miércoles, 14 de noviembre de 2012

Memorare.


Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que han acudido a vuestra protección,
implorando vuestra asistencia y reclamando vuestro socorro,
haya sido desamparado.
Animado por esta confianza, a Vos también acudo,
¡oh Madre, Virgen de las vírgenes!,
y gimiendo bajo el peso de mis pecados
me atrevo a comparecer ante vuestra presencia soberana.
¡Oh Madre de Dios!, no desechéis mis súplicas,
antes bien, escuchadlas y acogedlas benignamente.
Amén.


Memorare, O piissima Virgo Maria,a saeculo non esse auditum,
quemquam ad tua currentem praesidia,
tua implorantem auxilia, tua petentem suffragia,
esse derelictum.
Ego tali animatus confidentia,
ad te, Virgo Virginum, Mater,
curro, ad te venio, coram te gemens peccator assisto.
Noli, Mater Verbi,
verba mea despicere; sed audi propitia et exaudi.
Amen.

martes, 13 de noviembre de 2012

Martirologio Romano (1956).


  1. San Diego, Confesor, de la Orden de Menores, cuyo tránsito fue el día de ayer.
  2. En Ravena, el triunfo de los santos Mártires Valentín, Solutor y Víctor, que padecieron siendo Emperador Diocleciano.
  3. En Aix en la provincia Narbonense, san Mitrio, celebérrimo Mártir.
  4. En Cesarea de Palestina, el suplicio de los santos Antonino, Zebina, Germán y Ennata, Virgen. Ésta, en el imperio de Galerio Maximiano, después de azotada, fue quemada; los otros, por reprender con intrépida libertad al Presidente Firmiliano, que impí amente sacrificaba a los dioses, fueron decapitados.
  5. En África, los santos Mártires Españoles Arcadio, Pascasio, Probo y Eutiquiano; los cuales, en la persecución Vandálica, por no querer condescender en modo alguno con la perfidia Arriana, fueron primeramente proscritos por el Rey Arriano Genserico; después condenados a destierro y atormentados con atrocísimos suplicios, y por último, fueron ejecutados con diferente género de muerte. Descolló en esta ocasión la constancia de Pablito, niño de corta edad, hermano de los santos Pascasio y Eutiquiano, el cual, no pudiendo de ningún modo ser apartado de la fe católica, fue por largo tiempo apaleado y condenado a la más abyecta esclavitud.
  6. En Roma, san Nicolás I, Papa, distinguido por su fortaleza apostólica.
  7. En Tours de Francia, san Bricio, Obispo, que fue discípulo de San Martín Obispo.
  8. En Toledo de España, san Eugenio, Obispo.
  9. En Auvernia de Francia, san Quinciano, Obispo.
  10. En Cremona de Lombardía, san Homobono, Confesor, a quien, esclarecido en milagros, puso en el número de los Santos el Papa Inocencio III.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

lunes, 12 de noviembre de 2012

Mes de María: HONRAR EL DULCE NOMBRE DE MARIA.


Objeto de grande interés es ordinariamente para los padres el nombre que han de poner al hijo recién nacido, porque parece que el nombre guardara íntima relación con el destino del hombre, siendo una especie de presagio de lo que ha de ser más tarde.
Pero Joaquín y Ana no tuvieron en inquietarse en buscar un nombre adecuado a la hermosa niña que acababan de dar a luz en la tarde avanzada de su vida. Ese nombre bajó del cielo y le fue comunicado por el ministerio de un ángel: era el de María.
Algunos días después de su nacimiento, la hija de Ana recibió ese nombre que tan dulce había de ser para los oídos de los que la aman, que es miel para los tristes y júbilo para el corazón cristiano. Hace muchos siglos que los peregrinos de la tierra lo pronuncian de rodillas y con actitud de profunda veneración, en homenaje de respetuoso acatamiento hacia la persona que lo lleva. Millones de almas lo repiten con filial amor y lo llevan esculpido en lo más secreto del corazón. Manan de él raudales de dulzura y lleva en sí mismo el sello de su origen celestial, comunicando a los que lo pronuncian con amor una virtud celestial, que hace brotar santos afectos y pensamientos purísimos en el alma.
Por eso, ese nombre está grabado con caracteres de oro en cada una de las páginas de la historia del mundo, en los anales de todos los pueblos cristianos y en todos los monumentos de la piedad de los fieles.
Todos los que lloran y padecen encuentran al repetirlo alivio y descanso en sus tribulaciones. Por eso el náufrago lo pronuncia en medio de la tempestad, el caminante al borde de los precipicios, el enfermo en medio de sus dolencias, el moribundo en el estertor de su agonía, el guerrero en lo reñido del combate, el menesteroso en las horas de su angustiosa miseria, el sacerdote en medio de las difíciles tareas de su ministerio, el alma atribulada cuando la tentación arrecia, el desgraciado cuando el infortunio lo hiere, y el pecador arrepentido al implorar la divina clemencia.
Ese nombre se oye también pronunciar en los momentos más solemnes de la vida; porque todos saben que el nombre de María no solo es consuelo en los grandes dolores de la vida y escudo de la protección en todos los peligros, sino también preciosa garantía que asegura un éxito favorable en todas las empresas.
Si tales son los efectos de ese nombre bendito, necios seremos si no lo repetimos con frecuencia, si no buscamos en él nuestro descanso, nuestro consuelo, nuestra fuerza. Hay días malos en la vida en que nuestro corazón no tiene ningún atractivo alguno por el bien y en que está como embargado por el hielo de la indiferencia; entonces alcemos al cielo nuestros ojos y digamos: María!... Hay horas en que fatigados de nuestra penosa marcha, nos sentimos desfallecer, sin tener ánimo y valor para el combate; entonces volvamos nuestras miradas a la que es fuerte como un ejército ordenado en batalla, y repitamos: María!... Hay momentos en que la desgracia parece anegarnos en sus aguas amargas y en que la desesperación nos hace perder toda la esperanza; entonces dirigiendo nuestras plegarias a la Consoladora de los afligidos, digamos: María!... Hay sobre todo un instante supremo: aquel en que daremos un adiós eterno a cuanto hemos amado en la vida, instante de dolorosa ansiedad, de tristes desengaños, de eterna separación, instantes en que se decidirá nuestra eterna suerte; entonces volvamos nuestros ojos al cielo y repitamos: María!... Que el nombre de María sea en todas las circunstancias de nuestra vida la expresión de nuestras convicciones: en los momentos de gozo sea nuestro cántico de reconocimiento; en el combate, nuestro signo de victoria; en la desolación, nuestro grito de socorro, y en la hora de la muerte, nuestra corona y nuestra recompensa.


sábado, 10 de noviembre de 2012

Martirologio Romano (1956).


SAN MARTÍN DE TOURS, Obispo y Confesor
  1. En Tours de Francia, el tránsito de san Martín, Obispo y Confesor, cuya vida fue gloriosa en tan grandes milagros, que mereció resucitar tres muertos.
  2. En Cotieo de Frigia, el esclarecido martirio de san Menas, soldado egipcio, el cual, en la persecución de Diocleciano, arrojando la insignia de la milicia terrena, mereció ser soldado del Rey del cielo, entregándose en el yermo a la vida interior; luego, saliendo al público, y declarándose abiertamente Cristiano, fue primero probado con terribles suplicios; por último, puesto de rodillas en oración, dando gracias a Jesucristo nuestro Señor, fue degollado, y después de muerto, resplandeció con muchos milagros.
  3. En Ravena, los santos Mártires Valentín, Feliciano y Victorino, que en la persecución de Diocleciano fueron coronados.
  4. En Mesopotamia, san Atenodoro, Mártir, que en tiempo del mismo Diocleciano, y presidiendo Eleusio, atormentado con el fuego y otros suplicios, fue al fin condenado a muerte; mas, cayendo desmayado el verdugo y no osando ningún otro herirle con el cuchillo, el Santo, puesto en oración, durmió en el Señor.
  5. En Lyon de Francia, san Verano, Obispo, cuya vida fue esclarecida en fe y virtudes.
  6. En Constantinopla, san Teodoro, Abad Estudita, el cual, peleando de nodadamente por la fe católica, contra los Iconoclastas, se hizo célebre en toda la Iglesia católica.
  7. En el monasterio de Grotaferrata en el territorio de Frascati, san Bartolomé, Abad, compañero de san Nilo, cuya vida escribió.
  8. En la provincia de Samnio, san Menas, solitario, de cuyas virtudes y milagros hace mención san Gregorio Papa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Dedicación de la Basílica del Santísimo Salvador. (San Juan de Letrán).


DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DEL SANTÍSIMO SALVADOR
Jesús dijo a los que vendían palomas [en el templo]:
Quitad eso de aquí, y no queráis hacer
de la casa de mi Padre una casa de tráfico..
(Mateo 6,4)
Constantino el Grande, después de su victoria sobre Majencio, se declaró protector de los cristianos e hizo edificar un gran número de iglesias. La más célebre es la Basílica del Santísimo Salvador, edificada sobre el emplazamiento del antiguo palacio de Letrán. Hizo levantar, en ella, para que sirviese de baptisterio, una capilla dedicada a San Juan Bautista. La gran devoción que se tenía a esta capilla hizo perder a la iglesia, insensiblemente, su primer nombre, y no se la conoció después sino con el nombre de San Juan de Letrán. Allí fue donde residieron los Papas hasta Gregorio IX, muerto en 1241, y esta iglesia ha conservado siempre la preeminencia sobre todos los santuarios de la cristiandad. La fiesta de hoy ha sido establecida en memoria de su consagración.
MEDITACIÓN
SOBRE LA MANERA DE HONRAR
A DIOS EN LAS IGLESIAS
I. Visita las iglesias lo más frecuentemente que puedas; la iglesia es la casa de Dios; allí es donde sobre todo quiere ser honrado; allí donde gusta derramar sus gracias sobre los que lo invocan. Concurre a ellas a pedir los consejos y los consuelos de que tengas necesidad; que los templos sean tu asilo en tus tentaciones. Si entras en ellos con fe y humildad, no saldrás sino fortificado y consolado. Pero, ¡oh desgracia! Se corre a las diversiones y las iglesias están desiertas. Preferimos los lugares de diversión a los templos donde Dios reside: descuidamos los altares y honramos los teatros (Salviano).
II. No hagas de la casa de Dios una casa de tráfico. Los hombres trafican en las iglesias cuando, en lugar de orar a Dios, piensan en los negocios del mundo. El demonio trafica en ellas, y ventajosamente para él, cuando persuade a los cristianos a que profanen el lugar santo con sus malos pensamientos y sus continuas distracciones. Estás en la iglesia para rezar a Dios: hazlo con humildad y devoción.
III. Todo género de comercio no está prohibido en los templos. Trafica allí con Dios; dale los bienes de la tierra y Él te dará los del cielo; dale tu corazón, pidiéndole que lo llene de su santo amor. Lanza tus suspiros al cielo, y el Espíritu Santo te enviará santas inspiraciones; derrama lágrimas y Dios derramará sus gracias sobre ti; pídele perdón por tus faltas y te las perdonará. Cuando te veo suspirar ante Dios, no dudo que el Espíritu Santo te envía sus inspiraciones; cuando te veo llorar, sé que Dios te perdona (San Cipriano).
La modestia en la iglesia.
Orad por los sacerdotes.
ORACIÓN
Oh Dios, que todos los años renováis para nosotros el día en que este santo templo fue consagrado y nos dais salud para asistir a vuestros santos misterios, escuchad las plegarias de vuestro pueblo, y a todos los que vienen a este templo a implorar vuestros favores, concededles el gozo de ver cumplidos sus votos. Por J. C. N. S.

jueves, 8 de noviembre de 2012

Mes de María, nuestra Buena Madre.


Este 8 de noviembre comenzamos en nuestra patria a celebrar el hermoso mes dedicado a la Madre de Dios, la Santísima Virgen María, que culminará el próximo 8 de diciembre, Fiesta de la Inmaculada Concepción. Conocido en Chile como el Mes de María, la tradición se remonta a muchos años atrás y está profundamente arraigado en la fe de los habitantes de esta tierra hispanoamericana. Por otra parte, ha querido la Providencia divina que el principal Santuario en Chile, donde se venera a la Inmaculada sea el que está ubicado a escasos ocho kilómetros de la ciudad de Casablanca, en la localidad de Lo Vásquez. Hasta allí, cada ocho de diciembre, convergen miles de peregrinos a implorar las gracias de Dios por mediación de su Madre, la Virgen de Lo Vásquez.
La tradición mariana de nuestro país y del resto de los países de América Latina, se debe fundamentalmente a que los descubridores y conquistadores españoles trajeron a Cristo y a su Madre; es por eso que a lo largo y ancho de Chile hay infinidad de capillas, templos, santuarios, dedicados a la Virgen bajo sus diversos títulos.
Según la historia, la imagen de la Virgen que se venera hoy en la Iglesia de San Francisco en la capital del país, la trajo don Pedro de Valdivia desde el Perú. Se le rinde culto bajo el nombre de Nuestra Señora del Socorro, nombre que le pusieron los españoles en Santiago el 20 de septiembre de 1543, al llegar de Perú “el socorro” traído por el capitán don Alonso de Monroy, porque atribuyeron a la Virgen la llegada de la tan esperada ayuda. En efecto, en la plaza principal de la quemada y semidestruida ciudad de Santiago, habían estado implorando protección a la Virgencita traída por Valdivia.
Durante el Mes de María los fieles chilenos rezamos una oración inicial y una final creadas por el Presbítero Rodolfo Vergara Antúnez. La inicial dice:


¡Oh María, durante el bello mes que os está consagrado, todo resuena con vuestro nombre y alabanza! Vuestro santuario resplandece con nuevo brillo y nuestras manos os han elevado un trono de gracia y de amor, desde donde presidís nuestras fiestas y escucháis nuestras oraciones y votos.
Para honraros hemos esparcido frescas flores a vuestros pies y adornado vuestra frente con guirnaldas y coronas. Más, oh María, no os dais por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás pasan; hay coronas que no se marchitan. Estas son las que Vos esperáis de vuestros hijos; porque el más hermoso adorno de una madre es la piedad de sus hijos y la más bella corona que pueden deponer a sus pies es la de sus virtudes.
Sí, los lirios que Vos nos pedís son la inocencia de nuestros corazones; nos esforzaremos pues durante el curso de este mes consagrado a vuestra gloria, ¡oh Virgen Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin manchas y en separar de nuestros pensamientos, deseos y miradas, aun la sombra misma del mal.
La rosa cuyo brillo agrada a vuestros ojos es la caridad, el amor a Dios y a nuestros hermanos, nos amaremos, pues, los unos a los otros como hijos de una misma familia cuya madre sois, viviendo todos en la dulzura de una concordia fraternal.
En este mes bendito procuraremos cultivar en nuestros corazones la humildad, modesta flor que os es tan querida, y con vuestro auxilio llegaremos a ser puros, humildes, caritativos, pacientes y resignados.
¡Oh María!, Haced producid en el fondo de nuestros corazones todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den al fin fruto de gracia, para poder ser algún día dignos hijos de la más santa y de la mejor de las madres. Amén.


miércoles, 7 de noviembre de 2012

Martirologio Romano (1956).


