miércoles, 14 de marzo de 2012

La Rosa de Oro, tradición propia de la Domínica Laetare.



Antigua y venerable costumbre al par que poco conocida en nuestros tiempos es la de la bendición de la Rosa de Oro, ceremonia vinculada a la Domínica Laetare o mediana (por ser como el meridiano de la Cuaresma) y por cuya razón se llama asimismo “Domingo de la Rosa”. Es ésta una altísima distinción que, bajo la forma de esta flor hecha de oro, otorga el Papa a personalidades católicas principales, particularmente princesas, y a santuarios e imágenes de la Cristiandad. No está claro el origen de esta costumbre, en la que hay que distinguir el acto mismo de la bendición de la Rosa de Oro y su consigna, que no parecen haber tenido un origen simultáneo. Algunos autores, como Fr. José de Sigüenza, hacen remontar la bendición a la Antigüedad cristiana; otros la retrasan hasta la época de San León IX (imagen abajo), quien la habría instituido en 1049 al autorizar la fundación de un monasterio en Benevento, con la obligación de sus monjas de ofrecer cada año a la Sede Apostólica, a cambio de las inmunidades y privilegios concedidos a su comunidad, una rosa hecha de oro para ser bendecida en la cuarta domínica de Cuaresma. Lo cierto es que, si bien en muchos documentos antiguos de los Romanos Pontífices se habla del sentido místico de la Rosa, no hay datos ciertos de una solemne atribución de la misma antes de 1148, cuando el beato Eugenio III la envió a Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León, de lo cual consta documentación cierta y circunstanciada. Sólo hay una mención –sin que hasta ahora se haya podido contrastar históricamente– a la presunta consigna que hizo de la Rosa Áurea el beato Urbano II al conde Foulques IV de Anjou al término del concilio de Tours, por el cual quedaban confirmados los acuerdos del concilio de Clermont para organizar la Primera Cruzada.

¿En qué consiste la Rosa de Oro? Al principio fue simplemente una flor hecha de oro esmaltada de color de rosa. Con el paso del tiempo, se perdió la costumbre de teñirla colocando, en vez de ello, un rubí en medio de ella. En algunas ocasiones, además del rubí, se adornaba el follaje con multitud de piedras preciosas. La joya podía tener como soporte un tallo con hojas o un vaso de oro o de plata dorada. El historiógrafo Gaetano Moroni, ayudante de Cámara de los papas Gregorio XVI y el beato Pío IX, da detalles interesantes sobre esta verdadera joya en distintos momentos de la Historia (cfr. Dizionario di erudizione storico-ecclesiastica da San Pietro sino ai nostri giorni, 1852): así, en tiempos de Calixto III (1455-1458) la Rosa de Oro se reducía a la sola flor adornada de doce perlas. Bajo Sixto IV (1471-1484) era un ramo con rosas y espinas entre el que sobresalía una rosa de mayor tamaño en cuyo centro había una cavidad en forma de pequeña copa que es donde el Papa ponía el crisma y el almizcle cuando la bendecía. Más tarde, el ramo, solo o puesto sobre un vaso, descansaba sobre un pedestal de planta triangular, cuadrangular u octogonal, todo él adornado de pedrería. En él estaban grabadas las armas del Papa que bendecía la Rosa de Oro. Una Rosa de Oro enviada por Clemente IX a la reina de Francia María Teresa y al Delfín pesaba ocho libras.

Pero el valor de la Rosa de Oro no reside en la cantidad del precioso metal ni en las gemas de las que está adornada, sino en su significado. En un libro de autor anónimo publicado en Roma en 1560 se declara su simbolismo. Copiamos a continuación lo que de él extracta el académico gerundense Enrique Claudio Girbal en su tratadito sobre la Rosa de Oro publicado en 1880:«Desde la flor sencilla, quizás de los valles de los antiguos tiempos, hasta la rosa cuajada de perlas y pedrería, que algún autor describe en los pasados siglos, el valor material de la sagrada joya varía según las circunstancias y hasta según el gusto de los artistas y de las épocas; lo que es incalculable, y no varía, es el tesoro de misterios que la Rosa encierra. Según enseñan los mismos Soberanos Pontífices en repetidas cartas, esta Rosa significa y declara a nuestro Redentor, el cual ha dicho: “Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles”; indica el oro de que se compone que Jesucristo es Rey de los reyes y Señor de los señores, cuyo profundo sentido mostraron ya los Magos, cuando como a Rey, le ofrecieron rendidamente el oro. El fulgor y alto precio del metal y las piedras con que la Rosa está compuesta, significan la luz inaccesible en la que habita el que es Luz de luz y Dios verdadero: el olor de los perfumes que sobre ella vierte en la bendición el Sumo Pontífice, representa en invisible esencia la gloria de la Resurrección de Jesucristo que fue de espiritual alegría para todo el mundo, pues con ella terminó el corrompido ambiente de las antiguas culpas y por todo el universo se esparció el suave aroma de la divina gracia; el color encarnado, de que en otro tiempo se teñía, representa la Pasión de Jesucristo; las espinas ofrecen la santa enseñanza de que en las espinas del dolor puso Jesús todas sus delicias, y recuerdan aquella corona que ensangrentó la cabeza del Redentor. En la Rosa, por último, se figura y simboliza la felicidad eterna».

