martes, 10 de marzo de 2015

"MISA DE LOS FIELES".

Una vez terminadas las lecturas (y el Credo si lo hubiere) dejamos atrás la misa de los catecúmenos
Durante los primeros siglos, cuando el catecumenado estaba en vigor, llegados a éste momento se despedía a los catecúmenos y en general a todos los no bautizados que habían podido asistir a la primera parte de la misa. La razón de esto hay que ponerla en el principio de que no se debía exponer el sancta sanctorum a los ojos y oídos indiscretos de cualquiera.
En ésta parte de la misa va a consumarse el sacrificio eucarístico, el cual como todo sacrificio se compone de tres momentos principales: la ofrenda de la víctima, su inmolación sobre el altar y la participación al sacrificio por medio de la comunión.
*
I. EL OFERTORIO.

Como su nombre indica el ofertorio consiste en la ofrenda de la víctima.
Durante los primeros siglos el ofertorio consistía solamente en el gesto de ofrenda de la hostia y del cáliz. Se trataba de un rito minuciosamente reglamentado pero “mudo”.
Más tarde, durante la época carolingia, el desarrollo de la liturgia comporta que diversos ritos que hasta entonces se limitaban al gesto fuesen acompañados por oraciones que expliquen su significado.
Es entonces cuando se elaboran las oraciones de nuestro ofertorio. En ellas se expresa mediante palabras el sentido del gesto de ofrecer la hostia y el cáliz antes de su consagración. De hecho, una vez que las liturgias alcanzan un cierto grado de madurez ya no basta para empezar con la plegaria eucarística que las materias de pan y vino se hallen presentes en debida cantidad y calidad; es preciso que se coloquen con las ceremonias y oraciones correspondientes encima del altar, con lo cual entran ya en el movimiento oblativo que culminará en la consagración. Por eso lo que se ofrece a Dios no es el pan y el vino en si mismos, sino el cuerpo y la sangre de Cristo que dentro de poco se harán presentes sobre el altar bajo las apariencias de pan y vino.
La oración de ofrenda de la hostia Suscipe, sancte Pater es de origen galicano. El testimonio escrito mas antiguo que conservamos de ella data del año 877 (11).
La fórmula de ofrenda del cáliz Offerimus tibi Domine aparece escrita por vez primera en un sacramentario conservado en el monasterio de San Galo (Suiza) y que data de los siglos IX – X.
Estas oraciones las pronuncia el sacerdote en voz baja por tratarse de oraciones privadas nacidas (como ya hemos explicado) de la necesidad de acompañar los gestos con fórmulas que expliciten su significado (12).
Los autores de la reforma del misal en tiempos de Pablo VI no supieron apreciar el sentido y el valor de estas oraciones. Al debilitar el vínculo profundo entre ofertorio y consagración ya no vieron lógico llamar al pan Hostiam inmaculatam ni al vino Calicem salutaris.
Así que para reemplazar las oraciones del rito romano los reformadores buscaron otras en los demás ritos cristianos (tanto orientales como occidentales). Pero tuvieron que constatar que todas las tradiciones litúrgicas cristianas o no tenían oraciones de ofertorio (sólo el gesto mudo) o si las tenían su contenido era análogo al de las que querían cambiar.
Lo que hicieron entonces fue copiar unas oraciones judías para bendecir la comida. Esas son las oraciones del ofertorio en la forma ordinaria. En ellas se dan gracias a Dios por el pan y por el vino que es lo que se presenta a Dios.
Sin ánimo de polémica, creo que es muy de lamentar que se haya ignorado toda la tradición cristiana para reemplazarla por unas fórmulas judaicas en las que no aparece ninguna referencia a Cristo.
Durante el ofertorio tiene lugar un numeroso conjunto de ceremonias (incensaciones, bendición e imposición del agua, lavatorio de manos, signos de cruz, etc.) Faltos de tiempo no podemos detenernos en cada una de ellas. Vamos a considerar tan sólo uno de dichos ritos, que es propio de la forma extraordinaria. El celebrante, una vez ofrecida la hostia, la deposita directamente sobre los corporales. La patena no volverá a servir hasta la fracción y comunión. Este rito pone de manifiesto de forma simbólica la diferencia entre inmolación y comunión. El sacrificio (es decir, la consagración) se realiza directamente sobre el ara. Más tarde, cuando llega el momento de participar a la carne de la víctima inmolada se la coloca sobre la bandeja, es decir, la patena.

II. LA PLEGARIA EUCARISTICA O CANON ROMANO.

Todas las liturgias de la misa contienen un momento central durante el cual se realiza el misterio de la eucaristía. Se trata de la oración o conjunto de oraciones durante las cuales tiene lugar la consagración del pan y del vino, transformándolos en el cuerpo y sangre de Jesucristo.
A esta plegaria eucarística los orientales la llaman anáfora. Los ritos orientales poseen múltiples anáforas que cambian según los tiempos litúrgicos. En cambio el rito romano se ha caracterizado por tener una sola plegaria eucarística invariable durante todo el año y que suele llamarse Canon, es decir: regla.
El Canon va precedido por el canto del Prefacio, el cual si es variable y cambia según las fiestas y los periodos del año. Al prefacio sucede el canto del Sanctus, himno majestuoso que proclama la santidad y la gloria de Dios uno y trino. Una vez apagadas las últimas melodías del Sanctus reina un silencio sagrado y el celebrante se presenta solo ante Dios.

El silencio durante el Canon.

Uno de los ritos que más suelen sorprender a los que descubren el usus antiquior de la misa es el silencio con que se rodea la plegaria eucarística. Hasta aquí los asistentes a la misa habían tomado parte en las oraciones y ceremonias mezclando sus voces con las del celebrante. Ahora, tras los tres toques de campanilla que acompañan el Sanctus, el sacerdote se avanza solo y entra en el sancta sanctorum.
En el Templo de Jerusalén había un lugar especialmente sagrado, el santuario, que a su vez se hallaba compuesto de dos estancias. La primera llamada el “Santo” donde mañana y tarde entraba el sacerdote que estuviese de turno para renovar el fuego del altar y quemar en él aceite perfumado e incienso, mientras que el pueblo, convocado a son de trompeta, oraba en el atrio (13). La segunda estancia, más sagrada aún, era llamada el “santísimo” o el “santo de los santos”. Separada de la anterior por un velo o cortina, una sola vez al año entraba en ella el sumo sacerdote solo para ofrecer la sangre de la víctima inmolada (14).
Ahora, en la Nueva Alianza, también se avanza el sacerdote y se presenta solo ante Dios para ofrecerle el sacrificio. El Canon de la misa o plegaria eucarística es el santuario en el que solo el sacerdote puede penetrar.
He aquí el significado simbólico de éste silencio. El sacerdote pronuncia en voz baja la oración consecratoria porque la santidad de este recinto sagrado, inaccesible para el pueblo, exige que en él reine un silencio absoluto. En el silencio debe el hombre acercarse a Dios.
Las liturgias orientales expresan ésta segregación de manera aún más dramática, mediante el uso del “iconostasio”. Se trata de un tabique que se alza entre el altar y la nave, más o menos a la altura donde en nuestras iglesias se sitúa el comulgatorio. El iconostasio tiene una o tres puertas a través de las cuales los fieles pueden ver el altar. Pero llegado el momento de la consagración las puertas se cierran, arrebatando a la vista de los fieles el altar y el sacerdote. Las puertas no volverán a abrirse hasta que la plegaria eucarística no haya terminado, antes de la comunión (15).
El silencio del canon cumple en la liturgia romana la misma función que el iconostasio en oriente: pone de manifiesto la sacralidad del momento y subraya la diferencia esencial entre sacerdocio común de los fieles y sacerdocio ministerial (16).

