Bajo el amparo de Santa Bárbara, virgen y mártir, promovemos la Tradición Católica. Dilexísti justítiam, et odísti iniquitátem. (Ps. 44,8).
miércoles, 20 de mayo de 2015
martes, 19 de mayo de 2015
Vigencia de los libros litúrgicos del rito romano tradicional.
lunes, 18 de mayo de 2015
domingo, 17 de mayo de 2015
Domingo después de la Ascención.
Domingo después de la Ascención
(II clase, blanco)
Gloria, Credo, Prefacio de la Ascensión, comunicantes ordinarios.
El día de la Ascensión nos llenábamos de alegría por el triunfo de Cristo, que es también el nuestro; pero hoy su ausencia arroja sobre nosotros un velo de melancolía. Él ha subido a los Cielos, y, aunque es verdad que prometió no dejarnos huérfanos, el Espíritu Consolador no ha venido todavía. Llena de nostalgia, la Iglesia "eleva su voz hacia Él y busca su rostro" (Introito). Antiguamente le buscaba hasta de una manera sencilla, reuniéndose como lugar de estación en la iglesia de Santa María "ad Mártyres", en el viejo Panteón de Agripa, donde se guardaba el lienzo de la Verónica. Es una Misa llena de calor, de añoranza y de esperanza. San Pedro nos habla del poder de la caridad (Epístola), que realiza la unidad de los que creen en Cristo. El Evangelio nos prepara a recibir el Espíritu Santo, que es el que ha de infundir en nosotros el temple viril de los mártires. La Iglesia ama y padece. En el amor se verá si vive en nosotros el Espíritu de Dios; pero el amor se prueba en las contradicciones y en los sufrimientos. En la prueba recordemos las palabras de Cristo: "Padre: cuando estaba con ellos, Yo los guardaba; pero Yo vuelvo a Ti. No te ruego que los saques del mundo, sino que los libres del mal".
TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Sal. 26, 7, 8 Y 9. – Escúchame, Señor, que te llamo, aleluya, en mi corazón yo te dije: busco tu rostro, tu rostro buscaré, Señor; no me escondas tu rostro, aleluya, aleluya. Salmo. Sal. 26, 1. - El Señor es mi luz y mi salvación. ¿a quién temeré? V/. Gloria al Padre.
Oración. - Dios todopoderoso y eterno te pedimos entregarnos a Ti con fidelidad y servirte con sincero corazón.
Epístola. Pedro 4, 7-11.- Queridos hermanos: Sed moderados y sobrios, para poder orar. Ante todo, mantened en tensión el amor mutuo, porque el amor cubre la multitud de los pecados. Ofreceos mutuamente hospitalidad, sin refunfuñar. Que cada uno con el don que ha recibido, se ponga al servicio de los demás, como buenos administradores de la múltiple gracia de Dios. El que toma la palabra, que hable Palabra de Dios. El que se dedica al servicio, que lo haga en virtud del encargo recibido de Dios. Así, Dios será glorificado en todo, por medio de Jesucristo, Señor Nuestro.
Aleluya, aleluya. Sal. 46, 9: Jn. 14, 18. El Señor es Rey de todas las naciones. Dios se sienta sobre su trono sagrado. Aleluya. No os dejo huérfanos: me voy, pero volveré y os llenaréis de gozo. Aleluya.
Evangelio. Juan. 15. 26-27: 16, 1-4. En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Paráclito, que os enviaré desde el Padre, el Espíritu de la Verdad , que procede del Padre, Él dará testimonio de mí: y también vosotros daréis testimonio, porque desde el principio estáis conmigo. Os he hablado de esto, para que no se tambalee vuestra fe. Os excomulgarán de la Sinagoga ; más aún, llegará incluso una hora cuando el que os dé muerte, pensará que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he hablado de esto para que cuando llegue a hora, os acordéis de que yo os lo había dicho.
Ofertorio. Sal. 46, 6. - Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trompetas, aleluya.
Secreta. - Este sacrificio santo nos purifique, Señor, y derrame en nuestras almas la fuerza divina de tu gracia.
Prefacio de la Ascensión.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor: Que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad. Por eso con los Ángeles y Arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Comunión. Jn.17, 12, 13 y 15. - Padre, mientras estaba con ellos, yo guardaba a los que Tú me diste, aleluya, pero ahora que voy a Ti, no pido que los saques del mundo, sino que los guardes de todo mal, aleluya, aleluya.
Poscomunión. – Alimentados, Señor, con tus sacramentos, danos vivir en continua acción de gracias.
sábado, 16 de mayo de 2015
En la Ascensión de Fray Luis de Léon.
¿Y dejas, Pastor santo,
Tu grey en este valle hondo, escuro,
Con soledad y llanto;
Y tú, rompiendo el puro
Aire, te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
Y los ahora tristes y afligidos,
A tus pechos criados,
De Ti desposeídos,
¿ a dó convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
Que vieron de tu rostro la hermosura,
Que no les sea enojos?
Quién oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
Al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay! Nube, envidïosa
Aun deste breve gozo. ¿Qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ¡ay!, nos dejas!
Tu grey en este valle hondo, escuro,
Con soledad y llanto;
Y tú, rompiendo el puro
Aire, te vas al inmortal seguro?
Los antes bienhadados,
Y los ahora tristes y afligidos,
A tus pechos criados,
De Ti desposeídos,
¿ a dó convertirán ya sus sentidos?
¿Qué mirarán los ojos
Que vieron de tu rostro la hermosura,
Que no les sea enojos?
Quién oyó tu dulzura,
¿qué no tendrá por sordo y desventura?
Aqueste mar turbado,
¿quién le pondrá ya freno? ¿Quién concierto
Al viento fiero, airado?
Estando tú encubierto,
¿qué norte guiará la nave al puerto?
¡Ay! Nube, envidïosa
Aun deste breve gozo. ¿Qué te aquejas?
¿Dó vuelas presurosa?
¡Cuán rica tú te alejas!
¡Cuán pobres y cuán ciegos, ¡ay!, nos dejas!
*
(Coster lanza la suposición de que pudo ser compuesta en la festividad de la Ascensión de 1572, poco después de su arresto, el 26 de marzo, cuando abrigaba la esperanza de un triunfo inmediato de su causa. No caben más que conjeturas. Llobera cree que no puede ser anterior a 1578. Desde luego, es de la mejor época de Fray Luis. “No tiene más que cinco estrofas –dice Arjona-; pero estas bastarían para dar a León la corona de la lírica moderna. Toda ella es belleza y grandeza”. Gerardo Diego la encuentra retórica en exceso. Soberbia oda la llama Vossler. No cabe decir más que es incomparable”. Obras Completas Castellanas de Fray Luis de León, Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, MCMLVII).
viernes, 15 de mayo de 2015
Los vasos sagrados.
El Cáliz.