  1. En Padua, el tránsito de san Prosdócimo, que fue el primer Obispo de aquella ciudad. Ordenado Obispo por san Pedro Apóstol, fue enviado a predicar la palabra de Dios a dicha ciudad, y allí, resplandeciendo con muchas virtudes y prodigios, descansó con santo fin.
  2. En Perusa, san Herculano, Obispo y Mártir.
  3. En la ciudad de Schwelmen, en Alemania, el triunfo de san Engelberto, Obispo de Colonia, el cual, dirigiéndose allá desde el pueblo de Zoest a consagrar un templo, atracado en el camino por los sicarios y acribillado de heridas, sufrió un glorioso martirio por defender la libertad eclesiástica y la obediencia a la Iglesia Romana.
  4. El mismo día, san Amaranto, Mártir, que, terminado el curso de su leal combate, y sepultado en Albi, ciudad de Francia, vive en el cielo.
  5. En Melitina de Armenia, el suplicio de los santos Hierón, Nicandro, Esiquio y otros treinta, que en la persecución de Diocleciano y presidiendo Lisias, fueron coronados.
  6. En Anfípolis de Macedonia, los santos Mártires Aucto, Taurión y Tesalónica.
  7. En Ancira de Galacia, el martirio de los santos Melasipo, Antonio y Carina, en tiempo de Juliano Apóstata.
  8. En Alejandría, san Aquilas, Obispo, insigne en doctrina, en fe, en la conversación y costumbres.
  9. En Frisia, el tránsito de san Wilibrordo, Obispo de Utrech, que ordenado Obispo por san Sergio Papa, predicó el Evangelio en Frisia y Dinamarca.
  10. En Metz de Francia, san Rufo, Obispo y Confesor.
  11. SAN FLORENCIO, Obispo y Confesor
  12. En Estrasburgo, san Florencio, Obispo.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Las reliquias de los Santos en el culto católico.




Hoy es el día tradicionalmente dedicado a la celebración litúrgica en honor de las Sagradas Reliquias de los Santos. Aunque no se trata de una festividad del calendario universal en el Misal romano de 1962, se difundió ampliamente en muchas diócesis, órdenes y congregaciones y consta en sus calendarios particulares, siendo celebrada con especial acompañamiento de festejos populares en no pocos lugares. Las conservación y veneración de reliquias es algo ínsito en la naturaleza humana, que desea conservar el recuerdo físico de los seres queridos (ya se trate de sus retratos, fotografías, prendas y pertenencias). El mismo nombre “reliquia” designa “lo que queda”, “lo que resta” de las personas amadas. Y como la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfecciona, así lo que es un sentimiento natural de amor hacia nuestros deudos, se convierte en un acto religioso referido a los que son nuestros parientes en la fe: los bienaventurados. Y ese acto, que consiste en conservar piadosamente y venerar sus reliquias, es muy útil y recomendable y enriquecedor de nuestra vida espiritual.

Las reliquias son acreedoras de un culto relativo de simple dulía o veneración. Recordemos que hay tres clases de culto: el de latría (adoración), que se tributa únicamente a Dios, al Sacramento Eucarístico y a la Santísima Cruz; el de hiperdulía(peculiar veneración), debido a la Santísima Virgen, y el de dulía (veneración), que puede ser protodulía (a San José) y simple dulía (el debido a los ángeles y a los bienaventurados y sus imágenes y reliquias). El culto de las reliquias de los santos, como el de sus imágenes se llama relativo porque no se venera materialmente la imagen, el trozo de hueso o la prenda, sino a aquél a quien pertenece. Las reliquias pueden ser de tres categorías:

1) reliquias de primer grado: tomadas del cuerpo del bienaventurado.
2) reliquias de segundo grado: objetos relacionados con los instrumentos de su martirio o que pertenecieron y fueron usados por el bienaventurado en vida, y
3) reliquias de tercer grado: cualquier objeto tocado a una reliquia de primer grado o a la tumba del bienaventurado.

Las reliquias de primer grado, a su vez, se dividen en tres clases:

a) reliquias insignes: el cuerpo entero o una parte completa de él (el cráneo, una mano, una pierna, un brazo), como también algún órgano incorrupto (como la lengua de San Antonio de Padua, el cerebro de Santa Margarita María de Alacoque, etc.);
b) reliquias notables: partes importantes del cuerpo pero sin constituir un miembro entero (la cabeza del fémur, una vértebra, etc.), y
c) reliquias mínimas (huesecillos o astillas de hueso).

La Iglesia manda colocar las reliquias de primer grado, para su veneración, en tecas, que tienen la consideración de vasos sagrados y reciben el nombre de “relicarios”, los cuales han dado lugar históricamente a verdaderos alardes de magnífica orfebrería y ebanistería. Pero el uso más importante de las reliquias, especialmente si son de mártires, es el de ser puestas en el ara o sepulchrum de los altares de las iglesias. El obispo consagra separadamente el ara (un pequeño receptáculo de forma cuadrangular practicado en la losa del altar en la parte sobre la que se coloca la oblata durante la misa) para depositar en ella las reliquias de mártires y que después se sella con una pequeña lápida, sobre la que se practican las unciones. En las Iglesias de rito oriental, el ara es reemplazada por el antimensio o paño de seda ricamente decorado con escenas del Descendimiento de la Cruz o el Entierro de Cristo y dentro de uno de cuyos ángulos se cose una reliquia de mártir. Se lo coloca en el centro del altar y su uso es preceptivo, al punto que no se puede celebrar la Santa Liturgia sin él. En los altares de viaje del culto latino se usa una especie de antimensio, semejante al de los orientales.

Los relicarios deben colocarse sobre el altar, entre los cirios, en las celebraciones solemnes y se los inciensa durante la misa. Cuando es la festividad del santo cuyas reliquias se veneran en una determinada iglesia, se suele presentar el relicario a la veneración de los fieles para que éstos lo besen con reverencia.

Es oportuno copiar aquí lo que dice el Concilio de Trento sobre el culto de los santos, sus imágenes y sus reliquias: “Destiérrese absolutamente toda superstición en la invocación de los santos, en la veneración de las reliquias, y en el sagrado uso de las imágenes; ahuyéntese toda ganancia sórdida; evítese en fin toda torpeza; de manera que no se pinten ni adornen las imágenes con hermosura escandalosa; ni abusen tampoco los hombres de las fiestas de los santos, ni de la visita de las reliquias, para tener comilonas, ni embriagueces: como si el lujo y lascivia fuese el culto con que deban celebrar los días de fiesta en honor de los santos. Finalmente pongan los Obispos tanto cuidado y diligencia en este punto, que nada se vea desordenado, o puesto fuera de su lugar, y tumultuariamente, nada profano y nada deshonesto; pues es tan propia de la casa de Dios la santidad. Y para que se cumplan con mayor exactitud estas determinaciones, establece el santo Concilio que a nadie sea lícito poner, ni procurar se ponga ninguna imagen desusada y nueva en lugar ninguno, ni iglesia, aunque sea de cualquier modo exenta, a no tener la aprobación del Obispo. Tampoco se han de admitir nuevos milagros, ni adoptar nuevas reliquias, a no reconocerlas y aprobarlas el mismo Obispo. Y este luego que se certifique en algún punto perteneciente a ellas, consulte algunos teólogos y otras personas piadosas, y haga lo que juzgare convenir a la verdad y piedad. En caso de deberse extirpar algún abuso, que sea dudoso o de difícil resolución, o absolutamente ocurra alguna grave dificultad sobre estas materias, aguarde el Obispo antes de resolver la controversia, la sentencia del Metropolitano y de los Obispos comprovinciales en concilio provincial; de suerte no obstante que no se decrete ninguna cosa nueva o no usada en la Iglesia hasta el presente, sin consultar al Romano Pontífice”(Sesión XXV).

