miércoles, 19 de marzo de 2014

Martirologio Romano.

19 de Marzo / Die 19 Martii. Quartodecimo Kalendas Aprilis. 


En Judea, el dichoso tránsito de san José, Confesor, Esposo de la bienaventurada Virgen María y a quien el Papa Pio Noveno declaró Patrono de la Iglesia universal.
In Judaea natalis sancti Joseph, Sponsi beatissimae Virginis Mariae, Confessoris; quem Pius Nonus, Pontifex Maximus, votis et precibus annuens totius catholici Orbis, universalis Ecclesiae Patronum declaravit.

En Sorrento, los santos Mártires Quinto, Quintila, Cuartila y Marcos, con otros nueve.
Surrenti sanctorum Martyrum Quincti, Quinctillae, Quartillae et Marci, cum aliis novem.

En Nicomedia, san Pancario Romano, el cual, por congraciarse con el Emperador Diocleciano, renegó de Cristo y adoró a los falsos dioses; pero pronto, por las instancias de su madre y hermana, volvió a la verdadera fe y, permaneciendo en ella con inconmovible constancia, azotado con nervios y degollado, recibió la corona del martirio.
Nicomediae sancti Pancharii Romani, qui, sub Diocletiano Imperatore, in hujus gratiam Christum pro diis inanibus ejuravit, sed, matre ac sorore instantibus, ad veram fidem mox redivit,  et ob immotam in ea constantiam, nervis caesus etcapite truncatus, martyrii coronam accepit.

El mismo día, los santos Apolonio y Leoncio, Obispos.
Eodem die sanctorum Apollonii et Leontii Episcoporum.

En Gante de Flandes, los santos Landoaldo, Presbítero Romano, y Amancio, Diácono; los cuales, enviados por el Papa san Martín a predicar el Evangelio, ambos cumplieron fielmente el ministerio apostólico, y después de muertos resplandecieron con muchos milagros.
Gandavi, in Flandria, sanctorum Landoaldi, Presbyteri Romani, et Amantii Diaconi; qui, a sancto Martino Papa ad praedicandumEvangelium missi, ambo apostolicum sibi commissum opus fideliter impleverunt, ac multis post obitum sunt illustrati miraculis.


En la ciudad de Penne, la feliz muerte de san Juan, varón de gran santidad, que vino de Siria a Italia, y edificando allí un monasterio, fue por cuarenta y cuatro años Padre de muchos siervos de Dios, e ilustre en virtudes, descansó en paz.
Apud Pinnensem civitatem natalis beati Joannis, magnae sanctitatis viri; qui de Syria ad Italiam venit, atque ibi, constructo monasterio, multorum servorum Dei per quatuor et quadraginta annos Pater exstitit, et, clarus virtutibus, in pace quievit.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

domingo, 16 de marzo de 2014

Domingo 2º de Cuaresma.

Hoy el Breviario nos habla del patriarca Jacob, modelo que es de entera confianza en Dios, aun en medio de los mayores contratiempos. Toda la vida de Jacob es figurativa de Cristo. Dice San Agustín que "el hecho de la bendición que Isaac concedió a Jacob tenía un sentido simbólico, por cuanto las pieles de cabrito representaban los pecados, y Jacob revestido de esas mismas pieles era imagen de Aquél que, no teniendo pecados propios, cargó con los ajenos" (Maitines). Simbolismo que todavía recuerda el Pontifical Romano al obispo, cuando se pone los guantes para celebrar Misa. Jacob fue "el suplantador" de su hermano Esaú, pues le ganó su derecho de primogenitura. Jesús, a su vez, suplantó al demonio, principe de este mundo, arrebatándole su presa con un arte y astucia divinas: ars ut artem falleret. Jacob en su lucha con el Ángel salió al fin vencedor, y desde entonces le mandó Dios que se llamase Israel, o sea fuerte contra Dios. Pero más fuerte aun fue Cristo Jesús, el cual con dolores y luchas a brazo partido con el ángel malo, lo venció y, lo que es más, logró desarmar a Dios mismo, atándole las manos de su justicia para que no descargase sobre la tierra culpable los golpes merecidos de su ira. Además Jesucristo es nuestro hermano mayor y nuestro capitán. Debemos escuchar sus palabras porque Él nos ha elegido para ser su propio pueblo. Claramente nos inculca esto la Epístola de hoy. Jesús se aplica también a sí mismo la aparición de la escala de Jacób, para demostrar que en medio de las persecuciones se ve continuamente protegido por la divinidad y por los Ángeles (S. Juan I, 51). Dice también San Hipólito que "así como Esaú urdía la muerte de su hermano, así el pueblo judío tramó la muerte de Cristo y de su Iglesia. Jacob hubo de huir muy lejos; y Cristo, a su vez, rechazado por la incredulidad de los suyos, hubo de fugarse a Galilea, en donde le fue dada por esposa la Iglesia, proveniente de la raza gentílica". Mas al fin de los tiempos estos dos pueblos, judío y gentil, llegarán a reconciliarse. También el Evangelio de hoy tiene como precursor en la visión de Jacob. Él vió la gloria de Dios, y los Apóstoles la vieron en la Transfiguración, y más tarde cuando se les apareció inundado en divinales efluvios después de resucitado Hagámonos dignos de contemplarle cuando la Iglesia y su liturgia nos le presenten radiante de gloria el santo día de Pascua, preludio e la Pascua eterna y de la visión beatífica que no tendrá fin, y que colmará plenamente las ansias más profundas y más nobles de nuestro ser.
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domingo, 9 de marzo de 2014