*Es el vaso en que se consagra la Sangre del Señor. Su forma es muy variada, así como su simbolismo ornamental.
En un comienzo fueron los cálices de madera, vidrio o de diversos metales. Actualmente la copa ha de ser de oro o plata dorada. Hasta el siglo XIII, se usaron, además de los cálices para la comunión del celebrante y clero, los cálices ministeriales destinados a la comunión de los fieles y los cálices ofertorios que servían para recoger las ofrendas de vino de los fieles.
*
En un comienzo fueron los cálices de madera, vidrio o de diversos metales. Actualmente la copa ha de ser de oro o plata dorada. Hasta el siglo XIII, se usaron, además de los cálices para la comunión del celebrante y clero, los cálices ministeriales destinados a la comunión de los fieles y los cálices ofertorios que servían para recoger las ofrendas de vino de los fieles.
*
La Patena.*
Es un platillo en el que coloca la Hostia consagrada durante la Misa: es de oro o plata dorada. El cáliz y la patena son consagrados por el Obispo.
*
*
El Copón.
*
*
Está destinado a guardar las Hostias consagradas para la comunión de los fieles; está cubierto con una tapa que remata en una cruz y un pabelloncito de seda, llamado conopeo, lo recubre.
El Portaviátivo es una cajita para llevar la comunión a los enfermos. Estos dos vasos sólo son bendecidos: pueden ser de oro, plata u otro metal fino.
Los copones antiguos o ciborios tenían forma de caja, de torre o de paloma. Estos copones o ciborios solían estar suspendidos del ciborio y siempre cubiertos con rica tela.
*
El Portaviátivo es una cajita para llevar la comunión a los enfermos. Estos dos vasos sólo son bendecidos: pueden ser de oro, plata u otro metal fino.
Los copones antiguos o ciborios tenían forma de caja, de torre o de paloma. Estos copones o ciborios solían estar suspendidos del ciborio y siempre cubiertos con rica tela.
*
El Viril.
*
*
Es una pequeña caja de forma redonda, destinada a contener la Hostia que se expone en la custodia. En el interior tiene dos anillos de metal fino con el objeto de que la Hostia no toque los vidrios.
*
*
La Custodia.*
Se usa en la exposición solemne del Santísimo Sacramento. La Hostia queda circundada por rayos de metal. La forma de sol recuerda que Jesús es el Sol de Justicia, cuya luz y rayos iluminan a los hombres.
Los simples fieles no pueden tocar directamente los vasos sagrados, a no ser que haya una causa razonable.
Los simples fieles no pueden tocar directamente los vasos sagrados, a no ser que haya una causa razonable.
jueves, 14 de mayo de 2015
Las sagradas imágenes.
Los fieles veneran la memoria de los Santos en sus imágenes: son un recordatorio perpetuo de la vida de santidad que llevaron aquellos miembros de la Iglesia que reinan ya en la gloria.
La imaginería religiosa no sólo se exhibe ya en cuadros y retablos, sino que llena el interior y el exterior de nuestros templos. Puertas, arcos, capiteles, sillas corales, paredes interiores y exteriores del coro, vidrieras, pináculos, nos ofrecen en todas las formas de manifestación artística, no sólo un completo santoral, sino pasajes históricos de los dos Testamentos, de la vida de Jesús, de la Virgen, de los Santos, hasta el punto que puede decirse que con la imaginería sagrada podría recomponerse nuestro historia religiosa (…) Sólo la Catedral de Chartres, tiene 4.200 estatuas. Las imágenes de culto, suelen llevar nimbos o aurelolas.
*
La imaginería religiosa no sólo se exhibe ya en cuadros y retablos, sino que llena el interior y el exterior de nuestros templos. Puertas, arcos, capiteles, sillas corales, paredes interiores y exteriores del coro, vidrieras, pináculos, nos ofrecen en todas las formas de manifestación artística, no sólo un completo santoral, sino pasajes históricos de los dos Testamentos, de la vida de Jesús, de la Virgen, de los Santos, hasta el punto que puede decirse que con la imaginería sagrada podría recomponerse nuestro historia religiosa (…) Sólo la Catedral de Chartres, tiene 4.200 estatuas. Las imágenes de culto, suelen llevar nimbos o aurelolas.
*
El órgano.*
Es el órgano el instrumento que, por la variedad, riqueza y majestad de sus sonidos, interpreta los sentimientos religiosos del pueblo cristiano. Ignórase su origen; quedo introducido en las iglesias por el Papa Vitaliano, por los años 600, dice Bona. Su forma suele estar en armonía con el estilo de la iglesia.
“El instrumento propio de la Iglesia, y a ella legado por nuestros mayores es el órgano, el cual por su admirable grandiosidad y majestad ha sido considerado digno de juntarse a los ritos litúrgicos, ora acompañando al canto, ora sonando armonías dulcísimas, cuando el coro debe callar en algunos casos” (Bula Divini Cultus Sanctitatem de S.S. Pío XI).
*
Es el órgano el instrumento que, por la variedad, riqueza y majestad de sus sonidos, interpreta los sentimientos religiosos del pueblo cristiano. Ignórase su origen; quedo introducido en las iglesias por el Papa Vitaliano, por los años 600, dice Bona. Su forma suele estar en armonía con el estilo de la iglesia.
“El instrumento propio de la Iglesia, y a ella legado por nuestros mayores es el órgano, el cual por su admirable grandiosidad y majestad ha sido considerado digno de juntarse a los ritos litúrgicos, ora acompañando al canto, ora sonando armonías dulcísimas, cuando el coro debe callar en algunos casos” (Bula Divini Cultus Sanctitatem de S.S. Pío XI).
*
El Viacrucis (Camino de la Cruz).*
Está formado por catorce cruces, bendecidas y erigidas canónicamente y distribuidas en las paredes del templo. De ordinario las catorce estaciones dolorosas está representadas por artísticas pinturas o relieves, que nos traen a la memoria las escenas del camino que hizo el Señor con la Cruz a cuestas desde el Pretorio de Pilato hasta el Calvario. La Santa Iglesia ha enriquecido la práctica del Viacrucis con muchas indulgencias.
*
*
Vasos Sagrados.*
Los vasos sagrados benditos son: el cáliz, la patena, el copón, el viril y la custodia.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Mobiliario litúrgico.
Fuente bautismal.
*
Generalmente está colocada en el Baptisterio, dentro o fuera de la Iglesia. Allí están las aguas regeneradoras del bautismo, consagradas con extraordinaria pompa: “OH Dios Todopoderoso, enviad vuestro soplo divino, dice el sacerdote al consagrar el agua de la pila bautismal, bendecid con el hálito de vuestra boca, estas puras aguas, a fin de que a más de la natural virtud que tienen de lavar los cuerpos, tengan también eficacia para lavar las almas. Que la fuerza del Espíritu Santo descienda sobre la plenitud de esta fuente; que ella fecunde esta agua con el efecto de su regeneración”.
