lunes, 10 de noviembre de 2014

Martirologio Romano 1956.

10 de Noviembre / Die 10 Novembris. Quarto Idus Novembris. 


En Nápoles de Campania, el tránsito de san Andrés Avelino, Clérigo Regular y Confesor, muy célebre en santidad y en celo de la salvación de las almas; al cual, ilustre en milagros, el Papa Clemente XI puso en el catalogo de los Santos.
Neapoli, in Campania, natalis sancti Andreae Avellini, Clerici Regularis et Confessoris, sanctitate et salutis proximorum procurandae studio praecelebris, quem, miraculis clarum, Clemens Undecimus, Pontifex Maximus, Sanctorum catalogo adscripsit.

El mismo día, el triunfo de los santos Mártires Trifón, Respicio y Ninfa, Virgen.
Eodem die natalis quoque sanctorum Martyrum Tryphonis, et Respicii, ac Nymphae Virginis. 

En Roma, el tránsito de san León I, Papa, Confesor y Doctor de la Iglesia, que por el relevante mérito de sus virtudes es llamado el Grande. En su tiempo se celebró el santo Concilio de Calcedonia, donde él mismo por sus legados condenó a Eutiques, y después con su autoridad confirmó los decretos de aquel Concilio. Por fin, habiendo ordenado muchas cosas y dejado excelentes escritos, cual buen Pastor, muy benemérito de la santa Iglesia de Dios y de todo el rebaño del Señor, descansó en paz. Su fiesta se celebra el 11 de Abril.
Romae item natalis sancti Leonis Papae Primi, Confessoris et Ecclesiae Doctoris; qui, virtutum excellens meritis, dictus est Magnus. Ejus temporibus celebrata fuit sancta Synodus Chalcedonensis, in qua ipse per legatos damnavit Eutychen; cujus  etiam Synodi decreta postmodum auctoritate sua confirmavit. Tandem, cum sanxlsset multa luculenterque scripsisset, Pastor bonus, de sancta Dei Ecclesia et universo grege Dominico optime meritus, quievit in pace. Ipsiustamen festivitas tertio Idus Aprilis celebratur.

En Iconio de Licaonia, las santas mujeres Trifena y Trifosa, las cuales, con la predicación de san Pablo y el ejemplo de santa Tecla, adelantaron muchísimo en la perfección Cristiana.
Iconii, in Lycaonia, sanctarum mulierum Tryphennae et Tryphosae, quae, beati Pauli praedicatione et exemplo Theclae, in Christiana disciplina plurimum profecerunt.

En Antioquía, los santos Demetrio, Obispo, Aniano, Diácono, Eustosio y otros veinte Mártires.
Antiochiae sanctorum Demetrii Episcopi, Aniani Diaconi, Eustosii et aliorum viginti Martyrum. 

En la diócesis de Agde, en Francia, los santos Mártires Tiberio, Modesto y Florencia, que en tiempo de Diocleciano, al cabo de varios tormentos, consumaron el martirio.
In territorio Agathensi,in Gallia, sanctorum Martyrum Tiberii, Modesti et Florentiae; qui, tempore Diocletiani, variis tormentis cruciati, martyrium compleverunt.


En Ravena, san Probo, Obispo, ilustre en milagros.
Ravennae sancti Probi Episcopi, miraculis clari.

En Orleáns de Francia, san Monitor, Obispo y Confesor.
Aurelianis, in Gallia, sancti Monitoris, Episcopi et Confessoris. 

En Inglaterra, san Justo, Obispo, que, enviado por san Gregorio Papa a aquella isla en compañía de Agustín, Melito y otros a predicar el Evangelio, allí, célebre en santidad, descansó en el Señor.
In Anglia sancti Justi Episcopi, qui, una cum Augustino, Mellito et aliis a beato Gregorio Papa in eam insulam missus ad praedicandum Evangelium, ibidem, sanctitate celebris, obdormivit in Domino.

En Melún de Francia, san León, Confesor.
In oppido Milleduno, in Gallia, sancti Leonis Confessoris. 

En la isla de Paros, santa Teoctiste, Virgen.
In Paro insula sanctae Theoctistis Virginis. 


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Dedicación de la Basílica del Santísimo Salvador. (San Juan de Letrán).


DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DEL SANTÍSIMO SALVADOR
Jesús dijo a los que vendían palomas [en el templo]:
Quitad eso de aquí, y no queráis hacer
de la casa de mi Padre una casa de tráfico..
(Mateo 6,4)
Constantino el Grande, después de su victoria sobre Majencio, se declaró protector de los cristianos e hizo edificar un gran número de iglesias. La más célebre es la Basílica del Santísimo Salvador, edificada sobre el emplazamiento del antiguo palacio de Letrán. Hizo levantar, en ella, para que sirviese de baptisterio, una capilla dedicada a San Juan Bautista. La gran devoción que se tenía a esta capilla hizo perder a la iglesia, insensiblemente, su primer nombre, y no se la conoció después sino con el nombre de San Juan de Letrán. Allí fue donde residieron los Papas hasta Gregorio IX, muerto en 1241, y esta iglesia ha conservado siempre la preeminencia sobre todos los santuarios de la cristiandad. La fiesta de hoy ha sido establecida en memoria de su consagración.
MEDITACIÓN
SOBRE LA MANERA DE HONRAR
A DIOS EN LAS IGLESIAS
I. Visita las iglesias lo más frecuentemente que puedas; la iglesia es la casa de Dios; allí es donde sobre todo quiere ser honrado; allí donde gusta derramar sus gracias sobre los que lo invocan. Concurre a ellas a pedir los consejos y los consuelos de que tengas necesidad; que los templos sean tu asilo en tus tentaciones. Si entras en ellos con fe y humildad, no saldrás sino fortificado y consolado. Pero, ¡oh desgracia! Se corre a las diversiones y las iglesias están desiertas. Preferimos los lugares de diversión a los templos donde Dios reside: descuidamos los altares y honramos los teatros (Salviano).
II. No hagas de la casa de Dios una casa de tráfico. Los hombres trafican en las iglesias cuando, en lugar de orar a Dios, piensan en los negocios del mundo. El demonio trafica en ellas, y ventajosamente para él, cuando persuade a los cristianos a que profanen el lugar santo con sus malos pensamientos y sus continuas distracciones. Estás en la iglesia para rezar a Dios: hazlo con humildad y devoción.
III. Todo género de comercio no está prohibido en los templos. Trafica allí con Dios; dale los bienes de la tierra y Él te dará los del cielo; dale tu corazón, pidiéndole que lo llene de su santo amor. Lanza tus suspiros al cielo, y el Espíritu Santo te enviará santas inspiraciones; derrama lágrimas y Dios derramará sus gracias sobre ti; pídele perdón por tus faltas y te las perdonará. Cuando te veo suspirar ante Dios, no dudo que el Espíritu Santo te envía sus inspiraciones; cuando te veo llorar, sé que Dios te perdona (San Cipriano).
La modestia en la iglesia.
Orad por los sacerdotes.
ORACIÓN
Oh Dios, que todos los años renováis para nosotros el día en que este santo templo fue consagrado y nos dais salud para asistir a vuestros santos misterios, escuchad las plegarias de vuestro pueblo, y a todos los que vienen a este templo a implorar vuestros favores, concededles el gozo de ver cumplidos sus votos. Por J. C. N. S.

viernes, 7 de noviembre de 2014

jueves, 6 de noviembre de 2014

Monseñor Eladio Lazcano Sáa, 44 años de párroco

Entre los curas párrocos de Casablanca destaca Monseñor Eladio Lazcano Sáa, quien se mantuvo en dicho cargo por más de cuatro décadas. Su recordada memoria entre los fieles de Casablanca nos exige que le dediquemos un apartado especial.
Nació en la ciudad de Santiago el 6 de enero de 1886, siendo sus padres don Alejandro Lazcano Aspée y doña María Emperatriz Sáa Lazcano. Cursó sus primeros estudios en el Colegio de Santo Tomás, pero sintiendo ya muy niño una vocación religiosa ingresó en segundo año de humanidades al Seminario de Santiago en el año 1901. Ingresó siendo rector monseñor Gilberto Fuenzalida e inspector monseñor Pío Alberto Fariña, quien fuera obispo auxiliar de Santiago.
Cuando don Eladio Lazcano cursaba el segundo año de Teología fue enviado al seminario San Pelayo de Talca, como inspector y profesor. Alumno aventajado, monseñor Lazcano estudiaba en Talca y volvía a Santiago para rendir sus exámenes.
Fue ordenado sacerdote en tiempos de monseñor Juan Ignacio González Eyzaguirre, el 24 de septiembre de 1910, cantando su primera misa el día siguiente. Vivían en esos tiempos uno de sus cinco hermanos y sus padres. Ya sacerdote volvió al seminario de Talca siendo vicerrector hasta el año 1917.
Al año siguiente, en el mes de marzo, dejó los libros al serle ofrecido ministerio parroquial y viajó a Casablanca, perteneciente entonces a la Arquidiócesis de Santiago. Monseñor Lazcano al llegar no conocía a Valparaíso, pero se encariñó con esta tierra y así al separarse Valparaíso para formar una nueva diócesis se quedó en su parroquia.
Don Eladio Lazcano ha sido uno de los sacerdotes que más tiempo ha permanecido en una parroquia que era la más extensa de la diócesis. De él dependían San José de la Costa, Quintay, La Vinilla, Los Orozcos, Los Ovalles y Marga Marga.
Más de diez de los más de cuarenta años de párroco los pasó absolutamente solo. Con ocasión de sus bodas de oro sacerdotales, en un periódico se le describía como: “Reacio, por una gran modestia, a contar las fatigas de su ministerio sacerdotal, Monseñor Lazcano confiesa, sin embargo, que las más duras fatigas de su vida parroquial son las largas caminatas para atender a los enfermos en los lugares más apartados de su parroquia”. Agregaba que “es quizás lo más duro, pero lo más consolador en la vida de un sacerdote. Muchas veces volvía mojado, solo en medio de la noche y bajo una lluvia inclemente agradeciendo a Dios que me había brindado la oportunidad de llegar y dar auxilio religioso oportuno a algún moribundo”.
Una de sus grandes obras fue el Santuario de Lo Vásquez dedicado a la Virgen María, y ubicado a 8 kilómetros de la ciudad de Casablanca. En 1918 cuando Monseñor Lazcano llegó era una capillita que andando el tiempo se transformó en el precioso templo en que ahora se venera a la Madre de Dios. La preocupación que demostró este párroco por la Virgen fue innegable; por eso es que sus restos mortales descansan al interior del santuario.
También Monseñor Lazcano fue un hombre dedicado a la labor educativa. En el desaparecido diario “La Unión de Valparaíso” de fecha 24 de septiembre de 1960, en el reportaje que se le hizo, se afirmaba que “en su parroquia tiene cuatro escuelas primarias de primer orden, dos de las cuales están ubicadas en Casablanca”. También se recalcaban las obras religiosas llevadas a cabo por su celo pastoral y que apuntaban “a la piedad y al ejercicio de la beneficencia y de la caridad cristianas”.
Monseñor Lazcano recibió el título honorífico de Monseñor y Camarero Secreto de Su Santidad, de parte de S.S. Pío XII, en reconocimiento a su apostólica y dilatada labor sacerdotal. El título le fue entregado por Monseñor Rafael Lira Infante.
Querido, respetado y admirado por generaciones –“a los que he bautizado, los casé, les bauticé los hijos, se los casé y también les he bautizado los nietos”, decía Monseñor Lazcano en el diario citado, fue objeto de diversas celebraciones y atenciones en la ciudad de Casablanca cuando cumplió sus bodas de oro sacerdotales.
Falleció el 24 de agosto de 1962.