Los gestos y ceremonias durante el Canon de la Misa.

El valor sacrificial de la Misa queda precisado y explicitado por una serie de ritos secundarios pero sin embargo indispensables: signos de cruz, inclinaciones, genuflexiones, etc. Todo ello pone de manifiesto que al pronunciar la plegaria eucarística el sacerdote no está realizando una simple lectura en la que rememora un hecho histórico del pasado, es decir la santa cena. Pronunciando la plegaria eucarística el sacerdote está realizando no una lectura sino una acción, es decir: un sacrificio. Con sus palabras el celebrante actualiza y hace presente de manera eficaz el sacrificio de Cristo (17).
Entre todos esos gestos sobresale la elevación de las especies consagradas. Precedida y seguida de la genuflexión del celebrante, acompañada del sonido de las campanillas y de la incensación si el rito es solemne, éste gesto de introducción relativamente tardía señala el momento culminante de la acción sagrada: Dios se hace realmente presente sobre el altar.
(11) Libro de oraciones de Carlos el calvo.
(12) Esta explicación es válida también para muchas otras oraciones que el celebrante pronuncia en voz baja, por ejemplo: al subir al altar, al lavarse las manos, mientras inciensa, etc. En cambio, el silencio durante el Canon o plegaria eucarística tiene una explicación diferente como explicamos mas adelante.
(13) Lucas 1, 8-11
(14) Hebreos 9, 1-7
(15) El iconostasio será más o menos opaco según los lugares, o el estilo artístico o por otros motivos. El símbolo es siempre el mismo: la segregación o separación en la cual consiste toda sacralidad.
(16) Por eso el rechazo de ésta práctica puede reposar sobre una concepción herética de la eucaristía o del sacerdocio. Esto lo vieron claro los padres del concilio de Trento que en la sesión XXII sobre el sacrificio de la misa promulgaron el siguiente canon dogmático: “Si alguno dijere que el rito de la Iglesia Romana por el que parte del canon y las palabras de la consagración se pronuncien en voz baja, debe ser condenado, sea anatema” (conc. Trento, sess XXII, can. 9).(17) Cf. A.M. Rouguet, « La somme théologique. Les sacrements », éd. la revue des jeunes, Paris 1946, pag. 376.
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP)

lunes, 9 de marzo de 2015

"LAS LECTURAS".

Normalmente en la forma extraordinaria se hacen dos lecturas: la epístola y el Evangelio. Sin embargo hay algunas Misas que contienen lecturas más numerosas: las Misas de Témporas o la Misa de la Vigilia Pascual.
En la actualidad suele pensarse que ésta parte de la misa tiene un valor y un sentido exclusivamente didáctico. Sin embargo, en cuanto forma parte de la acción litúrgica, la proclamación de las lecturas tiene también una innegable dimensión cultural. Esta dimensión se resalta en la forma extraordinaria por medio de tres elementos: el canto de las lecturas, los ministros encargados de hacerla y las ceremonias que la acompañan.

El canto de las lecciones.En el rito romano existe, desde los tiempos más remotos, el uso de cantar las lecturas de la misa.
El texto sagrado no es objeto de una simple lectura dirigida a los fieles sino que, envuelto en melodía, se eleva también como plegaria ofrecida a Dios. Ambas dimensiones (didáctica y cultural) han de encontrarse presentes en la proclamación de las lecturas, so pena de desvirtuar su sentido litúrgico.
Las melodías más antiguas eran muy sobrias, prescindiendo de toda modulación de voz. Es el llamado tonos rectus llamado también tonos ferialis porque es el que se ha conservado para los días de feria y de penitencia, y que, con excepción de las preguntas, no admite cambio de tono.

Los ministros encargados de las lecturas.Que la proclamación de las lecturas durante la misa no tiene una finalidad puramente utilitarista, como medio de enseñanza religiosa, se pone también de manifiesto en que su ejecución ha sido confiada, desde el principio, a un clérigo determinado.
En los primeros siglos la lectura de la epístola era una función encomendada al lector. La forma extraordinaria del rito romano aún conserva éste uso en la misa cantada. Posteriormente (durante los siglos VII-VIII) el canto de la epístola fue encomendado al subdiácono, lo cual sigue siendo la norma para la misa solemne según el misal de Juan XXIII.
Las cuatro órdenes menores y el subdiaconado forman parte de las instituciones más antiguas de la iglesia romana. En una carta fechada en el año 251 el papa san Cornelio enumera todos éstos grados del orden sacerdotal:
“…Y no podía ignorar (Novaciano) que en Roma hay cuarenta y seis presbíteros, siete diáconos, siete subdiáconos, cuarenta y dos acólitos, cincuenta y dos entre exorcistas, lectores y ostiarios”.
San Cornelio enumera los siete grados del orden no cómo una innovación sino cómo algo ya conocido por todos en el momento en que escribe, es decir siglo III (9).
El canto del evangelio en la misa solemne corresponde al diácono, según una práctica ya atestada por las Constituciones apostólicas (10) (año 380). La preeminencia del evangelio queda así subrayada por el hecho que su canto se reserva al ministro sagrado más cualificado después del celebrante.

Las ceremonias que acompañan las lecturas.Como en el resto de la misa, también la recitación de las lecturas va acompañada de ritos y ceremonias que indican que se trata de una función sacra y cultural. Aunque no podemos aquí comentarlas todas, señalaremos sólo algunas de ellas:
Las ceremonias que acompañan el canto de la epístola son más simples que para el evangelio. El subdiácono va solo, el canto no es precedido de ninguna petición de bendición ni saludo a los fieles, el libro no es incensado ni acompañado de ciriales, etc. Solamente una vez terminado el canto, el subdiácono va a besar la mano del celebrante y recibe su bendición.
En contraste con esta relativa sobriedad el canto del evangelio ha revestido, desde muy antiguo, una mayor solemnidad. El evangeliario es llevado por el subdiácono en una pequeña procesión, rodeado de ciriales encendidos, acompañado del turiferario, etc. Antes de cantar el texto el diácono inciensa el libro. Durante el canto del evangelio, todos (incluso el celebrante) se vuelven hacia el lugar donde está siendo cantado. Una vez terminado el canto, el subdiácono lleva el libro al celebrante para que lo bese.
En la misa rezada todas éstas ceremonias son reducidas y adaptadas a una celebración sin canto y sin ministros sagrados. Tras la lectura de la epístola (y de las piezas intermedias: Gradual, Aleluya) por el celebrante se traslada el misal en una “miniprocesión” al otro extremo del altar, que recibe por ello el nombre de “lado del evangelio”.
No tenemos aquí tiempo suficiente para explicar los motivos históricos ni para exponer las interpretaciones alegóricas y simbólicas que justifican el lugar desde donde se recitan cada una de las lecturas. Digamos solamente que en la forma extraordinaria del rito romano el centro del altar (donde se encuentra el ara o piedra consagrada) queda reservado a la parte estrictamente sacrificial de la misa (desde el ofertorio a la comunión). En cambio durante los ritos preparativos y conclusivos el celebrante suele ocupar los extremos del altar. Es una manera de poner de relieve, a través del lenguaje de los símbolos, la diferente naturaleza de las partes de la misa.
(9) A pesar de su venerable antigüedad las ordenes menores de acólito, exorcista, lector y ostiario, así como el orden mayor de subdiácono fueron suprimidos de la disciplina común por el papa Pablo VI quien las reemplazó por los llamados « ministerios laicales » de lector y acólito (Pablo VI, m.p. Ministeria quaedam, 15-8-1972)
(10) Const. Apost. Libro II, 17
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP)
 


viernes, 6 de marzo de 2015

"HISTORIA DE LOS RITOS PREPARATORIOS".

