domingo, 27 de agosto de 2017

Dominica XII Post Pentecosten

XII DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
(II clase, verde)
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Salomón es viva figura de Jesucristo, Rey de la paz y de la celestial Jerusalem, Rey sabio que dijo un día a los incrédulos Judíos: "He aquí uno mayor que Salomón". En todos estos domingos quiere la Iglesia que leamos los escritos que el Espíritu Santo inspiró a aquel gran monarca para aprovechamiento de todos los venideros. Leamos esos libros saturados de celestial sabiduría, y escuchemos sobre todo la voz de Jesús que será siempre nuestro maestro por excelencia.
Este Domingo insiste en la caridad. Cumpliendo la debidamente, hemos cumplido toda la Ley y no correremos peligro de des mandarnos, porque esa virtud nos atará a la divina voluntad con atadura y vínculo perfecto, de manera que se podrá decir con todas veras: "Ama, et fac quod vis".
Cumplir la ley cristiana como Dios manda y no quedarse en su corteza es hacer lo que hizo el buen Samaritano con el pobrecito que los ladrones dejaron maltrecho a la vera del camino. Este buen Samaritano es Jesús, Jesús nuestro médico sapientísimo, cariñoso y desinteresado el cual se vistió traje de pecador, y anduvo, como nosotros, por el camino de una vida mortal buscando precisamente a los pecadores heridos por los dardos del demonio, derramando sobre nuestras llagas gangrenadas el bálsamo del consuelo y el óleo y vino de sus Sacramentos, ese óleo y ese vino de que hablan el Evangelio y la Comunión. Bendigamos, pues, al Señor en todo tiempo (Gr.), por haber extremado así sus bondades con nosotros.
Pero quiere Cristo que lo que Él hizo con todos, como buen Samaritano, lo hagamos también nosotros con nuestros semejantes, sobre todo con los miembros doloridos de Cristo que son los cristianos, máxime cuando son pobres, atribulados o pecadores. Recordemos también que el amor al prójimo ha de ser sobrenatural y así, le hemos de amar en Dios y por Dios, y la limosna que le demos, debemos dársela por Dios, como él la pide por Dios. En el cristiano, siquiera sea pobre y de exterior repugnante no debemos mirar sus harapos y la envoltura de carne magullada que aprisiona su alma preciosa, sino a un ser divinizado, como nosotros, por la gracia de Cristo.
Hagamos también lo que hizo Moisés, figura de Jesucristo que devolvió bien por males, orando por su pueblo que tan desagradecido se había mostrado (Ofert.). Así es como podremos servir a Dios de un modo digno y merecedor de encomio, y correr por el sendero del cielo, que el Señor nos tiene prometido sin peligro de lamentables caídas (Or.).
No miremos, pues, con indiferencia, ni menos con asco la miserias físicas y morales de nuestros hermanos, porque por tal camino tampoco nos haríamos acreedores a la compasión que de Dios necesitamos para conseguir las promesas de vida eterna hechas a los misericordiosos.
...
La oración sencilla y sublime y que constituye el Introito de esta Dominica habría de penetrar de tal suerte en lo más profundo de nuestra alma, que de ella nos sirviésemos en todas nuestras necesidades. Así consta que lo practicaban los santos que moraban en los desiertos, según lo testifican Casiano en una de sus conferencias. Sírvanos su ejemplo de modelo para acudir a Dios en todas nuestras necesidades. Orando alcanzaremos la divina gracia para servir al Señor digna y laudablemente como nos lo indica la Iglesia en la Colecta de la Santa Misa. Es tan grande la necesidad de esta gracia, que, conforme nos enseña San Pablo, sin ella no somos suficientes para tener, con solas nuestras fuerzas, ni tan sólo un buen pensamiento. Esta gracia, que constituyó a los Apóstoles ministros y propagadores de las doctrinas de Jesucristo, que los elevó a la mayor de las glorias, también se nos concederá a nosotros, si con humildad y perseverancia la pedimos.

En la parábola del caritativo Samaritano, que leemos en el Evangelio, podemos ver descrita la caridad inmensa de Jesucristo para con el linaje humano, y las cualidades que deben adornar nuestra caridad en favor del prójimo.
TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 69.2-4.- Introito. Salm 69.2-4.-Todas las Horas canónicas comienzan por el Deus In adjutorium, que abre la misa de este domingo. Era la oración incesante de los Padres del desierto:
Oh Dios!, ven en mi socorro; Señor, corre a ayudarme. Confusos y avergonzados queden mis enemigos, los que me persiguen a muerte. Salmo. Arrédrense y sean confundidos los que meditan males contra mí. V/. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo...
Colecta. Omnipotente y misericordioso Dios, que concedes a tus fieles poder servirte digna y laudablemente; haz, te suplicamos, que corramos sin tropiezo a la consecución de tus promesas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo...
Epístola. 2 Cor. 3.4-9.- San Pablo, predicador del Evangelio, tiene conciencia de ejercer un ministerio incomparable, mucho más grande y más cercano a Dios que es el mismo Moisés:
Hermanos: Tal es la confianza que tenemos en Dios por Cristo; no que podamos pensar algo bueno como propio nuestro, sino que nuestra suficiencia nos viene de Dios. Él nos ha hecho idóneos ministros de una nueva alianza; no de la letra, sino del espíritu, porque la letra mata, mas el espíritu vivifica. Pues si el ministerio de muerte, grabado con letras sobre piedras, fue tan glorioso que no podían los hijos de Israel fijar la vista en el rostro de Moisés, por la gloria pasajera de su cara, ¿cómo no había de tenerla mayor el ministerio del Espíritu? Si el ministerio de la condenación era glorioso, mucho más glorioso será el ministerio de la justicia.
Gradual. Salm.33.2-3.- Alabaré al Señor en todo tiempo; no cesarán mis labios de alabarle. V/ En el Señor se gloriará mi alma; lo oirán los humildes y se alegrarán.
Aleluya. Salm. 87.2.- Aleluya, aleluya. V/. Señor, Dios de mi salvación: día y noche clamo en tu presencia. Aleluya.
Evangelio. Luc. 10-23-37. Amar a Dios sobre las cosas y al prójimo como a nosotros mismos es el primer mandamiento de la ley. De este doble amor nos ha dejado Cristo el mayor ejemplo que se puede dar:
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis. Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis y no lo vieron, oír lo que vosotros oís y no lo oyeron. Levantóse en esto un doctor de la Ley y le dijo por tentarle: Maestro, ¿qué haré para poseer la vida eterna? y él le contestó:¿Qué es lo que se halla es­crito en la Ley? ¿Qué lees en ella? Respondió él: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y toda tu alma, con todas tus fuerzas; y todo tu entendimiento; y tu prójimo como a ti mismo. Bien has respondido, dijole Jesús: haz eso, y vivirás. Mas él, queriendo jus­tificarse, preguntó de nuevo: y ¿quién es mi prójimo? Entonces Jesús, tomando la palabra- dijo: Un hombre bajaba de Jerusalén a Jeri­có y cayó en manos de unos ladrones, los cuales le despojaron y, después de herirle, se fueron, dejándole medio muerto. Llegó a pasar por el mismo camino un sacerdote; y, aunque le vio, pasó de largo. Asimismo, un levita, y llegando cerca de aquel lugar, le vio, y pasó también de largo. Mas llegó igualmente un viajero sama­ritano, y al verle, movióse a compasión. Y acercándose, le vendó las heridas, y echó en ellas aceite y vino; y montándole en su jumento, lo llevó a una venta y le cuidó. Y al día siguiente sacó dos denarios, y dióselos al posadero diciéndole: Cuídamelo, y cuanto gastares de más, te lo abonaré cuando vuelva. ¿Cuál de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Respondió el doctor: El que usó con él de misericordia. Dijole Jesús: Pues vete y haz tú otro tanto.
CREDO.
Ofertorio. Ex. 32.11,13,14.- Oró Moisés al Señor, su Dios, y dijo: ¿Por qué, Señor, te irritas contra tu pue­blo? Apláquese tu ira; acuér­date de Abraham, de Isaac y de Jacob, a los que juraste da­rías tierra que fluyera leche y miel, y se aplacó el Señor, y no ejecutó el castigo con que había amenazado a su pueblo.
Secreta. Te rogamos, Señor, mires propicio los presentes que ofrecemos en los sagrados altares, para que, consiguiéndonos el perdón, rindan honor a tu santo nombre. Por nuestro Señor...
Prefacio de la Santísima Trinidad. En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino -en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confesando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz: Santo, Santo, Santo...
Comunión. Salm. 103.13.14.- Del fruto de tus obras, Señor, se sacia la tierra. Tú haces producir a la tierra el pan, el vino que alegra e] corazón del hombre, el aceite que ilumina los rostros. y el pan que fortalece el corazón del hombre.
Poscomunión. Te suplicamos, Señor, nos dé una nueva vida la participación de este santo misterio, y nos sirva de expia­ción al propio tiempo que de fortaleza. Por nuestro Se­ñor Jesucristo...

