lunes, 23 de junio de 2014

Martirologio Romano 1956.

23 de Junio / Die 23 Junii. Nono Kalendas Julii. 


La Vigilia de la Natividad de san Juan Bautista.
Vigilia Nativitatis sancti  Joannis Baptistae. 

En Roma, san Juan, Presbítero, que, de orden de Juliano Apóstata, fue degollado delante del simulacro del Sol en la vía Salaria Vieja. Su cuerpo fue sepultado por san Concordio Presbítero, en el lugar llamado Concilio de los Mártires.
Romae sancti Joannis Presbyteri, qui, sub Juliano Apostata, via Salaria veteri, ante simulacrum Solis decollatus est, et corpus ejus a beato Concordio Presbytero juxta Martyrum Concilia sepultum.


En Roma también, santa Agripina, Virgen y Mártir, que en tiempo del Emperador Valeriano consumó el martirio. Su sagrado cuerpo, trasladado a Sicilia y sepultado en Mineo, resplandece con muchos milagros.
Item Romae sanctae Agrippinae, Virginis et Martyris, quae sub Valeriano Imperatore martyrium consummavit. Ipsius autem corpus, in Siciliam translatum ac Menis conditum, multis miraculis coruscat.


En Sutri de Toscana, san Félix, Presbítero, a quien el Prefecto Turcio mandó golpear el rostro con una piedra hasta que expirase.
Sutrii, in Tuscia, sancti Felicis Presbyteri, cujus os tamdiu jussit Turcius Prsefectus lapide contundi, donec ipse Felix emitteret spiritum.

En Nicomedia, la conmemoración de muchísimos santos Mártires, que, en tiempo de Diocleciano, escondiéndose en los montes y cuevas, por el nombre de Cristo padecieron alegres el martirio.
Nicomediae commemoratio plurimorum sanctorum Martyrum, qui, tempore Diocletiani, in montibus et speluncis latentes, pro Christi nomine martyrium laeto animo subierunt.


En Filadelfia de Arabia, los santos Mártires Zenón y Zenas, su siervo. Éste, besando las cadenas con que estaba atado su señor, y rogándole que se dignase hacerle participante de sus tormentos, fue detenido por los soldados y recibió con su amo igual corona del martirio.
Philadelphiae, in Arabia, sanctorum Martyrum Zenonis, ejusque servi Zenae. Hic domini sui vincti catenas exosculans, eumque rogans ut se in tormentis participem dignaretur habere, a militibus tentus est, et cum ipso domino parem martyrii coronam accepit.


En Turín, san José Cafaso, Sacerdote, que se señaló en promover la piedad y ciencia de los Clérigos, y en reconciliar con Dios los condenados a pena capital, y fue por el Papa Pío XII puesto en el número de los Santos.
Augustae Taurinorum sancti Josephi Cafasso, Sacerdotis, qui levitis pietate et scientia augendis atque damnatis capite Deo conciliandis fuit illustris, et a Pio Papa Duodecimo inter sanctos Caelites adscriptus est.


En el monasterio de Elyen, en la Gran Bretaña, santa Ediltrudis, Reina y Virgen, la cual, esclarecida en santidad y milagros, murió en el Señor. Su cuerpo, once años después, se halló incorrupto.
In monasterio Elyensi, in Britannia, sanctae Ediltrudis, Reginae et Virginis, quae sanctitate et miraculis clara migravit ad Dominum. Ipsius autem corpus, undecim post annis,inventum est incorruptum.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

sábado, 21 de junio de 2014

Martirologio Romano 1956.

21 de Junio / Die 21 Junii. Undecimo Kalendas Julii. 


En Roma, san Luis Gonzaga, Clérigo de la Compañía de Jesús y Confesor, clarísimo por la renuncia que hizo del principado y por la inocencia de su vida; al cual el Sumo Pontífice Benedicto XIII puso en el catálogo de los Santos, y nombró Protector de la juventud principalmente estudiosa; y el Papa Pío XI solemnemente confirmó y de nuevo declaró celestial Patrono de toda la juventud cristiana.
Romae sancti Aloisii Gonzagae, Clerici e Societate Jesu et Confessoris, principatus contemptu et innocentia vitae clarissimi, quem, a Summo Pontifice Benedicto Decimo tertio adscriptum Sanctorum fastis et Protectorem juvenibus praesertim studiosis datum, Pius Papa Undecimus caelestem Christianae juventutis universae Patronum confirmavit solemniter atque iterum declaravit.


En Roma también, santa Demetria, Virgen, que fue hija de los santos Mártires Flaviano y Dafrosa, y hermana de la santa Virgen y Mártir Bibiana, y ella también en tiempo de Juliano Apóstata fue coronada del martirio.
Item Romae sanctae Demetriae Virginis, quae, sanctorum Martyrum Flaviani etDafrosae filia ac sanctae Virginis et Martyris Bibianae soror, ipsa quoque, sub Juliano Apostata, martyrio coronata est.