En un principio la preparación ante el altar consistió solamente en una postración silenciosa. Este rito ha sido conservado el viernes santo.
En tiempos de Carlomagno se comienza a acompañar la acción con palabras. Aparecen las primeras fórmulas de oraciones ante las gradas, pero se las recitaba durante el camino de la sacristía al altar. El salmo “Iudica me” con su antífona “Introito ad altare Dei” aparece ya atestado en el siglo X.
Poco a poco se impuso la práctica de recitarlo después de haber llegado al altar, sin duda para poder hacerlo con mayor tranquilidad y devoción.
En la Misa pontifical, el Obispo se pone el manipulo, que le presenta el diácono, después del Confiteor: Es un vestigio del uso primitivo: el manipulo era el último ornamento que se revestía porque se llevaba en la mano izquierda. Cuando pasó a llevarse sujeto al antebrazo se lo pudo revestir antes (es el orden en que lo hace el sacerdote). Pero en la misa pontifical se conservó éste vestigio.
Una vez en el altar, lo primero que hace el celebrante es besarlo, porque representa a Cristo y porque en su interior contiene reliquias de mártires. En la misa pontifical se conserva el uso más antiguo de besar también el libro de los santos evangelios: el obispo, después de subir al altar y besarlo, besa también el principio del evangelio del día en el evangeliario que le presenta el subdiácono.
A continuación, en la Misa solemne, se inciensa el altar. Se trata de otro signo de veneración, pero reservado al culto solemne: al igual que la música y el canto, la luz de los cirios, las flores, la belleza de los ornamentos… el incienso también contribuye a enaltecer la solemnidad del culto.
Durante la incensación se canta el Kyrie eleyson. (Si la Misa es rezada, el sacerdote los recita, alternando con los fieles). Se trata de una antiquísima letanía de origen oriental, como lo denota claramente el hecho de que se recen en griego y no en latín. Se sabe que en Roma ya se usaba este canto en el siglo V. En un principio, como lo atestigua el Ordo romanus I, no estaba fijado en número de veces que debía repetirse cada invocación, sino que se repetía cuantas veces hiciera falta hasta que el pontífice, después de venerar el altar, llegase hasta la cátedra. Pero ya en época carolingia el número de invocaciones quedó fijado en nueve: tres Kyrie, tres Christe y de nuevo tres Kyrie. El simbolismo trinitario es evidente.
Los ritos de preparación se terminan con la oración llamada Colecta Antes de recitarla el celebrante volviéndose hacia los fieles los saluda con la fórmula Dominus vobiscum. Este saludo se repetirá a lo largo de la misa cuantas veces haya que exhortar a la comunidad para que se sume a la oración del celebrante, o cuando se debe anunciar algo como por ejemplo, el final de la misa por medio del Ite missa est o la lectura del evangelio. En todas estas ocasiones, menos al principio del prefacio cuando ya está a las puertas del sancta sanctorum, el sacerdote besa primero el altar (para significar que la paz que desea es la que viene de Cristo) y se vuelve hacia los fieles, pues a ellos se dirige su saludo.
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP) 

jueves, 5 de marzo de 2015

"MISA DE CATECUMENOS".

I PARTE: MISA DE CATECUMENOS.
La estructura de la misa se compone de dos grandes secciones. La primera es preparación y preámbulo de la segunda. Se la suele llamar “misa de los catecúmenos” porque durante los primeros siglos los catecúmenos, es decir los que se preparaban para recibir el bautismo, podían asistir a ella, mientras que desde que empezaba la segunda parte debían abandonar el templo. Por eso la segunda parte de la misa es llamada “misa de los fieles”, es decir: reservada a los fieles bautizados.
Siguiendo con nuestra comparación, la primera parte de la misa puede ser comparada a un atrio o cancel. Situado entre el exterior y la nave del templo, su función es facilitar la transición entre el trasiego exterior de la calle y la quietud religiosa del templo.
Esta estructura preparatoria se compone a su vez de dos elementos principales: los ritos preparatorios y las lecturas.
1. LOS RITOS PREPARATORIOS.
Observemos el altar:
La cruz con el crucificado está colocada en el centro. La cruz de Cristo preside.
Esta disposición del altar, donde todo gira en torno a Cristo crucificado, tiene una gran fuerza simbólica. Cristo crucificado es el centro de la celebración. El sacerdote no es más que un mediador entre los fieles y Cristo.
Desde hace treinta años existe la “moda” de ornar los altares de forma asimétrica. Un ramo de flores a un lado y unos candelabros al otro. El centro del altar (el lugar de honor) queda vacío. No hay un punto focal sobre el que se concentre la atención.
Hasta que aparece el celebrante el cual, desde el principio al final, ocupa ésta plaza. Su persona focaliza la atención y la orientación física de la acción litúrgica. El inconveniente es que más que como mediador, la figura del celebrante sea percibida como la del protagonista de la acción litúrgica.
Digamos de paso que en la liturgia tradicional el crucificado o está en el centro del altar presidiéndolo o se lleva enprocesión acompañado por dos cirios encendidos.El uso de un crucifijo como báculo es algo ajeno a la tradición litúrgica romana. Personalmente pienso que ésta ha podido ser una de las razones que han llevado a Benedicto XVI a abandonar el crucifijo de Pablo VI (usado también por Juan Pablo II, reemplazándolo por la férula (que es una cruz sin crucifijo).
El celebrante (ya sea simple sacerdote, obispo, cardenal o el mismo Papa) antes de acceder al altar se prepara con la confesión de sus pecados:
El Confiteor lo recita el celebrante profundamente inclinado delante del altar. Es decir: no en el altar, sino antes de subir a él. De hecho, el conjunto de oraciones preparatorias suelen ser llamadas Oraciones ante las gradas.
El altar según las normas del rito extraordinario debe estar elevado al menos sobre un escalón.
Esta norma de la arquitectura sacra es antiquísima y de rico significado:
La misma palabra “altar” (que es específicamente cristiana, los antiguos romanos lo llamaban “ara”), se deriva de “altus, -a”, es decir: lugar alto.
Si se tolera que los altares laterales o provisorios carezcan de la tarima prescrita, lo que no puede tolerarse es el altar “hundido”, al cual no se sube sino que se desciende…
Las rúbricas lo dicen claramente: el celebrante, tras haberse preparado ritualmente, sube al altar: Celebrans…ascendit ad médium altares (8). Toda la simbología bíblica de la montaña sagrada está detrás de éste gesto. El altar es como la montaña, lugar de encuentro con Dios. El Sinaí, el monte Carmelo, el Tabor, Pero también el Horeb donde Abraham subió para sacrificar a su unigénito Isaac, y sobre todo el Calvario, donde Cristo fue inmolado.
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP) 
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(8) Ritus servandus in celebratione Missae IV, 1.

miércoles, 4 de marzo de 2015

"LA MISA DICHA EN LATIN".