A continuación ofrecemos unos interesantes artículos relacionados con la festividad de las Sagradas Reliquias y su importancia en la evolución de la Liturgia, debidos respectivamente a Fray Justo Pérez de Urbel, O.S.B., que fuera primer abad de la Basílica de Santa Cruz del Valle de los Caídos, y a Mons. Mario Righetti, autor de una Historia de la Liturgia, que es ya un clásico en la materia, de obligada lectura.


El culto de las reliquias

Hemos acompañado ya en su triunfo a los Santos en el cielo; pero aquí en la tierra tenemos todavía sus cuerpos, que fueron templo del Espíritu Santo, que le sirvieron dócilmente para realizar sus actos heroicos, y que un día han de ser resucitados para participar, juntamente con sus almas, de la bienaventuranza eterna. La fiesta de Todos los Santos se completa con esta de las Reliquias, que se celebra dentro de lo que era su octava [desaparecida con la reforma de las rúbricas de 1960]. También ellas merecen que les rindamos culto [culto relativo de dulía]; también ellas pueden tener una influencia benéfica sobre nuestra vida material y espiritual.

Así como de la Santa Humanidad de Jesucristo salía una virtud que curaba a los que a Él se acercaban, así también las reliquias de los Santos –sus huesos, sus cenizas, sus vestidos y otros objetos que ellos usaron y que nosotros conservamos con amor– pueden “obrar maravillas”, según nos recuerda la colecta del día. Y, de hecho, Dios ha puesto en ellas virtudes sobrenaturales para arrojar los demonios, curar a los enfermos, devolver a los ciegos la vista, alejar las tentaciones y alcanzarnos otros bienes y dones excelentes.

Ya los primeros cristianos recogían solícitos los cuerpos de los mártires y celebraban sobre sus sepulcros los sagrados misterios, para indicar así que su sacrificio se mezclaba con el sacrificio de Cristo. Más tarde se levantaron en su honor templos magníficos, a los cuales acudían las multitudes de peregrinos para implorar mercedes y pedir perdón de sus pecados. Hoy mismo no se puede consagrar ningún altar sin que se deposite en el ara la reliquia de algún santo. Tal es el espíritu del cual ha nacido la festividad de las Sagradas Reliquias.


(Fray Justo Pérez de Urbel, O.S.B.: Misal Diario latino-español, 1960).





LAS RELIQUIAS EN LA LITURGIA

El altar fijo, de piedra, asociado a las reliquias de los mártires


Con la paz de Constantino, el altar entra en una nueva fase. Esta presenta tres características importantes:

a) Abandona la madera y se construye preferentemente con materiales sólidos (piedra, mármol, metales preciosos).
b) Se fija de manera estable en el suelo.
c) Se asocia, por lo regular, a las reliquias de los mártires.

Esta evolución del altar se verifica contemporáneamente y, casi podríamos decir, de improviso en la primera mitad del siglo IV tanto en Oriente como en Occidente. Los Padres y escritores de la época nos dan el testimonio explícito; el Liber frontificalis aduce también un pseudo-decreto análogo del papa San Silvestre (314-335), pero este dato no parece atendible.

¿Cómo se llegó al altar fijo, de piedra, y a asociarlo a las reliquias de los mártires? El problema no se ha resuelto todavía claramente. Podemos, sin embargo, señalar algunas inducciones:

a) La movilidad primitiva del altar de madera se mantuvo como norma en los siglos de las persecuciones para evitar posibles profanaciones de una cosa tan santa como era la mesa del sacrificio; pero, una vez que la Iglesia tuvo plena libertad de culto, era natural que cesara aquella cautela.

b) En el desarrollo de la arquitectura basilical, que en esta época recibió en todas partes extraordinario impulso, el altar de piedra respondía mucho mejor a las nuevas exigencias constructivas y decorativas del templo. También el ejemplo de los altares paganos, de forma y materia similares, pudo haber sugerido, no digo la imitación, pero acaso la tendencia hacia el tipo del altar pétreo; en realidad, se dio con frecuencia el caso de transformar en altar cristiano las aras paganas: Commutantur in ecclesias delubra, "in altaría vertuntur arae," decía más tarde San Pedro Crisólalo (452).

c) El concepto primitivo de que Cristo es el altar místico de su sacrificio y, como él mismo dijera, la piedra angular sobre la cual debe edificarse el templo espiritual de los fieles, debió de influir en la preferencia por el altar de piedra para que éste se mostrase en realidad símbolo vivo de Cristo.

Por lo que hace a la práctica de asociar el altar con la tumba del mártir, pudieron haber contribuido a ello factores históricos y, acaso más todavía, elementos simbólicos. Citaremos aleamos:

1) El desarrollo creciente del culto litúrgico a los mártires, culto que en Roma comienza a afirmarse en la segunda mitad del siglo III y se expresa concretamente en las primeras listas oficiales de la Iglesia, al comienzo del siglo siguiente (calendario filocaliano).

2) La unión mística de los mártires con Cristo. Si el altar representa a Cristo, Cristo no puede estar completo sin sus miembros. Los mártires son ciertamente miembros de El, miembros gloriosos del Cristo glorioso, los cuales "laverunt stolas suas in sanguine Agni", y, por tanto, tienen su puesto sub altare Dei. Esta frase del Apocalipsis fue escrita evidentemente en un sentido simbólico, pero fue traducida a la realidad el día en que las reliquias de los mártires pudieron descansar bajo el altar. San Ambrosio comenta así las palabras de San Juan: "Succedant victimae triumphales in loco ubi Christus hostia est. Sed Ille super altare, qui pro ómnibus passus est; isti sub altan, qui illius redempti sunt passione".

3) La idea de asociar al sacrificio de Cristo el sacrificio de los mártires, que, en cierto modo, completa el valor de aquél, según las palabras de San Pablo: "Me siento feliz de sufrir por vosotros y completo en mi carne lo que falta a los sufrimientos de Cristo por su cuerpo (místico), que es la Iglesia". Precisamente porque los sufrimientos de los miembros de la Iglesia deben, en cierto sentido, completar el sacrificio de Cristo, las sepulturas gloriosas de sus mártires fueron consideradas como el complemento y el soporte más a propósito de la mesa sacrifical.

4) El deseo, tan arraigado en el sentimiento religioso de aquella época, de permanecer en comunión con los difuntos mediante un banquete sagrado preparado sobre su misma tumba. Por analogía, se quiso colocar la reliquia del mártir allí donde la comunidad celebrase el místico festín de la eucaristía. De esta manera, a través del sacrificio y de la manducación del cuerpo de Cristo, renovaban perennemente los cristianos el vínculo de unión con el difunto.

En el siglo IV, el altar de piedra, asociado a las reliquias de los mártires, se presenta bajo tres formas principales:

a) En el tipo tradicional de mesa, es decir, formado por una mesa de piedra casi cuadrada, ligeramente excavada y modelada en la superficie superior y sostenida por una columna central o por cuatro columnitas en los ángulos. En algún ejemplar puede apreciarse alguna ligera decoración simbólica (palomas, corderos, monograma de Cristo) en la parte anterior de la mesa o en las columnas. Las reliquias, si las había, se introducían en el espesor de la mesa o en los pies de la columna que la sostenían. A este tipo pertenecen los antiquísimos altares de Crusspl (s.VI), de Grado (s.VII), de Baccano, cerca del lago Bracciano (s.Vl); de Auriol (s.v) y pocos más.

b) En forma de cubo vacío, dentro del cual se colocan las reliquias; en la parte anterior, una verja de hierro o una celosía de mármol (fenestella confessionis) permiten ver la urna, y a través de ella puede llegarse directamente hasta las reliquias para colocar sobre ellas pañuelitos (brandea) u otras cosas. El altar de la basílica de San Alejandro, en Roma (s.V), es el ejemplo más antiguo de esta segunda forma; otro bastante interesante (s.VI) es el de San Apolinar in Classe, de Rávena.

c) En forma de cubo, pero macizo, levantado sobre el sepulcro del mártir (confessio)cuando éste yace por debajo del nivel del suelo. Para llegar a las reliquias se desciende por una rampa bajo el pavimento y por una puerta (ianua confessionis) se entra en la celda (cella) sepulcral del mártir. Con frecuencia, pequeños orificios (cataractae)establecían comunicación directa entre el altar y la cella. A este tipo pertenece el altar erigido sobre la tumba de San Pedro.