sábado, 26 de agosto de 2017

Misa de Requiem por Amadeo Navarro Valdés.


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Hoy, 26 de agosto de 2017, en el 12vo aniversario de su fallecimiento, se ha celebrado la Santa Misa de Requiem, por don Amadeo Navarro Valdés, padre de nuestro colaborador Miguel Angel Navarro, en la Parroquia Nuestra Señora de Las Mercedes de Lagunillas en Casablanca
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Introitus 

4 Esdr 2:34; 2:35
Réquiem ætérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua lúceat eis.
Ps 64:2-3
Te decet hymnus, Deus, in Sion, et tibi reddétur votum in Ierúsalem: exáudi oratiónem meam, ad te omnis caro véniet.
Réquiem ætérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua lúceat eis.
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jueves, 24 de agosto de 2017

EL PAPA MONAGUILLO.

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En 1888, en uno de los altares de la Basílica de San Pedro, un sacerdote listo para rezar la Santa Misa, miraba inquieto a su alrededor porque su monaguillo no aparecía. Un obispo, que estaba arrodillado cerca, se acercó a él y con gran sencillez le dijo:
- Permítame, Padre, que sea yo el ayudante de su Misa.
- No, Excelencia, no lo permitiré. No le conviene a un obispo hacer de monaguillo.
-¿Porqué no? Le aseguro que lo puedo hacer.
- Eso no lo dudo Excelencia. Pero sería mucha humillación. No, no lo permitiré.
- Tranquilo. Rápido, al altar; empieza: "Introibo ad altare Dei..."

Dicho esto, el Obispo se arrodilló y el sacerdote tuvo que ceder. Asistido por su nuevo ayudante, el sacerdote celebró la Misa con gran emoción. Al terminar se deshizo en agradecimientos al Obispo. Ese piadoso ayudante, veinte años mayor que el cura, era Mons. Giuseppe Sarto, futuro Papa Pío X, uno de los más grandes pontífices y santos de la Iglesia Católica.