Domingo 1º de Cuaresma.

Toda la liturgia de este domingo es una exhortación a la confianza plena en Dios. El introito, gradual, ofertorio y comunión, están inspirados en el salmo de confianza "Qui habitat in adjutorio Altíssimi", Salmo que cantado enteramente en el tracto de la Misa, inspirará los responsorios breves y versillos de toda la Cuaresma, dándonos alientos a sostener con valentía el buen combate. Además ¿no es este combate el mismo, la lucha de Jesús que se prolonga continuamente en nosotros? Esto sin duda alguna es lo que la Iglesia quiere darnos a entender, al mostrarnos en el Evangelio de hoy a Jesús luchando denodadamente con Satanás al prepararse para su vida de ministerio público. Es su misión peculiar derrotar al demonio, como nos dirá en el Evangelio del sábado de Pasión; y al mostrarnos la escena presente, quiere que veamos el fundamento en que se ha de basar nuestra confianza en medio de la lucha. Cristo ha triunfado y la Iglesia nos enseña que también nosotros podemos vencer, porque en definitiva, en nosotros y en derredor nuestro, se libra el combate de Cristo, y por lo que se lucha es por la victoria misma de Cristo: nuestro valor es el suyo; pero quiere que en esta obra de salvación todos colaboremos con Él. Emprendamos, pues, llenos de confianza, el buen combate cuyo programa nos traza el Apóstol en la Epístola. Animémonos con el pensamiento de que nuestro progreso en la vida cristiana, es la continuación del triunfo de Cristo en nosotros. El combate que sostenemos para ello, el mismo que Jesús inauguró al comienzo de su vida pública. Verdad es que debiéramos ser siempre delante de Dios cual conviene lo seamos en la fiesta de Pascua; más como esa fortaleza es de pocos, ya que la flaqueza de la carne nos arrastra a que mitiguemos una observancia muy austera, y que las distintas ocupaciones de la vida dividen nuestra solicitud, de ahí que necesariamente el polvo mundanal manche aun a los corazones religiosos. Resulta, pues, utilísima para nuestra salvación esta divina institución de la Cuaresma a fin de que estos ejercicios de cuarenta días nos ayuden a recobrar la pureza de nuestras almas, redimiendo por medio de piadosas obras y de ayunos las culpas cometidas en los otros tiempos del año. Más para no dar a nadie el más leve motívo de descontento o escándalo, procuremos que nuestro modo de obrar no esté en desacuerdo con nuestro ayuno, porque de nada aprovecha cercenar al cuerpo la comida, si es que el alma no se aparta del pecado. "En este tiempo favorable, en estos días de salud", purifiquémonos con la Iglesia (Oración colecta) "por el ayuno, la castidad, la asiduidad en meditar y oir la divina palabra y por una sincera caridad" (Epístola).
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sábado, 8 de marzo de 2014

Martirologio Romano.

8 de Marzo / Die 8 Martii.  Octavo Idus Martii. 


