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Bajo el amparo de Santa Bárbara, virgen y mártir, Patrona de Casablanca, promovemos la Tradición Católica. Dilexísti justítiam, et odísti iniquitátem. (Ps. 44,8).
domingo, 27 de abril de 2014
sábado, 26 de abril de 2014
La semana de Pascua.
La Iglesia, ciertamente inspirándose en la antigua costumbre judía, ha prolongado la máxima fiesta cristiana por siete días. De esta semana pascual encontramos los primeros testimonios en la segunda mitad del siglo IV, pero ciertamente es muy anterior. San Agustín la califica como Ecclesiae consuetudo (costumbre de la Iglesia) tan antigua como la Cuaresma. Siendo considerada festiva como el mismísimo día de Pascua, el pueblo debía observar el reposo y asistir a los servicios litúrgicos que cada día se celebraban. Las leyes eclesiásticas y civiles tenían especial cuidado de ello.
En la Iglesia antigua esta semana estaba destinada al perfeccionamiento espiritual y doctrinal de los neófitos, con adecuadas catequesis y la recepción diaria de la Eucaristía. Son celebres las catequesis mistagógicas de San Cirilo de Jerusalén, con los neófitos en la semana de Pascua del 347, y las de San Ambrosio, que pronunciaba durante la misa celebrada exclusivamente para ellos, aunque él no los admitía a la Eucaristía por no considerarlos suficientemente instruidos de su significado.
En un primer tiempo, también en Roma, como en Milán, a Galia, la Hispania, se celebraba una especial misa pro baptizatis. Se intuye que el formulario de las misas que encontramos en el Sacramentario Gelasiano, represente el esfuerzo por unir las dos antiguas misas cotidianas para esta semana, una para los neófitos otra para los fieles. El Sacramentario Gregoriano las modificó en profundidad, destinándolas preferentemente a celebrar el misterio pascual. La observancia de la entera semana pascual decayó hacia el siglo IX, aunque muchos obispos y concilios se esforzaron en mantener en vigor la antigua disciplina, con diversos resultados según los países. Mientras San Bonifacio, en Germania, concedía que el miércoles los hombres pudieses volver al trabajo, el Decreto de Graciano del siglo XII enumera todos y cada uno de los días de esta semana como de precepto. En líneas generales, después del siglo X, se consideraron como propiamente festivos solo el lunes y el martes, manteniéndose así en la mayoría de países hasta el siglo XIX, cuando las exigencias de la vida moderna y la relajación de costumbres impelieron a su supresión. Prácticamente toda Europa conserva aún el lunes de Pascua como festivo, excepto e inexplicablemente buena parte de España. Sin embargo, litúrgicamente se conserva el tono festivo y solemne de toda la octava, que desde al menos el siglo VI, posee un formulario propio para cada día de la Octava, manteniendo incluso el título de las varias estaciones, a las que los fieles, y ahora los neófitos, eran convocados como en los días más solemnes. El Papa en persona dirigía personalmente la homilía, habiendo llegado hasta nosotros las pronunciadas en tales fechas por San Gregorio Magno.
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| Diversos Agnus Dei |
El lunes la estación era en San Pedro, junto a la tumba del Apóstol: la epístola de la misa nos trae su discurso en el día de Pentecostés, y tanto el evangelio como la antífona de comunión hace referencia a la aparición del Señor al Apóstol. Surrexit Dominus et apparuit Simoni! , aunque la narración evangélica se centra en los discípulos de Emaús. El martes la asamblea estaba convocada en San Pablo: la epístola nos reporta un discurso paulino sobre la Resurrección y la antífona de comunión nos sugiere con las incisivas palabras de San Pablo, los frutos que deben extraer del misterio pascual. Si consurrexistis cum Christo(Si habéis resucitado con Cristo…) La meta del encuentro del miércoles era San Lorenzo Extramuros, santo que ocupaba un lugar primerísimo para el pueblo romano. Y el jueves se iba a la antiguamente muy apreciado templo de los Santos Felipe y Santiago, la iglesia de los bizantinos en Roma: la epístola recuerda al bautismo administrado por San Felipe el Diácono, al eunuco de la reina etíope Candace. La estación del viernes era en el Pánteon y el sábado in albis vestibus depositis (de la deposición de las túnicas blancas) se volvía a Letran, donde los neófitos después de la última procesión al Baptisterio devolvían sus túnicas y la venda que protegía la unción crismal que habían recibido en la frente después del bautismo: la epístola es una calurosa exhortación dirigida a ellos animándoles en la perseverancia del bien. Con este sábado concluían las festividades pascuales.
Recordemos que en este sábado, tenía lugar la distribución de los llamados agnusdei: los sellos, confeccionados con la mezcla de la cera del viejo cirio pascual y el nuevo crisma, bendecidos en Letrán el sábado precedente y destinados, en sus orígenes, a los recién bautizados. Más tarde, con la desaparición de los neófitos, su bendición se trasladó a la Capilla Sixtina para el miércoles de Pascua, y realizada por el Papa en persona.
Hoy en día la semana de Pascua no concluye el sábado, si no el domingo, llamado Domingo de la Octava de Pascua. Los antiguos documentos romanos lo llaman Post albas(Después de las túnicas blancas). El apelativoin albis dado a este domingo, es tardío e impropio, y se debió al hecho de que este domingo, convertido en domingo de la Octava, fuese asimilado al resto de días de la semana. Sin embargo en los primeros siglos, el Haec dies (Este es el día) la Secuencia, el Prefacio y el Communicantes de Pascua, así como el Aleluya añadido a la fórmula de despedida Ite Missa est, no pertenecían a las particularidades litúrgicas de este día: concluían con el sábado. En la liturgia de este domingo todo habla de infancia espiritual, empezando con el introito Quasi modo geniti infantes (Como niños recién nacidos). En el siglo VII se fijo la estación en la tumba de un mártir joven de 14 años, San Pancracio, en la vía Appia donde el Papa Honorio I (625-638) había restaurado la Basílica a él consagrada. El joven mártir era considerado el patrón de los juramentos hechos sobre su tumba, y como las promesas del bautismo constituían el más sagrado de los juramentos, la Iglesia conducía a sus neófitos a reafirmar las obligaciones contraídas con Dios.
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| Basílica y sepulcro de San Pancracio sobre la colina del Janículo |
La Iglesia romana instituyó a este propósito una fiesta para el lunes siguiente, para hacer revivir en el ánimo de los fieles, bautizados en la Pascua del año precedente, el aniversario de su iniciación a la fe. La estación pues recuerda ese empeño de la Iglesia en custodiar y sostener a sus bautizados.