Monseñor Eladio Lazcano Saa (al medio, de pie), de rodillas (a la izquierda) otro gran sacerdote el Padre Moath.

martes, 4 de noviembre de 2014

SAN CARLOS BORROMEO.

Obispo y Confesor
n. 2 de octubre de 1538 en Arona (Milán), Italia;
† 3 de noviembre de 1584 en Milán, Italia
Patrono de obispos; catequistas; catecúmenos; seminaristas; directores espirituales. Protector contra las úlceras; cólicos; desórdenes intestinales; enfermedades del estómago.
SAN CARLOS BORROMEO, Obispo y Confesor
Conozco tus obras, y tu fe, y caridad,
y tus servicios y paciencia.
(Apocalipsis 2, 19)
San Carlos Borromeo, hijo de un senador de Milán y sobrino de Pío IV, cardenal y arzobispo de Milán a los 22 años de edad, consagrose a Dios desde su juventud. Distribuyó a los pobres el precio de un principado que había vendido y se expuso a la peste sirviendo a los atacados por ella; alimentó a tres mil pobres durante una época de hambre, vendiendo para ello su platería y sus muebles más preciosos. Todos los años se retiraba durante ocho días a un lugar solitario para hacer sus ejercicios espirituales. Murió vestido de cilicio en 1584, a la edad de 46 años.
MEDITACIÓN
SOBRE LA VIDA DE
SAN CARLOS BORROMEO
I. La caridad de San Carlos Borromeo se extendía a todas las necesidades temporales y espirituales de su diócesis. Fundó hospitales, colegios y seminarios; catequizaba y confesaba a los pobres. Y vosotros, hombres sin corazón, ¡no pensáis sino en vuestra propia ventaja! Hasta olvidáis a vuestras almas, para ocuparos únicamente de vuestros intereses temporales. ¿Por qué eres tan mezquino con los pobres? Sabe que las riquezas, que idolatras, no te harán dichoso sino cuando las desprecies y las des a los pobres por amor de Jesucristo.Las riquezas dejan pobres a los que las aman, hacen ricos y dichosos a los que las desprecian por Jesucristo (Guerrico).
II. El amor a la oración de tal modo unía a este prelado con Dios, que a veces se lo vio permanecer ocho horas seguidas en ella. Un día, un hombre perverso le lanzó un tiro de arcabuz mientras oraba; interrumpió su oración sólo para prohibir a sus servidores que persiguieran al criminal. ¡Cuán diferente a la vuestra es nuestra oración, oh gran santo! La menor cosa nos distrae. Obtenednos el espíritu de oración. Saber orar bien es saber vivir bien (San Agustín).
III. Tanto aborrecimiento tenía para consigo, como caridad para con el prójimo. Sus ayunos, sus disciplinas, sus peregrinaciones a pie, el cilicio que llevaba, hasta en su lecho de muerte, son otras tantas pruebas de su austeridad. ¿Cómo tratas a tu cuerpo? ¿Acaso tú no desprecias las mortificaciones que se imponía este prelado recargado de trabajos? ¡Ah! ¡teme no sea que ellas te acusen en el día del juicio final!
La caridad.
Orad por el Colegio de Cardenales.
ORACIÓN
Señor, guardad vuestra Iglesia con la protección continua de San Carlos, vuestro confesor y pontífice, y que la intercesión de este santo, a quien su solicitud pastoral condujo a la gloria eterna, para siempre nos haga fervorosos en vuestro amor. Por J. C. N. S.
Fuentes:
- Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo IV; Patron Saints Index.

lunes, 3 de noviembre de 2014

Aviso Santa Misa Conmemoración de los Fieles Difuntos.

*
Invitación: Este lunes 3 de noviembre, Dios mediante, se celebrará la Santa Misa Tridentina de Requiem en Conmemoración por todos los Fieles Difuntos, a las 20 hrs, en la Parroquia Casablanca Santa Barbara. Réquiem ætérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua lúceat eis.

domingo, 2 de noviembre de 2014

21° domingo después de Pentecostés.