miércoles, 23 de agosto de 2017

Encíclica Mortalium Animos condenando el falso ecumenismo. Pío XI

Mortalium Animos
PÍO PP. XI
ACERCA DE COMO SE HA DE FOMENTAR LA VERDADERA UNIDAD RELIGIOSA
Venerables hermanos: Salud y bendición apostólica
1. Ansia universal de paz y fraternidad
Nunca quizás como en los actuales tiempos se ha apoderado del corazón de todos los hombres un tan vehemente deseo de fortalecer y aplicar al bien común de la sociedad humana los vínculos de fraternidad que, en virtud de nuestro común origen y naturaleza, nos unen y enlazan a unos con otros.
Porque no gozando todavía las naciones plenamente de los dones de la paz, antes al contrario, estallando en varias partes discordias nuevas y antiguas, en forma de sediciones y luchas civiles y no pudiéndose además dirimir las controversias, harto numerosas, acerca de la tranquilidad y prosperidad de los pueblos sin que intervengan en el esfuerzo y la acción concordes de aquellos que gobiernan los Estados, y dirigen y fomentan sus intereses, fácilmente se echa de ver –mucho más conviniendo todos en la unidad del género humano-, porque son tantos los que anhelan ver a las naciones cada vez más unidas entre sí por esta fraternidad universal.
2. La fraternidad en religión. Congresos ecuménicos.
Cosa muy parecida se esfuerzan algunos por conseguir en lo que toca a la ordenación de la nueva ley promulgada por Jesucristo Nuestro Señor. Convencidos de que son rarísimos los hombres privados de todo sentimiento religioso, parecen haber visto en ello esperanza de que no será difícil que los pueblos, aunque disientan unos de otros en materia de religión, convengan fraternalmente en la profesión de algunas doctrinas que sean como fundamento común de la vida espiritual. Con tal fin suelen estos mismos organizar congresos, reuniones y conferencias, con no escaso número de oyentes e invitar a discutir allí promiscuamente a todos, a infieles de todo género, de cristianos y hasta a aquellos que apostataron miserablemente de Cristo o con obstinada pertinacia niegan la divinidad de su Persona o misión.
3. Los católicos no pueden aprobarlo.
Tales tentativas no pueden, de ninguna manera obtener la aprobación de los católicos, puesto que están fundadas en la falsa opinión de los que piensan que todas las religiones son, con poca diferencia, buenas y laudables, pues, aunque de distinto modo, todas nos demuestran y significan igualmente el ingénito y nativo sentimiento con que somos llevados hacia Dios y reconocemos obedientemente su imperio.
Cuantos sustentan esta opinión, no sólo yerran y se engañan, sino también rechazan la verdadera religión, adulterando su concepto esencial, y poco a poco vienen a parar al naturalismo y ateísmo;de donde claramente se sigue que, cuantos se adhieren a tales opiniones y tentativas, se apartan totalmente de la religión revelada por Dios.
4. Otro error – La unión de todos los cristianos. – Argumentos falaces
Pero donde con falaz apariencia de bien se engañan más fácilmente algunos, es cuando se trata de fomentar la unión de todos los cristianos. ¿Acaso no es justo -suele repetirse- y no es hasta conforme con el deber, que cuantos invocan el nombre de Cristo se abstengan de mutuas recriminaciones y se unan por fin un día con vínculos de mutua caridad? ¿Y quién se atreverá a decir que ama a Jesucristo, sino procura con todas sus fuerzas realizar los deseos que El manifestó al rogar a su Padre que sus discípulos fuesen una sola cosa?(1). y el mismo Jesucristo ¿por ventura no quiso que sus discípulos se distinguiesen y diferenciasen de los demás por este rasgo y señal de amor mutuo: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, en que os améis unos a otros?(2). ¡Ojalá -añaden- fuesen una sola cosa todos los cristianos! Mucho más podrían hacer para rechazar la peste de la impiedad, que, deslizándose y extendiéndose cada más, amenaza debilitar el Evangelio.
5. Debajo de esos argumentos se oculta un error gravísimo
Estos y otros argumentos parecidos divulgan y difunden los llamados “pancristianos“; los cuales, lejos de ser pocos en número, han llegado a formar legiones y a agruparse en asociaciones ampliamente extendidas, bajo la dirección, las más de ellas, de hombres católicos, aunque discordes entre sí en materia de fe.
6. La verdadera norma de esta materia.
Exhortándonos, pues, la conciencia de Nuestro deber a no permitir que la grey del Señor sea sorprendida por perniciosas falacias, invocamos vuestro celo, Venerables Hermanos, para evitar mal tan grave; pues confiamos que cada uno de vosotros, por escrito y de palabra, podrá más fácilmente comunicarse con el pueblo y hacerle entender mejor los principios y argumentos que vamos a exponer, y en los cuales hallarán los católicos la norma de lo que deben pensar y practicar en cuanto se refiere al intento de unir de cualquier manera en un solo cuerpo a todos los hombres que se llaman católicos.
7. Sólo una Religión puede ser verdadera: la revelada por Dios.
Dios, Creador de todas las cosas, nos ha creado a los hombres con el fin de que le conozcamos y le sirvamos. Tiene, pues, nuestro Creador perfectísimo derecho a ser servido por nosotros. Pudo ciertamente Dios imponer para el gobierno de los hombres una sola ley, la de la naturaleza, ley esculpida por Dios en el corazón del hombre al crearle: y pudo después regular los progresos de esa misma ley con sólo su providencia ordinaria. Pero en vez de ella prefirió dar El mismo los preceptos que habíamos de obedecer; y en el decurso de los tiempos, esto es desde los orígenes del género humano hasta la venida y predicación de Jesucristo, enseñó por Sí mismo a los hombres los deberes que su naturaleza racional les impone para con su Creador. “Dios, que en otro tiempo habló a nuestros padres en diferentes ocasiones y de muchas maneras, por medio de los Profetas, nos ha hablado últimamente por su Hijo Jesucristo“(3). Por donde claramente se ve que ninguna religión puede ser verdadera fuera de aquella que se funda en la palabra revelada por Dios, revelación que comenzada desde el principio, y continuada durante la Ley Antigua, fue perfeccionada por el mismo Jesucristo con la Ley Nueva. Ahora bien: si Dios ha hablado -y que haya hablado lo comprueba la historia- es evidente que el hombre está obligado a creer absolutamente la revelación de Dios, y a obedecer totalmente sus preceptos. y con el fin de que cumpliésemos bien lo uno y lo otro, para gloria de Dios y salvación nuestra, el Hijo Unigénito de Dios fundó en la tierra su Iglesia.
8. La única Religión revelada es la de la Iglesia Católica.
Así pues, los que se proclaman cristianos es imposible no crean que Cristo fund6 una Iglesia, y precisamente una sola. Mas, si se pregunta cuál es esa Iglesia conforme a la voluntad de su Fundador, en esto ya no convienen todos. Muchos de ellos, por ejemplo, niegan que la Iglesia de Cristo haya de ser visible, a lo menos en el sentido de que deba mostrarse como un solo cuerpo de fieles, concordes en una misma doctrina y bajo un solo magisterio y gobierno. Estos tales entienden que la Iglesia visible no es más que la alianza de varias comunidades cristianas, aunque las doctrinas de cada una de ellas sean distintas.
Sociedad perfecta, externa, visible.
Pero es lo cierto que Cristo Nuestro Señor instituyó su Iglesia como sociedad perfecta, externa y visible por su propia naturaleza, a fin de que prosiguiese realizando, de allí en adelante, la obra de la salvación del género humano, bajo la guía de una sola cabeza (4), con magisterio de viva voz (5) y por medio de la administración de los sacramentos (6), fuente de la gracia divina; por eso en sus parábolas afirmó que era semejante a un reino (7), a una casa (8), a un aprisco (9), y a una grey (10). Esta Iglesia, tan maravillosamente fundada, no podía ciertamente cesar ni extinguirse, muertos su Fundador y los Apóstoles que en un principio la propagaron, puesto que a ella se le había confiado el mandato de conducir a la eterna salvación a todos los hombres, sin excepción de lugar ni de tiempo: “Id, pues, e instruid a todas las naciones” (11). y en el cumplimiento continuo de este oficio, ¿acaso faltará a la Iglesia el valor ni la eficacia, hallándose perpetuamente asistida con la presencia del mismo Cristo, que solemnemente le prometió: “He aquí que yo estaré siempre con vosotros, hasta la consumación de los siglos“? (12) Por tanto, la Iglesia de Cristo no sólo ha de existir necesariamente hoy, mañana y siempre, sino también ha de ser exactamente la misma que fue en los tiempos apostólicos, si no queremos decir -y de ello estamos muy lejos- que Cristo Nuestro Señor no ha cumplido su propósito, o se engañó cuando dijo que las puertas del infierno no habían de prevalecer contra ella (13).
