miércoles, 6 de agosto de 2014

LA ADORACIÓN AD ORIENTEM

"LA ADORACIÓN HACIA ORIENTE" EN LA EXPOSITIO FIDEI DE SAN JUAN DAMASCENO
El Padre de la Iglesia San Juan Damasceno, "Chrisorhoas" (Torrente de oro), último teólogo de la antigua Iglesia griega, Padre que concluye la época patrística oriental y Doctor de la Iglesia desde 1890, se hace eco de una tradición que lo precede y que él dice que viene directamente de los Apóstoles: Orar hacia oriente: "esta tradición de los Apóstoles no está escrita, pues nos transmitieron muchas cosas sin ponerlas por escrito", luego procede de la Tradición, en este caso de la Tradición oral.

La obra principal de este autor es la Fuente del conocimiento, que es el nombre colectivo de la obra que incluye: Capitula philosophica, Liber de Haeresibus y Expositio Fidei; contamos con tres discursos en favor del culto a las imágenes: Contra imaginum calumniatores, con las homilías pronunciadas en Jerusalén en la Dormición de Nuestra Señora: De Dormitione, junto a algunas más en ocasión de: el Santo y Gran Sábado, la Transfiguración, la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo y la Natividad de Nuestra Señora. Otras obras dogmáticas: Contra jacobitas (monofisitas) y De duabus in Christi voluntatibus (monoteletas), de contenido polémico-filosófico; además de un comentario casi completo a las Cartas de Pablo existe también los Sacra Paralella: extensa colección de textos bíblico-patrísticos, que se dice que el Damasceno fue el compilador.

En su Expositio Fidei escrita en el siglo VIII, al final de su vida, encontramos una gran síntesis de Teología, por eso ha sido llamada comentario al Credo, ya que toma la estructura del Símbolo Niceno-Constantinopolitano; consta de 100 capítulos que condensan todos los grandes misterios de nuestra fe. Al inicio cita Pr 22, 28 para asegurar que no transgredirá ni la Revelación ni la Tradición, (el canon 19 del Sínodo Truyano o Quinisexto, celebrado en Constantinopla el año 692, también usa esta cita bíblica en el sentido de que no se deben cambiar los límites de lo que los Padres han transmitido y la Sagrada Escritura ha revelado, por tanto, hace de la Tradición un patrón obligatorio), y se ciñe, en toda su obra, a citar literalmente los mejores maestros del oriente cristiano. Comienza con el apartado teológico propiamente dicho, continúa con la economía de la salvación, tratando así la vida íntima de Dios y la creación-creaturas, ya que si no sabemos, según el Damasceno, qué es el hombre no sabremos quién es Cristo; Cristo es tratado teniendo en cuenta los dos pilares: perfectus Deus-perfectus Homo. Posteriormente continúa con la Mariología y el culto a los santos, reliquias e imágenes.

En el Libro IV, nº 12, dice así:

"No por simpleza, no por casualidad adoramos hacia el lado de oriente. Por el contrario, prestamos una doble adoración al Creador ya que estamos compuestos a partir de lo visible y lo invisible, esto es, a partir de los intelectual y lo sensible. Así como salmodiamos con la mente y con los labios del cuerpo, también somos bautizados con agua y con Espíritu. Percibimos, pues, de un modo doble al Señor: participamos de los sacramentos y de la gracia del Espíritu Santo.

Puesto que Dios es luz intelectual (1 Jn 1, 5) y Cristo es llamado en las Escrituras sol de justicia (Ml 3, 20) y oriente (Za 6, 12; Lc 1, 78), por eso el oriente es el punto de referencia para la adoración. Todo lo bueno debe ser atribuido a Dios, por el cual todo bien es hecho bueno. Además dice el divino David: ¡Reinos de la tierra, cantad a Dios, salmodiad al Señor, a aquél que cabalga sobre los cielos de los cielos en el oriente! (Sal 67, 33-34).

Y aún dice la Escritura: Plantó el Señor un paraiso en el Edén, al oriente. Allí puso al hombre que había formado (Gn 2, 8). Al hombre, una vez que hubo pecado, lo expulsó y lo envió a habitar frente al paraíso de las delicias (Gn 3, 24): es obvio que habla del occidente. Así pues, tratamos de conseguir la antigua patria, y fijamos los ojos en ella, cuando adoramos a Dios.

También la tienda de Moisés tenía el velo y el propiciatorio al oriente (cf. Ex 26, 33-34). Además la tribu de Judá, en cuanto era la más noble, levantaba (su campamento) al oriente (cf. Nm 2, 3). Asimismo, en el famoso templo de Salomón, la puerta del Señor estuvo al oriente.

Por otra parte, también el Señor crucificado veía hacia el occidente, por tanto, cuando adoramos, fijamos los ojos en él. Cuando ascendió, subió hacia el oriente: así lo adoraron los apóstoles, y así vendrá, en la dirección que le vieron marcharse al cielo (cf. Hch 1, 11). Como dijo el mismo Señor: Como el relámpago sale por oriente y brilla hasta occidente, así será la venida del Hijo del hombre (Mt 24, 27).

Así pues aguardamos a éste cuando adoramos hacia el oriente. Esta Tradición de los Apóstoles (el adorar hacia oriente) no está escrita, pues nos transmitieron muchas cosas sin ponerlas por escrito".

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