Cambiar de lengua es cambiar de país.
El hecho que en el templo se emplee una lengua distinta de la que empleamos en nuestra vida cotidiana, debe hacernos comprender que cuando entramos en el templo entramos en otra patria.
Dejamos la “ciudad terrestre” para entrar en el cielo que es nuestra verdadera patria. La liturgia terrestre es una anticipación o una imagen de la liturgia celeste.
Cambiar de lengua es un signo que nos recuerda que al entrar en la iglesia hemos de abandonar nuestros pensamientos mundanos, nuestros intereses terrestres. En una palabra: hemos de cambiar de patria.
Además, el latín es una lengua sagrada.
Las cosas sagradas son aquellas cosas que han sido “separadas”, “puestas a parte” y destinadas al servicio y culto de Dios.
El latín cumple perfectamente la función de lengua sagrada, excluida del uso cotidiano y empleada casi exclusivamente para alabar, bendecir y dar culto a Dios. Por ello el papa Pablo VI decía con razón que el latín es una lengua angélica.
Es cierto que en nuestros días no faltan quienes nieguen la posibilidad misma de una lengua sagrada, al reducir la utilidad del lenguaje a la comunicación interpersonal. Pero esta objeción se inscribe en una crítica más general, que niega todo sentido dentro del cristianismo a la distinción entre “sagrado” y “profano”. Aceptar dicho punto de vista equivale a oponer religión y cristianismo como dos realidades opuestas, con la consiguiente reducción del cristianismo a una dimensión terrestre y horizontal, sin apertura a la trascendencia.
En su constitución apostólica Veterum Sapientia el Papa Juan XXIII expone muchas de las cualidades y valores de la lengua latina. Dice el Pontífice que el latín es la lengua católica. En efecto el latín es al mismo tiempo la lengua de todos los fieles en común y de ninguno en particular. Por eso es la lengua de la Iglesia.
La Biblia nos enseña que la división de las lenguas fue la consecuencia del pecado de los hombres. Usando un solo lenguaje universal y común, la liturgia cristiana prefigura y anuncia la concordia y la unidad del género humano en la Jerusalén celestial.
Dice también Juan XXIII que el latín no es una lengua vulgar sino por el contrario una lengua llena de nobleza y majestad.
Y ello en primer lugar porque el genio humano la ha ennoblecido con su sello usándola como instrumento en la producción de obras maestras de la literatura universal, patrimonio cultural de toda la humanidad.
Además de ello el latín es una lengua concisa que, debido a su construcción gramatical, cincela el lenguaje otorgándole una cadencia y un vigor inigualables. El latín es una lengua de frases Lapidarias
Por último, con el uso del latín la Iglesia proclama su romanidad. La lengua que nació y se desarrolló en la región del Latium, cuya capital es Roma, manifiesta que la Iglesia universal es romana, fundada sobre Pedro y sus sucesores, los obispos de Roma.
Universalidad, unidad, sacralidad, cultura, romanizad… He aquí algunos de los preciosos valores que nos transmite el latín. Esta lengua augusta no merece hallarse hoy en día en el banquillo de los acusados. Y mucho menos que sus acusadores sean los católicos, para quienes ha sido y es la lengua (7).
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP)
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(7) A pesar de que en nuestros días sea lícito y legítimo celebrar la misa en lengua vulgar, no se han de olvidar las intervenciones del Magisterio: Por ejemplo:, Concilio de Trento (sesion XXII, can. 9): “Si alguno dijere (…) que sólo debe celebrarse la Misa en lengua vulgar (…), sea anatema”. El Papa Pío VI en la bula “Auctorem fidei ” : “La proposición que afirma que sería contra la práctica apostólica y los consejos de Dios, si no se le procuraran al pueblo modos más fáciles de unir su voz a la voz de toda la Iglesia entendida de la introducción de la lengua vulgar en las preces litúrgicas, es falsa, temeraria, perturbadora del orden prescrito para la celebración de los misterios y fácilmente causante de mayores males”.

martes, 3 de marzo de 2015

"LA ORIENTACION DEL ALTAR".