*
Orémus.
Famíliam tuam, quaesumus, Dómine, contínua pietáte custódi: ut a cunctis adversitátibus, te protegénte, sit líbera, et in bonis áctibus tuo nómini sit devóta.
Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum. 
R. Amen.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Festividad de Todos los Santos.

Fiesta de 1ª clase, ornamentos blancos.
*
Rodeado de los cuatro seres simbólicos de la visión de Ezequiel, entre el resplandor de los siete candelabros de oro, en presencia de los ángeles de las siete Iglesias, en medio de los veinticuatro ancianos que ciñen su corona, se sienta en trono el Cordero, el Rey del cielo, el primero y el último, el alfa y el omega, que nos ha redimido en su sangre.*
La Iglesia, que en el transcurso del año va celebrando una por una las fiestas de sus santos, los reúne hoy a todos en una fiesta común. Además de los que puede llamar con su nombre, evoca en una grandiosa visión a toda una muchedumbre incontable de Santos "de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, de pie ante el trono y ante el cordero, revestidos de blancas vestiduras y con palmas en la mano", que aclaman al que con su sangre los ha rescatado.
La fiesta de Todos los Santos ha de colmarnos de una gran esperanza.
Entre los santos del cielo hay algunos a quienes hemos conocido.
Todos han vivido en la tierra una vida semejante a la nuestra. Bautizados, marcados con el sello de la fe, fielesa las enseñanzas de Cristo, nos han precedido en la patria celestial y nos invitan a reunirnos con ellos.
El evangelio de las bienaventuranzas, al mismo tiempo que proclama su felicidad, nos muestra el camino que han seguido; no hay, ciertamente, ningún otro que nos lleve a donde ellos están.
*
ORACIÓN*
Omnipotente y eterno Dios, que nos concedéis
que honremos en una misma solemnidad
los méritos de todos vuestros santos, haced que,
asistidos por tan numerosos intercesores,
obtengamos cada vez más, según nuestros deseos,
la multitud de vuestras gracias. Por J. C. N. S.

viernes, 31 de octubre de 2014

Aviso de Misa Tridentina en Casablanca, Chile.

*
Sábado 1 de noviembre
Festividad de Todos los Santos
Santa Misa Tridentina
08:00 hrs
Parroquia Santa Bárbara de Casablanca

jueves, 30 de octubre de 2014

LA MISA ROMANA: Capitulo 8º: Un elemento restaurado y otro desaparecido: las preces y la despedida de los catecúmenos