En Granada de España, san Juan de Dios, Confesor, que fue Fundador de la Orden de Hermanos Hospitalarios de los enfermos, e insigne por su misericordia con los pobres y por el desprecio de sí mismo; a quien el Sumo Pontífice León XIII declaró celestial Patrono de todos los hospitales y enfermos.
Granatae, in Hispania, sancti Joannis de Deo Confessoris, qui Ordinis Fratrum Hospitalitatis infirmorum fuit Institutor, ac misericordia in pauperes et sui despectu exstitit insignis; quem Leo Decimus tertius, Pontifex Maximus, caelestem omnium hospitalium et infirmorum Patronum renuntiavit.

En Nicomedia, san Quintilo, Obispo y Mártir.
Nicomediae sancti Quinctilis, Episcopi et Martyris. 

En África, los santos Mártires Cirilo, Obispo, Rogato, Félix, otro Rogato, Beata, Herenia, Felícitas, Urbano, Silvano y Mamilo.
In Africa sanctorum Martyrum Cyrilli Episcopi, Rogati, Felicis, item Rogati, Beatae, Hereniae, Felicitatis, Urbani, Silvani et Mamilli. 

En Antinoo, ciudad de Egipto, el triunfo de los santos Mártires Apolonio, Diácono, y Filemón; los cuales, presos y llevados delante del Juez, como rehusasen constantemente sacrificar a los ídolos, horadados los calcañales, fueron bárbaramente arrastrados por la ciudad, y, por último, pasados a cuchillo, consumaron el martirio.
Apud Antinoum, Ægypti urbem, natalis sanctorum Martyrum Apollonii Diaconi, et Philemonis; qui, tenti et ad Judicem adducti, et, cum sacrificare idolis constanter renuissent, ambo, perforatis calcaneis, per civitatem horribiliter tracti, ac novissime, gladio caesi, martyrium compleverunt.

En el mismo lugar, el martirio de los santos Ariano Presidente, Teórico y otros tres, a quienes el Juez quitó la vida sumergiéndolos en el mar; pero sus cuerpos fueron, por ministerio de los delfines, sacados a la playa.
Ibidem passio sanctorum Ariani Prsesidis, Theotici et aliorum trium, quos Judex submersos in mare necavit, sed delphinorum obsequio corpora eorum ad littus delata sunt.

En Cartago, san Poncio, que fue Diácono del Obispo san Cipriano, y, sufriendo con él el destierro hasta la muerte de éste, dejó un excelente libro de la vida y martirio del mismo, y glorificando siempre al Señor en sus padecimientos, mereció la corona de la vida.
Carthagine sancti Pontii, qui fuit Diaconus beati Cypriani Episcopi, et, usque ad diem mortis illius sustinens cum ipso exsilium, vitae et passionis ejus egregium volumen reliquit, atque, in suis passionibus Dominum semper glorificans,coronam vitae promeruit.


En Toledo de España, la feliz muerte de san Julián, Obispo y Confesor, en santidad y doctrina celebérrimo.
Toleti, in Hispania, depositio beati Juliani, Episcopi et Confessoris, sanctitate et doctrina celeberrimi.


En Inglaterra, san Félix, Obispo, que convirtió a la fe los Ingleses orientales.
In Anglia sancti Felicis Episcopi, qui orientales Anglos ad fidem convertit.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

viernes, 7 de marzo de 2014

La Cuaresma en el Año Litúrgico.