A las aguas purificadoras del bautismo se refería el Señor al decir a Nicodemo: “Si no renaciere el hombre del agua y del Espíritu Santo, no podrá entrar en el Reino de Dios”.
*
Generalmente está colocada en el Baptisterio, dentro o fuera de la Iglesia. Allí están las aguas regeneradoras del bautismo, consagradas con extraordinaria pompa: “OH Dios Todopoderoso, enviad vuestro soplo divino, dice el sacerdote al consagrar el agua de la pila bautismal, bendecid con el hálito de vuestra boca, estas puras aguas, a fin de que a más de la natural virtud que tienen de lavar los cuerpos, tengan también eficacia para lavar las almas. Que la fuerza del Espíritu Santo descienda sobre la plenitud de esta fuente; que ella fecunde esta agua con el efecto de su regeneración”.
A las aguas purificadoras del bautismo se refería el Señor al decir a Nicodemo: “Si no renaciere el hombre del agua y del Espíritu Santo, no podrá entrar en el Reino de Dios”.
*
La cátedra episcopal.
*
*
La cátedra o trono episcopal es la sede del Obispo; desde allí el Pontífice preside las reuniones y predica. Además de la cátedra se construyeron en las iglesias los ambones o jubetes, destinados a la lectura de los libros santos y a la predicación.
*
*
El púlpito.*
El púlpito, cuyo origen data del siglo XV, es la Cátedra del Espíritu Santo, desde la que los ministros de Dios predican el Evangelio de Jesucristo. Allí no es la elocuencia humana la que fluye de los labios del orador, sino la elocuencia divina de la predicación de un Dios Crucificado.
Los bancos y las sillas se han emplazado en las iglesias para comodidad de los que escuchan la palabra de Dios.
*
Los bancos y las sillas se han emplazado en las iglesias para comodidad de los que escuchan la palabra de Dios.
*
El confesionario.*
El confesionario es el trono de la misericordia y el tribunal de la justicia: está destinado a las confesiones de los fieles. Las rejillas y velos que tiene el confesionario rodean el acto de la confesión de un carácter de confidencia íntima. A postrarse a ese santo tribunal acuden todos los hombres que han ofendido al Señor, para acusar como reos sus delitos al Juez, Ministro de Jesucristo, a fin de recibir el perdón que Dios no niega a los que tienen un corazón contrito y humillado.
martes, 12 de mayo de 2015
Sacras, atril y credencia.
Las sacras son tres cuadritos que contienen algunas oraciones de la Misa y que se colocan, durante la celebración de ella, al medio y a los lados del Altar, apoyados en las gradillas del retablo. Cuando celebra Misa un Obispo las sacras son reemplazadas por un libro llamadoCanon.
El atril, que puede ser de madera o metal, se usa para sostener el Misal. Es costumbre laudable cubrirlo con un velo del color litúrgico del día.
La credencia es una mesita, colocada cerca del altar, al lado de la Epístola, en la que se colocan los objetos necesarios al servicio del altar.
*
La credencia es una mesita, colocada cerca del altar, al lado de la Epístola, en la que se colocan los objetos necesarios al servicio del altar.
*
Adornos del altar.
*
*
El altar puede adornarse con flores y con relicarios. El mejor adorno de un altar son las flores naturales, artísticamente colocadas y con moderación, que van consumiéndose ante la Divina Majestad en olor de suavidad; han de ser pocas y bien distribuidas.
Desde el siglo IX comenzaron a exponerse los relicarios en el altar. Los relicarios son ostensorios en que se exponen las reliquias de los santos a la veneración de los fieles. Actualmente se suelen colocar en las grandes fiestas, como adorno. Cuando se inciensa el altar, también se inciensan las reliquias de los Santos. Durante la Exposición del Santísimohan de ser retirados del altar, o por lo menos cubiertos con un velo.
Estos adornos deben retirarse del altar en los oficios fúnebres, durante el Adviento y la Cuaresma, excepto el tercer domingo de Adviento, el cuarto de Cuaresma, en las Misas del Jueves y Sábado Santos y en las fiestas dobles celebradas durante este tiempo.
*
Desde el siglo IX comenzaron a exponerse los relicarios en el altar. Los relicarios son ostensorios en que se exponen las reliquias de los santos a la veneración de los fieles. Actualmente se suelen colocar en las grandes fiestas, como adorno. Cuando se inciensa el altar, también se inciensan las reliquias de los Santos. Durante la Exposición del Santísimohan de ser retirados del altar, o por lo menos cubiertos con un velo.
Estos adornos deben retirarse del altar en los oficios fúnebres, durante el Adviento y la Cuaresma, excepto el tercer domingo de Adviento, el cuarto de Cuaresma, en las Misas del Jueves y Sábado Santos y en las fiestas dobles celebradas durante este tiempo.
*
Mobiliario litúrgico.
*
*
Forman parte del mobiliario litúrgico: la pila de agua bendita, la fuente bautismal, la cátedra episcopal, el púlpito, los bancos y sillerías, el confesionario, las imágenes sagradas, elórgano y el via crucis.
*
*
Pila de agua bendita.
*
*
Las pilas de agua bendita han reemplazado a las fuentes para las purificaciones, colocadas en el atrio de los antiguos templos cristianos. Al tomar el agua bendita se nos aplica la virtud purificadora que tiene por la bendición sacerdotal. La pila de agua bendita está colocada a la entrada del templo a fin de que antes de ofrecer nuestras oraciones y votos al Señor, nos purifiquemos con esta agua, que es un sacramental. “El uso del agua bendita, al formar sobre nosotros la señal de la Cruz, nos aplica la virtud de la pasión y muerte del Salvador”.
lunes, 11 de mayo de 2015
SS. Felipe y Santiago, Apóstoles.
Entre aquellos galileos que tuvieron la inmensa dicha de ser elegidos por Jesús para formar parte de sus más íntimos se encuentran Felipe, hijo de Alfeo, y Santiago, el Menor.
Santiago nació en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, y era pariente del Señor. No nos narra el Evangelio el momento en que Jesús le llamó. La Sagrada Escritura pone de relieve que Santiago ocupaba un puesto preeminente en la Iglesia de Jerusalén. Santiago tuvo el privilegio de que el Señor se le apareciese a él personalmente.
Felipe era natural de Betsaida, la patria de Pedro y de Andrés… Muy probablemente Felipe era ya amigo de estos dos hermanos. Un día, en la rivera del Jordán, Felipe encontró a Jesús que, en compañía de sus primeros discípulos, se encaminaba hacia Galilea. El Maestro le dijo: Sígueme… Felipe lo siguió enseguida.