9. Un error capital del movimiento ecuménico en la pretendida unión de iglesias cristianas. .
Y aquí se Nos ofrece ocasión de exponer y refutar una falsa opinión de la cual parece depender toda esta cuestión, y en la cual tiene su origen la múltiple acción y confabulación el de los católicos que trabajan, como hemos dicho, por la unión de las iglesias cristianas. Los autores de este proyecto no dejan de repetir casi infinitas veces las palabras de Cristo: “Sean todos una misma cosa. Habrá un solo rebaño y un solo pastor” (14), mas de tal manera :las entienden, que, según ellos, sólo significan un deseo y una aspiración de Jesucristo, deseo que todavía no se ha realizado. Opinan, pues, que la unidad de fe y de gobierno, nota distintiva de la verdadera y única Iglesia de Cristo, no ha existido casi nunca hasta ahora, y ni siquiera hoy existe: podrá, ciertamente, desearse, y tal vez algún día se consiga, mediante la concordante impulsión de las voluntades; pero en entre tanto, habrá que considerarla sólo como un ideal.
“La división” de la Iglesia.
Añaden que la Iglesia, de suyo o por su propia naturaleza, está dividida en partes, esto es, se halla compuesta de varias comunidades distintas, separadas todavía unas de otras, y coincidentes en algunos puntos de doctrina, aunque discrepantes en lo demás, y cada una con los mismos derechos exactamente que las otras; y que la Iglesia sólo fue única y una, a lo sumo desde la edad apostólica hasta tiempos de los primeros Concilios Ecuménicos. Sería necesario pues -dicen-, que, suprimiendo y dejando a un lado las controversias y variaciones rancias de opiniones, que han dividido hasta hoy a la familia cristiana, se formule se proponga con las doctrinas restantes una norma común de fe, con cuya profesión puedan todos no ya reconocerse, sino sentirse hermanos. y cuando las múltiples iglesias o comunidades estén unidas por un pacto universal, entonces será cuando puedan resistir sólida y fructuosamente los avances de la impiedad…
Esto es así tomando las cosas en general, Venerables Hermanos; mas hay quienes afirman y conceden que el llamado Protestantismo ha desechado demasiado desconsideradamente ciertas doctrinas fundamentales de la fe y algunos ritos del culto externo ciertamente agradables y útiles, los que la Iglesia Romana por el contrario aún conserva; añaden sin embargo en el acto, que ella ha obrado mal porque corrompió la religión primitiva por cuanto agregó y propuso como cosa de fe algunas doctrinas no sólo ajenas sino más bien opuestas al Evangelio, entre las cuales se enumera especialmente el Primado de jurisdicción que ella adjudica a Pedro y a sus sucesores en la sede Romana.
En el número de aquellos, aunque no sean muchos, figuran también los que conceden al Romano Pontífice cierto Primado de honor o alguna jurisdicción o potestad de la cual creen, sin embargo, que desciende no del derecho divino sino de cierto consenso de los fieles. Otros en cambio aun avanzan a desear que el mismo Pontífice presida sus asambleas, las que pueden llamarse “multicolores”. Por lo demás, aun cuando podrán encontrarse a muchos no católicos que predican a pulmón lleno la unión fraterna en Cristo, sin embargo, hallarás pocos a quienes se ocurre que han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna. Entre tanto asevera que están dispuestos a actuar gustosos en unión con la Iglesia Romana, naturalmente en igualdad de condiciones jurídicas, o sea de iguales a igual: mas si pudieran actuar no parece dudoso de que lo harían con la intención de que por un pacto o convenio por establecerse tal vez, no fueran obligados a abandonar sus opiniones que constituyen aun la causa por qué continúan errando y vagando fuera del único redil de Cristo.
10. La Iglesia Católica no puede participar en semejantes uniones.
Siendo todo esto así, claramente se ve que ni la Sede Apostólica puede en manera alguna tener parte en dichos Congresos, ni de ningún modo pueden los católicos favorecer ni cooperar a semejantes intentos; y si lo hiciesen, darían autoridad a una falsa religión cristiana, totalmente ajena a la única y verdadera Iglesia de Cristo.
11. La verdad revelada no admite transacciones.
¿Y habremos Nos de sufrir -cosa que sería por todo extremo injusta- que la verdad revelada por Dios, se rindiese y entrase en transacciones? Porque de lo que ahora se trata es de defender la verdad revelada. Para instruir en la fe evangélica a todas las naciones envió Cristo por el mundo todo a los Apóstoles; y para que éstos no errasen en nada, quiso que el Espíritu Santo les enseñase previamente toda la verdad (15); ¿y acaso esta doctrina de los Apóstoles ha descaecido del todo, o siquiera se ha debilitado alguna vez en la Iglesia, a quien Dios mismo asiste dirigiéndola y custodiándola? Y si nuestro Redentor manifestó expresamente que su Evangelio no sólo era para los tiempos apostólicos, sino también para las edades futuras, ¿habrá podido hacerse tan obscura e incierta la doctrina de la Fe, que sea hoy conveniente tolerar en ella hasta las opiniones contrarias entre sí? Si esto fuese verdad, habría que decir también que el Espíritu Santo infundido en los apóstoles, y la perpetua permanencia del mismo Espíritu en la Iglesia, y hasta la misma predicación de Jesucristo, habría perdido hace muchos siglos toda utilidad y eficacia; afirmación que sería ciertamente blasfema.
12. La Iglesia Católica depositaria infalible de la verdad.
Ahora bien: cuando el Hijo Unigénito de Dios mandó sus legados que enseñasen a todas las naciones, impuso a todos los hombres la obligación de dar fe a cuanto les fuese enseñado por los testigos predestinados por Dios (16); obligación que sancionó de este modo: el que creyere y fuere bautizado, se salvará; mas el que no creyere será condenado (17). Pero ambos preceptos de Cristo, uno de enseñar y otro de creer, que no pueden dejar de cumplirse para alcanzar la salvación eterna, no pueden siquiera entenderse si la Iglesia no propone, íntegra y clara la doctrina evangélica y si al proponerla no está ella exenta de todo peligro de equivocarse, Acerca de lo cual van extraviados también los que creen que sin duda existe en la tierra el depósito de la verdad, pero que para buscarlo hay que emplear tan fatigosos trabajos, tan :continuos estudios y discusiones, que apenas basta la vida de un hombre para hallarlo y disfrutarlo: como si el benignísimo Dios hubiese , hablado por medio de los Profetas y de su Hijo Unigénito para que lo revelado por éstos sólo pudiesen conocerlo unos pocos, y ésos ya ancianos; y como si esa revelación no tuviese por fin enseñar la doctrina moral y dogmática, por la cual se ha de regir el hombre durante el curso de su vida moral,
13. Sin fe, no hay verdadera caridad.
Podrá parecer que dichos “pancristianos“, tan atentos a unir las iglesias, persiguen el fin nobilísimo de fomentar la caridad entre todos los cristianos, Pero, ¿cómo es posible que la caridad redunde en daño de la fe? Nadie, ciertamente, ignora que San Juan, el Apóstol mismo de la caridad, el cual en su Evangelio parece descubrirnos los secretos del Corazón Santísimo de Jesús, y que solía inculcar continuamente a sus discípulos el nuevo precepto Amaos unos a los otros, prohibió absolutamente todo trato y comunicación con aquellos que no profesasen, íntegra y pura, la doctrina de Jesucristo: Si alguno viene a vosotros y no trae esta doctrina, no le recibáis en casa, y ni siquiera le saludéis (18), Siendo, pues, la fe íntegra y sincera, como fundamento y raíz de la caridad, necesario es que los discípulos de Cristo estén unidos principalmente con el vínculo de la unidad de fe.
14. Unión irrazonable. .
Por tanto, ¿cómo es posible imaginar una confederación cristiana, cada uno de cuyos miembros pueda, hasta en materias de fe, conservar su sentir y juicio propios aunque contradigan al juicio y sentir de los demás? ¿y de qué manera, si se nos quiere decir, podrían formar una sola y misma Asociación de fieles los hombres que defienden doctrinas contrarias, como, por ejemplo, los que afirman y los que niegan que la sagrada Tradición es fuente genuina de la divina Revelación; los que consideran de institución divina la jerarquía eclesiástica, formada de Obispos, presbíteros y servidores del altar, y los que afirman que esa Jerarquía se ha introducido poco a poco por las circunstancias de tiempos y de cosas; los que adoran a Cristo realmente presente en la Sagrada Eucaristía por la maravillosa conversión del pan y del vino, llamada “transubstanciación“, y los que afirman que el Cuerpo de Cristo está allí presente sólo por la fe, o por el signo y virtud del Sacramento; los que en la misma Eucaristía reconocen su doble naturaleza de sacramento y sacrificio, y los que sostienen que sólo es un recuerdo o conmemoración de la Cena del Señor; los que estiman buena y útil la suplicante invocación de los Santos que reinan con Cristo, sobre todo de la Virgen María Madre de Dios, y la veneración de sus imágenes, y los que pretenden que tal culto es ilícito por ser contrario al honor del único Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo? (19).