La posición del altar y la dirección adoptada por el celebrante y los fieles durante el culto litúrgico es una cuestión de plena actualidad en el debate teológico y litúrgico. Ya han pasado los años durante los cuales la celebración versus populum se impuso sin posibilidad de debate, hasta el punto que fueron acalladas voces tan autorizadas como las de Jungmann, L. Bouyer, e incluso Ratzinger, que ya en los años sesenta se elevaron contra la generalización de ésta práctica.
Cada vez parece mas urgente la “recuperación” del carácter sacrificial de la Misa, eclipsado con frecuencia en la pastoral litúrgica de los últimos años, en favor de una concepción de la Misa reducida a un festín, o aun encuentro fraternal. Se va extendiendo en amplios sectores la necesidad de resaltar el doble aspecto de la Eucaristía, que es un sacrificio además de un sacramento. De hecho en la sagrada Eucaristía no solo se contiene y se recibe a Cristo (eucaristía-sacramento), sino que además en ella el mismo Cristo es ofrecido en holocausto por la salvación del mundo ( eucaristía-sacrificio = Misa).
Las nociones de “sacrificio” y de “sacramento” son diferentes entre sí, aunque las dos pertenecen al ámbito de lo religioso.
El sacrificio consiste principalmente en una ofrenda que el hombre hace a Dios. El sacramento, en cambio, consiste en un don que Dios hace al hombre.
Los sacramentos han sido instituidos por Dios para los hombres, se administran a los hombres, etc. En cambio el sacrificio es sólo para Dios.
Cuando celebra la Misa, el sacerdote está ofreciendo un sacrificio a la divinidad, por eso se coloca en el altar vuelto hacia el Señor y no hacia los fieles.
En cambio, cuando administra los sacramentos (p.ej.: cuando da la comunión, o bautiza) el sacerdote se vuelve hacia los fieles.
La posición del sacerdote de cara al pueblo es menos expresiva de la verdadera naturaleza de la Misa. Los fieles acaban pensando que en dicho acto de culto ellos son los protagonistas, que el sacerdote se dirige a ellos, que la Misa es ofrecida a ellos y no por ellos, lo cual es falso.
Decir, como se oye con frecuencia, que en el rito tradicional el sacerdote celebra dándole la espalda al pueblo, es inexacto. No se trata de darle la espalda a nadie, sino de volverse todos juntos hacia el Señor.
Todos los asistentes (incluso el sacerdote) se vuelven hacia el Señor. Esto es lo que ocurre espontáneamente cada vez que un grupo de personas se reúnen para atender a una realidad distinta de ellos mismos. En el cine o en el teatro todos se sientan mirando a la pantalla o al escenario. A nadie se le ocurre decir que los espectadores se han sentado de espaldas los unos a los otros… Lo que interesa a todos es la pantalla o el escenario, por eso todos la miran. Si uno de los espectadores se sentara mirando a la sala, quien estaría sentado de espaldas sería él: De espaldas a la pantalla, que es lo que atrae y congrega a los espectadores de una sala de cine o teatro.
A las razones de sentido común que acabamos de exponer se añaden otras de carácter litúrgico e histórico.
Se sabe con certeza que ya alrededor del año 200 (y probablemente ya desde el comienzo del siglo II), tanto en oriente como en occidente, los cristianos oraban vueltos hacia el oriente, hacia el sol naciente. El testimonio de Orígenes (muerto hacia el 253) es formal, y muestra como incluso en caso de conflicto, la orientación versus orientem debe prevalecer. He aquí su texto (4) :
“Nos queda por hablar aún de la dirección celeste hacia la cual conviene mirar durante la oración. Hay cuatro puntos cardinales: norte, sur, este y oeste; ¿Quien no reconocerá que conviene orar hacia el este, como símbolo, para que el alma se oriente hacia la aparición de la luz verdadera?. Si las puertas de la casa se abren hacia otra dirección, y alguien quiere orar vuelto hacia esta apertura de la casa afirmando que el cielo libre es mas atractivo para nuestras miradas que el muro – en el caso en que, por azar, la casa no tenga ninguna apertura hacia el oriente- habrá que replicar lo siguiente: las casas disponen de aperturas según la voluntad arbitraria de los hombres, mientras que el oriente es más digno que los otros puntos cardinales por la obra misma de la naturaleza. Así pues, hemos de preferir lo que la misma naturaleza ha creado a aquello que ha sido construido arbitrariamente”. La ley de la orientación de la oración preside en la Iglesia antigua no sólo la oración privada, sino también la oración pública y la arquitectura de los edificios sagrados. Los testimonios relativos a la orientación en el culto, abundan sobre todo en oriente. Como ejemplo citaremos a S. Juan Damasceno (5):
“No es por simplismo o por azar que oramos vueltos hacia oriente… Puesto que Dios es luz inteligible y que en la Escritura Cristo es llamado Sol de justicia y Oriente, para darle culto es necesario volverse al oriente. La Escritura dice: Dios plantó un jardín en Edén, al oriente, y allí colocó al hombre que había plasmado. Buscando la antigua patria y tendiendo hacia ella, rendimos culto a Dios. También la tienda de Moisés tenía el propiciatorio vuelto hacia el oriente. Y la tribu de Leví, que era la más insigne, acampó en la parte vuelta hacia oriente. En el templo de Salomón la puerta del Señor se hallaba vuelta hacia oriente. Finalmente, el Señor clavado en la cruz miraba hacia occidente y por eso nosotros nos postramos hacia oriente, mirando hacia El. En el momento de ascender alcielo fue elevado hacia el oriente, así lo adoraron los discípulos y así vendrá de nuevo, en el mismo modo en que lovieron subir al cielo. Como lo dijo el mismo Señor: “Como el relámpago que sale del oriente y brilla hasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre” (Mat. 24, 27). Por eso, esperando su venida, nos postramos mirando hacia oriente. Se trata de una tradición no escrita, que se deriva de los Apóstoles”.
En razón de ésta práctica antiquísima las iglesias primitivas eran construidas, en general, con el altar mirando hacia el oriente. Esta orientación del altar se señaló muy pronto por medio de una cruz en el muro. Cuando por una serie de razones de índole práctica, que no podemos detenernos a explicar, ya no se tuvo en cuenta la orientación geográfica del ábside, el principio de la oración orientada hacia el Señor siguió siendo observado: La cruz puesta en el centro de todo altar, es el foco sagrado sobre el que se centra todo el culto litúrgico.
Los trabajos históricos y litúrgicos más recientes (6) ponen de manifiesto que la idea de un cara a cara entre el celebrante y la asamblea (desconocida en la iglesia primitiva) se remonta a Lutero, quien en su opúsculo Deutsche Messe (La Misa alemana) se expresa así:
“Conservaremos los ornamentos sacerdotales, el altar y las velas… hasta que nos convenga cambiarlos. Pero en la verdadera misa, entre verdaderos cristianos, será necesario que el altar no quede como está y que el sacerdote se vuelva siempre hacia el pueblo, como sin duda lo hizo Cristo durante la cena”.
Hoy en día sabemos que en tiempos de Cristo y aún siglos más tarde, se empleaba una mesa enforma de U (en semicírculo). La parte delantera quedaba libre para permitir servir los diferentesplatos. Los convidados estaban sentados o recostados detrás de la mesa semicircular. El sitio de honor no estaba, como pudiera pensarse, en el centro sino a la derecha (in cornu dextro).
Pero el verdadero motivo del fundador del protestantismo no es histórico, sino teológico. Al rechazar que la misa sea un verdadero sacrificio, la eucaristía se reduce a su dimensión de sacramento: la comunidad se reúne, hace memoria de Cristo y recibe la comunión. Pero nada de sacrificio ofrecido a Dios.
Por lo tanto es lógico que se suprima el altar y se lo reemplace por una mesa, en torno a la cual se celebra el banquete ritual…
Rvdo. P. D. José Calvín Torralbo (FSSP)
(4) De oratione, 32.
(5) Exposición sobre la fe ortodoxa, IV, 12.
(6) Se puede consultar, por ejemplo, Uwe Michael Lang « Se tourner vers le Seigneur », éditions ad solem, Ginebra2006, pag. 61-82.

lunes, 2 de marzo de 2015

Martirologio Romano 1956.

2 de Marzo / Die 2 Martii.  Sexto Nonas Martii. 

En Roma, en la vía Latina, los santos Mártires Jovino y Basileo, que sufrieron el martirio imperando Valeriano y Galieno.
Romae, via Latina, sanctorum Martyrum Jovini et Basilei, qui passi sunt sub Valeriano et Gallieno Imperatoribus.

En Roma también, muchísimos santos Mártires, los cuales, en tiempo del Emperador Alejandro y del Prefecto Ulpiano, atormentados por mucho tiempo, fueron finalmente condenados a pena capital.
Item Romae plurimorum sanctorum Martyrum, qui sub Alexandro Imperatore et Ulpiano Praefecto, diu cruciati, ad extremum capitali sententia damnati sunt.

En Cesárea de Capadocia, los santos Mártires Lucio, Obispo, Absalón y Lorgio.
Caesareae, in Cappadocia, sanctorum Martyrum Lucii Episcopi, Absalonis et Lorgii.

En el Puerto Romano, los santos Mártires Pablo, Heraclio, Secundila y Jenara.
In Portu Romano sanctorum Martyrum Pauli, Heraclii, Secundillae et Januariae.

En Campania, la conmemoración de ochenta santos Mártires, que, no queriendo comer la carné inmolada a los ídolos, ni adorar la cabeza de una cabra, fueron cruelísimamente muertos por los Longobardos.
In Campania commemoratio sanctorum octoginta Martyrum, qui, cum nollent carnes immolatas comedere nec caput caprae adorare, a Longobardis saevissime caesi sunt.


En Lichfeld de Inglaterra, san Ceadas, Obispo de los Mercios y Lindisfarnenses, cuyas preclaras virtudes conmemora San Beda el Venerable.
Lichfeldiae, in Anglia, sancti Ceaddae, Episcopi Merciorum et Lindisfarnorum, cujus praeclaras virtutes sanctus Beda Venerabilis commemorat.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

sábado, 28 de febrero de 2015

SÁBADO DE LAS TEMPORAS DE CUARESMA.


SÁBADO DE LAS TEMPORAS DE CUARESMA
MISA BREVIOR. - Estación en los Doce Apóstoles
Feria, II clase

INTROITO    Salmo 87,3. 2
INTRET ORÁTIO mea in conspéctu tuo: inclína aurem tuam ad precem meam, Dómine. V/. Dómine, Deus salútis meæ: in die clamávi, et nocte coram te. V/. Glória Patri.
EN TU PRESENCIA sea recibida mi oración: da oídos a mí suplica, oh Señor. V/. Señor Dios de mi salud, día y noche estoy clamando en tu presencia. V/.Gloria al Padre.

ORACION.- Después del Kyrie, se dice:
ORÉMUS.  Flectámus génua.  Leváte.
Pópulum tuum, quǽsumus, Dómine, propítius réspice: atque ab eo flagella tuæ iracúndiæ cleménter avérte. Per Dóminum.
OREMOS.  Arrodillémonos.  Levantaos.
Te suplicamos, Señor, que mires propicio a tu pueblo, y que apartes de él con tu clemencia el azote de tu indignación. Por nuestro Señor.