Dom Gregori Maria
viernes, 25 de abril de 2014
Cardenal Raymond Burke
Los redaños de un cardenal
"Por lo que algunos dicen, hablamos demasiado del aborto o de la integridad del matrimonio formado por hombre y mujer. Nunca hablaremos lo suficiente de estas cuestiones".
(Cardenal Raymond Burke)
(Cardenal Raymond Burke)
El pasado día 16 de diciembre el Papa Francisco dio a conocer las confirmaciones, los nombramientos y las bajas en la Congregación de Obispos. Entre estas últimas figuraban las de cardenales cercanos a cumplir 80 años (Meisner, Hummes, Cordes o Rodé), pero llama la atención especialmente, el estadounidense Raymond Leo Burke, que permanece como Prefecto de la Signatura Apostólica, la instancia judicial suprema de la Santa Sede. Sin embargo, con tan sólo 65 años, ha sido apartado de la decisiva Congregación que estudia los futuros nombramientos episcopales.
El cardenal Burke es una autoridad mundial en Derecho Canónico. Condujo las diócesis donde estuvo destinado -primero La Crosse (Wisconsin) y luego St. Louis (Missouri)- con una pasión inquebrantable hacia la integridad de la doctrina católica encarnada en las palabras del mismo Jesucristo. Por ello seguramente, los progres americanos lo siguen considerando como uno de sus mayores adversarios. Todavía ahora le recriminan con toda desfachatez su devoción al celebrar la Santa Misa y su conciencia de la responsabilidad que implica ser Cardenal de la Iglesia. No olvidan cómo, en el ejercicio de su autoridad pastoral, despidió inmediatamente a un profesor de religión y a una hermana de la Caridad por haber asistido a la sacrílega ceremonia ¡de la “ordenación” de una mujer!
El cardenal Burke es una autoridad mundial en Derecho Canónico. Condujo las diócesis donde estuvo destinado -primero La Crosse (Wisconsin) y luego St. Louis (Missouri)- con una pasión inquebrantable hacia la integridad de la doctrina católica encarnada en las palabras del mismo Jesucristo. Por ello seguramente, los progres americanos lo siguen considerando como uno de sus mayores adversarios. Todavía ahora le recriminan con toda desfachatez su devoción al celebrar la Santa Misa y su conciencia de la responsabilidad que implica ser Cardenal de la Iglesia. No olvidan cómo, en el ejercicio de su autoridad pastoral, despidió inmediatamente a un profesor de religión y a una hermana de la Caridad por haber asistido a la sacrílega ceremonia ¡de la “ordenación” de una mujer!
El pasado 12 de diciembre -cuatro días antes de su remoción- el cardenal Burke fue entrevistado porEternal Word Television Network (EWTN), la cadena católica de mayor difusión dentro y fuera de EE UU y fundada por la Madre Angélica. En la entrevista, de unos 25 minutos de duración, monseñor Burke marcaba distancias con la “propuesta” del Papa de que la Iglesia vaya a lo esencial y no se desgaste en la reiteración de la doctrina moral sin darle sentido. A ello Burke replicaba: “No sé con seguridad por qué mencionó eso. Se tiene la impresión, o al menos los medios lo interpretan así, de que él piensa que nosotros estamos hablando mucho sobre el aborto, mucho sobre la integridad del matrimonio como unión entre un hombre y una mujer; pero nunca podemos hablar suficiente sobre ello cuando en nuestra sociedad la vida humana, inocente e indefensa, está siendo atacada de la manera más salvaje. Se trata literalmente de una masacre de niños no nacidos, que ahora se extiende a la eliminación de embriones. Nunca llegaremos a hablar suficientemente de esto”.
En otro momento se le preguntó si no habría considerado “aliviar” la prohibición de administrar la comunión a los políticos católicos que aprueban el aborto , a lo que el Cardenal contestó:“Pensé en ello luego de recibir críticas muy severas, tanto en el momento en que insistía con la aplicación de esta disciplina, como también en otras situaciones. Pero tengo que decir que al pensar nuevamente en la disciplina en sí misma, uno advierte la perfecta consistencia que tiene desde San Pablo, desde los primeros años de la Iglesia. En efecto, es tan coherente que no me puedo sentir mal por ello. La pregunta que me hago es: ¿por qué no hay más gente que lo advierta? Porque yo no me considero ningún genio o alguien con una visión especial. Esto es algo elemental para nuestra fe. La Santa Eucaristía es la más sagrada realidad. Es el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Y yo simplemente ni debería acercarme a comulgar en estado de pecado mortal, ni debería administrar la Sagrada Comunión a alguien que está en esta situación”.
Cuando le preguntaron sobre la reforma de la curia romana, el cardenal afirmó:”No me queda del todo claro qué resultado dará esta reforma… de todos modos no puedo imaginar que, en alguna forma, no esté en continuidad con la Constitución Apostólica Pastor Bonus, que rige la curia desde Juan Pablo II; porque la Iglesia es un cuerpo orgánico, y el servicio de la curia romana es parte de la naturaleza misma de la Iglesia y debe ser respetado. No puedo imaginar una forma completamente distinta. No tiene sentido.”
Y sobre la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, el documento programático del papa Francisco, Burke opinaba que “a mí me parece que el Santo Padre declaró claramente, al principio del documento, que eran unas reflexiones, de modo que no podrían considerarse parte del Magisterio. Se trata de sugerencias, líneas de acción… la exposición de un programa. No sé exactamente cómo podría clasificarse este documento, pero no creo que se lo pueda considerar parte del Magisterio”.