En el mismo día, san Eusebio, Obispo de Samosata, que en tiempo de Constancio, Emperador arriano, disfrazado de militar, visitaba las Iglesias de Dios para confortarlas en la fe católica; y en tiempo de Valente fue desterrado a Tracia; pero vuelta la paz a la Iglesia en tiempo de Teodosio, libre del destierro, y ocupándose de nuevo en visitar las Iglesias, una mujer arriana, arrojándole de lo alto una teja, le rompió la cabeza, y así murió Mártir.
Eodem die sancti Eusebii, Samosateni Episcopi; qui, tempore Constantii, Imperatoris Ariani, sub habitu militari incognitus Ecclesias Dei visitabat, ut in fide catholica illas confirmaret. Deinde, sub Valente, in Thraciam relegatur; sed, reddita pace Ecclesiae, tempore Theodosii, ab exsilio revocatus, tandem, cum iterum Ecclesias visitaret, ei caput, tegula per mulierem Arianam desuper immissa, confractum est, sicque Martyr occubuit.

En Iconio de Licaonia, san Terencio, Obispo y Mártir.
Iconii, in Lycaonia, sancti Terentii, Episcopi et Martyris. 

En Siracusa de Sicilia, el triunfo de los santos Mártires Rufino y Marcia.
Syracusis, in Sicilia, natalis sanctorum Martyrum Rufini et Martiae. 

En África, los santos Mártires Ciriaco y Apolinar.
In Africa sanctorum Martyrum Cyriaci et Apollinaris. 

En Maguncia, san Albano, Mártir, el cual, por la fe de Cristo al cabo de prolongados trabajos y rudos combates, se hizo digno de la corona de la vida.
Moguntiae sancti Albani Martyris, qui ob Christi fidem, post longos Iabores et dura certamina, factus est dignus corona vitae.

En Pavía, san Urcisceno, Obispo y Confesor.
Papiae sancti Urcisceni, Episcopi et Confessoris. 

En Tongres, san Martín, Obispo.
Apud Tungrenses sancti Martinii Episcopi. 


En un arrabal de Evreux, san Leutfrido, Abad.
In pago Ebroicensi sancti Leutfridi Abbatis.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

martes, 17 de junio de 2014

Corpus Christi.

“...fiesta del Corpus Christi, meditamos juntos la profundidad del amor del Señor, que le ha llevado a quedarse oculto bajo las especies sacramentales (…)
“Me gustaría que (…) tomáramos conciencia de nuestra misión de cristianos, volviéramos los ojos hacia la Sagrada Eucaristía, hacia Jesús que, presente entre nosotros, nos ha constituido como miembros suyos: vos estis corpus Christi et membra de membro, vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros unidos a otros miembros. Nuestro Dios ha decidido permanecer en el Sagrario para alimentarnos, para fortalecernos, para divinizarnos, para dar eficacia a nuestra tarea y a nuestro esfuerzo. Jesús es simultáneamente el sembrador, la semilla y el fruto de la siembra: el Pan de vida eterna.
“Este milagro, continuamente renovado, de la Sagrada Eucaristía, tiene todas las características de la manera de actuar de Jesús. Perfecto Dios y perfecto hombre, Señor de cielos y tierra, se nos ofrece como sustento, del modo más natural y ordinario. Así espera nuestro amor, desde hace casi dos mil años. Es mucho tiempo y no es mucho tiempo: porque, cuando hay amor, los días vuelan.
“Viene a mi memoria una encantadora poesía gallega, una de esas Cantigas de Alfonso X el Sabio. La leyenda de un monje que, en su simplicidad, suplicó a Santa María poder contemplar el cielo, aunque fuera por un instante. La Virgen acogió su deseo, y el buen monje fue trasladado al paraíso. Cuando regreso, no reconocía a ninguno de los moradores del monasterio; su oración, que a él le había parecido brevísima, había durado tres siglos. Tres siglos no son nada, para un corazón amante. Así me explico yo esos dos mil años de espera del Señor en la Eucaristía. Es la espera de Dios, que ama a los hombres, que nos busca, que nos quiere tal como somos –limitados, egoístas, inconstantes-, pero con la capacidad de descubrir su infinito cariño y de entregarnos a El enteramente.
“Por amor y para enseñarnos a amar, vino Jesús a la tierra y se quedó entre nosotros en la Eucaristía. Como hubiese amado a los suyos que vivían en el mundo, los amó hasta el fin; con esas palabras comienza San Juan la narración de lo que sucedió aquella víspera de la Pascua, en la que Jesús –nos refiere San Pablo- tomó el pan, y dando gracias, lo partió y dijo: tomad y comed; este es mi cuerpo, que por vosotros será entregado; haced esto en memoria mía. Y de la misma manera el cáliz, después de haber cenado, diciendo: este cáliz es el nuevo testamento de mi sangre; haced esto cuantas veces lo bebiereis, en memoria mía. (…)
“Os diré que para mí el Sagrario ha sido siempre Betania, el lugar tranquilo y apacible donde está Cristo, donde podemos contarle nuestras preocupaciones, nuestros sufrimientos, nuestras ilusiones y nuestras alegrías, con la misma sencillez y naturalidad con que le hablaban aquellos amigos suyos, Marta, María y Lázaro. Por eso, al recorrer las calles de alguna ciudad o de algún pueblo, me da alegría de descubrir, aunque sea de lejos, la silueta de una iglesia: es un nuevo Sagrario, una ocasión más de dejar que el alma se escape para estar con el deseo junto al Señor Sacramentado”.
Fuente: San Josemaría Escrivá, Es Cristo que pasa. De una homilía de Corpus Christi, el 28 de mayo de 1964.

