lunes, 30 de marzo de 2015

La reforma de 1956 Domingo de Ramos.

No cabe duda de que la Semana Santa reformada bajo Pío XII introdujo (y suprimió) prácticas que preparaban los cambios postconsiliares. En mi descartable opinión se trató de una reforma pobre, apresurada, fea y sobre todo innecesaria, que aún desconcierta en sus ceremonias patosas a los sacerdotes que hoy la vuelven a celebrar a tenor del Motu Proprio Summorum Pontificum
Déjenme que vaya trabajando de memoria en esta entrada algunos puntos. No intento ser exhaustivo, sólo indicaré los cambios a mi entender más chocantes que alteran, mutilan o reemplazan usos multiseculares.
Reitero que estoy refiriéndome a las alteraciones que tuvieron lugar en 1956, a tenor delDecretum Generale Quo Liturgicus Hebdomadae Sanctae Ordo Instauratur de la Sagrada Congregación de Ritos, del 16 de noviembre de 1955. Estamos nadando en el piélago abisal de la liturgia.
Domingo de Ramos
  • supresión de la aspersión dominical previa a la misa mayor
  • cruz procesional descubierta durante el tiempo de la Pasión, mientras que la del altar permanece cubierta
  • ornamentos rojos en vez de morados para la bendición, distribución de palmas y procesión
  • supresión de la "misa seca" en el altar (introito, epístola, gradual, evangelio, prefacio, oraciones solemnes) que se reemplaza por una bendicion escuálida, una epístola dicha no se sabe desde dónde y un evangelio que tampoco se sabe desde dónde se canta
  • posibilidad de bendecir los ramos colocados sobre una mesa, con el celebrante de cara al pueblo y sin foco común de orientación
  • extraño rito en el que el celebrante se pasea entre los fieles haciendo una aspersión que no se sabe si es de los ramos, los fieles, o ambos, y vuelta a pasearse incensando sin parar, algo nunca visto en el rito romano
  • alteración del orden de imposición del incienso
  • sin clarificar quién da el ramo al celebrante
  • procesión con la posibilidad de introducir cantos ad libitum que mutilan o suprimen los cantos de siempre, sin pararse ante la puerta cerrada para el diálogo del Gloria laus et honor, con el Ingrediente cantado no cuando entra la procesión en la iglesia sino cuando entra el sacerdote, aunque hasta esto no queda claro en el texto
  • oración final en el altar de cara al pueblo y con un acólito, no los ministros, aguantando el libro
  • supresión de las casullas plegadas, vestigio antiquísimo de la práctica de la Iglesia primitiva
  • el sacerdote no lee lo que se canta sino que se sienta y escucha
  • supresión de los ritos iniciales de la misa, que empieza con la incensación del altar
  • la Pasión se lee sin evangelio final
  • en el oficio solemne, tres diáconos sin manípulo cantan toda la Pasión, mientras los ministros escuchan y el diácono de la misa... ¡no canta el evangelio!
  • como no hay evangelio, se cambia el momento del Munda cor meum, no hay incensación ni ósculo al misal
  • supresión en el relato de la Pasión de la institución de la Eucaristía
  • los ramos no se tienen en las manos durante la Pasión
  • omisión del último evangelio

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