LA MISA ROMANA: HISTORIA DEL RITO
Por Dom Gregori Maria
El pasaje de la misa que más cambios ha sufrido a través de los siglos es, sin duda, el comprendido entre el evangelio y el prefacio. Más todavía. Mientras en otros trozos, p. ej. en la comunión, aunque trastocados se han conservado por lo menos los principales elementos primitivos, entre el evangelio y prefacio desaparecieron sin dejar apenas rastro de sí dos ritos de importancia. Nos referimos a la despedida de los catecúmenos y a la oración común de los fieles, restaurada con la reforma litúrgica de 1969.
Hurgar en la historia de estos dos ritos nos permite ver mejor algunos de los problemas, aunque quizá los de menor importancia comparados a otros, que hoy se plantean en el tema de la misa.
La despedida de los catecúmenos
Cuando las lecturas llegaron a formar una unidad más estrecha con el culto eucarístico, hubo que buscar una solución que permitiera a los catecúmenos seguir asistiendo a las lecturas sin que por esto estuvieran presentes en la parte sacrificial. Esto explica la introducción, entre lecturas y oración eucarística, de un acto especial para dar la bendición y la despedida de los catecúmenos. Pero como a las lecturas seguía un acto oracional de la comunidad, se planteó la cuestión de si se podía admitir a él a los catecúmenos o si sería mejor despedirlos antes, pensando que este acto era ya el ejercicio de una función exclusiva de los fieles por poseer estos al Espíritu Santo. Establecieron pues, una diferencia semejante entre la oración de un simple fiel y la del sacerdote.
Al principio se invitaba a los catecúmenos con una sencilla fórmula a que se retirasen, sin añadir más ceremonias. Algo más tarde, en el periodo mejor formado del catecumenado, al aviso se le hacía preceder una oración por los catecúmenos durante la cual debían postrarse en el suelo y el obispo les daba una bendición especial imponiéndoles las manos. En tiempos de San Juan Crisóstomo existía una serie de ceremonias para las diversas clases de catecúmenos, penitentes y energúmenos (con perdón). Entre estos últimos parece que se comprendía principalmente a los epilépticos, cuya enfermedad la atribuían a influencias demoníacas.
No faltaban nunca núcleos de curiosos que asistían casualmente o para ver qué hacían los cristianos. No se les rechazaba, por si, movidos por la gracia se determinaban a solicitar la admisión en el catecumenado. Por no pertenecer a ninguna clase dentro de los catecúmenos, se les despedía sin previa bendición.
En algunas liturgias se fundían los dos actos de oración común de los fieles y de intercesión por los catecúmenos antes de su despedida; es decir, se empezaba con las preces estando presentes los catecúmenos. Al llegar a las peticiones por los catecúmenos, se les daba la bendición y el aviso de que se retirasen. Luego continuaban los fieles en sus oraciones.
Más general, sin embargo, sobre todo en las liturgias africana y romana, se hizo la costumbre contraria, es decir la de despedir a los catecúmenos antes de empezar la oración general de los fieles (que por eso así se llamaba). Contribuiría a ello el “alto aprecio” que los cristianos tenían de su dignidad. La razón decisiva, sin embargo, era de orden práctico. La despedida, con sus varias bendiciones, tenía un carácter tan marcado de ceremonia final de la liturgia de la palabra, que las oraciones que la seguían quedaban enteramente separadas de la misma, constituyéndose en primera parte de la liturgia sacrificial. En consecuencia, se asemejaban cada vez más a la oración suprema eucarística.
Esta fase evolutiva se ha conservado en el rito hispánico o mozárabe. En el romano, explica cómo el papa Inocencio pudo trasladar la lectura de los nombres y otras oraciones intercesoras al canon mismo, y cómo ya antes llegaron a suprimir entre ambas oraciones el ósculo de la paz, que era ceremonia final de la liturgia de la palabra, para trasladarla hacia después del canon. En cambio en el rito hispánico, los dípticos o intercesión por los fieles y el ósculo de la paz se mantuvieron en su lugar original, es decir, entre la liturgia de la palabra y la sacrificial. La consulta que ahora Benedicto XVI ha realizado al episcopado para recolocar el rito de la paz en su lugar original no debe pues extrañarnos y más allá de su motivación práctica (evitar el alboroto y la perdida de la compostura antes de la comunión) enlaza con las más antiguas tradiciones litúrgicas.
La solemne despedida de los catecúmenos se llamaba “missa cathecumenorum” (despedida o dimisión de los catecúmenos). Solamente en el siglo XI, cuando ya no había catecúmenos, empezaron a usar esta expresión como sinónimo, primero de la liturgia de la palabra y después de toda la celebración. El anacronismo se debe seguramente a una falsa interpretación del término, que en su sentido primitivo era “despedida”. Insistiré en ello al tratar del “Ite missa est”.
En el Oriente cristiano este rito se ha mantenido todavía: “Que salgan, que salgan los catecúmenos” cantan los diáconos greco-bizantinos. Son reliquias de otros tiempos, sin actualidad aplicable, por lo menos por ahora. En Roma, como en la liturgia hispano-mozárabe, se suprimió muy pronto, a tono con la escasa importancia que allí se había dado siempre a este rito de despedida. Algo de ello se ha mantenido vivo en la liturgia del miércoles de la cuarta semana de cuaresma en las referencias que se hacen al “aurium apertio” (apertura de los oídos). Puramente residual.
La oración común de los fieles
EL modelo de esta “oración común” habría que buscarlo para la liturgia romana en las oraciones solemnes del Viernes Santo, mientras que en los ritos orientales y en la liturgia hispanomozárabe se centró, y aún se centra, en la letanía diaconal de los kyries.
En Oriente se hablaba comúnmente de la oración “después de levantarse de la homilía” como nos recuerda el Eucologio de Serapión.
Para Roma registra en el siglo III San Hipólito en su “Tradición Apostólica”, la existencia de una oración general, terminada la instrucción. “Oratio communis” es un concepto corriente en San Cipriano y en San Agustín. Este mismo santo acaba a menudo sus sermones con las palabras: Conversi ad Dominum… o sea, que después del sermón, dirigían sus miradas hacia Oriente, que era la postura general de la oración.
En las llamadas oraciones solemnes se alternaban el celebrante con toda la comunidad, algo más tarde, en Oriente, la rezaban el diácono y los fieles, mientras que en Roma la intervención del pueblo era escasa y sólo mediante sus plegarias en voz baja, para las que se hacía una pausa después de indicar las intenciones generales y antes de la oración final del celebrante. El texto de las actuales oraciones solemnes del Viernes Santo se remonta con toda probabilidad al siglo III. Sobre estas intenciones más tarde se enumeran otras: paz en el mundo, buena cosecha, protección de la patria, salud de los enfermos, pobres, viajeros, bienhechores, el templo, el eterno descanso de los difuntos, perdón de los pecados, una vida tranquila y un fin cristiano. En Egipto no faltaba nunca una oración para que el Nilo subiera a tiempo y viniesen las lluvias.
Llegó un tiempo en que este conjunto de oraciones desapareció de la liturgia romana, manteniéndose en la liturgia galicana hasta que esta se suprimió. Todavía en el siglo VII la liturgia galicana hacía mención de ellas.
Se conservaron sin embargo en el Misal Gótico de San Isidoro. El gran Isidoro, conforme a todos los formularios del llamado “Missale mixtum” divide estas oraciones en cuatro grupos:
a.- Oratio admonitio erga populum. Esta es una invitación a la oración seguida por el Trisagion del coro y otra invitación a orar por la Iglesia.
b.- Oratio invocationis ad Deum. Representa la oración final del sacerdote que concluye estas intercesiones:
c.- Oratio pro offerentibus sive pro defunctis fidelibus. Otra serie de peticiones intercesoras por los que ofrecen este sacrificio, en un sentido más amplio, en que se reza por el “Papa romano” y todo el clero. Aquí también se conmemoran a los santos (Apóstoles y demás santos) Todo este conjunto se cierra con la oración sacerdotal llamada “post nomina” (después de los nombres).
d.- Oratio pro osculo pacis. Se dice al beso de la paz, ceremonia con que termina este acto de oración común de los fieles.
¿Por qué desapareció durante muchos siglos la oración común de los fieles?
Hasta la Instrucción “Inter Oecumenici” de la Sag. Cong. De Ritos del 26 de septiembre de 1964 y su posterior inserción, ya en la nueva Ordenación General del MisaL Romano de 1969, esta oración común de los fieles había prácticamente desaparecido durante siglos de la liturgia ordinaria, salvo restos residuales presentes en las “prieres du prône” en Francia y en los llamados “kyrioleis” que se rezaban después de la homilía en Austria y Alemania.
No nos debe extrañar en modo alguno su desaparición. Influyeron ella factores decisivos:
a.- la profundización del sacrificio eucarístico que trajo consigo un mayor desarrollo del rito sacrificial
b.- la introducción de los kyries en las ceremonias introductorias
c.- la necesidad de no prolongar demasiado la función religiosa.
Así pues, en una primera fase, la misa sacrificial se limitaba casi exclusivamente a la plegaria eucarística y durante ella se pronunciaban las palabras de la consagración, es decir, que duraba prácticamente unos minutos. Más tarde y con el correr del tiempo se ahonda en el carácter sacrificial con participación de los fieles por medio de las ofrendas, sintiendo la necesidad de crear una ceremonia que exprese esta intervención. Esto sólo no explicaría el hecho de que el ofertorio tomara el lugar de las preces sin precisar, como dato explicativo, que cada ofrenda tenía carácter impetratorio, es decir, en cada don material (pan, vino, agua, luz,…) se encomendaban determinadas intenciones. Las ofrendas venían a ser, por tanto, algo así como oraciones concretadas en un don físico.
Además, íntimamente relacionado con la costumbre de ofrecer por alguna intención, está el hecho de incluir en el canon romano las oraciones intercesoras antes metidas en la oración general de los fieles. Mientras las liturgias galicanas e hispánica continuaron la costumbre de leer los nombres de los que habían contribuido con sus dones a la celebración, al papa Inocencio I (léase su Epístola 25 en Patrología Latina 20, 553 ss.) le pareció preferible leer los nombres durante la misma acción del sacrificio o lo que es lo mismo, durante el canon: son los mementos de vivos y de difuntos. Con ello la oración común de los fieles en su sitio originario se desmoronó por completo.
Cuando en un posterior avance se introdujeron los kyries, ya no era posible hacerla encajar en la oración común de los fieles, no solamente porque esta estaba en pleno proceso de disolución, sino también porque separada de la liturgia de la palabra o antemisa por la despedida de los catecúmenos, había perdido su carácter de oración popular pareciéndose mucho al canon, con que estaba íntimamente unida.
Hemos de considerar también que el tiempo que dura la función religiosa juega un papel importante en el culto. No se pueden rebasar ciertos límites so pena de que muchos fieles dejen de asistir a los cultos, sencillamente porque no pueden. De ahí el hecho, por ejemplo, de que en la reforma del Triduo Pascual llevada a cabo por Pío XII y que entró en vigor en la Semana Santa de 1956, la Iglesia, aleccionada por la experiencia de muchos siglos, redujo las lecturas de la Vigilia Pascual de doce a cuatro, que siguen siendo las estrictamente obligatorias en el Novus Ordo de Pablo VI. Así pues, de esta manera, el aumento progresivo de las oraciones del canon más la adición de los kyries al inicio de la celebración, sin indicar intención alguna, hacía imposible la oración general de los fieles.
En la nueva Ordenación General del Misal Romano (art. 45-46-47) se restaura esta oración en las misas con asistencia de fieles, con un orden determinado, correspondiendo al sacerdote dirigir estas preces invitando a la oración y concluyéndola con una plegaria. También expresa la conveniencia de que sea un diácono o un cantor quien lea las intenciones, expresando la asamblea sus suplicas con una invocación común o una oración en silencio. Esa práctica habitual en muchas celebraciones, especialmente en los días más solemnes, de una fila de gente con su papelito que pasa a leer “su plegaria” se antoja deleznable y desdibuja la intención inicial.