15. Resbaladero hacia el indiferentismo y el modernismo.
Entre tan grande diversidad de opiniones, no sabemos cómo se podrá abrir camino para conseguir la unidad de la Iglesia, unidad que no puede nacer más que de un solo magisterio, de una sola ley de creer y de una sola fe de los cristianos. En cambio, sabemos, ciertamente que de esa diversidad de opiniones es fácil el paso al menosprecio de toda religión, o “indiferentismo“, y al llamado “modernismo“, con el cual los que están desdichadamente inficionados, sostienen que la verdad dogmática no es absoluta sino relativa, o sea, proporcionada a las diversas necesidades de lugares y tiempos, y a las varias tendencias de los espíritus, no hallándose contenida en una revelación inmutable, sino siendo de suyo acomodable al a vida de los hombres.
Además, en lo que concierne a las cosas que han de creerse, de ningún modo es lícito establecer aquélla diferencia entre las verdades de la fe que llaman fundamentales y no fundamentales, como gustan decir ahora, de las cuales las primeras deberían ser aceptadas por todos, las segundas, por el contrario, podrían dejarse al libre arbitrio de los fieles; pues la virtud de la fe tiene su causa formal en la autoridad de Dios revelador que no admite ninguna distinción de esta suerte. Por eso, todos los que verdaderamente son de Cristo prestarán la misma fe al dogma de la Madre de Dios concebida sin pecado original como, por ejemplo, al misterio de la augusta Trinidad; creerán con la misma firmeza en el Magisterio infalible del Romano Pontífice, en el mismo sentido con que lo definiera el Concilio Ecuménico del Vaticano, como en la Encarnación del Señor .
No porque la Iglesia sancionó con solemne decreto y definió las mismas verdades de un modo distinto en diferentes edades o en edades poco anteriores han de tenerse por no igualmente ciertas ni creerse del mismo modo. ¿No las reveló todas Dios?
Pues, el Magisterio de la Iglesia el cual por designio divino fue constituido en la tierra a fin de que las doctrinas reveladas perdurasen incólumes para siempre y llegasen con mayor facilidad y seguridad al conocimiento de los hombres aun cuando el Romano Pontífice y los Obispos que viven en unión con él, lo ejerzan diariamente, se extiende, sin embargo, al oficio de proceder oportunamente con solemnes ritos y decretos a la definición de alguna verdad, especialmente entonces cuando a los errores e impugnaciones de los herejes deben más eficazmente oponerse o inculcarse en los espíritus de los fieles, más clara y sutilmente explicados, puntos de la sagrada doctrina.
Mas por ese ejercicio extraordinario del Magisterio no se introduce, naturalmente ninguna invención, ni se añade ninguna novedad al acervo de aquellas verdades que en el depósito de la revelación, confiado por Dios a la Iglesia, no estén contenidas, por lo menos implícitamente, sino que se explican aquellos puntos que tal vez para muchos aun parecen permanecer oscuros o se establecen como cosas de fe los que algunos han puesto en tela de juicio.
16. La única manera de unir a todos los cristianos.
Bien claro se muestra, pues, Venerable Hermanos, por qué esta Sede Apostólica no ha permitido nunca a los suyos que asistan a los citados congresos de acatólicos; porque la unión de los cristianos no se puede fomentar de otro modo que procurando el retorno de los disidentes a la única :y verdadera Iglesia de Cristo, de la cual un día desdichadamente se alejaron; a aquella única y verdadera Iglesia que todos ciertamente conocen y que por la voluntad de su Fundador debe permanecer siempre tal cual El mismo la fundó para la salvación de todos. Nunca, en el transcurso de los siglos, se contaminó esta mística Esposa de Cristo, ni podrá contaminarse jamás, como dijo bien San Cipriano: No puede adulterar la Esposa de Cristo; es incorruptible y fiel. Conoce una sola casa y custodia con casto pudor la santidad de una sola estancia (20). Por eso se maravillaba con razón el santo Mártir de que alguien pudiese creer que esta unidad, fundada en la divina estabilidad y robustecida por medio de celestiales sacramentos, pudiese desgarrarse en la Iglesia, y dividirse por el disentimiento de las voluntades discordes (21). Porque siendo Porque siendo el cuerpo místico de Cristo, esto es, la Iglesia, uno (22), compacto y conexo (23), lo mismo que su cuerpo físico, necedad es decir que el cuerpo místico puede constar de miembros divididos y separados; quien, pues, no está unido con él no es miembro suyo, ni está unido con su cabeza, que es Cristo (24).
17. La obediencia al Romano Pontífice.
Ahora bien, en esta única Iglesia de Cristo nadie vive y nadie persevera, que no reconozca y acepte con obediencia la suprema autoridad de Pedro y de sus legítimos sucesores. ¿No fue acaso al Obispo de Roma a quien obedecieron, como a sumo Pastor de las almas, los ascendientes de aquellos que hoy yacen anegados en los errores de Focio, y de otros novadores?
Alejaronse ¡ay! los hijos de la casa paterna, que no por eso se arruinó ni pereció, sostenida como está perpetuamente por el auxilio de Dios. Vuelvan, pues, al Padre común, que olvidando las injurias inferidas ya a la Sede Apostólica, los recibirá amantísimamente. Porque, si, como ellos repiten, desean asociarse a Nos y a los Nuestros, ¿Por qué no se apresuran a venir a la Iglesia, madre y maestra de todos los fieles de Cristo (25). Oigan como clamaba en otro tiempo Lactancio:Sólo la Iglesia Católica es la que conserva el culto verdadero, Ella es la fuente de la verdad, la morada de la Fe, el templo de Dios, quienquiera que en él no entre o de él salga, perdido ha la esperanza de vida y de salvaci6n, Menester es que nadie se engañe a sí mismo con pertinaces discusiones, Lo que aquí se ventila es la vida y la salvaci6n,’a la cual si no se atiende con diligente cautela, se perderá y se extinguirá (26).
18. Llamamiento a las sectas disidentes. 
Vuelvan, pues, a la Sede Apostó1ica, asentada en esta ciudad de Roma, que consagraron con su sangre los Príncipes de los Apóstoles San Pedro y San Pablo, a la Sede raíz y matriz de la Iglesia Católica (27); vuelvan los hijos disidentes, no ya con el deseo y la esperanza de que la Iglesia de Dios vivo, la columna y el sostén de la verdad (28) abdique de la integridad de su fe, y consienta los errores de ellos, sino para someterse al magisterio y al gobierno de ella. Pluguiese al Cielo alcanzásemos felizmente Nos, lo que no alcanzaron tantos predecesores Nuestros; el poder abrazar con paternales entrañas a los hijos que tanto nos duele ver separados de Nos por una funesta división.
Plegaria a Cristo y a Maria.
Y ojalá Nuestro Divino Salvador, el cual quiere que todos los hombres se salven y vengan al conocimiento de la verdad (29), oiga Nuestras ardientes oraciones para que se digne llamar ala unidad de la Iglesia a cuantos están separados de ella.
Con este fin, sin duda importantísimo, invocamos y queremos que se invoque la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Divina Gracia, debeladora de todas las herejías y Auxilio de los cristianos, para que cuanto antes nos alcance la gracia de ver alborear el deseadísimo día en que todos los hombres oigan la voz de su divino Hijo, y conserven la unidad del Espíritu Santo con el vínculo de la paz (30).
19. Conclusión y Bendición Apostólica.
Bien comprendéis, Venerables Hermanos, cuánto deseamos Nos este retorno, y cuánto anhelamos que así lo sepan todos Nuestros hijos, no solamente los católicos, sino también los disidentes de Nos; los cuales, si imploran humildemente las luces del cielo, reconocerán, sin duda, a la verdadera Iglesia de Cristo, y entrarán, por fin, en su seno, unidos con Nos en perfecta caridad. En espera de tal suceso, y como prenda y auspicio de los divinos favores, y testimonio de Nuestra paternal benevolencia, a vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestro Clero y pueblo, os concedemos de todo corazón la Apostólica Bendición.
Dado en San Pedro de Roma, el día 6 de enero, fiesta de la Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo, el año 1928, sexto de Nuestro Pontificado.
Pío Papa XI