El cardenal Burke no ha sido nunca un obispo de guardarropía. Es un verdadero líder, un pastor que siempre ha conducido a ese pueblo católico que sabe reconocer la voz del Supremo Pastor en la persona de un ministro fiel y decidido: un pastor que inequívocamente huele a oveja. Siendo arzobispo de Saint Louis (Missouri)dirigió personalmente las concentraciones provida frente a un abortorio del centro de la ciudad. En una de sus homilías en la Catedral, el entonces arzobispo Burke describió la lucha a favor de la vida como "una batalla contra Satanás y sus secuaces." Luego anunció: "Oramos por los padres que están pensando en la traición de su paternidad a través del aborto." El grupo de fieles salió de la Catedral de St. Louis y caminó en procesión las cinco manzanas hasta la clínica abortista de Planned Parenthood, mientras el Rosario era dirigido por el Arzobispo al frente de la manifestación. Es que monseñor Burke no se conformaba con oler a oveja, sino que además salía a ¡defenderlas! Sus intrépidas palabras todavía resuenan en los muros de la Catedral de Saint Louis y en los oídos de aquellos que, al contrario que Poncio Pilato, (cf. Jn 18, 38) saben qué es la Verdad: "Hay una tendencia a aceptar las relaciones entre personas del mismo sexo porque no queremos enfrentarnos con la vergüenza y el dolor de reconocer la atracción hacia el mismo sexo como algo desordenado. El hecho de que nuestra cultura americana cada vez más no haga ninguna distinción entre la atracción del mismo sexo y la atracción heterosexual, no justifica nuestra incapacidad para hacer la distinción. Debemos respetar en su integridad el regalo de la vida humana que Dios nos concede y ayudar a otros a alcanzar la perfección a la que estamos llamados como verdaderos hijos de Dios”. ¿No es éste uno de esos testigos humildes y valientes del Evangelio, sin miedo a nada ni a nadie, confiados tan sólo en el Juicio de Dios?: “Que la gente sólo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel. Para mí, lo de menos es que me pidáis cuentas vosotros o un tribunal humano: mi juez es el Señor” (1Co 4,1). Y es que Él nunca abandona a su pueblo.
Custodio Ballester Bielsa, pbro.
jueves, 24 de abril de 2014
miércoles, 23 de abril de 2014
martes, 22 de abril de 2014
Fraternidad de San José Custodio
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La Fraternidad de San José Custodio es una asociación pública de fieles de derecho diocesano en vistas a ser un instituto de vida consagrada. Sus miembros, divididos en dos ramas-masculina y femenina-, tienden a la perfección de la caridad a través de los lazos de la vida comunitaria, la profesión de los votos de castidad, pobreza y obediencia, y el seguimiento de unos mismos fines espirituales y apostólicos.
La Fraternidad tiene como fin tomar parte en el encargo que San José recibió de lo alto: custodiar y servir a nuestro Señor Jesucristo, velando por la inserción “ordenada” del Hijo de Dios en el mundo, restableciendo el primado de Dios en la mente y los corazones de los hombres.
La contemplación de las cosas divinas y la unión asidua con Dios en la oración es el primer y principal deber de los miembros de la Fraternidad. Por esto, los actos centrales de cada día son la participación en la Santa Misa y el canto de la Liturgia de las Horas, la adoración al Santísimo Sacramento y la meditación, el rezo del santo rosario, el estudio y la lectio divina.
Además, nos queremos dar al anuncio y expansión del Reino de Cristo mediante una intensa vida misionera, privilegiando la fundación de casas en zonas rurales apartadas y sin atención sacerdotal. Seguir leyendo...
lunes, 21 de abril de 2014
domingo, 20 de abril de 2014
Domingo de Resurrección.
Misa de "Gloria". Se engarza con las Letanías de los Santos, cuyos Kyries finales reemplazan a los de la Misa. Los ministros usan ornamentos blancos. Al entonar el "Gloria", rompen su silencio el órgano y las campanas, descórrense las cortinas moradas que cubren los altares, y el templo entero recobra el aspecto festivo.
Después de la Epístola hace su entrada triunfal en los oficios litúrgicos el "Aleluya", que el celebrante y el coro cantan seis veces alternando. No hay Credo, Ofertorio, ni Agnus Dei, ni ósculo de paz, y también se han suprimido las Vísperas, que antes se intercalaban a continuación de la Comunión. Con el "Ite missa est" aleluyado, terminan los oficios de esta "noche feliz", los cuales son como la primera estrofa del himno triunfal de la triunfante y gloriosa Resurrección.
Es de esperar que, antes de dar a esta reforma su forma "definitiva", se le restituirá a esta Misa toda su solemnidad, sin suprimir ni el Credo, ni el Ofertorio, etc., y colocando los Laudes al fin de la misma, como acción de gracias.
En las iglesias benedictinas, al Ofertorio de la Misa se bendice el Cordero Pascual, figura de. Jesucristo, para reanudar, con esa carne bendita y con el beneplácito de la Iglesia, la comida de carnes prohibida a los monjes durante toda la Cuaresma. Además, simbolízase en él a Jesucristo, Cordero de Dios, inmolado por los hombres, y asado, que diríamos, en la parrilla de la Cruz y. dado en manjar en la Comunión.
Demás estará advertir que los qué asisten a esta Misa de media noche cumplen con ella el precepto dominical, y que los que en ella comulgan no pueden volver a comulgar el día de Pascua. Sin embargo, harán bien los cristianos en asistir a la Misa solemne del día, para santificar y distinguir al día más grande del Año litúrgico.
Después de la Epístola hace su entrada triunfal en los oficios litúrgicos el "Aleluya", que el celebrante y el coro cantan seis veces alternando. No hay Credo, Ofertorio, ni Agnus Dei, ni ósculo de paz, y también se han suprimido las Vísperas, que antes se intercalaban a continuación de la Comunión. Con el "Ite missa est" aleluyado, terminan los oficios de esta "noche feliz", los cuales son como la primera estrofa del himno triunfal de la triunfante y gloriosa Resurrección.
Es de esperar que, antes de dar a esta reforma su forma "definitiva", se le restituirá a esta Misa toda su solemnidad, sin suprimir ni el Credo, ni el Ofertorio, etc., y colocando los Laudes al fin de la misma, como acción de gracias.
En las iglesias benedictinas, al Ofertorio de la Misa se bendice el Cordero Pascual, figura de. Jesucristo, para reanudar, con esa carne bendita y con el beneplácito de la Iglesia, la comida de carnes prohibida a los monjes durante toda la Cuaresma. Además, simbolízase en él a Jesucristo, Cordero de Dios, inmolado por los hombres, y asado, que diríamos, en la parrilla de la Cruz y. dado en manjar en la Comunión.
Demás estará advertir que los qué asisten a esta Misa de media noche cumplen con ella el precepto dominical, y que los que en ella comulgan no pueden volver a comulgar el día de Pascua. Sin embargo, harán bien los cristianos en asistir a la Misa solemne del día, para santificar y distinguir al día más grande del Año litúrgico.
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sábado, 19 de abril de 2014
Semana Santa (V).
7. Sábado Santo. Jesús ha pasado toda la noche y pasará también todo el sábado en el sepulcro, custodiado por los soldados, sobornados por el Sanedrín para testificar contra su Resurrección. La Iglesia está hoy toda absorta en ese hecho, y en virtud del decreto del 9 de febrero de 1951 de la Sagrada Congregación de Ritos, en el que se restituyó todo el rito de la Vigilia pascual a la noche del sábado al domingo, conforme al uso primitivo, todo el día del sábado lo dedica a conmemorar y venerar la muerte y sepultura del Redentor, a las que alude todo el Oficio del día. Tal debe ser también la preocupación de los fieles por todo el Sábado Santo: meditar y venerar la sepultura del Redentor, asistiendo, en cuanto les sea posible, a los oficios litúrgicos y funciones extralitúrgicas del día.