En el Evangelio leemos cómo Jesús enseña a sus discípulos, durante la Última Cena, que en el Cielo tienen un lugar preparado para ellos, para que estén por toda la eternidad con El y que ya conocen el camino… La conversación se prolonga con preguntas de los discípulos y respuestas del Maestro. Es entonces cuando interviene Felipe, con una petición que a todos podría parecer insólita: Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta. Y Jesús con un reproche cariñoso, le contesta: Felipe, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?¡Cuántas veces, quizá, tendría que hacernos Jesús el mismo reproche que a Felipe! Y nos podría enumerar el Señor una ocasión y otra, circunstancias difíciles en las que quizá nos encontramos solos y no estuvimos serenos porque nos faltó el sentido de nuestra filiación divina, la cercanía de Dios. ¡Cuánto bien nos hace hoy la respuesta de Jesús a este Apóstol!, porque en él estamos representados también nosotros.
Jesús revela al Padre; la Humanidad Santísima de Cristo es el camino para conocer y tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Es la contemplación de Jesús el camino ordinario para llegar a la Trinidad Beatísima. En Cristo tenemos la suprema revelación de Dios a los hombres. “El, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su Muerte y gloriosa Resurrección, con el envío del Espíritu de la Verdad, lleva a plenitud toda la Revelación y la confirma con testimonio divino, a saber, que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte, y para hacernos resucitar a una vida eterna”. El llena por completo nuestra vida. “El es suficiente para ti –afirma San Agustín-; fuera de El, ninguna cosa lo es. Bien lo sabía Felipe cuando le decía: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. ¿Vivimos nosotros con esta convicción?
Hoy, Felipe y Santiago son nuestros intercesores ante Jesús. Les encomendamos especialmente el apostolado que estamos llevando a cabo con nuestros amigos y pariente.
(Francisco Fernández Carvajal: Hablar con Dios. Tomo VI. Madrid. Ediciones Palabra. 1992).
Santiago nació en Caná de Galilea, cerca de Nazaret, y era pariente del Señor. No nos narra el Evangelio el momento en que Jesús le llamó. La Sagrada Escritura pone de relieve que Santiago ocupaba un puesto preeminente en la Iglesia de Jerusalén. Santiago tuvo el privilegio de que el Señor se le apareciese a él personalmente.
Felipe era natural de Betsaida, la patria de Pedro y de Andrés… Muy probablemente Felipe era ya amigo de estos dos hermanos. Un día, en la rivera del Jordán, Felipe encontró a Jesús que, en compañía de sus primeros discípulos, se encaminaba hacia Galilea. El Maestro le dijo: Sígueme… Felipe lo siguió enseguida.
En el Evangelio leemos cómo Jesús enseña a sus discípulos, durante la Última Cena, que en el Cielo tienen un lugar preparado para ellos, para que estén por toda la eternidad con El y que ya conocen el camino… La conversación se prolonga con preguntas de los discípulos y respuestas del Maestro. Es entonces cuando interviene Felipe, con una petición que a todos podría parecer insólita: Señor, muéstranos al Padre y esto nos basta. Y Jesús con un reproche cariñoso, le contesta: Felipe, ¿tanto tiempo como llevo con vosotros y no me has conocido? El que me ha visto a Mí ha visto al Padre; ¿cómo dices tú: Muéstranos al Padre?¡Cuántas veces, quizá, tendría que hacernos Jesús el mismo reproche que a Felipe! Y nos podría enumerar el Señor una ocasión y otra, circunstancias difíciles en las que quizá nos encontramos solos y no estuvimos serenos porque nos faltó el sentido de nuestra filiación divina, la cercanía de Dios. ¡Cuánto bien nos hace hoy la respuesta de Jesús a este Apóstol!, porque en él estamos representados también nosotros.
Jesús revela al Padre; la Humanidad Santísima de Cristo es el camino para conocer y tratar a Dios Padre, a Dios Hijo y a Dios Espíritu Santo. Es la contemplación de Jesús el camino ordinario para llegar a la Trinidad Beatísima. En Cristo tenemos la suprema revelación de Dios a los hombres. “El, con su presencia y manifestación, con sus palabras y obras, signos y milagros, sobre todo con su Muerte y gloriosa Resurrección, con el envío del Espíritu de la Verdad, lleva a plenitud toda la Revelación y la confirma con testimonio divino, a saber, que Dios está con nosotros para librarnos de las tinieblas del pecado y de la muerte, y para hacernos resucitar a una vida eterna”. El llena por completo nuestra vida. “El es suficiente para ti –afirma San Agustín-; fuera de El, ninguna cosa lo es. Bien lo sabía Felipe cuando le decía: Señor, muéstranos al Padre y nos basta. ¿Vivimos nosotros con esta convicción?
Hoy, Felipe y Santiago son nuestros intercesores ante Jesús. Les encomendamos especialmente el apostolado que estamos llevando a cabo con nuestros amigos y pariente.
(Francisco Fernández Carvajal: Hablar con Dios. Tomo VI. Madrid. Ediciones Palabra. 1992).
domingo, 10 de mayo de 2015
Quinto Domingo después de Pascua.
Anhela Jesús a su Padre: modelo de la oración cristiana.
*
*
En este último domingo después de Pascua los cánticos de la misa continúan siendo, como en todo el Tiempo Pascual, cánticos de triunfo y de alegría. La Iglesia no se cansa de celebrar la resurrección de Cristo y las gracias redentoras que han transformado nuestra vida.
Pero el hombre se olvida de lo mejor que hay en sí mismo con una facilidad desconcertante. Por eso nos exhorta la epístola a practicar con seriedad nuestros deberes de cristianos y pide la colecta, con la gracia de pensar rectamente, la de conformar nuestra conducta al ideal que se nos ha enseñado. Esta doble invitacióna un constante esfuerzo personal, al mismo tiempo que a la oración, llevan a un justo equilibrio de la ascesis cristiana. Por su parte, también los evangelios nos inculcan durante este Tiempo la oración frecuente, a la que ponen en relación con el envío del Espíritu Santo y la plegaria del mismo Cristo por los suyos. Los tres días de rogativas de esta semana insisten todavía más.
sábado, 9 de mayo de 2015
El Crucifijo, los candeleros y la lámpara del Santísimo.
En cada altar ha de haber un Crucifijo que domine el altar, de suerte que el celebrante y los fieles lo vean fácilmente. El mundo cristiano adora a Jesucristo crucificado, al Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas, y que eternamente reina desde la Cruz.
Los candeleros con velas de cera, que en los primeros siglos se colocaban en el suelo a ambos lados del altar, tienen actualmente su colocación en el altar mismo, a la derecha e izquierda del Crucifijo; generalmente su número es de seis.
Está prescrito que durante la celebración de la Santa Misa estén encendidos por lo menos dos cirios, que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Cuando un simple presbítero celebra la Misa rezada sólo pueden encenderse dos cirios, excepto en la Misa de comunidad de las fiestas principales en que pueden encenderse cuatro. Si es un Obispo el celebrante pueden encenderse asimismo cuatro cirios.