Nunca ponderaremos lo suficiente la relevancia que el Año Litúrgico tiene en la vida de la Iglesia. Como la sucesión de las estaciones estimula y regula la renovación vital del mundo físico, la contemplación y vivencia de los sucesivos tiempos litúrgicos inciden en la actualización, interiorización y proyección del mensaje de Cristo, tanto desde una perspectiva individual como comunitaria. Su pone una espiral ascendente hacia la cima de la perfección: el Adviento es la siembra en la esperanza; la Navidad, los primeros brotes en la fe; la Cuaresma, el crecimiento en la caridad con el riego y la poda necesarios; la Pascua, la floración gozosa derivada del injerto en la victoria de Cristo; el Tiempo Ordinario postpentecostal es la siega y el barbecho estival en el que se degustan todos los episodios de la historia de la salvación en su globalidad, actualizándolos en la vida del mundo presente.
La liturgia y los ejercicios de piedad cuaresmales tienen como fin primordial ayudar a los fieles individual y comunitariamente a preparar, vivir y actualizar el misterio de Cristo Salvador que se inmola por nosotros en la Cruz y nos invita a participar en su labor redentora. La Cuaresma es un periodo de cuarenta días que la Iglesia propone a los fieles para bien disponerse a la participación en la Pascua, piedra angular de la historia salvífica de Dios[1], que va desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor exclusive, por lo que sus notas dominantes son la conversión y la penitencia. San Benito de Nursia, en el siglo V, recomienda en el capítulo XLIX de su Regla a sus monjes que se entreguen a la oración "acompañada de lágrimas" de arrepentimiento o de fervor.
El cuarenta se usa en la Biblia como número redondo de totalidad[2], a menudo con un sentido de periodo modelo de purificación en la aflicción: el diluvio duró cuarenta días (Gn. VII, 4); la peregrinación de Israel por el desierto duró cuarenta años (Ex. XVI, 35); cuarenta días le da Jonás de plazo a Nínive para su conversión (Jon. III, 4); cuarenta días manda el Señor a Ezequiel que permanezca recostado sobre el lado derecho, como símbolo de lo que había de durar el sitio tras el que Jerusalén sería arrasada; durante cuarenta días ayunan Moisés (Ex.XXIV, 18) en el Sinaí y Elías en el Horeb (I Re. XIX, 8) para ser purificados antes de presentarse a Dios; Jesús se prepara para su misión pública cuarenta días en el desierto (Mc. I, 13; Mt. IV, 2; Lc. IV, 2). Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica (nº 540): "La Iglesia se une todos los años, durante los cuarenta días de Cuaresma, al Misterio de Jesús en el desierto".  
El primer testimonio de observancia cuaresmal se remonta al siglo II[3]. El ayuno cuadragesimal se documenta a comienzos del siglo IV y aparece en el canon 5 del Concilio de Nicea del 325[4]. El Obispo Serapión de Thmuis en el 331 afirma que la cuaresma es una práctica general en Oriente y Occidente, y en el 384 aparece atestiguada en Roma[5]. En un principio comenzaba el I Domingo, incluyendo los domingos, hasta el Jueves Santo. En el siglo VII se data el inicio el Miércoles de Ceniza, pues al no incluirse los domingos como días de ayuno, completar así, sumando cuatro, los cuarenta, aceptado oficialmente por el Papa Gregorio II (+750); queda así éste como caput jejunii -cabeza del ayuno- éste y como caput quadragesimae -cabeza de la cuaresma- el I Domingo
Ramón de la Campa Carmona.
[1].N(ormas) U(niversales sobre el) A(ño) L(itúrgico y el) C(alendario) 21-III-1969, nº 27.
[2].Vid. J. Mateos, & F. Camacho: Evangelio, figuras y símbolos, Ediciones El Almendro, Córdoba  1989, 83 ss.
[3].San Ireneo de Lyon al Papa San Víctor I ca. 190 habla del tema con ocasión de la controversia sobre la fecha de la Pascua, en: Eusebio de Cesarea, Historia Eclesiástica, V 24 12 s.; vid. G. Prado: Curso Popular de Liturgia, FAX, Madrid 1935, p. 316; J. Pascher, El Año Litúrgico, B.A.C., Madrid 1965, p. 43. En la segunda mitad del siglo III la Pascua iba precedida siempre de dos días de ayuno como preparación: Viernes y Sábado Santo; vid. N. M. Denis-Boulet: El Calendario Cristiano, Casal i Vall, Andorra 1961, p. 86.
[4].Vid. J. Cavagna: La liturgia y la vida cristiana, Luis Gili, Barcelona 1935; p. 54. A. Azcárate:La flor de la liturgia, Buenos Aires 1951, p. 487. Pascher, pp. 43 s.
[5].Vid. Denis-Boulet, cit., p. 87.

jueves, 6 de marzo de 2014

Los Domingos de Cuaresma.

