y en las calles de las ciudades. Tomás de Celano escribe que a las prédicas de Francisco acudían hombre y mujeres para oírlo, ya que en un lenguaje popular y pintoresco llamaba a la conversión. Celano anota que “los monjes descendían de los monasterios de las montañas. Los hombres más versados en el cultivo de las letras quedaban admirados. Hubiérase dicho que una luz nueva irradiaba del cielo a la tierra”.
En la hagiografía de Francisco de Asís destaca su relación con la creación, ya que para él todas las creaturas manifiestan la sabiduría, poder y bondad de Dios, y cada una lo alaba a su manera. Amaba profundamente a todas las creaturas y su alma estaba abierta a todo el universo, y por eso presta sus labios para que todas las creaturas alaben al Creador. Su hermoso Cántico de las creaturas, expresa líricamente este espíritu de alabanza y de bendición: “Omnipotente, Altísimo, bondadoso Señor,/ tuyas son la alabanza, la gloria y el honor,/ tan sólo Tú eres digno de toda bendición, / y nunca es digno el hombre de hacer de Ti mención”. Chesterton sostiene que este cántico “es una obra extraordinariamente característica. Podría reconstruirse mucho de la personalidad de San Francisco con sólo aquella obra”, mientras que otro autor afirma que el “Cántico de las creaturas es la columna sonora de un concierto sinfónico de amor hacia toda la humanidad”. También la llamada “Oración simple” del santo de Asís lo refleja enteramente en su personalidad y santidad.
Releer “San Francisco de Asís. El hombre eterno” del escritor inglés G. K. Chesterton, permite acercarse al Poverello y conocer a una figura señera de la Iglesia Católica.

domingo, 3 de octubre de 2010

Domingo XIX después de Pentecostés.

(II clase, verde) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad.
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Místicas nupcias de Cristo y su Iglesia, nueva alianza en la sangre del esposo: unión fecunda de la que nace el cristiano a vida de gracia que recibirá su coronamiento en el banquete celestial.
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Propio de la Sancta Missa
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Reflexión
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.
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Ante el Señor no podemos presentarnos de cualquier manera. Entró el rey para ver a los comensales, y se fijó en un hombre que no vestía traje de bodas; y le dijo: amigo, ¿cómo has entrado aquí sin llevar el traje de bodas?
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Nos llega la invitación –cada día- para acercarnos al banquete eucarístico, con tanto esmero preparado. Conocemos hábitos, actitudes, errores, facetas de nuestro carácter, que tal vez no se corresponden con el alto honor que Jesucristo nos hace.
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Hemos de hacer examen; no vayamos a presentarnos ante el Señor vestidos de harapos, porque tenemos el peligro de disfrazar los defectos y justificar las acciones. “Para acoger en la tierra a personas constituidas en dignidad hay luces, música, trajes de gala. Para albergar a Cristo en nuestra alma, ¿cómo debemos prepararnos? ¿Hemos pensado alguna vez en cómo nos conduciríamos, si sólo se pudiera comulgar una vez en la vida?”, nos recuerda San Josemaría Escrivá. Pasaríamos la noche en vela, sabríamos bien qué le diríamos, qué peticiones le formularíamos…, todos los preparativos nos parecerían pocos… Así deberíamos recibirle todos los días.
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El convidado que no tenía vestido nupcial ciertamente escuchó la invitación, fue a las bodas con alegría, pero no tuvo en cuenta lo que exigía esta llamada. Al Señor no le podemos recibir de cualquier manera: distraídos, sin atención, sin saber bien lo que hacemos. Toda buena Comunión supone en primer lugar recibir al Señor en gracia. Nuestra Madre la Iglesia nos enseña y nos advierte que “nadie debe acercarse a la Sagrada Eucaristía con conciencia de pecado mortal, por muy contrito que le parezca estar, sin preceder la Confesión sacramental”.
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Tan alto don requiere además que nos preparemos lo mejor que podamos en el alma y en el cuerpo: la Confesión frecuente, aunque no existan faltas graves; fomentar los deseos de purificación; aumentar los actos de fe, de amor y humildad en el momento de recibir el Señor, etc.
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Amor con amor se paga…Amor, en primer lugar, al propio Cristo. El encuentro eucarístico es, en efecto, un encuentro de amor”, decía el Siervo de Dios Juan Pablo II. Comulgar con frecuencia nunca debe significar comulgar con tibieza. Y cae en la tibieza en que no se prepara, quien no pone lo que está de su mano para evitar que el Señor lo encuentre distraído cuando venga a su corazón. Significaría una gran falta de delicadeza acercarse a la Comunión con la imaginación puesta en otras cosas. Tibieza es falta de amor, no ir con las debidas disposiciones a comulgar. Sabemos que nunca estaremos lo suficientemente dispuestos para recibir como se merece a Aquel que viene a nuestra alma, pues nuestra pobre morada no da para más; pero sí espera el Señor esos detalles que están a nuestro alcance. “Si cualquier persona distinguida o que ocupe algún alto puesto, o algún amigo rico y poderoso nos anunciara que iba a venir a visitarnos a nuestra casa, ¡con qué solicitud limpiaríamos y ocultaríamos todo aquello que pudiera ofender la vista de esta persona o amigo! Lave primero las manchas y suciedades que tiene el que ha ejecutado malas obras, si quiere preparar a Dios una morada en su alma”, nos recuerda San Gregorio Magno.
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Al terminar nuestra oración, podemos nuestra esta plegaria que una noche dirigiera el Siervo de Dios Juan Pablo II al mismo Jesús presente en la Hostia Santa: “¡Señor Jesús! Nos presentamos ante Ti sabiendo que nos llamas y que nos amas tal como somos. Tú tienes palabras de vida eterna y nosotros hemos creído y conocido que Tú eres el Hijo de Dios (Jn 6, 6). Tu presencia en la Eucaristía ha comenzado con el sacrificio de la Última Cena y continúa como comunión y donación de todo lo que eres. Aumenta nuestra fe… Tú eres nuestra esperanza, nuestra paz, nuestro mediador, hermano y amigo. Nuestro corazón se llena de gozo y de esperanza al saber que vives siempre intercediendo por nosotros (Heb 7, 25). Nuestra esperanza se traduce en confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
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“Queremos sentir como Tú y valorar las cosas como las valoras Tú. Porque Tú eres el centro, el principio y el fin de todo. Apoyados en esta esperanza, queremos infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos, por la que Dios y sus dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la vida concreta…
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Queremos amar como Tú, que das la vida y te comunicas con todo lo que eres. Quisiéramos decir como San Pablo: Mi vida es Cristo (Flp 1, 21) Nuestra vida no tiene sentido sin Ti. Queremos aprender a estar con quien sabemos nos ama, porque con tan buen amigo presente todo se puede sufrir.
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“Nos has dado a tu Madre como nuestra, para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre”. Amén.
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En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