NOTAS
(1) Juan, 17, 21. volver
(3) Hebr. 1, 1-2. volver
(4) Mat. 16,15. volver
(5) Marc. 16,15 volver
(6) Juan 3, 5; 6, 48-59; 20, 22. Juan 18, 18. volver
(7) Mat. 13, 24, 31, 33, 44, 47. volver
(8) Ver Mat. 16, 18. volver
(9) Juan 10, 16. volver
(10) Juan 21, 15-17. volver
(11) Mat. 28, 19. volver
(12) Mat. 28, 20. volver
(13) Mat. 16, 18. volver
(14) Juan 17, 21; 19,16. volver
(15) Juan 16, 13. volver
(16) Act. 10, 41. volver
(17) Marc. 16, 16. volver
(18) IIJuan vers. 10. volver
(19) Ver I Tim. 2, 5. volver
(20) S. Cipr. De la Unidad de la Iglesia (Migne P. L. 4, col. 518-519) volver (21) S. Cipr. De la Unidad de la Iglesia (Migne P. L. 4, col 519-B y 520-A. volver
(22) I Cor. 12, 12. volver
(23) Efes. 4, 15 volver
(24) Efes. 5, 30; 1, 22. volver
(25) Conc. Lateran. IV, c. 5 (Denz-Umb. 436) volver
(26) Lactancio Div. Inst. 4, 30. (Corp. Scr. E. Lat., vol. 19, pag. 397, 11-12; Migne P.L. 6, col. 542-B a 543-A). volver
(27) S. Cipr. Carta 38 a Cornelio 3. (Entre las cartas de S. Cornelio Papa III; Migne P.L. 3, col. 733-B). volver
(28) I Tim. 3, 15. volver
(29) I Tim. 2, 4. volver
(30) Efes. 4, 3. volver

