viernes, 6 de febrero de 2009

De la enseñanza del Cardenal Ratzinger (por gracia de Dios, Benedicto XVI Sumo Pontífice de la Iglesia Católica Romana), 9ª parte.


“Me gustaría hacer una breve observación sobre la polémica en torno a la llamada liturgia tridentina. Porque no hay ninguna liturgia tridentina y hasta 1965 nadie habría sabido que significa esa palabra. El Concilio de Trento no “hizo” ninguna liturgia. Y tampoco hay ningún misal de Pío V en sentido estricto. El misal que apareció en 1560 por encargo de Pío V sólo difería en pequeñeces de la primera edición impresa del misal romano, aparecida unos cien años antes. En la reforma de Pío V se trataba simplemente de eliminar las impurezas que se habían ido infiltrando durante la Baja Edad Media y los errores que se había cometido al copiar e imprimir, volviendo a establecer como reglamentario para toda la Iglesia el Misal Romano, que no había sido afectado casi por estos avatares. Al mismo tiempo había que acabar con las inseguridades, que se produjeron en la confusión de los cambios litúrgicos del tiempo de la Reforma Luterana, ya que la diferencia entre lo católico y lo específico de la Reforma se había hecho cada vez más difusa; se intentó evitar esta problema estableciendo el uso exclusivo y el carácter obligatorio del misal “typicum”, impreso en Roma. También se puede ver que esa era la única intención en el hecho de que no se reformaran las costumbres litúrgicas de más de doscientos años de antigüedad. Ya en 1614 había aparecido, durante el papado de Urbano VIII, una nueva versión del misal, que también incluía diferentes mejoras. Es decir, tanto antes como después de Pío V, cada siglo fue dejando sus huellas en el misal, que era concebido como un único libro, sometido, por un lado, a un proceso continuo de purificación y, por otro, de crecimiento. Considerando esto, hay que criticar el empeño de conservar el misal tridentino, porque es algo irreal, pero también la manera en que el nuevo misal ha sido presentado. A los “tridentinos” hay que decirles que la liturgia de la Iglesia (como la Iglesia misma) siempre está viva y por tanto también siempre en proceso de maduración. En dicho proceso puede haber rupturas mayores o menores. Para la liturgia católica un periodo de cuatrocientos años no significaría mucho; se remonta realmente a Cristo y los apóstoles y desde entonces ha estado siempre en proceso de cambio hasta llegar a nosotros.
“(…) quiero dejar claro que estoy muy contento con el nuevo misal (…) Pero me parece desafortunado que se haya dado la impresión de que se trata de un nuevo libro, en lugar de presentarlo en la unidad de la historia de la liturgia. Por eso creo que una nueva edición tendrá que decir y mostrar claramente que el famoso misal de Pablo VI no es otra cosa que una versión actualizada del mismo misal, en el que ya influyeron Pío X, Urbano VIII, Pío V y sus antecesores hasta los orígenes de la Iglesia. Es esencial que la Iglesia tenga conciencia de la unidad interna inquebrantada en la historia de la fe, unidad que se manifiesta a su vez en la siempre unidad de la oración, siempre presente en dicha historia. Esta conciencia se destruye igual eligiendo un libro que creemos escrito hace cuatrocientos años, como queriendo tener una liturgia recién hecha. En el fondo, ambos casos responden a una misma forma de pensar”.
Fuente: Ratzinger, Joseph: “La fiesta de la fe. Ensayo de Teología Litúrgica. Bilbao: Desclée de Brouwer. 1999.

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