lunes, 16 de junio de 2014

CORPUS CHRISTI

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El jueves siguiente a la solemnidad de la santísima Trinidad, la Iglesia celebra la solemnidad del santísimo Cuerpo y Sangre del Señor. La fiesta, extendida en 1269 por el Papa Urbano IV a toda la Iglesia latina, por una parte constituyó una respuesta de fe y de culto a doctrinas heréticas acerca del misterio de la presencia real de Cristo en la Eucaristía, por otra parte fue la culminación de un movimiento de ardiente devoción hacia el augusto Sacramento del altar.
La piedad popular favoreció el proceso que instituyó la fiesta del Corpus Christi; a su vez, esta fue causa y motivo de la aparición de nuevas formas de piedad eucarística en el pueblo de Dios.
Durante siglos, la celebración del Corpus Christi fue el principal punto de confluencia de la piedad popular a la Eucaristía. En los siglos XVI-XVII, la fe, reavivada por la necesidad de responder a las negaciones del movimiento protestante, y la cultura – arte, literatura, folclore – han contribuido a dar vida a muchas y significativas expresiones de la piedad popular para con el misterio de la Eucaristía.
La devoción eucarística, tan arraigada en el pueblo cristiano, debe ser educada para que capte dos realidades de fondo:
- que el punto de referencia supremo de la piedad eucarística es la Pascua del Señor; la Pascua, según la visión de los Padres, es la fiesta de la Eucaristía, como, por otra parte, la Eucaristía es ante todo celebración de la Pascua, es decir, de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús;
- que toda forma de devoción eucarística tiene una relación esencial con el Sacrificio eucarístico, ya porque dispone a su celebración, ya porque prolonga las actitudes cultuales y existenciales suscitadas por ella.
A causa precisamente de esto, el Rituale Romanum advierte: "Los fieles, cuando veneran a Cristo, presente en el Sacramento, recuerden que esta presencia deriva del Sacrificio y tiende a la comunión, sacramental y espiritual".
La procesión de la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo es, por así decir, la "forma tipo" de las procesiones eucarísticas. Prolonga la celebración de la Eucaristía: inmediatamente después de la Misa, la Hostia que ha sido consagrada en dicha Misa se conduce fuera de la iglesia para que el pueblo cristiano "dé un testimonio público de fe y de veneración al Santísimo Sacramento".
Los fieles comprenden y aman los valores que contiene la procesión del Corpus Christi: se sienten "Pueblo de Dios" que camina con su Señor, proclamando la fe en Él, que se ha hecho verdaderamente el "Dios con nosotros".
Con todo, es necesario que en las procesiones eucarísticas se observen las normas que regulan su desarrollo, en particular las que garantizan la dignidad y la reverencia debidas al santísimo Sacramento; y también es necesario que los elementos típicos de la piedad popular, como el adorno de las calles y de las ventanas, la ofrenda de flores, los altares donde se colocará el Santísimo en las estaciones del recorrido, los cantos y las oraciones "muevan a todos a manifestar su fe en Cristo, atendiendo únicamente a la alabanza del Señor", y ajenos a toda forma de emulación.
Las procesiones eucarísticas concluyen, normalmente, con la bendición del santísimo Sacramento. En el caso concreto de la procesión del Corpus Christi, la bendición constituye la conclusión solemne de toda la celebración: en lugar de la bendición sacerdotal acostumbrada, se imparte la bendición con el santísimo Sacramento.
Es importante que los fieles comprendan que la bendición con el santísimo Sacramento no es una forma de piedad eucarística aislada, sino el momento conclusivo de un encuentro cultual suficientemente amplio. Por eso, la normativa litúrgica prohíbe "la exposición realizada únicamente para impartir la bendición".
La adoración eucarística
La adoración del santísimo Sacramento es una expresión particularmente extendida del culto a la Eucaristía, al cual la Iglesia exhorta a los Pastores y fieles.
Su forma primigenia se puede remontar a la adoración que el Jueves Santo sigue a la celebración de la Misa en la cena del Señor y a la reserva de las sagradas Especies. Esta resulta muy significativa del vínculo que existe entre la celebración del memorial del sacrificio del Señor y su presencia permanente en las Especies consagradas. La reserva de las Especies sagradas, motivada sobre todo por la necesidad de poder disponer de las mismas en cualquier momento, para administrar el Viático a los enfermos, hizo nacer en los fieles la loable costumbre de recogerse en oración ante el sagrario, para adorar a Cristo presente en el Sacramento.
De hecho, "la fe en la presencia real del Señor conduce de un modo natural a la manifestación externa y pública de esta misma fe (...) La piedad que mueve a los fieles a postrarse ante la santa Eucaristía, les atrae para participar de una manera más profunda en el misterio pascual y a responder con gratitud al don de aquel que mediante su humanidad infunde incesantemente la vida divina en los miembros de su Cuerpo. Al detenerse junto a Cristo Señor, disfrutan su íntima familiaridad, y ante Él abren su corazón rogando por ellos y por sus seres queridos y rezan por la paz y la salvación del mundo. Al ofrecer toda su vida con Cristo al Padre en el Espíritu Santo, alcanzan de este maravilloso intercambio un aumento de fe, de esperanza y de caridad. De esta manera cultivan las disposiciones adecuadas para celebrar, con la devoción que es conveniente, el memorial del Señor y recibir frecuentemente el Pan que nos ha dado el Padre".
La adoración del santísimo Sacramento, en la que confluyen formas litúrgicas y expresiones de piedad popular entre las que no es fácil establecer claramente los límites, puede realizarse de diversas maneras:
- la simple visita al santísimo Sacramento reservado en el sagrario: breve encuentro con Cristo, motivado por la fe en su presencia y caracterizado por la oración silenciosa;
- adoración ante el santísimo Sacramento expuesto, según las normas litúrgicas, en la custodia o en la píxide, de forma prolongada o breve;
- la denominada Adoración perpetua o la de las Cuarenta Horas, que comprometen a toda una comunidad religiosa, a una asociación eucarística o a una comunidad parroquial, y dan ocasión a numerosas expresiones de piedad eucarística.
En estos momentos de adoración se debe ayudar a los fieles para que empleen la Sagrada Escritura como incomparable libro de oración, para que empleen cantos y oraciones adecuadas, para que se familiaricen con algunos modelos sencillos de la Liturgia de las Horas, para que sigan el ritmo del Año litúrgico, para que permanezcan en oración silenciosa. De este modo comprenderán progresivamente que durante la adoración del santísimo Sacramento no se deben realizar otras prácticas devocionales en honor de la Virgen María y de los Santos. Sin embargo, dado el estrecho vínculo que une a María con Cristo, el rezo del Rosario podría ayudar a dar a la oración una profunda orientación cristológica, meditando en él los misterios de la Encarnación y de la Redención.