Incluye seis domingos: I, II, III, IV y V de Cuaresma, y el Domingo de Ramos, pórtico de laSemana Santa, del que por eso no vamos a hablar[30]. Por su importancia litúrgica "tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades"[31]. Igualmente,"el miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa, desde el lunes hasta el jueves, inclusive, tienen preferencia sobre cualquier otra celebración", así como "todas las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias obligatorias"[32]. Todas las ferias de Cuaresma tienen misa propia, lo que indica el esmero con que la Iglesia ha tratado este tiempo litúrgico.
El Domingo I de Cuaresma, llamado también en los antiguos calendarios Invocabit por su introito y Domingo de las Tentaciones por su evangelio, en la Edad Media recibía el título de Domingo de los Hachones, por los que los fieles portaban este día en la liturgia como símbolo público de arrepentimiento de los excesos carnavalescos. Los griegos lo denominan Domingo de los Santos Ayunos, para indicar la nota fundamental de este tiempo litúrgico, y también Fiesta de la Ortodoxia, en conmemoración del restablecimiento de las santas imágenes tras las luchas iconoclastas del siglo IX. Es considerado caput quadragesimae -cabeza de la cuaresma- por ser"el comienzo del venerable sacramento de la observacia cuaresmal", pues aunque antes viene prologado por el Miércoles de Ceniza y las tres ferias siguientes éstos son añadido posterior para completar, como dijimos antes, la cuarentena de ayuno, y, además, el cutado miércoles, considerado caput jejunii -cabeza del ayuno-, no es de precepto.
A esta jornada le corresponde en Roma estación en la Basílica Patriarcal de San Juan de Letrán,Madre y Cabeza de todas las iglesias del mundo, desde la época del Papa San Sixto III (432-40), índice de la importancia que se le concede en la liturgia. A esto se añade que este templo es el santuario del Santísimo Salvador -que se inmola en la Pascua- y de los santos juanes: el Bautista -profeta de la soledad y el ascetismo- y el Evangelista -el evangelista de la Pasión de Cristo-. En él eran también reconciliados los pecadores públicos el Jueves Santo, y bautizados, en su Baptisterio, los catecúmenos la noche de Pascua.
El II Domingo de Cuaresma es denominado Reminiscere por su introito y Domingo de la Transfiguración por su evangelio. Originariamente fue domingo vacante, libre de estación, pues seguía a las IV témporas, que habían dejado extenuado a los fieles. Después del siglo IX se le asigna estación en Roma: Santa Maria in Domnica, antigua diaconía habitada por San Ciriaco donde San Lorenzo distribuía las limosnas de la Iglesia, en el Monte Celio, en cuya subida imitamos a Cristo ascendiendo a Jerusalén.
Al Domingo III de Cuaresma se le llama Oculi por su introito. En la primitiva Iglesia se denominaba Domnigo de los Escrutinios, por ser ésta la primera de las siete sesiones en la que en Roma se procedía al examen de los catecúmenos a bautizar la noche pascual. La estación era en la jubilar Basílica de San Lorenzo Extramuros, en la que se venera el recuerdo del más célebre mártir de Roma, con lo que se recordaba a los neocristianos los sacrificios que exige la fe cristiana. En la Iglesia griega se procede a la adoración de la Cruz al empezar la semanamesomestime, es decir, centro de los ayunos.
El Domingo IV de Cuaresma, denominado acertadamente Laetare -"alegraos"- por el introito,supone, por coincidir en mitad de la Cuaresma, un alto gozoso en el camino ante el horizonte glorioso que espera, por lo que se puede usar de la música instrumental, del exorno floral del altar y de ornamentos de color rosado, que es como un morado aliviado por la alegría[33].
El título de Domingo de la Rosa de Oro le viene del rito característico papal de origen medieval -hacia el siglo X- de este día de bendecir una rosa áurea como símbolo de realización absoluta[34]y anuncio poético de la Pascua florida[35], que el Romano Pontífice obsequia a algún destacado personaje o institución del orbe católico[36]. Cuando éste residía en el Patriarchio de Letrán, se desarrollaba allí la ceremonia, tras la cual la llevaba procesionalmente a la iglesia estacional, la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén. El rito consiste en bendecirla, ungirla con el santo crisma y espolvorearla con sustancias aromáticas. Algunos creen que procede esta ceremonia singular de una costumbre de los fieles romanos de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración en primavera[37].  
El Domingo V de Cuaresma,  denominado Júdica por su introito, también se conoce comoDomingo de Pasión, porque desde este día la Iglesia empieza a ocuparse especialmente del sacrificio del Redentor como último tramo de la preparación pascual; inauguraba lo que en la liturgia romana preconciliar se denominaba Tiempo de Pasión. El título de Domingo de la Neomenía le viene de caer siempre después de la luna nueva que sirve para fijar la fiesta de la Pascua. Para los griegos es el Domingo V de los Santos Ayunos. La iglesia estacional es San Pedro del Vaticano, el más significativo santuario romano para celebración de tanta importancia.
[30].N. U. A. L. C., nº 30.
[31].N. U. A. L. C., nº 5; Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales 16-I-1988, nº 11.
[32].N. U. A. L. C., nº 16 y 14; Carta cit., nº 11.
[33].C. O., nº 252; Carta cit., nº 25.
[34].Es significativo este texto del Papa Inocencio III (1198-1216): "El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad [...], así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: amor en el color, agrado en el perfume y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por el gusto" (Migne, P. L. CCXVII, 393).
[35].P. Guéranguer: El Año Litúrgico, Aldecoa, Burgos 1956, t.II, pp. 341 ss.; J. Pascher: El Año Litúrgico, B.A.C., Madrid 1965, pp. 94 s.
[36].Se documenta por primera vez su envío a extranjeros en el 1096 en que el Papa Beato Urbano II di Lagery la envía a Folco de Anjou, por sus grandes méritos en la I Cruzada. Pascher, cit., p. 94.
[37].Pascher, cit., p. 94.
 