La Sagrada Congregación de Ritos, atendiendo a tantos; ruegos y deseos de liturgistas contemporáneos (nosotros mismos lo reclamábamos en las ediciones anteriores de este Manual) y de obispos de todos los países, después de haber estudiado seriamente el asunto a la luz de los documentos antiguos, se resolvió a restituir el rito de la vigilia de Pascua, que hasta ahora se celebraba en la mañana del Sábado Santo, a las horas de la noche, para que así recobrara todo su significado y sirviera de preparación inmediata a la Pascua de Resurrección. La novedad, aunque anunciada sólo como a título de "experiencia" para el año 1951, fué recibida con aplauso general. Ella significaba no sólo un feliz retorno a la antigüedad, sino también al buen sentido, en el terreno litúrgico.
Según, pues, el aludido Decreto, el Sábado Santo es un día "alitúrgico", es decir, sin sacrificio eucarístico, pero con el Oficio Divino completo. Éste, por lo tanto, se compone de Maitines y Laúdes, Horas Menores, Vísperas y Completas, y ha de rezarse en sus horas correspondientes. Por lo mismo, las Tinieblas del Viernes Santo ya no tienen lugar, como antes, al anochecer de ese día, sino el sábado por la mañana.
El Oficio Divino del Sábado Santo, a excepción de Maitines y Laudes, es el mismo del Jueves Santo, con algunas pequeñas variantes que se han hecho necesarias para acomodarlo al Sábado, que es un día medio de luto, medio de alegre esperanza. Así, por ejemplo, se ha suprimido el salmo "Miserére", que, por otro lado, no existía en el Oficio del Triduo pascual antes del siglo XII; se ha compuesto una Antífona apropiada para el "Magníficat" de Vísperas, y se ha sustituido la oración "Réspice" por la "Concede", que alude a la devota expectación del pueblo cristiano en la Resurrección del Hijo de Dios.
No habiendo, pues, en el Sábado Santo actual, como acabamos de exponer, más que Oficio Divino, los fieles harán bien en asistir a él y en visitar en los templos el Santo Sepulcro, preparando sus corazones para la celebración pascual.
S. Vigilia pascual. El decreto reformador del 9 de febrero de 1951, que hizo del Sábado Santo un día "alitúrgico", restauró en la noche del sábado al domingo la Vigilia pascual, que consta de los siguientes ritos
a) la Bendición del fuego nuevo, b) la Bendición del Cirio pascual, e) la introducción del Cirio, con la luz nueva, en el templo, y el canto del "Exúltet",
d) las lecturas bíblicas,
e) la Bendición de la Pila bautismal,
f) la Renovación de las promesas del Bautismo, g) la Letanía de los Santos, y
i) la Misa solemne de "Gloria".
La restauración de esta vigilia pascual en la forma indicada ha sido una obra feliz, fruto de concienzudos estudios y combinación muy acertada de los" elementos primitivos con las necesidades actuales. No es el caso ya de pasar toda o casi toda la noche en vela, sino de santificar en el templo las últimas horas del sábado y las primeras del domingo, esperando el triunfo de la Resurrección de Jesucristo, que presagia cada uno de esos ritos y que la solemne Misa pascual anuncia como sucedido.
a) La Bendición del fuego nuevo. La Vigilia pascual comienza con la Bendición del fuego nuevo, el cual ha de encenderse por medio del pedernal para significar que Cristo, a quien el pedernal representa, es el origen de la luz, la cual ha de brotar de ese fuego bendito.
Este rito puede hacerse o en el atrio o dentro del templo, pero cerca de la puerta, como pueda ser mejor visto por los asistentes.
b) Bendición del Cirio pascual. Terminada la Bendición del fuego, el celebrante prepara el Cirio pascual trazando sobre él con un estilete una cruz, escribiendo con el mismo la primera y la última letra del alfabeto griego (Alfa y Omega) y los números correspondientes al año en que se vive, en esta forma y diciendo las palabras del caso. Luego, se bendicen cinco granos de incienso (si no están ya benditos de otro año) y se los clava en el Cirio el cual se enciende con el fuego nuevo, y entonces, finalmente, es él bendecido con una breve fórmula:
Este Cirio, así con tanto cuidado preparado por el sacerdote y por fin encendido y bendecido, representa a Jesucristo Resucitado y recuerda a la vez a la columna luminosa que acompañaba y guiaba por la noche a los hebreos, a su paso por el desierto. Los granos de incienso recuerdan por un lado las llagas del Crucificado y por otro los perfumes y ungüentos que prepararon las santas mujeres para embalsamar el cadáver de Jesús. Por eso va a ser el Cirio el blanco de las miradas y de los homenajes de los fieles cristianos reunidos esta noche en el templo para la Vigilia pascual, y su luz va a iluminarlo y alegrarlo todo y a todos.
c) Introducción del Cirio encendido. En solemne procesión introduce el diácono en el templo el Cirio encendido, encendiendo con él, primero, el celebrante su propia vela; segundo, todo el clero, y tercero todo el pueblo y la luminaria del templo, inundándose así de la nueva luz, que simboliza a Cristo, todo el ambiente sagrado. A continuación el diácono canta el "Exúltet", previa incensación del libro y del Cirio, que ocupa un lugar céntrico del coro.
El Exúltet o "Angélica", o más propiamente Prcecónium paschale o "anuncio pascual", es un poema lírico dedicado a la luz y a la Resurrección de Jesucristo. Primitivamente su composición estaba librada a la inspiración personal del diácono encargado de cantarlo, lo que dio margen a veces a retóricos abusos y adornos excesivos de estilo, de los que el actual está exento. En cambio está henchido de teología, acerca del misterio de la Redención.