miércoles, 29 de octubre de 2014

Martirologio Romano 1956.

Los santos Obispos Maximiliano, Mártir, y Valentín, Confesor.
Sanctorum Episcoporum Maximiliani Martyris, et Valentini Confessoris. 

En Sidón de Fenicia, san Cenobio, Presbítero, el cual, en el furor de la última persecución, exhortando a otros al martirio, se hizo él mismo digno del martirio.
Sidone, in Phoenicia, sancti Zenobii Presbyteri, qui, sub novissimae persecutionis acerbitate, ad martyrium alios exhortans, martyrioet ipse dignatus est.

En Lucania, los santos Mártires Jacinto, Quinto, Feliciano y Lucio.
In Lucania sanctorum Martyrum Hyacinthi, Quincti, Feliciani et Lucii. 


En Bérgamo, santa Eusebia, Virgen y Mártir.
Bergomi sanctae Eusebiae, Virginis et Martyris. 


En Jerusalén, el tránsito de san Narciso, Obispo, laudable por su santidad, paciencia y fe, el cual, anciano ya de ciento dieciséis años, pasó felizmente al Señor.
Hierosolymis natalis beati Narcissi Episcopi, sanctitate, patientia ac fide laudabilis, qui, centum et sexdecim annorum senex, feliciter migravit ad Dominum.