La nueva forma del altar-tumba no se impuso en la Iglesia sin dificultad. Conocemos, en efecto, las protestas de Fausto de Milevi, uno de los corifeos del maniqueísmo, y las de Vigilancio, sacerdote de Barcelona. Contra los erroles de Fausto escribió San Agustín, dando, entre otras cosas, la explicación teológica y didáctica de la nueva práctica admitida por la Iglesia: "Populus christianus memorias martyrum religiosa solemnitate concelebrat, et ad excitandam imitationem, et ut meritis eorum consocietur atque orationibus adiuvetur: ita tamen ut nulli martyrum, sed ipsi Deo martyrum constituamus altaría. Quis enim antistitum, in locis sanctorum corporum assistens altari, aliquando dixit: Offerimus tibí, Petre, aut Paule, aut Cipriane? Sed quod offertur, Deo offertur qui martyres coronavit, apud memorias eorum quos coronavit; ut ex ipsorum looorum admonitione maior affectus exurgat ad acuendam caritatem et in illos, quos imitari possumus, et in illum, quo adarvante possumus".

A las objeciones de Vigilancio respondió San Jerónimo reivindicando la legitimidad del culto a los mártires y del honor que a ellos se daba en el altar.

La costumbre de asociar al altar la memoria de los mártires, que encontró unánime simpatía en el mundo cristiano, juntamente con la erección de múltiples iglesias, condujo a la búsqueda febril de reliquias para la dedicación de los nuevos altares cuando, como sucedía más frecuentemente, la iglesia no se construía junto al sepulcro de un mártir. A este respecto conviene observar que la disciplina de la Iglesia de Roma era distinta de la de Oriente.

Roma hasta el siglo VII, a pesar de las insistentes y autorizadas peticiones, no consintió jamás en trasladar los cuerpos de los mártires de sus sepulcros, ni tampoco en separar de ellos una parte; la tumba de los mártires era inviolable. Sin embargo, en lugar de enviar verdaderas reliquias, lo que hacía era mandar como regalo reliquias equivalentes, esto es, pañuelitos (brandea, falliola) que habían tocado el sepulcro del mártir, o trocitos de tela empapados en su sangre, o lamparillas de aceite encendidas ante su tumba. Por el contrario, en Oriente y en Italia septentrional, que seguía la disciplina oriental, el traslado de los cuerpos de los mártires y su fraccionamiento se hicieron pronto comunes. Son conocidísimos los traslados hechos por San Ambrosio de los santos mártires Gervasio y Protasio a la basílica por él construida, de los Santos Vital y Agrícola desde Bolonia al altar de la basílica de Florencia, de los Santos Nazario y Celso a la basílica de los Apóstoles. San Gaudencio, amigo suyo y obispo de Brescia, recosió en sus viaies un verdadero tesoro de reliquias para su basílica, a la que quiso llamar pomposamente"concilium sanctorum".

Originariamente, la lista de las reliquias, algunas veces numerosas, que se colocaban en el altar venía escrita sobre el altar mismo; más tarde, esa misma lista, escrita en pergamino (pittacium), se encerró en la capsella que las contenía, como todavía es uso recomendado por el Pontifical. Se conservan varias capsella metálicas antiquísimas, como la de San Nazario, plateada, en Milán, del 382; se colocaban en un hueco a propósito, hecho en la base del altar o bien excavado en el espesor de la mesa, según la costumbre generalizada después. Las reliquias no eran solamente de mártires, sino también de confesores, de vírgenes o relacionadas con la Virgen o con Nuestro Señor. Conviene, sin embargo, observar que, por más que la costumbre de colocar reliquias en los altares se extendiera muchísimo, no siempre podía llevarse a la práctica por falta de reliquias. Por eso se buscaban substitutivos. Véase por qué en el siglo IX surge una curiosa usanza, subrayada por vez primera en un canon del concilio de Celchyth (816), en Inglaterra, el cual sugiere colocar como reliquia sobreeminente la santísima eucaristía: "Et si alias reliquias intimare non potest, tamen hoc máxime proficere potest, quia Corpus et Sanguis est D. N. I. C.".

En esta época, sin embargo, vemos ya que la santísima eucaristía (tres hostias) se colocaba igualmente aun cuando no faltasen las reliquias. Los tres granos de incienso que hoy se usan en el rito de la dedicación consta que estaban va en uso en aquel tiempo y que guardaban relación con las tres hostias consagradas sepultadas en el altar. El uso se extendió a todo el Occidente, incluso a Italia; los libros litúrgicos de la época contienen las correspondientes rúbricas. La antigua disciplina de la Iglesia latina que asociaba a los mártires con el altar está todavía en visror. Para emesan un altar pueda consagrarse lícitamente debe poseer en la mesa un sepulcro, esto es, una pequeña hendidura con las reliquias de los santos, de las cuales dos por lo menos tienen que ser de mártires.


Nos referimos aquí a los vasos o receptáculos de diversos tipos en los que la Iglesia a través de los siglos ha guardado determinados objetos de culto. Entre éstos figuran, en primer lugar, las reliquias de los mártires y de los santos.

La memoria de éstos no se limitaba únicamente a la lectura de sus gestas, ni sólo a la inscripción de sus nombres en los dípticos, sino que principalmente iba unida a la veneración de sus reliquias, ya estuviesen éstas encerradas dentro de una capsa, si se trataba del cuerpo entero, o en una capsella o cofrecito, si era solamente una parte de los huesos o cenizas, ya fuesen, en fin, reliquias de mero contacto (brandea, palliola).

A partir del siglo IV son frecuentes las alusiones a cajas de metal, madera y marfil que conteniendo reliquias se colocan en los altares en el acto de su dedicación o se entierran junto a las sepulturas de los difuntos para su sufragio, o bien se llevan al cuello(encolpia) o se tienen en casa como objeto de devoción.

El ejemplar más antiguo y precioso que ha llegado hasta nosotros es la Lipsanoteca, de Brescia (primera mitad del s.IV), el más bello de los marfiles cristianos. En un principio tenía la forma de cofrecito; más tarde fue descompuesta, y cada una de las tapas puestas en comisa en forma de cruz su primitiva forma de cofrecito, no ha mucho que fue transformado en cuadro.

Algo posterior en el tiempo es la capsella argentea de la basílica de San Nazario, en Milán, donde en 382 San Ambrosio depuso algunas reliquias que consiguió en Roma. Otras vetustas arquillas con representaciones o emblemas cristianos son la de Brivio, en Brianza (s.V); la de Rímini (s.V), la de Grado (s.V), que lleva grabados los nombres de los santos cuyas son las reliquias; la de Monza (s. VIII), de factura tosca, pero toda ella incrustada de piedras preciosas. Son además interesantes, aunque de distinto carácter, las numerosas ampollas de plata (s.V-VI) que se conservan también en Monza; fueron llevadas de Roma para la reina Teodolinda con aceite de los santos mártires; provenían del Oriente y reproducen escenas de la pasión según el tipo de las medallas allí usadas.