Antiguamente (y también hoy, por fortuna), se procuraba hacer en este momento una muy profusa iluminación dentro del templo, para que los hechos concordasen con las palabras del diácono. Este Cirio quedará en el presbiterio todo el tiempo pascual, como testimonio de la Resurrección de Jesucristo.
d) Lecturas bíblicas¡-Como reminiscencia de la preparación doctrinal y bíblica que en la antigüedad se daba a los catecúmenos para el bautismo, en el nuevo rito de esta Vigilia pascual se han conservado cuatro de las antiguas lecciones o profecías del Misal romano, con sus tractos y las oraciones, correspondientes
e), f) y g) Letanía, Bendición de la Pila bautismal y Renovación de las promesas. - Terminadas las lecturas bíblicas, se comienza con la Letanía de los Santos, la cual se interrumpe antes de "Propitius esto" para efectuar la Bendición de la Pila bautismal, en medio del coro, o, si el baptisterio lo requiere, en el baptisterio, después de la cual se hace la Renovación de las promesas del Bautismo, y se prosigue la letanía hasta el fin, enlazándola con los Kyries de la Misa.
La Letanía de los Santos y la Bendición de la Pila ya estaban en el anterior rito del Sábado Santo, mas no así la Renovación de las promesas del Bautismo, que ha sido introducida por primera vez ahora. Ésta, lo mismo que la Bendición de la Pila, se hace delante del Cirio pascual, como si fuera delante de Cristo, incensándolo previamente. El rito no puede ser más solemne ni más apropiado para esta noche, en que primitivamente se administraba el bautismo a multitud de catecúmenos, y en que además recuerda al cristiano, con San Pablo, haber sido también él sepultado con Cristo por medio de su bautismo, dejando en la pila de la regeneración espiritual sus vicios y concupiscencias. Esta Renovación viene a ser una reminiscencia de la antigua "Pascua annotina", de la que hablan no pocos rituales antiguos.
La Bendición de la Pila bautismal, que podemos decir es el rito central de esta noche, es sumamente interesante y está llena de un rico simbolismo. Para expresar la infusión del Espíritu Santo sobre el agua bautismal, el celebrante sopla y alienta repetidas veces sobre ella y sumerge en la pila el Cirio pascual, pidiendo descienda con él en el agua "la virtud" del Paráclito. Reservada, luego, el agua necesaria para ' el uso del templo y de los fieles, a la que se destina para el bautismo se la mezcla con el óleo de los catecúmenos y el. Santo Crisma y se la guarda en el baptisterio.
Antiguamente se administraba en este momento el bautismo a los catecúmenos, que eran multitud, y luego se les confirmaba. Hoy, si se presenta el caso, se administra el bautismo, mas no la confirmación.
La Sagrada Congregación de Ritos, atendiendo a tantos; ruegos y deseos de liturgistas contemporáneos (nosotros mismos lo reclamábamos en las ediciones anteriores de este Manual) y de obispos de todos los países, después de haber estudiado seriamente el asunto a la luz de los documentos antiguos, se resolvió a restituir el rito de la vigilia de Pascua, que hasta ahora se celebraba en la mañana del Sábado Santo, a las horas de la noche, para que así recobrara todo su significado y sirviera de preparación inmediata a la Pascua de Resurrección. La novedad, aunque anunciada sólo como a título de "experiencia" para el año 1951, fué recibida con aplauso general. Ella significaba no sólo un feliz retorno a la antigüedad, sino también al buen sentido, en el terreno litúrgico.
Según, pues, el aludido Decreto, el Sábado Santo es un día "alitúrgico", es decir, sin sacrificio eucarístico, pero con el Oficio Divino completo. Éste, por lo tanto, se compone de Maitines y Laúdes, Horas Menores, Vísperas y Completas, y ha de rezarse en sus horas correspondientes. Por lo mismo, las Tinieblas del Viernes Santo ya no tienen lugar, como antes, al anochecer de ese día, sino el sábado por la mañana.
El Oficio Divino del Sábado Santo, a excepción de Maitines y Laudes, es el mismo del Jueves Santo, con algunas pequeñas variantes que se han hecho necesarias para acomodarlo al Sábado, que es un día medio de luto, medio de alegre esperanza. Así, por ejemplo, se ha suprimido el salmo "Miserére", que, por otro lado, no existía en el Oficio del Triduo pascual antes del siglo XII; se ha compuesto una Antífona apropiada para el "Magníficat" de Vísperas, y se ha sustituido la oración "Réspice" por la "Concede", que alude a la devota expectación del pueblo cristiano en la Resurrección del Hijo de Dios.
No habiendo, pues, en el Sábado Santo actual, como acabamos de exponer, más que Oficio Divino, los fieles harán bien en asistir a él y en visitar en los templos el Santo Sepulcro, preparando sus corazones para la celebración pascual.
S. Vigilia pascual. El decreto reformador del 9 de febrero de 1951, que hizo del Sábado Santo un día "alitúrgico", restauró en la noche del sábado al domingo la Vigilia pascual, que consta de los siguientes ritos
a) la Bendición del fuego nuevo, b) la Bendición del Cirio pascual, e) la introducción del Cirio, con la luz nueva, en el templo, y el canto del "Exúltet",
d) las lecturas bíblicas,
e) la Bendición de la Pila bautismal,
f) la Renovación de las promesas del Bautismo, g) la Letanía de los Santos, y
i) la Misa solemne de "Gloria".
La restauración de esta vigilia pascual en la forma indicada ha sido una obra feliz, fruto de concienzudos estudios y combinación muy acertada de los" elementos primitivos con las necesidades actuales. No es el caso ya de pasar toda o casi toda la noche en vela, sino de santificar en el templo las últimas horas del sábado y las primeras del domingo, esperando el triunfo de la Resurrección de Jesucristo, que presagia cada uno de esos ritos y que la solemne Misa pascual anuncia como sucedido.
a) La Bendición del fuego nuevo. La Vigilia pascual comienza con la Bendición del fuego nuevo, el cual ha de encenderse por medio del pedernal para significar que Cristo, a quien el pedernal representa, es el origen de la luz, la cual ha de brotar de ese fuego bendito.
Este rito puede hacerse o en el atrio o dentro del templo, pero cerca de la puerta, como pueda ser mejor visto por los asistentes.
b) Bendición del Cirio pascual. Terminada la Bendición del fuego, el celebrante prepara el Cirio pascual trazando sobre él con un estilete una cruz, escribiendo con el mismo la primera y la última letra del alfabeto griego (Alfa y Omega) y los números correspondientes al año en que se vive, en esta forma y diciendo las palabras del caso. Luego, se bendicen cinco granos de incienso (si no están ya benditos de otro año) y se los clava en el Cirio el cual se enciende con el fuego nuevo, y entonces, finalmente, es él bendecido con una breve fórmula:
Este Cirio, así con tanto cuidado preparado por el sacerdote y por fin encendido y bendecido, representa a Jesucristo Resucitado y recuerda a la vez a la columna luminosa que acompañaba y guiaba por la noche a los hebreos, a su paso por el desierto. Los granos de incienso recuerdan por un lado las llagas del Crucificado y por otro los perfumes y ungüentos que prepararon las santas mujeres para embalsamar el cadáver de Jesús. Por eso va a ser el Cirio el blanco de las miradas y de los homenajes de los fieles cristianos reunidos esta noche en el templo para la Vigilia pascual, y su luz va a iluminarlo y alegrarlo todo y a todos.
c) Introducción del Cirio encendido. En solemne procesión introduce el diácono en el templo el Cirio encendido, encendiendo con él, primero, el celebrante su propia vela; segundo, todo el clero, y tercero todo el pueblo y la luminaria del templo, inundándose así de la nueva luz, que simboliza a Cristo, todo el ambiente sagrado. A continuación el diácono canta el "Exúltet", previa incensación del libro y del Cirio, que ocupa un lugar céntrico del coro.