En Autún, san Juan, Obispo y Confesor.
Augustoduni sancti Joannis, Episcopi et Confessoris. 

En Casíope, en la isla de Corfú, san Donato, Obispo, de quien escribe san Gregorio Papa.
Cassiope, in insula Corcyra, sancti Donati Episcopi, de quo scribit beatus Gregorius Papa.

En Viena de Francia, el tránsito de San Teodoro, Abad.
Viennae, in Gallia, depositio beati Theodori Abbatis.


Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

martes, 28 de octubre de 2014

San Simón y San Judas Tadeo.

Apóstoles
1. Patrono de hospitales y trabajadores de hospital. Se invoca su intercesión en las causas perdidas e imposibles.
SAN SIMÓN Y SAN JUDAS TADEO, Apóstoles
Como vosotros no sois del mundo,
sino que os entresaqué yo del mundo,
por eso el mundo os aborrece.
(Juan 15, 19)
San Simón, de Caná en Galilea, y San Judas Tadeo, hijos de María de Cleofás y primos de Jesús, fueron a predicar el Evangelio, uno a Egipto, el otro a Mesopotamia. Después de treinta años de trabajos apostólicos, fueron llamados a Persia, en donde convirtieron a gran número de paganos. Las imágenes del sol y de la luna se quebraron cuando ellos lo ordenaron, y los demonios salieron de sus templos y emprendieron la fuga bajo la forma de negros etíopes. Los paganos, excitados por dos magos, se arrojaron sobre los santos apóstoles y los masacraron. Los instigadores del crimen perecieron fulminados por un rayo.
MEDITACIÓN
SOBRE SAN SIMÓN
Y SAN JUDAS TADEO
I. Dios llama a su servicio a los que Él ama; los separa del mundo, como hizo con estos dos apóstoles, hijos de María de Cleofás, prima de la Santísima Virgen. Jesús amaba particularmente a estos dos hermanos, gracias, sin duda, a la intercesión de María en su favor. Dios sólo es quien nos llama a su servicio, mas, ¡cuántas almas deben su vocación a la Santísima Virgen! Renunciemos al mundo, y seremos más grandes que sus honores y que toda su gloria (San Cipriano).
II. El mundo persiguió a estos dos apóstoles y les dio muerte, porque disipaban sus tinieblas con la luz del Evangelio. Hombres apostólicos: la persecución será siempre vuestra parte. Vosotros aborrecéis al mundo, no os asombréis de que él os pague con la misma moneda. Regocijaos, porque cuanto más disgustéis a los hombres, más agradaréis al Señor. El mundo ama sólo a los que se le parecen.
III. Las amenazas, las calumnias, los tormentos y la muerte no fueron suficientes para detener el celo de los dos ilustres hermanos. El mundo se esforzará por hacer fracasar todo lo que emprendáis por amor a Dios; pero no os dejéis abatir: avanzad, Dios os hará triunfar contra todos los obstáculos. No busquemos agradar a los hombres; alegrémonos más bien de disgustar a aquellos a quienes Dios mismo ha disgustado (San Paulino).
El desprecio del mundo.
Orad por la conversión de la India.
ORACIÓN
Oh Dios, que os servisteis de los bienaventurados apóstoles Simón y Judas Tadeo para conducirnos al conocimiento de vuestro santo Nombre, haced que celebremos su gloria eterna avanzando en la virtud, y que avancemos en la virtud celebrando su gloria. Por J. C. N. S.
Fuentes:
- Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo IV; Patron Saints Index.

lunes, 27 de octubre de 2014

LA MISA ROMANA: Capítulo 7º: Credo.