LECCION  Dt 26, 12-19
LÉCTIO LIBRI DEUTERONÓMII.
In diébus illis: Locútus est Móyses ad pópulum, dicens: «Quando compléveris décimam cunctárum frugum tuárum, loquéris in conspéctu Dómini, Dei tui: “Abstuli, quod sanctificátum est de domo mea, et dedi illud levítæ et ádvenæ et pupíllo ac víduæ, sicut jussísti mihi: non præterívi mandáta tua, nec sum oblítus impérii tui. Obœdívi voci Dómini, Dei mei, et feci ómnia, sicut præcepísti mihi. Réspice de sanctuário tuo et de excélso cœlórum habitáculo, et benedic pópulo tuo Israël, et terræ, quam dedísti nobis, sicut jurásti pátribus nostris, terræ lacte et melle manánti.” Hódie Dóminus, Deus tuus, præcépit tibi, ut fácias mandáta hæc atque judícia: et custódias et ímpleas ex toto corde tuo et ex tota ánima tua. Dóminum elegísti hódie, ut sit tibi Deus, et ámbules in viis ejus, et custódias cæremónias illíus et mandáta atque judícia, et obédias ejus império. Et Dóminus elegit te hódie, ut sis ei pópulus peculiáris, sicut locútus est tibi, et custódias ómnia præcépta illíus: et fáciat te excelsiórem cunctis géntibus, quas creávit in laudem et nomen et glóriam suam: ut sis populus sanctus Dómini, Dei tui, sicut locútus est.»
LECTURA DEL LIBRO DEL DEUTERONOMIO.
En aquellos días, habló Moisés al pueblo diciendo: Cuando el tercer año, el año del diezmo, hayas acabado de apartar el diezmo de toda tu cosecha y se lo hayas dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, para que coman de ello en tus ciudades y se sacien, dirás en presencia del Señor tu Dios: «He reti-rado de mi casa lo que era sagrado; se lo he dado al levita, al forastero, al huérfano y a la viuda, según todos los mandamientos que me has dado: no he traspasado ninguno de tus mandamientos ni los he olvidado. Nada de ello he comido estando en duelo, nada he retirado hallándome impuro, nada he ofrecido a un muerto. He escuchado la voz del Señor mi Dios y he obrado conforme a todo lo que me has mandado. Desde la morada de tu santidad, desde lo alto de los cielos, contempla y bendice a tu pueblo Israel, así como a la tierra que nos has dado como habías jurado a nues-tros padres, tierra que mana leche y miel.». En este día el Señor tu Dios te manda practicar estos preceptos y estas normas; las guardarás y las practicarás con todo tu corazón y con toda tu alma. Hoy le has hecho decir al Señor que él será tu Dios y tú seguirás sus caminos, observarás sus preceptos, sus mandamientos y sus normas, y escucharás su voz. Y el Señor te ha hecho decir hoy que tú serás su pueblo propio, como él te ha dicho, y que tú deberás guardar todos sus mandamientos; y que él te elevará en honor, renombre y gloria, por encima de todas las naciones que hizo, y que serás un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como él te ha dicho..

GRADUAL    Salmo 78, 9 y 10
PROPÍTIUS esto, Dómine, peccátis nostris: ne quando dicant gentes: «Ubi est Deus eórum?». V/. Adjuva nos, Deus, salutáris noster: et propter honórem nóminis tui, Dómine, líbera nos.
PERDÓNANOS, Señor, nuestros pecados por amor de tu nombre; no sea que se diga entre los gentiles: ¿Dónde está el Dios de estos? V/. Ayúdanos, oh Dios Salvador nuestro, y por la gloria de tu nombre, líbranos Señor.

ORACION   
PROTECTOR NOSTER aspice Deus, ut qui malorum nostrorum pondere premimur, percepta misericordia, libera tibi mente famulemur: Per Dominum
MÍRANOS, OH DIOS, protector nuestro; para que los que estamos oprimidos bajo el peso de nuestros males, podamos por tu misericordia servirte con entera libertad de espíritu. Por nuestro Señor.
Si corresponde, se hace la conmemoración del Santo del día.

EPISTOLA  1 Tes 5,14-23.
LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PAULI APÓSTOLI AD THESSALONICÉNSES:
Fratres: Rogámus vos, corrípite inquiétos, consolámini pusillánimes, suscípite infirmos, patiéntes estóte ad omnes. Vidéte, ne quis malum pro malo alicui reddat: sed semper quod bonum est sectámini in ínvicem, et in omnes. Semper gaudéte. Sine intermissióne oráte. In ómnibus grátias ágite: hæc est enim volúntas Dei in Christo Jesu in ómnibus vobis. Spíritum nolíte exstínguere. Prophetías nolíte spérnere. Omnia autem probáte: quod bonum est tenéte. Ab omni spécie mala abstinéte vos. Ipse autem Deus pacis sanctíficet vos per ómnia: ut ínteger spíritus vester, et ánima, et corpus sine queréla, in advéntu Dómini nostri Jesu Christi servétur.
LECTURA DE LA 1ª CARTA DE SAN PABLO A LOS TESALONICENCES
Os rogamos también, hermanos, que corrijáis a los inquietos, que consoléis a los pusilánimes, que soportéis a los flacos, que seáis pacientes con todos.  Procurad que ninguno vuelva a otro mal por mal; sino tratad de hacer siempre bien unos a otros, y a todo el mundo.  Vivid siempre alegres.  Orad sin intermisión.  Dad gracias por todo al Señor; porque esto es lo que quiere Dios que hagáis todos en nombre de Jesucristo.  No apaguéis el Espíritu de Dios.  No despreciéis las profecías, apreciadlas.  Examinad, sí, todas las cosas, y ateneos a lo bueno y conforme a la buena nueva.  Apartaos aun de toda apariencia de mal.  Y el Dios de la paz os haga santos en todo, a fin de que vuestro espíritu entero, con alma y cuerpo se conserven sin culpa para cuando venga nuestro Señor Jesucristo.

TRACTO    Salmo 116, 1-2
Laudáte Dóminum, omnes gentes: et collaudáte eum, omnes pópuli. v. Quóniam confirmáta est super nos misericórdia ejus: et véritas Dómini manet in ætérnum.
Alabad al Señor todas las naciones; alabadle, pueblos todos. v/. Porque se afianzo su misericordia a favor nuestro, y la fidelidad del Señor subsiste eternamente

EVANGELIO Mt 17, 1-9
SEQUÉNTIA SANCTI EVANGÉLII SECUNDUM MATTHǼUM.
In illo témpore: Assúmpsit Jesus Petrum, et Jacóbum, et Joánnem fratrem ejus, et duxit illos in montem excélsum seórsum: et transfigurátus est ante eos. Et resplénduit fácies ejus sicut sol: vestiménta autem ejus facta sunt alba sicut nix. Et ecce, apparuérunt illis Moyses et Elías cum eo loquéntes. Respóndens autem Petrus, dixit ad Jesum: «Dómine, bonum est nos hic esse: si vis, faciámus hic tria tabernácula, tibi unum, Móysi unum, et Elíæ unum.» Adhuc eo loquénte, ecce, nubes lúcida obumbrávit eos. Et ecce vox de nube, dicens: «Hic est Fílius meus diléctus, in quo mihi bene complácui: ipsum audíte.» Et audiéntes discípuli, cecidérunt in fáciem suam, et timuérunt valde. Et accéssit Jesus, et tétigit eos, dixítque eis: «Súrgite, et nolíte timére. Levántes autem óculos suos, néminem vidérunt nisi solum Jesum. Et descendéntibus illis de monte, præcépit eis Jesus, dicens: «Némini dixéritis visiónem, donec Fílius hóminis a mórtuis resúrgat.»
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO.
Seis días después tomó Jesús consigo a Pedro, y a Santiago, y a Juan su hermano; y subiendo con ellos solos a un alto monte,  se transfiguró en su presencia; de modo que su rostro se puso resplandeciente como el sol, y sus vestidos blancos como la nieve.   Y al mismo tiempo les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Entonces Pedro, tomando la palabra, dijo a Jesús: Señor, bueno es estarnos aquí; si te parece, formemos aquí tres pabellones, uno para ti, otro para Moisés y otro para Elías. Todavía estaba Pedro hablando, cuando una nube resplandeciente vino a cubrirlos; y al mismo instante resonó desde la nube una voz que decía: Este es mi querido Hijo, en quien tengo todas mis complacencias. A él habéis de escuchar. A esta voz los discípulos cayeron sobre su rostro en tierra, y quedaron poseídos de un gran espanto.  Mas Jesús se acercó a ellos, los tocó, y les dijo: Levantaos, y no tengáis miedo. Y alzando los ojos, no vieron a nadie más, sino a Jesús. Y al bajar del monte, les puso Jesús precepto, diciendo: No digáis a nadie lo que habéis visto, hasta tanto que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos.