El Exúltet o "Angélica", o más propiamente Prcecónium paschale o "anuncio pascual", es un poema lírico dedicado a la luz y a la Resurrección de Jesucristo. Primitivamente su composición estaba librada a la inspiración personal del diácono encargado de cantarlo, lo que dio margen a veces a retóricos abusos y adornos excesivos de estilo, de los que el actual está exento. En cambio está henchido de teología, acerca del misterio de la Redención.
Antiguamente (y también hoy, por fortuna), se procuraba hacer en este momento una muy profusa iluminación dentro del templo, para que los hechos concordasen con las palabras del diácono. Este Cirio quedará en el presbiterio todo el tiempo pascual, como testimonio de la Resurrección de Jesucristo.
d) Lecturas bíblicas¡-Como reminiscencia de la preparación doctrinal y bíblica que en la antigüedad se daba a los catecúmenos para el bautismo, en el nuevo rito de esta Vigilia pascual se han conservado cuatro de las antiguas lecciones o profecías del Misal romano, con sus tractos y las oraciones, correspondientes
e), f) y g) Letanía, Bendición de la Pila bautismal y Renovación de las promesas. - Terminadas las lecturas bíblicas, se comienza con la Letanía de los Santos, la cual se interrumpe antes de "Propitius esto" para efectuar la Bendición de la Pila bautismal, en medio del coro, o, si el baptisterio lo requiere, en el baptisterio, después de la cual se hace la Renovación de las promesas del Bautismo, y se prosigue la letanía hasta el fin, enlazándola con los Kyries de la Misa.
La Letanía de los Santos y la Bendición de la Pila ya estaban en el anterior rito del Sábado Santo, mas no así la Renovación de las promesas del Bautismo, que ha sido introducida por primera vez ahora. Ésta, lo mismo que la Bendición de la Pila, se hace delante del Cirio pascual, como si fuera delante de Cristo, incensándolo previamente. El rito no puede ser más solemne ni más apropiado para esta noche, en que primitivamente se administraba el bautismo a multitud de catecúmenos, y en que además recuerda al cristiano, con San Pablo, haber sido también él sepultado con Cristo por medio de su bautismo, dejando en la pila de la regeneración espiritual sus vicios y concupiscencias. Esta Renovación viene a ser una reminiscencia de la antigua "Pascua annotina", de la que hablan no pocos rituales antiguos.
La Bendición de la Pila bautismal, que podemos decir es el rito central de esta noche, es sumamente interesante y está llena de un rico simbolismo. Para expresar la infusión del Espíritu Santo sobre el agua bautismal, el celebrante sopla y alienta repetidas veces sobre ella y sumerge en la pila el Cirio pascual, pidiendo descienda con él en el agua "la virtud" del Paráclito. Reservada, luego, el agua necesaria para ' el uso del templo y de los fieles, a la que se destina para el bautismo se la mezcla con el óleo de los catecúmenos y el. Santo Crisma y se la guarda en el baptisterio.
Antiguamente se administraba en este momento el bautismo a los catecúmenos, que eran multitud, y luego se les confirmaba. Hoy, si se presenta el caso, se administra el bautismo, mas no la confirmación.
viernes, 18 de abril de 2014
Semana Santa (IV).
6. Viernes Santo. El Viernes Santo, hablando en lenguaje litúrgico, amanece, sombrío y melancólico, como barruntando algo siniestro que en él va a suceder. Jesús ha pasado la noche entre la chusma, siendo el escarnio de la soldadesca, acosada, se diría, por el mismísimo Satanás. Azotado y escupido, desollado y coronado de espinas y cargado con el pesado madero, el divino Nazareno atraviesa las calles de Jerusalén. Va al Calvario a extender sus brazos y a abrir sus labios para abrazar y besar con un solo ademán a toda la humanidad. La naturaleza lo ve, y se horroriza; y anochece el día lo mismo que había amanecido, sombrío y melancólico. Por lo mismo la liturgia de esta dolorosa jornada se celebra toda ella en la penumbra y con todo el aparato fúnebre: pocos cirios amarillos, ornamentos negros, cantos lúgubres, matracas, "improperios" o quejas de amargura...; eso por la mañana, y por la tarde; las "tinieblas", que equivalen a las exequias del Redentor.
"La Misa de hoy ni tiene principio ni fin; porque el que es principio y fin padeció hoy tan amarga Pasión. Ninguna hostia se consagra; porque el Hijo de Dios estaba hoy en el ara de la Cruz consagrado. Caemos en tierra de rodillas, adosando y besando la Cruz, porque se te acuerde que tu Redentor se inclinó cuando la Cruz estaba tendida en el suelo, abriendo aquellos sagrados y delicados brazos y manos, para que se las enclavasen, y enclavado, fué en la Cruz elevado en el aire..." (1).
En tres partes pueden distribuírse los oficios matutinales de hoy
a) las lecturas y oraciones;
b) el descubrimiento y adoración de la Cruz, y c) la Misa de presantificación.
a) Lecturas y oraciones. El altar está del todo desnudo,. y las velas apagadas. Los ministros sagrados, al llegar al presbiterio, se postran completamente en tierra, en cuya posición humilde permanecen unos minutos, durante los cuales los acólitos cubren con un solo mantel la mesa del altar.
No hay palabras, cánticos ni gestos que puedan expresar más intensamente el abatimiento que embarga hoy a la Iglesia a la vista de Jesús Crucificado. Este silencio aterrador y esta larga postración, adorando y condoliendo al Divino Redentor, es el primero, y quizás el más elocuente, de los ritos de hoy.