En las Misas solemnes se encienden seis cirios, y si el Obispo diocesano celebra la Misa Pontifical, se enciende un séptimo cirio, que se coloca detrás del Crucifijo.
El uso de los cirios en la Santa Misa remonta a los orígenes de la Iglesia. En el siglo XI un autor explica su uso así: “No es para disipar las tinieblas de la noche, porque celebramos la Misa en el día, sino para honrar a Nuestro Señor Jesucristo, cuyo sacramento se realiza en el altar y sin el que estaríamos en las tinieblas de la noche”.
Constantemente, noche y día, ha de arder una lámpara delante del Santísimo Sacramento. Su uso data del siglo XIII: con motivo de que los herejes negaban la presencia real del Señor en la Santa Eucaristía, desde el siglo XVI se prescribió como obligatoria.
La lámpara del Santísimo debe cebarse con rico aceite de oliva; pero por razones justas, el Ordinario puede permitir el uso de otros aceites vegetales, de parafina y aún una ampolleta de luz eléctrica.
La lámpara del Santísimo, con su luz suave, misteriosa y viva, nos anuncia la presencia del Señor y nos invita a conservar nuestra fe viva y a consumirnos en el servicio y amor del Señor.
“Su llama, brillante, nos dice que Cristo brilla, triunfante, a la diestra del Padre; trémula e inquieta, nos hace pensar en esta palabra: “Yo vine a poner fuego a la tierra, y ¿qué quiero si no que arda?”
Los candeleros con velas de cera, que en los primeros siglos se colocaban en el suelo a ambos lados del altar, tienen actualmente su colocación en el altar mismo, a la derecha e izquierda del Crucifijo; generalmente su número es de seis.
Está prescrito que durante la celebración de la Santa Misa estén encendidos por lo menos dos cirios, que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Cuando un simple presbítero celebra la Misa rezada sólo pueden encenderse dos cirios, excepto en la Misa de comunidad de las fiestas principales en que pueden encenderse cuatro. Si es un Obispo el celebrante pueden encenderse asimismo cuatro cirios.
En las Misas solemnes se encienden seis cirios, y si el Obispo diocesano celebra la Misa Pontifical, se enciende un séptimo cirio, que se coloca detrás del Crucifijo.
El uso de los cirios en la Santa Misa remonta a los orígenes de la Iglesia. En el siglo XI un autor explica su uso así: “No es para disipar las tinieblas de la noche, porque celebramos la Misa en el día, sino para honrar a Nuestro Señor Jesucristo, cuyo sacramento se realiza en el altar y sin el que estaríamos en las tinieblas de la noche”.
Constantemente, noche y día, ha de arder una lámpara delante del Santísimo Sacramento. Su uso data del siglo XIII: con motivo de que los herejes negaban la presencia real del Señor en la Santa Eucaristía, desde el siglo XVI se prescribió como obligatoria.
La lámpara del Santísimo debe cebarse con rico aceite de oliva; pero por razones justas, el Ordinario puede permitir el uso de otros aceites vegetales, de parafina y aún una ampolleta de luz eléctrica.
La lámpara del Santísimo, con su luz suave, misteriosa y viva, nos anuncia la presencia del Señor y nos invita a conservar nuestra fe viva y a consumirnos en el servicio y amor del Señor.
“Su llama, brillante, nos dice que Cristo brilla, triunfante, a la diestra del Padre; trémula e inquieta, nos hace pensar en esta palabra: “Yo vine a poner fuego a la tierra, y ¿qué quiero si no que arda?”
viernes, 8 de mayo de 2015
Accesorios y adornos del Altar.
Los manteles.
*El altar debe estar cubierto por tres manteles de lino, para evitar los inconvenientes de una efusión accidental de la Preciosa Sangre. El mantel superior debe caer por los lados hasta tocar el pavimento. Los tres manteles, que recuerdan los tres días en que el cuerpo del Señor permaneció en el sepulcro y los lienzos con que fue amortajado, han sido prescritos por la Iglesia, además de la razón dada, porque el altar es la Mesa del Señor, sobre la que se colocan los alimentos más preciosos. Fuera de las funciones litúrgicas en que se ocupa el altar, debe recubrírsele con un tapiz.
*
*
El frontal.*
Si el frontis del altar no es de mármol o no es suficientemente adornado debe llevar elantipendium o frontal, que es un bastidor, recubierto de tela del color litúrgico del día.
*
*
El tabernáculo.*
En el Santo Sacrificio de la Misa, el pan y el vino se convierten en Jesucristo, cuyas delicias son habitar entre sus hermanos, para derramar sus favores y bendiciones: para permanecer día y noche en los templos, Jesús vive en el tabernáculo.
El tabernáculo o sagrario, es una caja de madera, mármol o metal, destinada a guardar el Santísimo Sacramento. Su nombre recuerda el Tabernáculo de Moisés, que guardaba el Arca de la Alianza. El tabernáculo debe tener una puertecita cerrada con llave, y ha de estar tapizado interiormente con seda blanca, y ha de haber un corporal, sobre el que se dejan los copones. Cuando el Santísimo está reservado se coloca ante su puerta una cortina de color blanco, o del color litúrgico del día; las cortinas no pueden ser negras.
El tabernáculo está ubicado al medio del altar y forma un solo todo con el retablo; su origen se remonta sólo al siglo XVI.
Desde los primeros tiempos se reservaba la Santa Eucaristía, principalmente para los enfermos. Los primeros tabernáculos para la reserva fueron la paloma eucarística, latorrecilla, la píxide, la copa y el ciborio. Estos vasos se suspendían del baldoquino, o se guardaban en un nicho del ábside o en la sacristía; cuando cayó en desuso el baldoquino, la paloma o cofre se colgó de la encorvadura de un báculo, sujeto al altar.
El arte cristiano ha estampado en el Sagrario expresivos símbolos: el pelícano que se desentraña por sus hijos y el Buen Pastor que lleva a la oveja sobre sus hombros, la Cruz, signo de la Redención, el Cordero Inmaculado, el Cáliz con la Sagrada Hostia, etc.
El tabernáculo o sagrario, es una caja de madera, mármol o metal, destinada a guardar el Santísimo Sacramento. Su nombre recuerda el Tabernáculo de Moisés, que guardaba el Arca de la Alianza. El tabernáculo debe tener una puertecita cerrada con llave, y ha de estar tapizado interiormente con seda blanca, y ha de haber un corporal, sobre el que se dejan los copones. Cuando el Santísimo está reservado se coloca ante su puerta una cortina de color blanco, o del color litúrgico del día; las cortinas no pueden ser negras.
El tabernáculo está ubicado al medio del altar y forma un solo todo con el retablo; su origen se remonta sólo al siglo XVI.