sábado, 14 de junio de 2014

Fiesta de la Santísima Trinidad.

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Misterio inefable del Dios vivo en tres personas: Padre creador, Hijo redentor, Espíritu santificador de la Iglesia.
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(I clase, blanco) Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. Para la aspersión de la agua bendita antes de la Misa mayor se cante el Asperges me.
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El dogma fundamental al que todo se reduce en la religión cristiana es el de la Santísima Trinidad, en cuyo nombre se bautizan los fieles.
La fiesta de la Santísima Trinidad pide se le comprenda y celebre en la prolongación de los misterios de Cristo, como la expresión solemne de nuestra fe en la vida trinitaria de las personas divinas, en que nos han introducido el bautismo y la redención de Cristo. Solamente en el cielo hemos de comprender cómo podremos nosotros tener por Cristo una verdadera participación de hijos en la misma vida de Dios.
Aunque introducida en el siglo IX, la fiesta de la Santísima Trinidad no se extendió a la Iglesia universal hasta el siglo XIV. No obstante, el culto de la Santísima Trinidad aflora por doquier en toda la liturgia.
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo comenzamos y terminamos la misa y el oficio divino y se confieren todos los sacramentos. Todos los salmos terminan con el Gloria Patri; los himnos, con una doxología, y las oraciones, con una conclusión en honor de las tres divinas personas. Continuamente, pues, nos hace alabar y adorar la Iglesia al Dios tres veces santo, que tanta misericordia ha tenido de nosotros, pues nos ha dado el participar de su propia vida.
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Benedícta sit sancta Trínitas,
atque indivísa únitas:
confitébimur ei, quia fecit
nobíscum misericórdiam suam.
Ps. Dómine Dóminus noster,
quam admirábile est nomen
tuum in univérsa terra! V/
Glória Patri.
(Introito, Tobías 12.6; Salmo 8.2)

viernes, 13 de junio de 2014

Témporas de Pentecostés.