Puestos de pie los ministros, cántase, sin título ni anuncio de ninguna clase y en tono de profecía, un pasaje del pro feta Oseas (c. VI) proclamando la próxima resurrección y triunfo del Crucificado, al que sigue un tracto y una colecta, haciendo resaltar, en esta última, `el contraste entre el castigo de Judas y el premio del buen Ladrón. Una segunda lectura, tomada del Éxodo (c. XII) relata las circunstancias con que los israelitas sacrificaban y comían el Cordero pascual. Por fin, se canta la historia de la Pasión, según San Juan, en la misma forma que los días anteriores.
Concluída la Pasión, cántase una serie de oraciones por la Iglesia, por el Papa, por todos los ministros de la jerarquía eclesiástica, por las vírgenes, por las viudas, y por los catecúmenos ; por la desaparición de los errores, pestes, guerras y hambres; por los -enfermos, .por los .encarcelados, por los viajeros, por los marineros ; por la conversión de los herejes; por los "pérfidos" judíos, "para que Dios levante el velo que cubre su corazón y así también ellos conozcan a Jesucristo", y por los paganos.
De nadie se olvida la 'Iglesia en este día de perdón universal. A cada oración precede un anuncio solemne de la misma y, para mover más a Dios, una genuflexión general de toda la asamblea. En la oración por los judíos se omite la genuflexión para no recordar -dice algún Ordo romano- la,que por befa hicieron ellos delante de Jesús vestido de púrpura y coronado de espinas; ni tampoco se usa del canto sino sólo de un recitado a media voz, quizá para evitar el que los primitivos cristianos, justamente indignados contra aquel pueblo deicida, se enterasen de este rasgo de condescendencia de la Iglesia.
El texto de estas oraciones y el modo de hacerlas son antiquísimos, y recuerda el tenor de las usadas en las primeras reuniones religiosas y hasta en las sinagogas judías. Es la oración litánica que antiguamente seguía a la invitación Oremus que precede inmediatamente al ofertorio de la Misa.
b) Descubrimiento y adoración de la Cruz. A las ocho de la mañana, refiere la peregrina Etheria, se celebraba en Jerusalén, en la capilla de la Santa Cruz, la adoración del Lignum ; : Crucis, por el obispo, el clero y todos los fieles, ceremonia que duraba hasta el mediodía.' Para satisfacer la piedad de todos los cristianos del mundo, esta devoción pasó de Jerusalén a algunas iglesias privilegiadas, y por fin, a todas las de la cristiandad.
Como el Crucifijo está tapado desde el sábado anterior al Domingo de Pasión, el celebrante empieza por descubrirlo, en esta forma: despójase de la casulla, en señal de humildad, y tomando el Crucifijo lo descubre en tres veces: la primera vez, la parte superior, cantando en voz baja la antífona "Ecce Lignum Crucis", al mismo tiempo que la muestra al pueblo; la segunda, la cabeza, cantando en tono más elevado; y la tercera, todo lo restante del Crucifijo, cantando ya a plena voz, y desde el medio del altar.
Parece ser que con este descubrir progresivo de la Cruz y la elevación; por tonos, de la voz, quiere significar la liturgia la triple etapa por que pasó la predicación del misterio de la Cruz: la primera como al oído, tímidamente, y sólo entre los adeptos del Crucificado; la segunda, ya después de Pentecostés, pública y varonilmente, y a todos los judíos; y la tercera, a todo el mundo y con toda la fuerza de la palabra.
La adoración la hacen todos los fieles, empezando el celebrante y el clero; éstos, en señal de humildad, con los pies descalzos. Antes de acercarse a la Cruz, hacen todos, a convenientes distancias, tres genuflexiones de ambas rodillas; en la última, la adoran besándola. Entre tanto los cantores cantan con conmovedoras melodías el "Trisagio", en griego y en latín; los "Improperios" o reproches amargos de Dios al ingrato pueblo judío, y, en su persona, a los malos cristianos de todos los siglos; y el hermoso himno de Fortunato Pange Lingua, en honor de la Cruz.
En adelante la Cruz presidirá los oficios religiosos y, como un homenaje singular; aun el clero, al pasar delante de ella, la saludará con una genuflexión.
c) Misa de presantificados. Al final de la adoración de la Cruz, se encienden las velas del altar, se extiende sobre él el corporal, y se organiza, lo mismo que ayer, una solemne procesión al monumento, para tomar la hostia allí reservada. Con esta hostia consagrada ayer, o "presantificada", se celebra el rito que el Misal denomina Misa de presantificados y los antiguos llamaban "Misa seca", porque en ella no hay consagración, sino solamente comunión del celebrante con la hostia previamente consagrada. El recuerdo del Sacrificio sangriento del Calvario embarga hoy de tal modo a la Iglesia, que renuncia a la inmolación incruenta de cada día.
El rito se desarrolla en esta forma: Sacada la hostia del cáliz y puesta sobre el corporal, el celebrante pone vino y agua en un cáliz, que no consagra; inciensa la oblata y el altar, como en las misas ordinarias; eleva la hostia; canta el Pater noster; recita en voz alta la oración Liberanos que le sigue; luego, en silencio, otra, como preparación a la comunión, y comulga únicamente bajo la especie de pan, tomando a continuación, a guisa de abluciones, el vino del cáliz. Los fieles no pueden comulgar hoy, a no ser en peligro de muerte, por viático.
A continuación se rezan las Vísperas en tono lúgubre, como ayer; y por la tarde los fieles se entregan a la meditación de la Pasión y Muerte del Señor y Soledad de María.
En Jerusalén -según la mencionada peregrina Etheria- y al terminarse la adoración de la Cruz, que era ya el medio día, comenzaba una serie de lecturas e himnos como para venerar el sagrado madero, durante los cuales a menudo se oían suspiros y sollozos de los' fieles. A las tres se leía la historia de la Pasión según San Juan, y a conti nuación se rezaba Nona, y como anochecía pronto, no había, ya Vigilias, si bien muchos fieles pasaban la noche entera delante de la Cruz.
"La Misa de hoy ni tiene principio ni fin; porque el que es principio y fin padeció hoy tan amarga Pasión. Ninguna hostia se consagra; porque el Hijo de Dios estaba hoy en el ara de la Cruz consagrado. Caemos en tierra de rodillas, adosando y besando la Cruz, porque se te acuerde que tu Redentor se inclinó cuando la Cruz estaba tendida en el suelo, abriendo aquellos sagrados y delicados brazos y manos, para que se las enclavasen, y enclavado, fué en la Cruz elevado en el aire..." (1).