Desde los primeros tiempos se reservaba la Santa Eucaristía, principalmente para los enfermos. Los primeros tabernáculos para la reserva fueron la paloma eucarística, latorrecilla, la píxide, la copa y el ciborio. Estos vasos se suspendían del baldoquino, o se guardaban en un nicho del ábside o en la sacristía; cuando cayó en desuso el baldoquino, la paloma o cofre se colgó de la encorvadura de un báculo, sujeto al altar.
El arte cristiano ha estampado en el Sagrario expresivos símbolos: el pelícano que se desentraña por sus hijos y el Buen Pastor que lleva a la oveja sobre sus hombros, la Cruz, signo de la Redención, el Cordero Inmaculado, el Cáliz con la Sagrada Hostia, etc.
jueves, 7 de mayo de 2015
Altar fijo y altar portátil.
Según el Derecho Canónico, los altares pueden ser fijos o portátiles. El altar fijo es una mesa de piedra o mármol, de una sola pieza, sostenida por un macizo o por columnas de la misma materia, formando con ellas un solo cuerpo: ha de ser consagrada por el Obispo.
El altar fijo pierde la consagración, cuando se le cambia de lugar, o cuando se separa la mesa del sostén con el que había sido consagrada.
Toda iglesia consagrada tiene, a lo menos, un altar fijo, que ordinariamente es el Mayor.
El altar portátil, llamado ordinariamente piedra de ara, es una pequeña piedra o mármol de forma rectangular, consagrada por el Obispo, sobre la que se colocan durante el Santo Sacrificio, la Hostia y el Cáliz. Puede colocarse sobre la mesa de un altar de madera, piedra o metal que no ha sido consagrado: el altar propiamente dicho es la piedra de ara; la mesa sobre la que se coloca sólo es un sostén y una prolongación de ella.
Los altares fijos y portátiles deben tener el sepulcro con reliquias de Mártires y tres granos de incienso. El sepulcro es un pequeño forado hecho en el medio de la piedra del altar y cubierto, en seguida, con cemento.
La Santa Iglesia ha prescrito que los altares encierren reliquias de Santos Mártires, porque en los primeros siglos se celebraba, en las Catacumbas, la Santa Misa sobre las tumbas de los mártires; para significar la unión de la Iglesia militante con la triunfante, y porque el origen y fuente de toda santidad es Jesucristo, Víctima y Altar del Sacrificio Eucarístico.
Ambos altares pierden la consagración: 1º si se quiebran notablemente, sea en razón de la extensión, sea en razón del lugar de la unción; 2º si se retiran las reliquias, o se quiebran o se retira la tapa del sepulcro, a no ser que el mismo Obispo o su delegado descubra el sepulcro para afirmarlo, cambiarlo, o para visitar las reliquias.
Los altares, fijos y portátiles, tiene grabadas cinco cruces en memoria y representación de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo, que son ungidas por el Obispo en las ceremonias de la consagración.
El altar fijo pierde la consagración, cuando se le cambia de lugar, o cuando se separa la mesa del sostén con el que había sido consagrada.
Toda iglesia consagrada tiene, a lo menos, un altar fijo, que ordinariamente es el Mayor.
El altar portátil, llamado ordinariamente piedra de ara, es una pequeña piedra o mármol de forma rectangular, consagrada por el Obispo, sobre la que se colocan durante el Santo Sacrificio, la Hostia y el Cáliz. Puede colocarse sobre la mesa de un altar de madera, piedra o metal que no ha sido consagrado: el altar propiamente dicho es la piedra de ara; la mesa sobre la que se coloca sólo es un sostén y una prolongación de ella.
Los altares fijos y portátiles deben tener el sepulcro con reliquias de Mártires y tres granos de incienso. El sepulcro es un pequeño forado hecho en el medio de la piedra del altar y cubierto, en seguida, con cemento.
La Santa Iglesia ha prescrito que los altares encierren reliquias de Santos Mártires, porque en los primeros siglos se celebraba, en las Catacumbas, la Santa Misa sobre las tumbas de los mártires; para significar la unión de la Iglesia militante con la triunfante, y porque el origen y fuente de toda santidad es Jesucristo, Víctima y Altar del Sacrificio Eucarístico.
Ambos altares pierden la consagración: 1º si se quiebran notablemente, sea en razón de la extensión, sea en razón del lugar de la unción; 2º si se retiran las reliquias, o se quiebran o se retira la tapa del sepulcro, a no ser que el mismo Obispo o su delegado descubra el sepulcro para afirmarlo, cambiarlo, o para visitar las reliquias.
Los altares, fijos y portátiles, tiene grabadas cinco cruces en memoria y representación de las cinco llagas de Nuestro Señor Jesucristo, que son ungidas por el Obispo en las ceremonias de la consagración.
*
Altar privilegiado.
*
Altar privilegiado.
*
Es el que tiene anexa una indulgencia plenaria, aplicable al difundo por el que el sacerdote celebra la Misa. Todo altar privilegiado deber tener su título: Altar privilegiado.
*
*
Materia y forma del altar.
*
*
El altar en que Nuestro Señor Jesucristo celebró el santo sacrificio de la Misa fue una mesa de madrea. Los primeros cristianos, siguiendo este ejemplo, celebraban la santa Misa en las mesas comunes; sin embargo, sabemos que junto al altar de madera, existía el altar de piedra. En las Catacumbas se celebraba la Santa Misa en una mesa de piedra o de mármol colocada sobre los sepulcros de los mártires.
Cuando se dio libertad a la Iglesia, y los cristianos pudieron confesar públicamente su fe, continuó la costumbre de construir los altares sobre las tumbas de los Mártires: son estos los altares de la Confesión. De aquí proviene la forma de sarcófago que tienen algunos altares. Como no siempre era posible tener el cuerpo entero de un mártir se introdujo la costumbre de colocar algunas reliquias solamente, en un pequeño sepulcro sobre la mesa del altar.
Cuando se dio libertad a la Iglesia, y los cristianos pudieron confesar públicamente su fe, continuó la costumbre de construir los altares sobre las tumbas de los Mártires: son estos los altares de la Confesión. De aquí proviene la forma de sarcófago que tienen algunos altares. Como no siempre era posible tener el cuerpo entero de un mártir se introdujo la costumbre de colocar algunas reliquias solamente, en un pequeño sepulcro sobre la mesa del altar.
miércoles, 6 de mayo de 2015
El altar eucarístico.
Memorial permanente de la Pasión y de la muerte del Salvador, monumento elocuente de su amor a los hombres, piedra del sacrificio perpetuo, sobre la que se renueva místicamente el sacrificio del Calvario, mesa, verdadero vínculo de la amistad de un Dios para sus criaturas, siempre levantada, siempre abierta a los invitados al banquete eucarístico, aparece el altar, a los ojos de la fe, revestido de la más alta dignidad, porque la Liturgia sagrada nos muestra allí el símbolo y la figura de Cristo Jesús. ¿No es, en efecto, su trono en la tierra, y no encierra el reflejo de la santidad de Aquél que se digna descender a él?