Cuatro veces al año, coincidiendo con el inicio de cada estación, la Santa Iglesia nos invita a que durante tres días (miércoles, viernes y sábado) por medio de la oración y el ayuno, imploremos del Señor sus bendiciones para la estación, pedir los frutos de la tierra y suplicar por nuevas vocaciones sacerdotales, destinando el tercer día (sábado) a la administración de las órdenes sagradas. 
Debemos tomar en cuenta, que, aunque la legislación eclesiástica actualmente sólo establece como días de ayuno y abstinencia obligatorios el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, las congregaciones e institutos religiosos apegados a la antigua disciplina conservamos la práctica de las Témporas y Vigilias, y queda la invitación abierta para todo fiel católico que desee unirse a esta práctica.
Las Cuatro Témporas están colocadas durante el año: en la Tercera Semana de Adviento, la Primera Semana de Cuaresma, en la Octava de Pentecostés, y hacia la tercera semana de septiembre cercana a la fiesta de San Mateo Apostol.
De modo que este miércoles 11, viernes 13 y sábado 14 de junio tenemos las Témporas de Pentecostés y aunque la liturgia propiamente no varía la celebración gozosa de la Octava de Pentecostés en que nos encontramos y nos sigue invitando a presenciar las maravillas obradas por el Espíritu Santo a través de los Apóstoles en favor de la Iglesia, si se conserva el carácter de mortificación manifestados por el ayuno y abstinencia y de súplica por muchos y santos ministros y consagrados. Y sobre todo en medio del Babel de confusión de nuestro mundo de hoy cuánta urgencia de pedir los frutos del Santo Espíritu de Dios para nosotros, para la Iglesia y sus superiores.

jueves, 12 de junio de 2014

Música sacra: Canto Gregoriano


En esta sección trataremos de acercar al lector al tesoro musical de la Iglesia Católica concretado, sobre todo, en el canto gregoriano. Intimamente relacionadas con la liturgia, las melodías gregorianas tienen como finalidad ayudar al desarrollo espiritual del hombre para comprender mejor y vivir más intensamente el don de Dios y la coherencia incomparable de le fe cristiana. San Pío X dijo del canto gregoriano, que es "el canto propio de la Iglesia romana, el único que la Iglesia heredó de los antiguos Padres, el que ha custodiado celosamente durante el curso de los siglos en sus códices litúrgicos, el que en algunas partes de la liturgia prescribe exclusivamente, el que estudios recentísimos han restablecido felizmente en su pureza e integridad"; añadiendo además que se trata del más "acabado modelo de música religiosa, pudiendo formularse con toda razón esta ley general: una composición religiosa será más sagrada y litúrgica cuanto más se acerque en aire, inspiración y sabor a la melodía gregoriana, y será tanto menos digna del templo cuanto diste más de este modelo soberano".
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Es nuestra intención dar claves al lector para comprender la dimensión de este canto, así como del sentido profundo de la música sacra, y ayudarle a conocerlo en profundidad desde todos los aspectos posibles. Por ello, en esta sección podrá acceder a textos doctrinales de los Santos Padres referidos a la música sacra, a visiones del desarrollo histórico del canto propio de la Iglesia, a artículos interesantes relacionados con este tema... y, en lo que nos sea posible, a piezas cantadas para que pueda escucharlas desde su ordenador. Visite los enlaces de la izquierda.

miércoles, 11 de junio de 2014

Vigencia de los libros litúrgicos del Rito Romano Clásico.

(Tomado de la Asociación hermana ROMA AETERNA)

Dice el motu proprio Summorum Pontificum : 

Art. 1. El Misal Romano promulgado por Pablo VI es la expresión ordinaria de la "Lex orandi" ("Ley de la oración"), de la Iglesia católica de rito latino. No obstante el Misal Romano promulgado por San Pío V y nuevamente por el beato Juan XXIII debe considerarse como expresión extraordinaria de la misma "Lex orandi" y gozar del respeto debido por su uso venerable y antiguo. Estas dos expresiones de la "Lex orandi" de la Iglesia no llevarán de forma alguna a una división de la "Lex credendi" ("Ley de la fe") de la Iglesia; son, de hecho, dos usos del único rito romano. 
Por eso es lícito celebrar el Sacrificio de la Misa según la edición típica del Misal Romano promulgado por el beato Juan XXIII en 1962, que no se ha abrogado nunca, como forma extraordinaria de la Liturgia de la Iglesia. 
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martes, 10 de junio de 2014

Modo de leer el latín con la pronunciación romana.