sábado, 2 de octubre de 2010

Los Santos Ángeles de la Guarda.

Ángeles del Señor, bendecid al Señor, ensalzadlo con himnos por los siglos.
“Los ángeles aparecen frecuentemente en la Sagrada Escritura como ministros ordinarios de Dios. Son las criaturas más perfectas de la Creación, penetran con su inteligencia donde nosotros no podemos, y contemplan cara a cara a Dios, como criaturas ya glorificadas.
“En los momentos más importantes de la historia humana, un ángel, manifestándose a veces en forma corpórea, ha sido embajador de Dios para comunicar la voluntad divina. Los vemos constantemente actuar como mensajeros del Altísimo, iluminando, exhortando, intercediendo, preservando del peligro, castigando. El mismo significado de la palabra Ángel –enviado- expresa su función de mensajero de Dios ante los hombres. Siempre recibieron veneración y respeto en el Pueblo elegido. ¿Acaso no son todos ellos espíritus destinados al servicio, enviados para asistir a los que han de heredar la salvación?
“La fe en esta misión protectora de los ángeles, vinculados a personas particulares, es lo que hizo exclamar a Israel, en el momento de bendecir a sus nietos, los hijos de José: que el Ángel que me ha librado de todo mal, bendiga a estos niños. (…) (Recordemos) las palabras del Señor a Moisés, que hoy podemos ver como dirigidas a cada uno de nosotros: Yo mandaré un Ángel ante ti para que te defienda en el camino y te haga llegar al lugar que te he dispuesto. Y el profeta Eliseo dirá a su sirviente, asustado al ver a enemigos que les rodeaban por todas partes: Nada temas, que los que están con nosotros son más que los que están con ellos. Eliseo oró y dijo: ¡Oh Yahvé!, ábrele los ojos para que vea. Y Yahvé abrió los ojos del siervo, y vio la montaña llena de caballos y carros de fuego que rodeaban a Eliseo. ¡Qué seguridad nos tiene que dar la presencia en nuestra vida de los ángeles custodios! Ellos nos consuelan, nos iluminan, pelean a favor nuestro: en lo más duro del combate se le aparecieron en el cielo a los adversarios cinco varones resplandecientes, montados en caballos con frenos de oro, que poniéndose a la cabeza de los judíos y tomando dos de ellos en medio al Macabeo, le protegían con sus armas, le guardaban incólume y lanzaban flechas y rayos contra el enemigo que, herido de ceguera y espanto, caía.
“De formas y modos muy diferentes, los santos ángeles intervienen todos los días en nuestra vida corriente. ¡Qué providencia tan singular y llena de bondad y cuánta solicitud la de Dios con nosotros, sus hijos, a través de estos santos protectores! Busquemos en ellos fortaleza en la lucha ascética ordinaria y ayuda para que enciendan en nuestros corazones las llamas del Amor de Dios”.
“Muchos santos y muchas antas que han estado muy cerca de Dios se distinguieron en su vida aquí en la tierra por su amistad con su Ángel Custodio, al que acudían muy frecuentemente. San Josemaría Escrivá tuvo una particular devoción a los Ángeles Custodios. Y precisamente en la fiesta que hoy celebra la Iglesia, el Señor le hizo ver con toda claridad la fundación del Opus Dei (…) Trataba a su Ángel Custodio y saludaba al de la persona con la que conversaba, decía del Ángel Custodio que era “un gran cómplice” en las tareas apostólicas, y le pedía también favores materiales…”
“A sus ángeles ha dado orden para que te guarden en tus caminos… Y comenta San Bernardo (…): “Estas palabras deben inspirarte una gran reverencia, deben infundirte una gran devoción y conferirte una gran confianza. Reverencia por la presencia de los ángeles, devoción por su benevolencia, confianza por su custodia. Porque ellos estarán junto a ti, y lo están para tu bien. Están presentes para protegerte, lo están en beneficio tuyo. Y, aunque lo están porque Dios les ha dado esta orden, no por ello debemos de estarles menos agradecidos, pues cumplen con tanto amor esta orden y nos ayudan en nuestras necesidades, que son tan grandes”.
“Nuestro Ángel Custodio nos acompañará hasta el final del camino y, si somos fieles, con él contemplaremos a Nuestra Señora, Reina de los ángeles, a quien todos alaban en una eternidad sin fin. A ese coro angélico, con la ayuda de la gracia, nos uniremos también nosotros”.
Fuente: Francisco Fernández Carvajal: Hablar con Dios. Tomo VII.