OFERTORIO      Salmo  87, 2-3
DÓMINE, DEUS salútis meæ, in die clamávi et nocte coram te: intret orátio mea in conspéctu tuo, Dómine.
SEÑOR, DIOS de mi salvación, día y noche te imploro; llegue, Señor, a tu presencia  mi oración.

SECRETA
PRÆSÉNTIBUS sacrifíciis, quǽsumus, Dómine, jejúnia nostra sanctífica: ut, quod observántia nostra profitétur extrínsecus, intérius operétur. Per Dóminum.
TE SUPLICAMOS, Señor, que santifiques nuestros ayunos con al presente sacrificio; a fin de que los signos eternos de nuestra penitencia coincidan con los sentimientos profundos de nuestra alma. Por nuestro Señor.

PREFACIO DE CUARESMA

COMUNION    Salmo 7, 2
DÓMINE, DEUS meus, in te sperávi: líbera me ab ómnibus persequéntibus me, et éripe me.
SEÑOR, DIOS MÍO, confío en ti, sálvame de todos mis perseguidores y líbrame.

POSCOMUNION
SANCTIFICATIÓNIBUS tuis, omnípotens Deus, et vítia nostra curéntur, et remédia nobis ætérna provéniant. Per Dóminum.
HAZ, OH DIOS todopoderoso, que tus santos misterios curen todos nuestros vicios y nos alcancen el remedio eterno. Por nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
ORÉMUS. Humiliáte cápita vestra Deo.
Fidéles tuos, Deus, benedíctio desideráta confírmet: quæ eos et a tua voluntáte numquam fáciat discrepáre, et tuis semper indúlgeat benefíciis gratulári. Per Dóminum.
OREMOS. Humillad ante Dios vuestras cabezas
Oh Dios, confirme a tus fieles la bendición deseada: y haga ella que nunca se separen de tu voluntad y que se recreen siempre con tus beneficios. Por nuestro Señor.


Transcripto por Dña. Ana María Gálvez
Tomado de El Rincón Litúrgico

viernes, 27 de febrero de 2015

VIERNES DE LAS TEMPORAS DE CUARESMA.


VIERNES DE LAS TEMPORAS DE CUARESMA
Estación en los Doce Apóstoles
Feria, II clase

INTROITO    Salmo  24, 17 y 18. 1-2
DE NECESSITÁTIBUS meis éripe me, Dómine: vide humilitátem meam et labórem meum, et dimítte ómnia peccáta mea. V/. Ad te, Dómine, levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam. V/. Glória Patri.
LÍBRAME de mis congojas, Señor: mira mi humillación y mi trabajo, y perdona todos mis pecados. V/. A ti, oh Señor he levantado mi espíritu: en ti, oh Dios mío, tengo puesta mi confianza: no quedare avergonzado.V/.Gloria al Padre.

COLECTA
ESTO, DÓMINE, propítius plebi tuæ: et, quam tibi facis esse devótam, benígno réfove miserátus auxílio. Per Dóminum.
MIRA, SEÑOR, con misericordia a tu pueblo; y pues le consagras a tu servicio, favorécele benignamente con el auxilio de tu gracia. Por nuestra Señor.
Si corresponde, se hace la conmemoración del Santo del día.

EPÍSTOLA  18, 20-28
LÉCTIO EZECHIÉLIS PROPHÉTÆ.
Hæc dicit Dóminus Deus: «Anima, quae peccáverit, ipsa moriétur: fílius non portábit iniquitátem patris, et pater non portábit iniquitátem fílii: justítia justi super eum erit, et impíetas ímpii erit super eum. Si autem ímpius égerit pæniténtiam ab ómnibus peccátis suis, quæ operátus est, et custodíerit ómnia præcépta mea, et fécerit judícium et justítiam: vita vivet, et non moriétur.Omnium iniquitátum ejus, quas operátus est, non recordábor: in justítia sua, quam operátus est,vivet. Numquid voluntátis meæ est mors ímpii, dicit Dóminus Deus, et non ut convertátur a viis suis, et vivat? Si autem avértent se justus a justítia sua, et fécerit iniquitátem secúndum omnes abominatiónes, quas operári solet ímpius, numquid vivet? omnes justítiæ ejus, quas fécerat, non recordabúntur: in prævarica-tióne, qua prævaricátus est, et in peccáto suo, quod peccávit, in ipsis moriétur. Et dixístis: Non est æqua via Dómini. Audíte ergo, domus Israël: Numquid via mea non est æqua, et non magis viæ vestræ pravæ sunt? Cum enim avértent se justus a justítia sua, et fecerit iniquitátem, mori-étur in eis: in injustítia, quam operátus est, moriétur. Et cum avértent se ímpius ab impietáte sua, quam operátus est, et fécerit judícium et justítiam: ipse ánimam suam vivificábit. Consíderans enim, et avértens se ab ómnibus iniquitátibus suis, quas operátus est, vita vivet, et non moriétur, ait Dóminus omnípotens.»
LECTURA DEL PROFETA EZEQUIEL.
Así dice el Señor Dios: «El alma que pecare, esa morirá: el hijo no llevará por el pecado del padre, ni el padre llevará por el pecado del hijo: la justicia del justo será sobre él, y la impiedad el impío será sobre él. Mas el impío, si se apartare de todos sus pecados que hizo, y guardare todas mis ordenanzas, é hiciere juicio y justicia, de cierto vivirá; no morirá. Todas sus rebeliones que cometió, no le serán recordadas: en su justicia que hizo vivirá. ¿Quiero yo la muerte del impío? dice el Señor el Altísimo. ¿No vivirá, si se apartare de sus caminos? Mas si el justo se apartare de su justicia, y cometiere maldad, é hiciere conforme á todas las abominaciones que el impío hizo; ¿vivirá él? Todas las justicias que hizo no vendrán en memoria; por su rebelión con que prevaricó, y por su pecado que cometió, por ello morirá. Y si dijereis: No es derecho el camino del Señor: oid ahora, casa de Israel: ¿No es derecho mi camino? ¿no son vuestros caminos torcidos? Apartándose el justo de su justicia, y haciendo iniquidad, él morirá por ello: por su iniquidad que hizo, morirá. Y apartándose el impío de su impiedad que hizo, y haciendo juicio y justicia, hará vivir su alma. Porque miró, y se apartó de todas sus prevaricaciones que hizo, de cierto vivirá, no morirá: -dice el Señor Omnipotente.