Para obtener la uniformidad y para que se entiendan los que son de distintas naciones, el Papa Pío X, recomendó mucho que el latín se pronunciara en todas partes como en Roma. 
El latín se lee del mismo modo que el castellano, con las siguientes excepciones: 
Nunca se acentúa la última sílaba de las palabras; en las palabras de dos sílabas, pues, el acento recae siempre sobre la primera. 
Generalmente, las palabras de más de dos sílabas tienen escrito el acento en la sílaba correspondiente. 
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lunes, 9 de junio de 2014

15 CONSEJOS DE ORO PARA LOS ACÓLITOS


1) Considerar UN GRAN HONOR el hecho de ser acólito. Esforzarse por honrar este cargo y ser fiel a esta gracia.
2) HACER BIEN CADA MOVIMIENTO y con EXACTITUD. Por ejemplo: preparar el altar,
ayudar la Misa, encender el turíbulo, las entradas y salidas de las ceremonias. Dar lo
mejor de sí.
3) PIEDAD. Gran amor a JESÚS EUCARISTÍA. Hacer una visita al Ssmo. cada vez que se vaya a la Iglesia. Acción de Gracias después de la Comunión. Rosario diario a Nuestra Señora.
4) ESTADO DE GRACIA Permanecer siempre en la amistad de Dios. Si se cae en pecado confesarse cuanto antes. Huir de las ocasiones de pecado (TV, malas compañías, malos ambientes, etc.).
5) CONOCERSE Y CORREGIRSE UNO MISMO. Tenemos defectos y debilidades. Aceptar las correcciones con humildad. Pedir la Gracia de Dios.
6) SERIEDAD Y RESPONSABILIDAD en el cumplimiento del deber. Tomar con seriedad las órdenes, los avisos, las ceremonias, los deberes propios del acólito.
7) NO MIRAR hacia los fieles o para cualquier parte durante las ceremonias.
8) PERMANECER ERGUIDO en posición recta:
ARRODILLADO: erguido, las manos juntas sin cruzar ni mover los pies.
DE PIE: los pies derechos, las manos juntas.
SENTADO: el cuerpo erguido, las rodillas juntas, las manos sobre las piernas.
CAMINANDO: despacio. Los ojos bajos. No caminar hacia atrás.
9) REALIZAR CADA ACCIÓN SOLAMENTE DESPUÉS DE HABER TERMINADO LA
ANTERIOR Sentarse, arrodillarse y ponerse de pie (no apoyarse cuando se está de pie).
10) ATENCIÓN en las ceremonias. Hacer las cosas bien y DESPACIO, pero con prontitud y desenvoltura. ENSAYAR Aprender bien.
11) SIMETRÍA Y SINCRONIZACIÓN en las ceremonias. Realizar las acciones junto a otros al mismo tiempo; por ejemplo, las inclinaciones y las respuestas de la Misa. Guardar siempre la misma distancia con relación al otro acólito.
12) SILENCIO: en la Iglesia, en la sacristía. No hablar en la Iglesia, no reírse, no hacerse gestos.
13) PRONUNCIAR bien las palabras en latín.
14) RESPETO Y OBEDIENCIA a los sacerdotes, superiores, ceremoniarios más antiguos.
15) BUEN EJEMPLO: en el catecismo, en la escuela, en la calle, en la Iglesia. Observar un comportamiento ejemplar (que motive a ser imitado). Hacer las cosas con dedicación, piedad y celo.

viernes, 6 de junio de 2014

Pentecostés

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"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. 
De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban. 
Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse." 
(Hch. 2, 1-4).

La palabra Pentecostés viene del griego y significa el día quincuagésimo. A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la fiesta de las siete semanas: Shavuot (Ex 34,22); esta fiesta en un principio fue agrícola, pero se convirtió después en recuerdo de la Alianza del Sinaí. 

Al principio los cristianos no celebraban esta fiesta. Las primeras alusiones a su celebración se encuentran en escritos de San Ireneo de Lyon, Tertuliano y Orígenes, a fines del siglo II y principio del III. Ya en el siglo IV hay testimonios de que en las grandes Iglesias de Constantinopla, Roma y Milán, así como en la Península Ibérica, se festejaba el último día de la cincuentena pascual. 
Con el tiempo se le fue dando mayor importancia a este día, teniendo presente el acontecimiento histórico de la venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles (Cf. Hch 2). Gradualmente, se fue formando una fiesta, para la que se preparaban con ayuno y una vigilia solemne, algo parecido a la Pascua. Se utiliza el color rojo para el altar y las vestiduras del sacerdote; simboliza el fuego del Espíritu Santo.

Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio. Pentecostés es fiesta pascual y fiesta del Espíritu Santo. La Iglesia sabe que nace en la Resurrección de Cristo, pero se confirma con la venida del Espíritu Santo. Es entonces cuando los Apóstoles acaban de comprender para qué fueron convocados por Jesús; para qué fueron preparados durante esos tres años de convivencia íntima con Él. 
La Fiesta de Pentecostés es como el "aniversario" de la Iglesia. El Espíritu Santo desciende sobre aquella comunidad naciente y temerosa, infundiendo sobre ella sus siete dones, dándoles el valor necesario para anunciar la Buena Nueva de Jesús; para preservarlos en la verdad, como Jesús lo había prometido (Jn 14.15); para disponerlos a ser sus testigos; para ir, bautizar y enseñar a todas las naciones. 
Es el mismo Espíritu Santo que, desde hace dos mil años hasta ahora, sigue descendiendo sobre quienes creemos que Cristo vino, murió y resucitó por nosotros; sobre quienes sabemos que somos parte y continuación de aquella pequeña comunidad ahora extendida por tantos lugares; sobre quienes sabemos que somos responsables de seguir extendiendo su Reino de Amor, Justicia, Verdad y Paz entre los hombres.

miércoles, 4 de junio de 2014

INSTRUCCIÓN RELIGIOSA 1931 (I)

La instrucción religiosa es la luz del alma.
Cuanto el alma vale más que el cuerpo, tanto
más  vale la luz espiritual que la material.
Procuremos todos poseer luz tan preciosa
y difundirla por todas partes, para disipar
las tinieblas espirituales en que están sumidos
tantos hermanos nuestros.

GALO MORET Pbro. S.
*
Para qué estamos en la tierra.

Hace cien años, y aún mucho menos tiempo, no existíamos.
Ahora existimos, estamos en este mundo.
Dentro de algún tiempo, tal vez muy pronto, moriremos.
Es muy justo y razonable, pues, que averigüemos seriamente:
¿Quién nos ha dado el ser que tenemos?
¿Para qué estamos en este mundo?
¿Qué será de nosotros después de la muerte?
La razón iluminada por la fe nos dice que:
   Dios nos ha criado para conocerle, amarle y servirle en esta vida, y después gozarle para siempre en la otra.
   El fin para el cual Dios nos ha criado es tan elevado y excelente, que no puede serlo más.
   Los Ángeles del cielo y María Santísima no tienen otro fin más elevado.
   Nuestro fin es infinitamente grande.
   Estamos en la tierra para servir a Dios y ganar el cielo; para nada mas.
   Por consiguiente, en esto debemos poner todo nuestro empeño y diligencia.
   A Dios se le sirve guardando sus mandamientos.
   La religión verdadera nos enseña cuáles son estos divinos mandamientos.
Religión.

   Religión es el conjunto de los deberes del hombre para con Dios.
   Debemos servir a Dios como El quiere ser servido y no como a nosotros nos agrade.
   La religión verdadera es la que enseña servir a Dios como El quiere ser servido.
   La religión verdadera nos enseña de dónde venimos, para qué estamos en la tierra y cuál será nuestro paradero después de la vida presente.
   El asunto de la religión es, pues, el más digno de estudio para todo hombre de sana razón.

   La primera obligación que tiene todo hombre es procurar conocer y practicar la verdadera religión.

   Nada teme tanto la religión verdadera como el ser ignorada; pues quien la conoce bien, no puede menos que amarla sinceramente, a no ser que tenga el corazón enteramente corrompido.
   La mayor parte de las personas que aborrecen la religión, la aborrecen porque no la conocen.
   La religión no es solamente para las mujeres, sino que es también para los hombres, pues todos tienen un alma que salvar.
   Jesucristo predicó a hombres y a mujeres y confió especialmente a hombre la enseñanza de su doctrina.

Indiferencia religiosa
o no tener religión.

   El que profesa una religión, aun falsa, a lo menos demuestra el deseo de honrar de alguna manera a la divinidad, y puede ser que esté involuntariamente en el error.
   Pero el que no quiere tener ninguna religión, manifiesta no querer servir a Dios de ningún modo, se rebela contra Dios y le niega todo homenaje.
   Un hombre sin religión no merece ninguna confianza; pues no creyendo en un Dios que premia o castiga, sólo tratará de satisfacer sus propias pasiones, sin respetar derechos ajenos.
   Se enriquecerá, si puede, aunque sea robando; se entregará a la obscenidad, aún cometiendo las mayores infamias.
   La única regla de su conducta será el placer y el interés; si para conseguirlos es necesario cometer acciones indignas, las cometerá; en tal caso, su único cuidado será procurar no ser descubierto.
   La falta de honradez, justicia y demás buenas costumbres son efecto de la falta de religión.
   Es lógico: si no hubiera más vida que la presente, nuestro supremo anhelo sería gozar, mientras vivimos, todo lo posible, valiéndonos de todos los medios a nuestro alcance.
   La virtud que exige mortificación y abnegación, fuera una locura.
   Si todas las personas trataran de conocer y cumplir bien la santa religión, no habría ladrones, asesinos, borrachos, deshonestos, etc.
   La religión condena todo acto indigno, sea quien fuere el que lo cometa.
   Hay personas religiosas que tienen algún defecto, como mal carácter, etc.    Dios lo permite para que sean humildes.
   Los impíos notan estas pequeñas imperfecciones de la gente religiosa, y se escandalizan grandemente; pero no sienten rubor de los muchos y gravísimos pecados que ellos mismos cometen.
   Bien dice de ellos N. S. Jesucristo: “Ven la paja en el ojo ajeno, y no ven la viga que tienen en el suyo propio”.

