jueves, 19 de febrero de 2009

Panis Vitae IV.


“Todo cuanto se opone a la vida sobrenatural y a la unión, es obstáculo para recibir y sacar fruto de la Eucaristía. El pecado mortal, que causa la muerte del alma, es obstáculo absoluto; como el alimento no se da más que a los vivos, así la Eucaristía no se da más que a los que tienen ya la vida de la gracia. Es la primera condición, y basta con ella, con “la recta intención”, para que todo cristiano pueda acercarse a Cristo y recibir el pan de vida. Así lo declaró en un memorable documento el gran Pontífice Pío X. El sacramento obra ex opere operato; por sí misma, la Eucaristía nutre el alma y acrecienta la gracia, al propio tiempo que el hábito de la caridad. Ese es el futo primario y esencial del sacramento.
“Hay, además, otros frutos, secundarios, es cierto, pero tan grandes, no obstante esto, que bien merecen no los pasemos por alto: son las gracias actuales de unión que excitan nuestra caridad a obrar, alientan nuestro fervor a volver amor por amor, a cumplir la voluntad divina, a evitar el pecado, y llena de gozo el alma: “La Dulzura de ese pan celestial, lleno de suavidad”, se comunica al alma para darle aliento en su devoción y en el servicio de Dios, y fortalecerla contra el pecado y las tentaciones. Pero estos efectos secundarios pueden ser más o menos abundantes; y, de hecho, dependen, en no corta medida, de nuestras disposiciones, máxime cuando el amor, principio de unión, es el móvil que nos impele a preparar al Señor una morada menos indigna de su divinidad, y a tributarle con el mayor afecto posible los obsequios a que se hace acreedor al venir a nosotros. Verdad que Cristo, como soberanamente libre e infinitamente bueno, otorga sus dones a quien le place; pero a más de que su majestad infinita –pues permanece siempre Dios- requiere de nosotros que le preparemos, en cuanto lo permita nuestra condición, una morada en nuestro corazón, ¿podríamos dudar un solo instante que no mire con singular complacencia los esfuerzos de un alma que desea recibirle con fe y con amor?
“Ya veis, pues, cómo el Señor anda solícito de las disposiciones, de las pruebas de amor con que le recibimos. La Eucaristía es el sacramento de la unión, y cuantos menos obstáculos encuentra Cristo para que esa unión sea perfecta, tanto más obra en nosotros la gracia del sacramento. El Catecismo del Concilio de Trento nos dice que “recibimos toda la plenitud de los dones de Dios cuando recibimos la Eucaristía con corazón bien dispuesto y perfectamente preparado”.
Fuente: Dom Columba Marmión: Jesucristo, vida del alma. Conferencias Espirituales. 1917.

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