El altar en que ofrecemos el sacrificio es el símbolo del sacerdocio eterno de Jesucristo, por quien las oraciones de los fieles son presentadas a Dios Padre, dice el Pontifical Romano en la instrucción que precede a la ordenación de un subdiácono. De él suben al Altísimo los votos, ofrendas, oraciones, las adoraciones de los fieles, el homenaje universal del mundo entero, unido al de Nuestro Señor Jesucristo, ennoblecido, santificado por su virtud divina.
“El altar de la Iglesia, dice el Pontifical Romano, es el mismo Cristo, según el testimonio de San Juan quien, en su Apocalipsis, dice haber visto, delante del trono del Altísimo, el altar de oro sobre el que y por el que son consagradas las ofrendas de los fieles a Dios Padre”.(Bayard, en Liturgia).
El altar, símbolo, figura y representante de Jesucristo, es el centro de toda la liturgia, y en cierta medida participa de los honores que la sagrada liturgia rinde a Dios.
El altar es el alma del templo. “Un templo sin altar es un cuerpo sin alma… en los templos todo converge al altar; él es la cabeza y el corazón de nuestras iglesias” (Gomá). “Toda la arquitectura de esta grande obra, dice un autor, extiende y cruza sus líneas, dispone sus armonías alrededor del altar; todo en la iglesia está ordenado en relación al altar, las ventanas que le iluminan, las capillas que le circundan, los arcos que le demuestran, las altas torres que le señalan, los ministros que le sirven, el incienso que le envuelve”.
*
El altar en que ofrecemos el sacrificio es el símbolo del sacerdocio eterno de Jesucristo, por quien las oraciones de los fieles son presentadas a Dios Padre, dice el Pontifical Romano en la instrucción que precede a la ordenación de un subdiácono. De él suben al Altísimo los votos, ofrendas, oraciones, las adoraciones de los fieles, el homenaje universal del mundo entero, unido al de Nuestro Señor Jesucristo, ennoblecido, santificado por su virtud divina.
“El altar de la Iglesia, dice el Pontifical Romano, es el mismo Cristo, según el testimonio de San Juan quien, en su Apocalipsis, dice haber visto, delante del trono del Altísimo, el altar de oro sobre el que y por el que son consagradas las ofrendas de los fieles a Dios Padre”.(Bayard, en Liturgia).
El altar, símbolo, figura y representante de Jesucristo, es el centro de toda la liturgia, y en cierta medida participa de los honores que la sagrada liturgia rinde a Dios.
El altar es el alma del templo. “Un templo sin altar es un cuerpo sin alma… en los templos todo converge al altar; él es la cabeza y el corazón de nuestras iglesias” (Gomá). “Toda la arquitectura de esta grande obra, dice un autor, extiende y cruza sus líneas, dispone sus armonías alrededor del altar; todo en la iglesia está ordenado en relación al altar, las ventanas que le iluminan, las capillas que le circundan, los arcos que le demuestran, las altas torres que le señalan, los ministros que le sirven, el incienso que le envuelve”.
*
Definición del Altar.
*
*
El altar es una mesa de piedra, consagrada por el Obispo, y que contiene reliquias de santos mártires, sobre el que se ofrece el santo sacrificio de la Misa. Etimológicamente, altar viene del latín: alta ara, esto es, un ara elevada. Los paganos designaban con el nombre de ara el altar de las divinidades terrenas, y con el nombre de altare, el altar de las divinidades celestes.
La primera mención del altar aparece en la carta de San Pablo a los hebreos: “Tenemos un altar del que no pueden comer los que sirven al tabernáculo”.
La primera mención del altar aparece en la carta de San Pablo a los hebreos: “Tenemos un altar del que no pueden comer los que sirven al tabernáculo”.
martes, 5 de mayo de 2015
San Pío V.

A Miguel Ghislieri se le recuerda como el Papa de la Batalla de Lepanto y de la difusión del Santo Rosario, quien al ser elegido tomó el nombre de Pío V.
Al lado de Gregorio VII, “El monje Hildebrando” (benedictino) que organizó y vitalizó la Iglesia después de los graves lunares de principios del siglo XI, como guía providencial de esta magna comunidad de los creyentes, la Iglesia, en el siglo XVI, aparece este dominico nacido en Bosco Morengo (Italia), en 1504, de familia humilde y sinceramente cultura del vivir cristiano.
A los catorce años ingresó el joven Miguel a la comunidad de Santo Domingo. Después de la debida preparación, fue ordenado sacerdote y durante 16 años ejerció como profesor de filosofía. En 1556 fue nombrado obispo de Nepi y Sutre. Al año siguiente, en plena época de la Inquisición, con la que se quería, según la mentalidad de la época, defender la integridad de la fe, dando sentencias en la Iglesia y pidiendo a los poderes temporales que aplicaran penas, aun de muerte, a los herejes, se dio al obispo Ghislieri el cargo de inquisidor general, y se le dio el título de cardenal. Por obediencia a la Iglesia, ejerció esas funciones. Se destaca la manera paternal como el Cardenal trataba a los acusados ante la Inquisición.
En 1565, a la muerte de Pío IV, y con influjo de san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, que veía en él una esperanza para la Iglesia, fue elegido Papa, asumiendo el nombre de Pío V. Se acaba de realizar el Concilio de Trento (1545-1563) y era necesaria su aplicación, en lo que puso todo empeño el nuevo pontífice.
En ese avance de orden y purificación en la Iglesia san Pío V fue tomando determinaciones concretas ya en los libros litúrgicos como el breviario para sacerdotes y religiosos, ya en el Misal, que centrará bien la celebración eucarística. El Papa buscó mayor atención a los pobres y la ejecución de obras concretas a favor de ellos; impuso normas de moralidad pública claras y tan estrechas, que se habló de haber convertido a Roma en “un gran monasterio”. Prestó gran atención a los problemas del naciente protestantismo y a las situaciones de unidad y separación de los ingleses de la Iglesia. Sin embargo, alcanzó pocos resultados, y más bien se afianzaron las divisiones.
En 1571 se agudizó el enfrentamiento con los musulmanes. En la mente y en el corazón de los creyentes en Cristo está la figura del Papa, quien, mientras luchaban en Lepanto los ejércitos cristianos, recorría las calles de Roma recitando con millares de fieles el santo rosario, invocando a María Santísima como auxilio de los cristianos. El 7 de octubre fue el día central de esa oración y de esa victoria, por manifiesta ayuda de la Madre de Dios sobre los creyentes que, con el Papa a la cabeza, la invocaron con tanta fe, al igual que Moisés invocaba a Dios con los brazos en alto para que sus ejércitos lograran los triunfos necesarios (Ex 17, 8-16).