LA MISA ROMANA: HISTORIA DEL RITO
Por Dom Gregori Maria
Al evangelio sigue actualmente en muchas misas el Credo. Cuadra perfectamente con el final de la función dedicada a la instrucción religiosa el que los fieles, como contestación a la doctrina recibida, respondan a una pública profesión de fe.
No en todas las liturgias se dice el Credo después del evangelio; ni siquiera dentro de la liturgia romana se reza en todas las misas, únicamente los domingos y solemnidades. Tal vez indicio de que se introdujo bastante tardíamente no sin vencer paso a paso ciertas dificultades. En efecto, el Credo no es un texto propio de la liturgia. Su redacción en singular lo está diciendo: Creo…, que denota una profesión de fe personal e individual. Lo confirma la Historia, que pone fuera de duda que se trata de un texto que sirvió a los candidatos al Bautismo para profesar individualmente su fe.
El texto primitivo: el símbolo oriental y el occidental.
El Credo niceno-constantinopolitano (el más extenso de los dos hoy en día litúrgicamente aprobados para su recitación durante la misa) aparece por primera vez en las actas del Concilio de Calcedonia, como confesión de los ciento cincuenta Santos Padres reunidos en Constantinopla. Se trata de una combinación de las dos fórmulas de los dos concilios anteriores de Nicea (325) y Constantinopla (381). Sin embargo la fórmula de Nicea, que termina con la frase “Et in Spiritum Sanctum”, difiere notablemente aún en los demás del texto del Credo actual, y en las actas del Concilio de Constantinopla no se encuentra fórmula alguna. En consecuencia, en el actual Credo tenemos la fórmula que, entre las diversas redacciones, se divulgó más y fue aprobada por el concilio de Calcedonia.
El actual texto se encuentra en su mayor parte en 374 en San Epifanio y, con una redacción más sencilla, lo conoce ya hacia 350 San Cirilo de Jerusalén. Puede considerarse según esto como el símbolo para el bautismo que se usaba en Jerusalén, con lo cual resulta que tenía la misma finalidad que el símbolo apostólico en Roma. Los dos símbolos son, en efecto, representantes típicos de las profesiones de fe oriental y occidental.
Historia de su inclusión en la Misa
Las primeras noticias de meter el símbolo del bautismo en la Misa nos vienen de Oriente. El patriarca filomonofísista de Constantinopla, Timoteo (511-517), para mostrarse más celoso que su antecesor católico, dispuso que se rezase la profesión de fe en todas las misas. Por aquel mismo tiempo se empezó también en Siria a rezar el Credo en la misa y pronto se hizo costumbre en todo el Oriente. Solía ponerse al final de la oración común de los fieles que se rezaba después de la llamada Entrada Mayor (Ofertorio), con lo que pertenecía más bien al comienzo de la misa sacrificial que al final de la Liturgia de la Palabra o Antemisa; circunstancia fácilmente explicable, si se tiene en cuenta que el Credo siempre estaba comprendido en ladisciplina del arcano.
De Oriente pasó pronto a España, cuya costa levantina estaba entonces en parte ocupada por los bizantinos. Cuando el rey Recaredo, después de haber abjurado del arrianismo, convocó el año 589 el III Concilio de Toledo, se dispuso en él que en adelante se dijera la profesión de fe en todas las misas delante del Paternóster. Prácticamente el símbolo servía entonces de oración preparatoria para la comunión.
Tendrán que pasar dos siglos para que lo encontremos en el Imperio de los francos. Probablemente pasó primero de España a Irlanda y de allí a la Iglesia anglo-sajona, de donde Alcuino lo trajo a Aquisgrán. Carlomagno obtuvo del Papa León el permiso de cantarlo en su residencia palatina, pero con la condición impuesta más tarde de no incluir el “Filioque”. Desde Aquisgrán no se propagó su uso sino de manera muy lenta por Alemania y Francia. Cuando el emperador Enrique II fue en 1014 a Roma, ya era muy general en el Norte, por lo que el emperador se mostró muy extrañado de que no lo cantaran también en Roma. Los clérigos romanos le contestaron que, como la Iglesia romana nunca había sido manchada por la herejía, no tenía necesidad de confesar su fe con tanta frecuencia. (PL, 142, 1060 ss.)
Más tarde el Papa Benedicto VIII (1012-1024) cedió a las instancias y desde entonces se reza el Credo en todo el rito romano. Hay que tener en cuenta que estamos en la época en que las modificaciones y las ampliaciones que los francos habían introducido en la misa romana se impusieron también en Roma. Su uso se restringió a los domingos y aquellas fiestas en las que se celebra algún misterio mencionado en el Credo. Como tales fiestas se consideran las del Señor, desde Navidad hasta Pentecostés, las solemnidades de la Santísima Virgen, Todos los Santos, etc... En el Novus Ordo de Pablo VI se reserva a los domingos y solemnidades. En la forma extraordinaria del rito romano (Misal de 1962) a los domingos y fiestas de I clase, que prácticamente se identifican con las “solemnidades” del misal del 69.
Los ritos que acompañan a la recitación del Credo
En la forma ordinaria del actual rito romano, el celebrante con sus asistentes inclina la cabeza al rezar el “et incarnatus est”. En la forma extraordinaria se arrodilla. Cosa que en Misal de Pablo VI únicamente es obligatoria en la Natividad del Señor. Ese ceremonia del arrodillarse no se advierte antes del siglo XIV. Durando habla de ella como de una cosa conocida. En cambio, la cruz que se traza al final de la frente con el Misal del 62 (forma extraordinaria) y que se ha suprimido en el Misal del 69, diciendo las palabras “et vitam venturi saeculi” es antiquísima, conociéndose ya cuando ese símbolo servía para la profesión de fe en el Bautismo. Se unía con las palabras “carnis resurrectionem” y era un gesto para señalar esta carne, cuya resurrección se esperaba, hasta que después con el tiempo quedó concretado en una cruz.
Participación del pueblo
El Credo se introdujo en la Misa para que lo rezara todo el pueblo. A veces, es verdad, la práctica no responde a lo propuesto en teoría, y resultó un poco difícil exigir al pueblo iletrado que aprendiese de memoria las oraciones principales en lengua extraña. Para facilitarlo, parece que por algún tiempo se dejó al pueblo rezar sencillamente el símbolo apostólico, como se hace en Oriente, o se cantaba en lengua vulgar un texto reducido y sencillo como profesión de fe en la Santísima Trinidad. Muchas veces se dejaba el canto del Credo al clero.
También en nuestros días, juzgándose excesivamente largo el Credo niceno-constantinopolitano se ha permitido rezar o cantar el Símbolo Apostólico mucho más breve y conciso.
De todas maneras, resulta emocionante que en muchas celebraciones de carácter internacional, sea en Roma, en Lourdes o en cualquier otro lugar del mundo, el pueblo aún llegue a cantar el Credo III dando un aspecto de universalidad al catolicismo realmente maravilloso.