(Mons. Mario Righetti: Historia de la Liturgia, ed. española de la BA
fonte:Roma Aeterna

domingo, 4 de noviembre de 2012

XXIII Domingo después de Pentecostés.


El tiempo después de Pentecostés es imagen de la larga peregrinación que la Iglesia recorre hasta llegar al cielo, y estos Domingos describen sus últimas etapas. Por eso precisamente se leen por ahora en el Breviario los escritos de los Profetas mayores y menores, que nos anuncian lo que ocurrirá hacia el fin del mundo.
 Cuando los caldeos hubieron deportado los judíos a Babilonia, recorrió Jeremías las ruinas de Jerusalén, pronunciando sus Lamentaciones y diciendo: “Mira, Señor, que ha caído postrada en la desolación la ciudad antes nadando en riquezas, que está asentada en la tristeza la señora de las Naciones. Llorando está día y noche, y sus lágrimas surcan sus mejillas” (Resp. 2º, Dom. 1º de nov.).
 Pero el mismo Profeta canta sobre esas ruinas el advenimiento del Mesías, el cual habrá de restaurar todas las cosas: “El Señor ha redimido a su pueblo y le ha libertado; y vendrán y saltarán de júbilo en el monte Sión y se alegrarán con los bienes del Señor” (Resp. 1º, Lun. 2º sem.). Además, Jeremías fue una figura de las más expresivas de Jesús paciente, y grande su prestigio de santidad. Uno de los cautivos de Babilonia fue el sacerdote Ezequiel. Había éste vaticinado el cautiverio de su pueblo de Israel, cuando dijo: “Ahora el fin viene sobre ti (Jerusalén), y enviaré mi furor contra ti, y te juzgaré según tus caminos, y no tendré conmiseración de ti” (1ª lec., Miérc. 2ª sem.). Ezequiel tiene páginas en extremo consoladoras, en que nos habla de la bondad divina para con el pecador, y cómo no quiere sino “que el impío salga de su mal camino, y que viva”. Entre las muchas y muy misteriosas visiones y profecías con que fue favorecido del cielo, tuvo Ezequiel una en que el Señor le mostró sobre un alto monte el Templo futuro, indicándole el culto perfecto que de su pueblo esperaba el día que Él lo volviese a plantar en las colinas eternas de Sión (1ª lec., Viern. 2ª sem.). Daniel que estuvo también cautivo en Babilonia, fue gran privado del rey Nabucodonosor, haciéndose querer y distinguiéndose por sus grandes prendas y por su apego a la santa Ley de Dios, pues, a trueque de guardarla, no temió perder la privanza regia, ni bajar al foso de los leones. Dios los amansaría; y Dios los amansó y nada le hicieron.”Varón de grandes deseos el Señor le favoreció siempre y dióle la gracia de interpretar los sueños. Él descifró el enigma del sueño de Nabucodonosor, en que vio una piedrecita rodada del monte derribar la estatua magna hecha de oro, de plata, de hierro y de barro. Esa piedrecita era figura de Cristo, el cual en la humildad de su carne mortal, derrumbó al mundo y al demonio con todo su poderío, a esos colosos de mucha apariencia y de poca consistencia representados en la estatua misteriosa (Lun. 3ª sem.). También acabó con el ídolo Dagón, o sea, que dio al traste con el demonio y con todo su imperio, anunciando de un modo certero la próxima venida de Cristo Rey, fijando el número de semanas de años que faltaban hasta su venida.
 La profecía de Oseas se lee también en estos días (4ª sem. de nov.). Oseas anunció asimismo la ruina del reino de Israel y la vocación de los gentiles a la religión verdadera, de ese pueblo antes maldito pero a quien se dirá algún día: “Vosotros sois los hijos del Dios vivo” (Noct. 1°, 4ª sem.). También afirma el santo profeta que los mismos judíos carnales al fin creerán en el único Dios verdadero, en Cristo, reconociendo al que es piedra angular, que vino a derrumbar la valla de separación que dividía al pueblo judío del gentil; pues todos, por la gracia de Cristo, podrán ser hijos de Abrahán según el espíritu, y compartir sus promesas. (S. Agustin).
  Afirma también Oseas que “los hijos de Israel se quedarán durante largos días sin rey y sin príncipe, sin sacrificio y sin altares, sin sacerdocio y sin profecías”. Y ¿quién no ve todo esto cumplido al pie de la letra? (3º Noct.. 4ª sem.).
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sábado, 3 de noviembre de 2012

Martirologio Romano (1956).


  1. En Milán, el tránsito de san Carlos Borromeo, Cardenal, Obispo de Milán y Confesor, al cual, célebre en santidad y esclarecido en milagros, el Papa Paulo V puso en el número de los Santos. Su fiesta se celebra el día siguiente.
  2. En el mismo día la dichosa muerte de san Cuarto, discípulo de los Apostóles.
  3. En Viterbo, los santos Mártires Valentín, Presbítero, e Hilario, Diácono, los cuales, en la persecución de Maximiano, por la fe de Cristo, arrojados con una gran piedra en el Tíber, pero sacados de allí milagrosamente por un Ángel, finalmente degollados, recibieron la corona del martirio.
  4. En Cesarea de Capadocia, los santos Mártires Germán, Teófilo, Cesareo y Vidal, que, en la persecución de Decio, arrostraron generosamente el martirio.
  5. En Zaragoza de España, los santos Innumerables Mártires, que, siendo Daciano Presidente de las Españas, maravillosamente ímurieron por Cristo.
  6. En Inglaterra, santa Wenefrida, Virgen y Mártir.
  7. En el monasterio de Claraval, en Francia, el tránsito de san Malaquías, Obispo de Connaught en Irlanda, que en su tiempo resplandeció con muchas virtudes, y cuya vida escribió san Bernardo, Abad.
  8. SAN HUBERTO, Obispo y Confesor
  9. El mismo día, san Huberto, Obispo de Tongres.
  10. En Viena de Francia, san Domno, Obispo y Confesor.
  11. Asimismo, el tránsito de san Pirmino, Obispo Meldense.
  12. En Urgel de la España Tarraconense, san Hermengaudio, Obispo.
  13. En Roma, santa Silvia, madre de san Gregorio Papa.
Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Conmemoración de los Fieles Difuntos.


CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Bienaventurados los muertos
que mueren en el Señor.
(Apocalipsis 14, 13)
Un santo ermitaño se cruzó en el camino con un monje de Cluny y le rogó dijese a San Odilón, abad de ese monasterio, que los demonios se quejaban por el número de almas que sus oraciones y la de sus religiosos libraban del purgatorio. En cuanto lo supo, el santo abad ordenó a toda su Orden que consagrara el segundo día de noviembre para orar por la liberación de las almas del purgatorio. Esto fue en el año 998. Esta costumbre, adoptada enseguida por otros monjes y por la diócesis de Lieja en 1008, se extendió gradualmente en todo el Occidente.
MEDITACIÓN
SOBRE LAS ALMAS
DEL PURGATORIO
I. Las almas del purgatorio sufren la pena de daño, porque están privadas de la vista de Dios. ¡Qué cruel es esta separación! La naturaleza y la gracia los impulsan violentamente hacia Dios, pero no pueden llegar hasta Él. Lo que les causa más pena es ver que su dicha es aplazada porque, en la tierra, gozaron de algunos leves placeres que les estaban prohibidos. Ten piedad de estas almas y, con tus mortificaciones, trabaja por retirarlas de esta triste morada.
II. Estas almas son atormentadas por el mismo fuego que atormenta a los condenados, su pena es la misma; la única diferencia está en que los condenados sufrirán toda la eternidad y las almas del purgatorio solamente un tiempo. Puedes abreviar este tiempo con tus oraciones, ayunos y limosnas. ¿Negarás esta caridad a tus padres, a tus hermanos cristianos que te la piden? Oye su queja:¡Tened piedad de mí, tened piedad de mí, por lo menos vosotros que fuisteis mis amigos!
III. Estas santas almas, sin embargo, tienen consuelos en medio de sus suplicios, porque están resignadas a la voluntad de Dios que en ellas se cumple para purificarlas, y porque ven, por un lado, el infierno que evitaron, y por el otro, el cielo que las espera. Cristianos, aprended de ellas cómo hay que sufrir y pasad lo más que podáis vuestro purgatorio en esta vida; sufrid con la misma fortaleza y la misma esperanza que las almas del purgatorio. Señor, purificadme en esta vida, a fin de que después de esta vida escape de las llamas del purgatorio (San Agustín).
La devoción a las almas del purgatorio.
Orad por su liberación.
ORACIÓN
Oh Dios, Creador y Redentor de todos los hombres, conceded a las almas de vuestros servidores y servidoras, la remisión de todos sus pecados, a fin de que obtengan por nuestras humildísimas oraciones el perdón que ellas siempre han deseado. Vos que vivís y reináis en unidad con el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