En tres partes pueden distribuírse los oficios matutinales de hoy
a) las lecturas y oraciones;
b) el descubrimiento y adoración de la Cruz, y c) la Misa de presantificación.
a) Lecturas y oraciones. El altar está del todo desnudo,. y las velas apagadas. Los ministros sagrados, al llegar al presbiterio, se postran completamente en tierra, en cuya posición humilde permanecen unos minutos, durante los cuales los acólitos cubren con un solo mantel la mesa del altar.
No hay palabras, cánticos ni gestos que puedan expresar más intensamente el abatimiento que embarga hoy a la Iglesia a la vista de Jesús Crucificado. Este silencio aterrador y esta larga postración, adorando y condoliendo al Divino Redentor, es el primero, y quizás el más elocuente, de los ritos de hoy.
Puestos de pie los ministros, cántase, sin título ni anuncio de ninguna clase y en tono de profecía, un pasaje del pro feta Oseas (c. VI) proclamando la próxima resurrección y triunfo del Crucificado, al que sigue un tracto y una colecta, haciendo resaltar, en esta última, `el contraste entre el castigo de Judas y el premio del buen Ladrón. Una segunda lectura, tomada del Éxodo (c. XII) relata las circunstancias con que los israelitas sacrificaban y comían el Cordero pascual. Por fin, se canta la historia de la Pasión, según San Juan, en la misma forma que los días anteriores.
Concluída la Pasión, cántase una serie de oraciones por la Iglesia, por el Papa, por todos los ministros de la jerarquía eclesiástica, por las vírgenes, por las viudas, y por los catecúmenos ; por la desaparición de los errores, pestes, guerras y hambres; por los -enfermos, .por los .encarcelados, por los viajeros, por los marineros ; por la conversión de los herejes; por los "pérfidos" judíos, "para que Dios levante el velo que cubre su corazón y así también ellos conozcan a Jesucristo", y por los paganos.
De nadie se olvida la 'Iglesia en este día de perdón universal. A cada oración precede un anuncio solemne de la misma y, para mover más a Dios, una genuflexión general de toda la asamblea. En la oración por los judíos se omite la genuflexión para no recordar -dice algún Ordo romano- la,que por befa hicieron ellos delante de Jesús vestido de púrpura y coronado de espinas; ni tampoco se usa del canto sino sólo de un recitado a media voz, quizá para evitar el que los primitivos cristianos, justamente indignados contra aquel pueblo deicida, se enterasen de este rasgo de condescendencia de la Iglesia.
El texto de estas oraciones y el modo de hacerlas son antiquísimos, y recuerda el tenor de las usadas en las primeras reuniones religiosas y hasta en las sinagogas judías. Es la oración litánica que antiguamente seguía a la invitación Oremus que precede inmediatamente al ofertorio de la Misa.
b) Descubrimiento y adoración de la Cruz. A las ocho de la mañana, refiere la peregrina Etheria, se celebraba en Jerusalén, en la capilla de la Santa Cruz, la adoración del Lignum ; : Crucis, por el obispo, el clero y todos los fieles, ceremonia que duraba hasta el mediodía.' Para satisfacer la piedad de todos los cristianos del mundo, esta devoción pasó de Jerusalén a algunas iglesias privilegiadas, y por fin, a todas las de la cristiandad.
Como el Crucifijo está tapado desde el sábado anterior al Domingo de Pasión, el celebrante empieza por descubrirlo, en esta forma: despójase de la casulla, en señal de humildad, y tomando el Crucifijo lo descubre en tres veces: la primera vez, la parte superior, cantando en voz baja la antífona "Ecce Lignum Crucis", al mismo tiempo que la muestra al pueblo; la segunda, la cabeza, cantando en tono más elevado; y la tercera, todo lo restante del Crucifijo, cantando ya a plena voz, y desde el medio del altar.
Parece ser que con este descubrir progresivo de la Cruz y la elevación; por tonos, de la voz, quiere significar la liturgia la triple etapa por que pasó la predicación del misterio de la Cruz: la primera como al oído, tímidamente, y sólo entre los adeptos del Crucificado; la segunda, ya después de Pentecostés, pública y varonilmente, y a todos los judíos; y la tercera, a todo el mundo y con toda la fuerza de la palabra.
La adoración la hacen todos los fieles, empezando el celebrante y el clero; éstos, en señal de humildad, con los pies descalzos. Antes de acercarse a la Cruz, hacen todos, a convenientes distancias, tres genuflexiones de ambas rodillas; en la última, la adoran besándola. Entre tanto los cantores cantan con conmovedoras melodías el "Trisagio", en griego y en latín; los "Improperios" o reproches amargos de Dios al ingrato pueblo judío, y, en su persona, a los malos cristianos de todos los siglos; y el hermoso himno de Fortunato Pange Lingua, en honor de la Cruz.
En adelante la Cruz presidirá los oficios religiosos y, como un homenaje singular; aun el clero, al pasar delante de ella, la saludará con una genuflexión.
c) Misa de presantificados. Al final de la adoración de la Cruz, se encienden las velas del altar, se extiende sobre él el corporal, y se organiza, lo mismo que ayer, una solemne procesión al monumento, para tomar la hostia allí reservada. Con esta hostia consagrada ayer, o "presantificada", se celebra el rito que el Misal denomina Misa de presantificados y los antiguos llamaban "Misa seca", porque en ella no hay consagración, sino solamente comunión del celebrante con la hostia previamente consagrada. El recuerdo del Sacrificio sangriento del Calvario embarga hoy de tal modo a la Iglesia, que renuncia a la inmolación incruenta de cada día.
El rito se desarrolla en esta forma: Sacada la hostia del cáliz y puesta sobre el corporal, el celebrante pone vino y agua en un cáliz, que no consagra; inciensa la oblata y el altar, como en las misas ordinarias; eleva la hostia; canta el Pater noster; recita en voz alta la oración Liberanos que le sigue; luego, en silencio, otra, como preparación a la comunión, y comulga únicamente bajo la especie de pan, tomando a continuación, a guisa de abluciones, el vino del cáliz. Los fieles no pueden comulgar hoy, a no ser en peligro de muerte, por viático.
A continuación se rezan las Vísperas en tono lúgubre, como ayer; y por la tarde los fieles se entregan a la meditación de la Pasión y Muerte del Señor y Soledad de María.
En Jerusalén -según la mencionada peregrina Etheria- y al terminarse la adoración de la Cruz, que era ya el medio día, comenzaba una serie de lecturas e himnos como para venerar el sagrado madero, durante los cuales a menudo se oían suspiros y sollozos de los' fieles. A las tres se leía la historia de la Pasión según San Juan, y a conti nuación se rezaba Nona, y como anochecía pronto, no había, ya Vigilias, si bien muchos fieles pasaban la noche entera delante de la Cruz.
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