No son buenas
todas las religiones.

   Como hay monedas falsas, hay también religiones falsas.
   No pueden ser buenas todas las religiones.
   No es buena la religión que manda adorar a ídolos y ofrecerles sacrificios humanos.
   Ni aun son buenas todas las religiones que se llaman cristianas; pues una afirma lo que otra niega.
   Por consiguiente, una u otra de ellas está en el error.
   Todas las religiones están de acuerdo en algunas verdades, como por ejemplo: que existe la divinidad, que es necesario honrarla, etc.
   Las religiones falsas tienen siempre algo o mucho que es de la verdadera.
   No es, pues, falso todo lo que enseñan las religiones falsas.
   Hay muchas religiones, porque hombres perversos han querido modificar a su gusto la religión verdadera.
   La falsedad de una religión está en aquello que se aparta de la verdadera.
   Para conocer cuál es la religión verdadera no es necesario conocer y examinar todas las religiones, pues esto fuera imposible.
   La razón natural nos dicta que debemos amar y servir a Dios, pedirle luz para conocer la verdad y seguirla prontamente al conocerla.
   Quien esto practica, hace todo lo que está de su parte para seguir la verdadera religión.
   El que hace todo lo que está de su parte, no está obligado a más.
   Nadie se condena por no haber practicado lo que sin culpa no conoció.
   El que por error involuntario profesa una religión falsa, creyendo de buena fe que es la verdadera y procura amar y servir a Dios lo mejor que puede, se salvará.
   Sólo Dios es el juez de las conciencias; El sabe quién está voluntaria o involuntariamente en el error.
   Quien se da cuenta de que su religión es falsa, debe dejarla y abrazar la verdadera.
   No puede seguir la religión de los padres, el que conoce que es falsa.
   La religión contiene:

Dogmas, preceptos y
medios para honrar a Dios.

domingo, 1 de junio de 2014

Domingo después de la Ascención

(II clase, blanco)
Gloria, Credo, Prefacio de la Ascensión, comunicantes ordinarios.

El día de la Ascensión nos llenábamos de alegría por el triunfo de Cristo, que es también el nuestro; pero hoy su ausencia arroja sobre nosotros un velo de melancolía. Él ha subido a los Cielos, y, aunque es verdad que prometió no dejarnos huérfanos, el Espíritu Consolador no ha venido todavía. Llena de nostalgia, la Iglesia "eleva su voz hacia Él y busca su rostro" (Introito). Antiguamente le buscaba hasta de una manera sencilla, reuniéndose como lugar de estación en la iglesia de Santa María "ad Mártyres", en el viejo Panteón de Agripa, donde se guardaba el lienzo de la Verónica. Es una Misa llena de calor, de añoranza y de esperanza. San Pedro nos habla del poder de la caridad (Epistola), que realiza la unidad de los que creen en Cristo. El Evangelio nos prepara a recibir el Espíritu Santo, que es el que ha de infundir en nosotros el temple viril de los mártires. La Iglesia ama y padece. En el amor se verá si vive en nosotros el Espíritu de Dios; pero el amor se prueba en las contradicciones y en los sufrimientos. En la prueba recordemos las palabras de Cristo: "Padre: cuando estaba con ellos, Yo los guardaba; pero Yo vuelvo a Ti. No te ruego que los saques del mundo, sino que los libres del mal".
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Escucha, oh Señor, mis voces, con qué te he invocado, contigo ha hablado mi corazón; en busca de Ti han andado mis ojos. El señor es mi luz y mi salvación. Estas son las palabras con que empieza la celebración del Santo Sacrificio en el Introito, y esta voluntad y buen deseo que nos hará dignos de ver a Jesús, es lo que nos hace pedir la Iglesia en la Colecta. Pero como no basta la buena voluntad si no va acompañada de las correspondientes palabras y obras, San Pedro, en la Epístola, nos explica ampliamente cuáles han de ser éstas, y con ellas, dice, será en nosotros honrado Dios por Jesucristo Señor nuestro. Reinara así en nosotros nuestro divino Maestro (versos delAleluya), y con el Espíritu Santo, cuya venida nos promete(Evangelio), se gozara nuestro corazón, y se animará a la práctica de la virtud. Esta misma gracia que vigoriza el alma, que la Iglesia en laSecreta, y se nos recuerda (en la antífona Comunión) que el mismo Jesucristo se encargó de pedirla por nosotros, con lo cual debe aumentarse nuestra confianza de poderla conseguir. Llenos de esperanza y con esta seguridad de la gracia de Jesucristo, pedimos que siempre aquí en la tierra, mientras dure nuestra peregrinación, y después en el cielo, a donde esperamos reunirnos con nuestro Redentor permanezcamos continuas acciones de gracias (Poscomunión).
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