jueves, 1 de noviembre de 2012

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio - DÍA NOVENO.


Por la señal de la santa cruz, etc.
ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN AL PADRE ETERNO
PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Meditación
AGRADECIMIENTO DE LAS BENDITAS ÁNIMAS
PARA CON SUS DEVOTOS
PUNTO PRIMERO
Ved aquí el día feliz; hoy, con las numerosas comuniones y sufragios que los fieles han ofrecido al Señor, no sólo en ésta, sino en tantas otras iglesias, muchas de aquellas Almas, ayer tan afligidas y desgraciadas, han pasado a ser dichosos habitantes y príncipes felicísimos de la Corte celestial. Ya ven cara a cara la Hermosura y Majestad infinita; ya poseen a Dios, que contiene en sí cuanto hay de amable, de grande, delicioso y perfecto. Su entendimiento ya no puede experimentar ni más alegría, ni más suavidad, ni más dicha. ¡Ay¡ ¡si pudieses, amado cristiano, penetrar hoy en aquella dichosa patria y contemplar el transporte de aquellos Bienaventurados! ¡Qué enhorabuenas, qué abrazos se dan tan amorosos! ¡Qué cánticos entonan en acción de gracias al Dios de las misericordias y a los generosos cristianos que las han sacado del Purgatorio! ¡Oh! ¡cómo dan por bien empleadas las penas que en este mundo padecieron! ¡Oh! ¡con cuánta alegría está diciendo cada una de ellas: Dichosas confesiones y comuniones; dichosas las Misas que oía, las limosnas, oraciones, penitencias y obras buenas que yo practicaba; dichosas las burlas y escarnios que yo sufría por ser devota! ¡Y con qué magnificencia pagáis, Señor, hasta los sacrificios más pequeños e insignificantes que hice por vuestro amor! ¿No quisieras, cristiano, tener tú la misma suerte? Pues pelea contra las pasiones; que sin pelear no se alcanza victoria; sin pena, no hay felicidad.
Medita un poco sobre lo dicho.
PUNTO SEGUNDO
¡Y qué dicha, cristiano, la tuya, si has logrado librar del Purgatorio a alguna de aquellas Almas! El cielo debe a tus sufragios el nuevo regocijo y la nueva gloria accidental que ahora experimenta. Y aquellas Almas dichosas te deben la libertad, y con ella la posesión de una felicidad infinita. ¿Qué súplicas, pues, tan fervorosas no harán a Dios por ti? ¿En qué necesidad podrás encontrarte que no cuiden de socorrerte? ¿Qué empeño pondrán en conseguirte las gracias necesarias para vencer las tentaciones, adquirir las virtudes y triunfar de los vicios? Y si alguna vez te vieres en peligro de pecar y de caer en el infierno, ¡con cuánto más celo que el pueblo de Israel lo hizo en favor de Jonatás, dirán al Señor!: ¿Y permitiréis, oh gran Dios, que se pierda eternamente un cristiano que me ha librado a mí de tan horribles penas? ¿No prometisteis que alcanzarían misericordia con el prójimo? ¿Y consentiríais ahora que cayese en el infierno aquel que con sufragios me abrió las puertas del cielo? ¡Ah dichoso cristiano! ¡cuánto envidio tu dicha! Persevera, y tienes segura la palma de la gloria.
Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.
EJEMPLO
Santa Gertrudis, aquella esposa tan regalada del Señor, había hecho donación de todos sus méritos y obras buenas a las pobres Ánimas del Purgatorio; y para que los sufragios tuviesen más eficacia y fuesen más adeptos a Dios, suplicaba a su divino Esposo le manifestase por qué Alma quería que satisfaciese. Se lo otorgaba su Divina Majestad, y la Santa multiplicaba oraciones, ayunos, cilicios, disciplinas y otras penitencias, hasta que aquella alma hubiese salido del Purgatorio. Sacada una, pedía al Señor le señalara otra; y así logró librar a muchas de aquel horrible fuego. Siendo ya la Santa de edad avanzada, le sobrevino una fuerte tentación del enemigo que le decía: “¡Infeliz de ti! ¡Todo lo has aplicado a las Animas del Purgatorio y no has satisfecho todavía por tus pecados! Cuando mueras, ¡qué penas y tormentos te aguardan!” No dejaba de acongojarla este pensamiento, cuando se le apareció Cristo Señor Nuestro, y la consoló diciendo: “Gertrudis, hija mía muy amada; no temas: los sufragios que tú ofreciste a las Ánimas del Purgatorio, me fueron muy agradables; tú no perdiste nada; pues en recompensa no sólo te perdono las penas que allí habías de padecer, sino que aun aumentaré tu gloria de muchísimos grados. ¿No había prometido yo dar el ciento por uno, pagando a mis fieles servidores con medida buena, abundante y apretada? Pues mira, yo haré que todas las Almas libertadas con tus oraciones y penitencias te salgan a recibir con muchos Ángeles a la hora de la muerte, y que, acompañada de este numeroso y brillante cortejo de bienaventurados, entres en el triunfo de la gloria”.
ORACIÓN A LAS BENDITAS ALMAS LIBERTADAS
DEL PURGATORIO POR LOS SUFRAGIOS
OFRECIDOS DURANTE EL NOVENARIO
¡Oh almas dichosas y felices, a quienes nuestro dulcísimo Jesús acaba de admitir hoy en su patria celestial! Os felicitamos, y damos en nombre de toda la Iglesia mil enhorabuenas por esta dicha tan grande. Unimos nuestra alegría con la vuestra y con la de los Ángeles y Serafines; juntamos nuestras acciones de gracia con los cánticos y alabanzas que vosotras entonáis al Creador por tan inestimable beneficio. Sí, Almas santas y dichosas; alegraos: ya se han acabado para vosotras las penas y tristezas, las aflicciones y trabajos, los peligros y tentaciones de esta miserable vida. Sólo os queda una eternidad de descanso, de alegría, de delicias y de bienaventuranza infinita. ¡Qué dicha también la nuestra, si con estos sufragios os hemos acelerado la posesión de tanta gloria! Sí, triunfad en el cielo; pero no hagáis como hizo aquel ingrato copero de Faraón con José; no olvidéis a vuestros pobres hermanos, que militamos aún en este valle de lágrimas; echad una mirada compasiva sobre nosotros; ¡mirad de cuántos y cuán fieros enemigos nos vemos rodeados! Ahora que sois tan poderosas delante de Dios, interceded por nosotros, para que siendo fieles y constantes en su servicio podamos en vuestra compañía alabarle y glorificarle un día eternamente. Amén. Cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías y un Gloria Patri a las cinco llagas de Cristo Señor nuestro en sufragio de las benditas Ánimas del Purgatorio.
OBSEQUIO
Formar una firme resolución de ofrecer todas nuestras obras satisfactorias en sufragio de las pobrecitas Ánimas.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Novena en Sufragio de las Afligidas Ánimas del Purgatorio - DÍA OCTAVO.