En 1572 se enfermó gravemente Pío V y el 1 de mayo, a los 68 años, murió en Roma. Pío I y Pío X son los otros Papas con ese glorioso nombre que han sido canonizados al lado de Pío V, quien lo fuera en 1712. Pío IX ya recibió en el año 2000 el honor de los altares como beato. (Pío XII, por su parte, ha sido declarado venerable en camino a los altares). De las virtudes de San Pío V, que lo alentaron en su edificante vida y en su memorable pontificado, se han destacado su fervor en la oración, su amor y confianza en María Santísima, su bondadoso trato, su austeridad monacal en todas las épocas de su vida, su atención personal a los pobres y necesitados. Mucho le debe la Iglesia y el mundo por sus enseñanzas, por sus normas y exigencias claras y persistentes, pero, ante todo, por su testimonio. En él también “la gracia de Dios no fue vana” (1 Co 15, 10) y de allí su memorable personalidad. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).
Al lado de Gregorio VII, “El monje Hildebrando” (benedictino) que organizó y vitalizó la Iglesia después de los graves lunares de principios del siglo XI, como guía providencial de esta magna comunidad de los creyentes, la Iglesia, en el siglo XVI, aparece este dominico nacido en Bosco Morengo (Italia), en 1504, de familia humilde y sinceramente cultura del vivir cristiano.
A los catorce años ingresó el joven Miguel a la comunidad de Santo Domingo. Después de la debida preparación, fue ordenado sacerdote y durante 16 años ejerció como profesor de filosofía. En 1556 fue nombrado obispo de Nepi y Sutre. Al año siguiente, en plena época de la Inquisición, con la que se quería, según la mentalidad de la época, defender la integridad de la fe, dando sentencias en la Iglesia y pidiendo a los poderes temporales que aplicaran penas, aun de muerte, a los herejes, se dio al obispo Ghislieri el cargo de inquisidor general, y se le dio el título de cardenal. Por obediencia a la Iglesia, ejerció esas funciones. Se destaca la manera paternal como el Cardenal trataba a los acusados ante la Inquisición.
En 1565, a la muerte de Pío IV, y con influjo de san Carlos Borromeo, arzobispo de Milán, que veía en él una esperanza para la Iglesia, fue elegido Papa, asumiendo el nombre de Pío V. Se acaba de realizar el Concilio de Trento (1545-1563) y era necesaria su aplicación, en lo que puso todo empeño el nuevo pontífice.
En ese avance de orden y purificación en la Iglesia san Pío V fue tomando determinaciones concretas ya en los libros litúrgicos como el breviario para sacerdotes y religiosos, ya en el Misal, que centrará bien la celebración eucarística. El Papa buscó mayor atención a los pobres y la ejecución de obras concretas a favor de ellos; impuso normas de moralidad pública claras y tan estrechas, que se habló de haber convertido a Roma en “un gran monasterio”. Prestó gran atención a los problemas del naciente protestantismo y a las situaciones de unidad y separación de los ingleses de la Iglesia. Sin embargo, alcanzó pocos resultados, y más bien se afianzaron las divisiones.
En 1571 se agudizó el enfrentamiento con los musulmanes. En la mente y en el corazón de los creyentes en Cristo está la figura del Papa, quien, mientras luchaban en Lepanto los ejércitos cristianos, recorría las calles de Roma recitando con millares de fieles el santo rosario, invocando a María Santísima como auxilio de los cristianos. El 7 de octubre fue el día central de esa oración y de esa victoria, por manifiesta ayuda de la Madre de Dios sobre los creyentes que, con el Papa a la cabeza, la invocaron con tanta fe, al igual que Moisés invocaba a Dios con los brazos en alto para que sus ejércitos lograran los triunfos necesarios (Ex 17, 8-16).
En 1572 se enfermó gravemente Pío V y el 1 de mayo, a los 68 años, murió en Roma. Pío I y Pío X son los otros Papas con ese glorioso nombre que han sido canonizados al lado de Pío V, quien lo fuera en 1712. Pío IX ya recibió en el año 2000 el honor de los altares como beato. (Pío XII, por su parte, ha sido declarado venerable en camino a los altares). De las virtudes de San Pío V, que lo alentaron en su edificante vida y en su memorable pontificado, se han destacado su fervor en la oración, su amor y confianza en María Santísima, su bondadoso trato, su austeridad monacal en todas las épocas de su vida, su atención personal a los pobres y necesitados. Mucho le debe la Iglesia y el mundo por sus enseñanzas, por sus normas y exigencias claras y persistentes, pero, ante todo, por su testimonio. En él también “la gracia de Dios no fue vana” (1 Co 15, 10) y de allí su memorable personalidad. (Msr. Libardo Ramírez Gómez).
lunes, 4 de mayo de 2015
Santa Mónica.

*
Colecta
*
¡Oh Dios!, consolador de los afligidos y salvación de los que en ti esperan, que acogiste misericordioso las piadosas lágrimas de santa Mónica por la conversión de su hijo Agustín; concédenos, por la intercesión de entreambos, que lloremos nuestros pecados y hallemos el perdón de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
¡Oh Dios!, consolador de los afligidos y salvación de los que en ti esperan, que acogiste misericordioso las piadosas lágrimas de santa Mónica por la conversión de su hijo Agustín; concédenos, por la intercesión de entreambos, que lloremos nuestros pecados y hallemos el perdón de tu gracia. Por nuestro Señor Jesucristo.
*
Al atribuir a las lágrimas y a las oraciones de santa Mónica la conversión de su hijo (colecta) y aplicarle el evangelio de la viuda de Naím, la Iglesia nos recuerda todo lo que san Agustín debe a su madre. Santa Mónica nació en Tagaste, Africa romana, el 332, y murió en Ostia, el 387. El 4 de mayo es el aniversario de la traslación de sus reliquias a la abadía de Arrouaise, en Francia.
domingo, 3 de mayo de 2015
sábado, 2 de mayo de 2015
Corazón Inmaculado de María.
La devoción del Corazón de María es ya antigua. San Juan Eudes la propagó en el s. XVII, uniéndola a la del Sagrado Corazón de Jesús.

*
INTROITUS
Hebr., 4, 16. Ps. 44, 2
Hebr., 4, 16. Ps. 44, 2
*
Adeámus cum fidúcia
ad thronum grátiae, ut
misericórdiam consequámur,
et grátiam inveniámus in
auxílio opportúno. Ps. Eructávit
cor meum verbum bonum:
dico ego ópera mea Regi.
V/ Glória Patri.
*
Suscribirse a:
Entradas (Atom)































