domingo, 14 de abril de 2013

Domingo del Buen Pastor.


Los antiguos cristianos de Roma se reunían hoy en San Pedro. Es el Domingo del Buen Pastor, el cual, después de su Resurrección, nombró a San Pedro, Pastor visible de todas sus ovejas y corderos. Es el día de acordarnos lo que el Buen Pastor ha hecho por nosotros; "la tierra está llena de la misericordia del Señor.
Justos (bautizados, reconciliados, co-resucitados), alegraos en el Señor" (Introito).
La Misa revela una unidad perfecta. En la Oración volvemos a encontrar al Buen Pastor salvando a sus ovejas de toda suerte de peligros; en la Epístola aparece otra vez el mismo tema en boca de San Pedro.
En el Evangelio es el mismo Cristo quien nos dice: "Yo soy el Buen Pastor...". En la consagración de la Misa el Buen Pastor se hace presente real, personal y sustancialmente ante nuestros ojos bajo la apariencia de pan y vino para inmolarse en el altar. De este sacrificio fluyen hasta nosotros todas las misericordias, todas las gracias y fuerzas de la vida sobrenatural.
La parábola del Evangelio de hoy fue pronunciada por Jesús después de curar al ciego de nacimiento.
Habiendo expulsado los judíos a este ciego de la sinagoga, Cristo le ofrece como asilo su Iglesia y compara a los fariseos con los malos pastores que abandonan a sus ovejas.
La alegoría del buen Pastor ha sido siempre muy saboreada por las generaciones cristianas, y por eso vemos
tantas veces representado a Cristo en las Catacumbas del siglo II y III como divino Buen Pastor, que carga con la oveja perdida.
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