Ramón de la Campa Carmona


domingo, 2 de marzo de 2014

Domingo de Quincuagésima.

En esta semana piensa la Iglesia de un modo especial en el gran Patriarca Abrahám, padre de los creyentes, así como Adán fue padre del género humano y Noé padre de la posteridad. Al querer Dios formarse para Sí un pueblo que fuese su pueblo escogido y "peculiar" en medio de las naciones idólatras (Gradual y Tracto), escogió a Abrahám para que fuese su cabeza, sacándole de Ur de los Caldeos. Abrahám es el tipo del creyente; y a impulsos de su fe nos dice San Pablo que obró en toda su vida. Por la fe obtuvo en su vejez a Isaac, y la fe fue la que le impulsó a obedecer al mandato divino, que le intimaba sacrificase a su querido hijo, "pensando que Dios era bastante poderoso para resucitarle de entre los muertos" (Heb 11). También Isaac es figura de Jesucristo, pues fue escogido para ser la gloriosa victima de su Padre.Y, en efecto, llevó sobre sus hombros el haz de leña, cuando iba a ser inmolado, como Jesús llevó sobre Sí la la Cruz, por la que tanta gloria mereció. Esta fe que obra milagros, y por que tanto sobresalió Abrahám y luego San Pedro, vémosla en el Evangelio de hoy obrar un estupendo milagro.Jesús dice al ciego curado: "Tu fe te ha salvado." Y obro pre- cisamente este milagro a vista de sus Apóstoles, para que, al verle más tarde morir de la manera por Él anunciada, no dudasen de que había también de resucitar (San Gregorio, 2º Nocturno). Mas para que la fe obre milagros, ha de ser viva; y "no es viva, dice Santiago, si no va acompañada de obras". "Andemos pues en el amor, dice el Apóstol, así como Cristo nos amó y se entregó por nosotros a Sí mismo, como oblación a Dios y hostia en olor de suavidad". Sin la caridad para con Dios y con el prójimo nada nos serviría todo lo demás, ni aún el hacer milagros (Epístola). El mérito de nuestras obras, como también la luz que alumbra a nuestra alma, están en proporción directa con nuestra caridad. Dispongamos pues nuestra voluntad al desprendimiento de todo aquello que contraríe a la caridad divina en ella, a fin de que, después de haber entrevisto a Dios por la fe en la tierra, podamos "contemplarle cara a cara en el cielo" (Epístola), con toda la plenitud de nuestro amor. El carnaval (despedida de la carne) es una vergüenza para el pueblo cristiano. El loco frenesí con que tantos y tantos se entregan sin freno alguno a todo linaje de excesos y liviandades nos rebaja y nos humilla. Si en Cuaresma se hiciera alguna penitencia, todavía tendría disculpa esa bacanal; pero hoy día ¿quién se mortifica? Con bula o sin ella, raros son los que no se dispensan de obligación tan imperiosa como es la de la abstinencia y el ayuno. No hay bula que dispense de hacer penitencia; porque para entrar en el cielo sólo cabe una alternativa: o inocencia o penitencia. Los que nos preciamos de ser amantes e imitadores de Cristo Señor nuestro, no "nos divirtamos con el diablo, porque en ese caso tampoco podríamos gozarnos con Cristo" (San Pedro Crisólogo).
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