martes, 22 de agosto de 2017

CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA

CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranguer

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LA DEVOCIÓN AL CORAZÓN INMACULADO. — La devoción al Corazón Inmaculado de María es tan antigua como el cristianismo. El Espíritu Santo nos lo enseñó por San Lucas, el evangelista de la infancia del Salvador: "María guardaba todas estas palabras, y las meditaba en su Corazón... Y la Madre de Jesús guardaba todas estas cosas en su corazón"[1]. Tal es el origen de esta devoción que, andando el tiempo, excitaría a los fieles a dar a María el honor y el amor que se la deben. Las perfecciones de éste Corazón las han cantado los mayores Doctores de la Iglesia: San Ambrosio, San Agustín, San Juan Crisóstomo, San León, San Bernardo, San Buenaventura, San Bernardino de Sena, las dos grandes monjas Santa Gertrudis y Santa Mectildis... pero en el siglo XVII, San Juan Eudes, "padre, doctor y apóstol del culto del Sagrado Corazón" [2], antes lo fue del purísimo Corazón de María, y del dominio de la piedad privada, lo introdujo en la Liturgia católica.

OBJETO DE ESTA DEVOCIÓN. — El objeto de esta devoción él mismo nos lo ha dicho: "En el corazón santísimo de la predilecta Madre de Dios, pretendemos y deseamos sobre todo reverenciar y honrar la facultad y capacidad de amor, tanto natural como sobrenatural, que existe en esa Madre de amor y que ella empleó toda en amar a Dios y al prójimo. La palabra corazón significa el corazón material y corporal que llevamos en nuestro pecho, órgano y símbolo del amor; también se toma por la memoria y por el entendimiento, con el cual hacemos la meditación, y por la voluntad, que es la raíz del bien y del mal, y por la cima más alta del alma por la cual practicamos la contemplación; en una palabra, por todo lo interior del hombre. No excluímos ninguno de estos sentidos; mas hablando del Corazón de la Madre de Dios, lo que principalmente queremos y deseamos, es reverenciar y honrar todo el amor y toda la caridad que ella tuvo para con Dios y para con nosotros"[3]
Ahora bien, nada hay más dulce para un niño que honrar a su madre y pensar en el amor de que ha sido objeto. San Bernardo, al hablar del Corazón de Jesús, nos ha dicho: "Su corazón está conmigo. Cristo es mi cabeza; y ¿cómo no va a ser mío todo lo que pertenece a mi cabeza? Los ojos de mi cabeza corporal me pertenecen en sentido propio; de igual modo, este corazón espiritual es mi corazón. Con razón puedo llamarle mío. Y yo poseo mi corazón con Jesús"[4]. Otro tanto podemos decir del Corazón de María. Una madre es toda para su hijo; sus bienes, su amor, hasta su vida le pertenecen: un hijo puede siempre contar con el corazón de su madre.
Todos somos hijos de la Santísima Virgen. Nos acogió en su seno a una con Jesús el día de la Encarnación. Nos dió a luz en el dolor del Calvario, y nos ama en proporción con lo que le hemos costado. Lo que más quiere es Jesús, y a ese le ofreció por nosotros al Padre, dando su fiat para la inmolación y entregándole para nosotros; ¿cómo no le iba a imitar dándose ella también?
CONFIANZA EN EL CORAZÓN INMACULADO. — La Virgen nos repite las palabras de Jesús: "Venid a mí todos y yo os aliviaré..." Nos sonríe y nos llama como en Lourdes, y no hay nadie que pueda pretextar su indignidad para quedarse a distancia. El Corazón de María que fue Sede de la Sabiduría y durante nueve meses morada del Verbo encarnado, ese corazón que formó al mismo Corazón de Jesús y le enseñó la misericordia para con los hombres, ese corazón que siempre latió al unísono del Corazón de Jesús y que fue adornado por El de los dones más preciosos de la gracia, ese Corazón maternal es por excelencia el refugio de los pobres pecadores. Y por esto precisamente fue hecho inmaculado. Nunca corrió por él sino sangre purísima, la sangre que tenía que dar a Jesús para derramarla por nuestra salvación. Este Corazón es el depositario y el custodio de las gracias que el Señor conquistó con su muerte, y sabemos que Dios nunca dispensó una gracia a nadie ni la dispensará sin que pase por las manos y el Corazón de la que es tesorera y dispensadora de todos sus dones. Finalmente, este Corazón se nos dió con el de Jesús, "no sólo para ser nuestro modelo, sino también para ser nuestro corazón, de modo que, siendo miembros de Jesús e hijos de María no tengamos más que un corazón con nuestra Cabeza y nuestra divina Madre y que hagamos todas nuestras acciones con el Corazón de Jesús y de María"[5].
Y ¡cómo pueden los hombres, al darse más y más cuenta de lo que deben a su Madre, no creerse obligados a mostrarle su agradecimiento y su amor! Si Nuestra Señora nos dió su Corazón, ¿no es justo que nosotros le demos el nuestro para que ella le purifique, le santifique y en él establezca el reino de Dios y se lo entregue a Jesús, y que se le demos por una consagración completa y perfecta de nosotros mismos, como aconsejan los Santos y especialmente San Griñón de Monfort?
CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO.—Pero, si la consagración de un alma individual a María, le acarrea las más grandes gracias, ¿qué frutos deberemos esperar de una consagración de todo el género humano hecha por el Sumo Pontífice? La Virgen misma se dignó anunciar que esto la agradaría. Y, por eso, el 8 de diciembre de 1942, Su Santidad Pío XII, respondiendo con júbilo al deseo de Nuestra Señora de Fátima, lleno de confianza en la mediación universal de la Reina de la Paz, consagró solemnemente al género humano al Inmaculado Corazón de María. Todas las naciones católicas se unieron al supremo Pastor.
MISA
La fiesta del Corazón Inmaculado de María se concedió a muchas diócesis y a casi todas las Congregaciones religiosas y se celebraba en fechas distintas. Su Santidad Pío XII la extendió a la Iglesia universal y la fijó en el día de la Octava de la Asunción, cuyo dogma definió después en 1950. El Introito es una invitación a acercarse a este Corazón como a un trono donde seremos enriquecidos con la gracia, que la Santísima Virgen recibió en abundancia colmada no sólo para ella sino para todo el género humano.
INTROITO
Lleguémonos confiadamente al trono de la gracia, a fln de alcanzar misericordia y hallar gracia para auxilio oportuno. — Salmo: Brota de mi corazón una palabra buena: dedico mis obras al Rey. f. Gloria al Padre... Lleguémonos.
La Liturgia celebra a María como al "Santuario del Espíritu Santo, Sacrarium Spiritus Sancti." Su Concepción inmaculada preparaba a María para ser la morada más digna del Espíritu Santo. Este Espíritu, al habitar en ella, la colmó de la gracia santificante, de las virtudes teologales y morales y de sus siete dones. Tal santidad hacía vivir a María según el corazón de Dios: ojalá podamos participar de su santidad para vivir según su corazón y también conforme al Corazón de Dios.
COLECTA