GRADUAL    Salmo 85, 2 y 6
SALVUM FAC servum tuum. Deus meus, sperántem in te. V/.  Auribus pércipe, Dómine, oratiónem meam.
SALVA, OH DIOS mío, a este siervo tuyo que tiene puesta en ti su esperanza.
V/.  Oye propicio, oh Señor, mi oración

TRACTO    Salmo 102,10. 78, 8-9
DÓMINE, non secúndum peccáta nostra, quæ fécimus nos: neque secúndum iniquitátes nostras retríbuas nobis. V/. Dómine, ne memíneris iniquitátum nostrárum antiquárum: cito antícipent nos misericórdiæ tuæ, quia páuperes facti sumus nimis. (Hic genuflectitur) V/. Adjuva nos, Deus, salutáris noster: et propter glóriam nóminis tui, Dómine, líbera nos: et propítius esto peccátis nostris, propter nomen tuum.
SEÑOR, no nos trates según merecen nuestros pecados, ni según nuestras culpas nos castigues.  V/.Señor, no te acuerdes de nuestras antiguas maldades: anticípense a favor nuestro cuanto antes tus misericordias; pues nos hallamos reducidos a extrema miseria. (Aquí se dobla la rodilla) V/. Ayudamos, oh Dios salvador nuestro: y por la gloria de tu nombre, líbranos, Señor, y perdona nuestros pecados, por amor a tu nombre




EVANGELIO Jn 5, 1-15
SEQUÉNTIA SANCTI EVANGÉLII SECUNDUM JOÁNNEM.
In illo témpore: Erat dies festus Judæórum, et ascéndit Jesus Jerosólymam. Est autem Jerosólymis Probática piscína, quæ cognominátur hebráice Bethsáida, quinque pórticus habens. In his jacébat multitúdo magna languéntium, cæcórum, claudórum, aridórum exspectántium aquæ motum. Angelus autem Dómini descendébat secúndum tempus in piscínam, et movebátur aqua. Et, qui prior descendísset in piscínam post motiónem aquæ, sanus fiébat, a quacúmque detinebátur infirmitáte. Erat autem quidam homo ibi, trigínta et octo annos habens in infirmitáte sua. Hunc cum vidísset Jesus jacéntem, et cognovisset, quia jam multum tempus habéret, dicit ei: «Vis sanus fíeri?» Respóndit ei lánguidus: «Dómine, hóminem non hábeo, ut, cum turbáta fúerit aqua, mittat me in piscínam: dum vénio enim ego, álius ante me descéndit.» Dicit ei Jesus: «Surge, tolle grabátum tuum, et ámbula.» Et statim sanus factus est homo ille: et sústulit grabátum suum, et ambulábat. Erat autem sábbatum in die illo. Dicébant ergo Judǽi illi, qui sanátus fúerat: «Sábbatum est, non licet tibi tóllere grabátum tuum.» Respóndit eis: «Qui me sanum fecit, ille mihi dixit: “Tolle grabátum tuum,et ámbula.”» Interrogavérunt ergo eum: «Quis est ille homo, qui dixit tibi: Tolle grabátum tuum et ámbula?» Is autem, qui sanus fúerat efféctus, nesciébat, quis esset. Jesus enim declinávit a turba constitúta in loco. Póstea invénit eum Jesus in templo, et dixit illi: «Ecce, sanus factus es: jam noli peccáre, ne detérius tibi áliquid contíngat.» Abiit ille homo, et nuntiávit Judǽis, quia Jesus esset, qui fecit eum sanum.
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN.
En aquel tiempo, se celebraba una fiesta de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén una piscina Probática que se llama en hebreo Betzatá, que tiene cinco pórticos. En ellos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos, paralíticos, esperando la agitación del agua. Porque el ángel del Señor se lavaba de tiempo en tiempo en la piscina y agitaba el agua; y el primero que se metía después de la agitación del agua, recobraba la salud de cualquier mal que tuviera. Había allí un hombre que llevaba treinta y ocho años enfer-mo. Jesús, viéndole tendido y sabiendo que llevaba ya mucho tiempo, le dice: «¿Quieres recobrar la salud?» Le respondió el enfermo: «Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua; y mientras yo voy, otro baja antes que yo.» Jesús le dice: «Levántate, toma tu camilla y anda.» Y al instante el hombre recobró la salud, tomó su camilla y se puso a andar. Pero era sábado aquel día. Por eso los judíos decían al que había sido curado: «Es sábado y no te está permi-tido llevar la camilla.» Él les respondió: «El que me ha devuelto la salud me ha dicho: Toma tu camilla y anda.» Ellos le preguntaron: «¿Quién es el hombre que te ha dicho: Tómala y anda?» Pero el curado no sabía quién era, pues Jesús había desaparecido porque había mucha gente en aquel lugar. Más tarde Jesús lo encuentra en el Templo y le dice: «Mira, has recobrado la salud; no peques más, para que no te suceda algo peor.» El hombre se fue a decir a los judíos que era Jesús el que le había devuelto la salud.

OFERTORIO      Salmo 102, 2 y 5
BÉNEDIC, anima mea, Dómino, et noli oblivísci omnes retributiónes ejus: et renovábitur, sicut áquilæ, juvéntus tua.
BENDICE, alma mía, al Señor, y no te olvides de sus bondades; y tu juventud se renovara como la del águila.

SECRETA
SÚSCIPE, quǽsumus, Dómine, múnera nostris obláta servítiis: et tua propítius dona sanctífica. Per Dóminum.
TE SUPLICAMOS, Señor, que recibas los sacrificios que te ofrecemos en el altar; y dígnate propicio santificar estos tus dones. Por nuestro señor.

PREFACIO DE CUARESMA
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias ágere: Dómine, sancte Pater, omnípotens ætérne Deus: Qui corpo-ráli jejúnio vítia cómprimis, mentem élevas, virtútem largíris, et præmia: per Christum Dóminum nostrum. Per quem majestátem tuam laudant An-geli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Cæli cælorúmque Virtútes, ac beáta Séraphim, sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces, ut admítti júbeas deprecámur, súpplici confessióne dicéntes:
EN VERDAD es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que, por el ayuno corporal, domas nuestras pasiones, elevas la mente, nos das la virtud y el premio, por Jesucristo nuestro Señor, por quien alaban los Ángeles a tu majestad, la adoran las Dominaciones, la temen las Potestades y la celebran con igual júbilo los Cielos, las Virtudes de los cielos y los bienaven-turados Serafines. Te rogamos que con sus voces admitas también las de los que te decimos, con humilde confesión.

COMUNION    Salmo 6,11
ERUBÉSCANT et conturbéntur omnes inimíci mei: avertántur retrórsum, et erubéscant valde velóciter.
AVERGÜÉNCENSE y queden llenos de turbación mis enemigos; retírense y váyan-se al momento cubiertos de ignominia.

POSCOMUNION
PER HUJUS, Dómine, operatiónem mystérii, et vítia nostra purgéntur, et justa desidéria compleántur. Per Dóminum.
SEÑOR, que por virtud de este santo misterio, queden purgados nuestros vicios y satisfechos nuestros justos deseos. Por nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE EL PUEBLO
ORÉMUS. Humiliáte cápita vestra Deo.
Exáudi nos, miséricors Deus: et méntibus nostris grátiæ tuæ lumen osténde. Per Dóminum.
OREMOS. Humillad ante Dios vuestras cabezas
Óyenos, oh Dios Misericordioso y muestra a nuestras almas la luz de tu gracia. Por nuestro Señor.

Transcripto por Dña. Ana María Gálvez
Tomado de El Rincón Litúrgico