Por la señal de la santa cruz, etc.
ACTO DE CONTRICIÓN
ORACIÓN AL PADRE ETERNO
PARA TODOS LOS DÍAS DE LA NOVENA
Meditación
CÓMO RECOMPENSARÁ EL SEÑOR
A LOS DEVOTOS DE LAS BENDITAS ÁNIMAS
PUNTO PRIMERO
Supongamos, cristiano piadoso, que movido por estas meditaciones, haces una sincera y dolorosa confesión, y ganando la indulgencia plenaria de este santo Novenario, sacas un Alma de la horrenda prisión del Purgatorio. ¡Ah! ¡y qué grande será tu dicha! Si perseveras, ¡qué galardón tan grande recibirás en el cielo! Si los reyes de la tierra, siendo miserables mortales, recompensan con tanta munificencia al que libra a uno de sus vasallos de un gran peligro, o expone su vida sirviendo generosamente a los apestados, ¿cómo pensáis vosotros que premiará el Señor al que libre a una o más Almas de las abrasadoras llamas del Purgatorio? Decid, padres y madres: si aquel hijo, que es la niña de vuestros ojos, cayese en un río o en el fuego y un hombre generoso os le sacara y presentara vivo, ¿cómo se lo agradeceríais? Si vosotros fueseis ricos y potentados, y él pobre, ¿cómo le premiaríais? Ahora bien: ¿qué tiene que ver el cariño del padre más amoroso con el amor que Dios profesa a aquellas Almas, que son sus hijas y esposas muy amadas? ¿Qué son todos los peligros y males de este mundo, comparados con las espantosas penas del Purgatorio? ¿Y qué comparación hay entre el poder y la generosidad de un miserable mortal y el poder y la generosidad infinita de Dios, que promete un inmenso premio de gloria por la visita hecha a un preso, a un enfermo, o por un vaso de agua a un pobre por su amor? ¡Ah, cristiano! no dudo decir que miro como asegurada tu salvación si logras sacar a una sola Alma del Purgatorio. ¿Y no harás lo posible para lograrlo?
Medita un poco sobre lo dicho.
PUNTO SEGUNDO
No pienses, alma cristiana, que ésta es una reflexión piadosa; es una promesa formal de Jesucristo, verdad eterna, que no puede faltar a su palabra. ¿No nos dice en el sagrado Evangelio: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”? Fundado en estas palabras infalibles, hasta ahora, dice el Padre San Gregorio: “Yo no sé que se haya condenado ninguno que haya usado de misericordia con el prójimo”. ¡Ah! Dios quiere mucho a las Almas; todo cuanto se hace por ellas lo mira, agradece y premia como si a Él mismo se le hiciera: “En verdad os digo que todo cuanto habéis hecho con uno de esos pequeños hermanos míos, lo habéis hecho conmigo”. ¡Ah! dichosos cristianos; si socorréis a las pobres Ánimas del Purgatorio, “venid –os dirá un día nuestro liberalísimo Juez–; venid, benditos de mi Padre celestial. Aquellas pobres Almas tenían hambre, y vosotros comulgando las habéis alimentado con el pan de vida de mi sacratísimo Cuerpo; morían de sed y oyendo o haciendo celebrar Misa les habéis dado a beber mi Sangre preciosísima; estaban desnudas, y con vuestras oraciones y sufragios las habéis vestido con una estola de inmortalidad; gemían en la más triste prisión, y con vuestros méritos e indulgencias las habéis sacado de ella. Y no es precisamente a las Ánimas a quienes habéis hecho estos favores; a Mí me los habéis hecho: Mihi fecistis: pues todo cuanto hicisteis por ellas, Yo lo miro por tan propio como si lo hubieseis hecho para Mí mismo. Por lo tanto, venid, benditos de mi Padre celestial, a recibir la corona de gloria que os está preparada en el cielo”. ¿Y no querríais, cristianos, lograr tanta dicha? Pues en vuestra mano está.
Medita lo dicho un poco; encomienda a Dios las Ánimas de tu mayor obligación y pide, por la intercesión de María Santísima, la gracia que deseas conseguir en esta Novena.
EJEMPLO
Tenía una pobre mujer napolitana una numerosa familia que mantener, y a su marido en la cárcel, encerrado por deudas. Reducida a la última miseria, presentó un memorial a un gran señor, manifestándole su infeliz estado y aflicción; pero con todas las súplicas no logró más que unas monedas. Entró desconsolada en una iglesia, y encomendándose a Dios, sintió una fuerte inspiración de hacer decir con aquellas monedas una Misa por las Ánimas, y puso toda su confianza en Dios, único consuelo de los afligidos. ¡Caso extraño! Oída la Misa, se volvía a casa, cuando encontró a un venerable anciano, que llegándose a ella le dijo: “¿Qué tenéis, mujer? ¿Qué os sucede?” La pobre le explicó sus trabajos y miserias. El anciano, consolándola, le entregó una carta, diciéndole que la lleve al mismo señor que le ha dado las monedas. Éste abrió la carta, y ¿cuál no fue su sorpresa cuando ve la letra y firma de su amantísimo padre ya difunto? “¿Quién os ha dado esta carta?” “No lo conozco –respondió la mujer–, pero era un anciano, muy parecido a aquel retrato; sólo que tenía la cara más alegre”. Leyó de nuevo la carta, y observó que le dicen: “Hijo mío muy querido, tu padre ha pasado del Purgatorio al cielo por medio de la Misa que ha mandado celebrar esa pobre mujer. Con todas veras la encomiendo a tu piedad y agradecimiento; dale una buena paga, porque está en grave necesidad”. El caballero, después de haber leído y besado muchas veces la carta, regándola con copiosas lágrimas de ternura: “Vos –dijo a la afligida mujer–, vos, con la limosna que os hice, habéis labrado la felicidad de mi estimado padre; yo ahora haré la vuestra, la de vuestro marido y familia”. En efecto, pagó las deudas, sacó al marido de la cárcel, y tuvieron siempre, de allí en adelante, cuanto necesitaban y con mucha abundancia. Así recompensa Dios, aun en este mundo, a los devotos de las benditas Ánimas.
ORACIÓN A JESÚS
CLAVADO EN LA CRUZ
¿De qué trabajos puedo quejarme, oh Jesús dulcísimo, cuando os contemplo clavado en la cruz, desamparado de vuestro Padre celestial, padeciendo la más cruel sed y agonía por mi amor? ¿Cómo no esperaré cuando por todas esas llagas abiertas, como por otras tantas bocas o volcanes de amor, pedís misericordia y perdón? Sí; aliéntate, pecador; pronto está Dios a borrar culpas pasadas; alentaos también vosotras, Almas benditas del Purgatorio; ya se acerca la hora de vuestro rescate y de vuestra libertad. Mañana, con las comuniones que se os ofrecerán, será el dichoso día de vuestra redención. ¡Oh! haced que así sea, dulcísimo Jesús, moved el corazón de estos fieles para que no nieguen este sufragio a las Ánimas, apagad la sed ardentísima que esas Almas tienen de veros, de gozaros, de reinar con Vos y bendeciros por siglos infinitos. Amén. Diremos cinco Padre nuestros, cinco Ave Marías y un Gloria Patri para alcanzar esta gracia del Señor.
OBSEQUIO
Hacer una limosna en sufragio de las Almas del Purgatorio.
ORACIÓN A LAS ÁNIMAS EN EL PURGATORIO