Omnipotente y sempiterno Dios, que preparaste en el Corazón de la bienaventurada Virgen María una morada digna del Espíritu Santo: concédenos propicio, que los que celebramos devotamente la festividad de este mismo inmaculado Corazón, podamos vivir según el tuyo. Por Nuestro Señor Jesucristo.
La Epístola es la misma que la de la Vigilia de la Asunción. Los versículos del Gradual y del Aleluya, como también los del Ofertorio, son la acción de gracias de María al Señor, que la colmó de tantos beneficios.
GRADUAL
Se alegrará mi corazón con tu socorro: cantaré al Señor que me ha dado tantos bienes y entonaré salmos al nombre del Señor Altísimo. V. Se acordarán de tu nombre, Señor, de generación en generación; por lo cual los pueblos te alabarán eternamente.
Aleluya, aleluya. V. Mi alma engrandece al Señor: y mi espíritu se regocija en Dios, mi Salvador. Aleluya.
EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según San Juan (Jn„ XIX, 25-27). En aquel tiempo: Estaban junto a la Cruz de Jesús su Madre, María de Cleofás y María Magdalena. Viendo, pues, Jesús a su Madre y al discípulo a quien amaba, que estaba allí, dijo a su Madre: ¡Mujer, he ahí a tu hijo! Luego dijo al discípulo: ¡He ahí a tu Madre! Y desde aquella hora el discípulo la recibió por suya.
La maternidad de Nuestra Señora data de la Encarnación , pero en el Calvario es donde fue solemnemente proclamada por Jesús agonizante. Darnos su Madre, vale tanto como darnos la mayor prueba de su amor; además, aceptar María ser nuestra Madre, era lo mismo que manifestarnos toda la ternura y misericordia que encerraba su corazón. Nunca se sintió María tan Madre como en el momento en que vió sufrir y morir a su Hijo, y le oyó que nos confiaba, que nos entregaba a ella. La Virgen aceptó entonces sin ninguna dificultad el profesar el afecto que tuvo a Jesús durante su vida, no sólo a San Juan, sino a todos nosotros, a los verdugos de su Hijo, a todos aquellos que fueron causa de su muerte.
Y, cuando el centurión se acercó a traspasar el Corazón de Jesús, ya difunto, la espada que antaño predijo el anciano Simeón penetró en el alma, en el Corazón de María y abrió una herida que, como la del Salvador, no se cerraría ya...
OFERTORIO
Mi espíritu se regocijó en Dios, mi Salvador: porgue ha hecho en mí grandes cosas el Todopoderoso, cuyo nombre es santo.
El Corazón de María, por no ser más que pureza y santidad, continuamente unido al foco de la divina caridad que es Dios, estaba también todo ardiendo en amor. Este Corazón está siempre lleno de vida, siempre ardiendo en el mismo amor: mereceremos abrasarnos en el mismo fuego acercándonos a él imitando sus virtudes.
SECRETA
Al ofrecer, oh Señor, a tu Majestad el Cordero inmaculado, te suplicamos que encienda en nuestros corazones aquel fuego divino que inflamó el Corazón del la bienaventurada Virgen María. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.
La Antífona de la Comunión vuelve a tomar las palabras del Evangelio. Ahora que hemos recibido el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, ¡ojalá tengamos también "con nosotros", como el Apóstol, es decir, en nuestro pensamiento, en nuestro corazón, en nuestra vida, a la que nos dió Jesús por Madre!
COMUNION
Dijo Jesús a su Madre: ¡Mujer, he ahí a tu hijo!. Luego dijo al discípulo: ¡He ahí a tu madre! Y desde aquella hora el discípulo la recibió por suya.
La Poscomunión contiene lo que tenemos que pedir al terminar la Octava de la Asunción: hemos festejado con veneración al Corazón amante de nuestra gloriosa Madre subida al cielo. Sabemos que es poderosa para con el Corazón de Dios y que ama a todos sus hijos; confiemos en su mediación, en su intercesión, y Dios, a ruegos suyos, nos librará de los peligros de la vida presente y nos guiará al cielo para alabar allí eternamente a la que con Jesús nos mereció la salvación.
POSCOMUNION
Alimentados con los divinos dones, te rogamos, Señor, humildemente que, por la intercesión de la bienaventurada Virgen María, de cuyo inmaculado Corazón hemos celebrado devotamente la fiesta, libres de los peligros presentes, consigamos los goces de la vida eterna. Por Nuestro Señor Jesucristo.
SÚPLICA AL CORAZÓN INMACULADO DE MARÍA. — "¡Oh Madre admirable, qué cosas tan grandes y gloriosas tenemos que pensar y decir de ti y de tu bondadoso corazón! Si los oráculos del Espíritu Santo dicen tan alto que eres un abismo de milagros, de seguro que no se equivoca el que diga que tu Corazón es un mundo de maravillas. Porque ¿no ha sido la humildad de tu Corazón la que te ha levantado al trono más alto de gloria y de grandeza a que una pura criatura puede llegar? ¿No es la humildad, la pureza y el amor de tu Corazón la que te ha hecho digna de ser Madre de Dios y la que te ha enriquecido con todas las perfecciones, prerrogativas y grandezas propias de tan sublime dignidad? Por todo ello, miro, saludo y venero a tu Corazón virginal como a un mar de gracia, como a un milagro de amor, como a un espejo de caridad, como a un abismo de humildad, como al trono de la misericordia, como al imperio de la divina voluntad, como al santuario del amor divino, como al objeto primero del amor de la Santísima Trinidad[6]
Abre, abre, oh Madre de misericordia, la puerta de tu Corazón benignísimo a las oraciones que te dirigimos con suspiros y gemidos. No rechazas ni tienes asco al pecador, por muy corrompido que se halle en pecados, si suspira hacia ti y si implora tu intercesión con un corazón contrito y penitente[7].
Sea siempre bendito, oh María, tu nobilísimo Corazón, adornado de todos los dones de la Sabiduría divina, e inflamado en ardores de caridad. Sea bendito ese Corazón en el que meditaste y guardaste con tanta fidelidad y cuidado los sagrados misterios de Nuestra Redención, para revelárnoslos en el momento oportuno. Para ti la alabanza, para ti el amor, oh Corazón amantísimo; a ti el honor, a ti la gloria de parte de todas las criaturas, por los siglos de los siglos. Amén"[8].
[1] S. Lucasj II, 19, 51.
[2] Bula de canonización
[3] Dévotion au Sacré-Coeur de Marie, Caen, 1650, p. 38 y Goeur admirable, 1. I, c. 2.
[4] Viña mística, c. 3,
[5] S. Juan Eudes, Coeur admirable, 1. XI, c. 2.
[6] S. Juan Eudes, Coeur admirable, 1. IX, c. 14.
[7] S. Bernardo, Oración a la Virgen.
[8] Nicolás de Saussay, Antidotarium. animae, Paria, 1495.

domingo, 20 de agosto de 2017

Dominica XI Post Pentecosten III. Augusti ~ II. classis

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Domingo 20 de agosto de 2017, 
Dios mediante, se celebrará 
la Santa Misa en Latín y con canto gregoriano 
en la Parroquia Santa Bárbara de Casablanca, 
a las 17 hrs. 
Constitución 47, Casablanca. 
*
Introitus 
Ps 67:6-7; 67:36
Deus in loco sancto suo: Deus qui inhabitáre facit unánimes in domo: ipse dabit virtútem et fortitúdinem plebi suæ.
Ps 67:2
Exsúrgat Deus, et dissipéntur inimíci eius: et fúgiant, qui odérunt eum, a fácie eius. 
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in saecula saeculórum. Amen
Deus in loco sancto suo: Deus qui inhabitáre facit unánimes in domo: ipse dabit virtútem et fortitúdinem plebi suæ.