El ceremonial de la bendición de la Rosa se encuentra así descrito en el mismo libro que acabamos de citar:

«Costumbre fue de los Romanos Pontífices en la Domínica cuarta de Cuaresma, en la cual se canta en la Iglesia Laetare, Hierusalem, bendecir una Rosa de oro y entregarla después de la Misa solemne, a algún Príncipe que esté presente en la Corte; si no hubiese en la Corte digno de tan alto obsequio, suele enviarse fuera a algún Rey o Príncipe, a voluntad de nuestro Padre Santo, previo el consejo del Sacro Colegio; pues fue también costumbre de los Romanos Pontífices, antes o después de la Misa, convocar ad circulum a los Cardenales en su Cámara, o donde Su Santidad a bien tuviere, y deliberar con ellos a quién ha de darse o remitirse la Rosa.

«Para su bendición, que se hace junto a la mesa del vestuario donde nuestro Santísimo Padre recibe sus ornamentos, se prepara un pequeño altar y se ponen sobre él dos candelabros; el Pontífice, vestido de amito, alba, cíngulo, estola, capa pluvial y mitra, dice:
Adiutorium nostrum in nomine Domini. R. Qui fecit coelum et terram. Dominus vobiscum. R. Et cum spiritu tuo. Oremos. “Dios, por cuya palabra y poder se hicieron todas las cosas y por cuya voluntad se rigen los Universos; que eres la alegría y gozo de todos los fieles, humildemente rogamos a Tu Majestad que por tu misericordia te dignes bendecir y santificar esta rosa gratísima de aroma y de vista, que hoy en signo de espiritual alegría llevamos en nuestras manos, a fin de que el pueblo que te pertenece, sacado del yugo de la cautividad de Babilonia por la gracia de tu Hijo unigénito que es gloria y regocijo de la plebe de Israel, anticipe a los corazones sinceros el gozo de aquella Jerusalén de lo alto que es nuestra Madre. Y pues en honor de tu nombre tu Iglesia se alegra y regocija hoy con este signo, dígnate, Señor, darle verdadero y perfecto gozo, y así, aceptando su devoción, perdones los pecados, llenes con la fe, ayudes con la indulgencia, protejas con la misericordia, destruyas las adversidades, y concedas todo género de prosperidad, hasta que por fruto de la buena obra, en olor de los aromas de aquella flor que procede de la raíz de Jesé, y que a sí misma se llama flor del campo y lirio de los valles, con ella en la eterna gloria con todos los Santos se regocije sin fin. Por Nuestro Señor Jesucristo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo, Dios, por todos los siglos de los siglos. Amén”.

«Terminada la oración, unta con bálsamo la Rosa de oro que está en el mismo ramillete, y le echa almizcle molido que se le ministra por el Sacristán, y pone el incienso en el turíbulo según la rúbrica, y rocía la rosa con agua bendita, y quema el incienso. En tanto un Clérigo de la Cámara Apostólica tiene la Rosa en su mano, que pasa al punto a las del Diácono Cardenal, y éste la entrega al Pontífice, quien, tomándola y llevándola en la mano izquierda, se pone en marcha hacia la capilla, bendiciendo con la derecha; y los Diáconos Cardenales elevan la capa pluvial: al llegar al faldistorio da la Rosa al dicho Diácono, quien a su vez la entrega al Clérigo de la Cámara, y éste la pone sobre el altar. Acabada la Misa, y hecha oración ante el altar por el Pontífice, recibe la Rosa como antes y la lleva a su Cámara. Si aquel a quien quiere darla está presente, se le hace llegar a sus pies; y estando de rodillas le da el Pontífice la Rosa diciendo:
“Recibe la Rosa de nuestras manos, que aunque sin méritos, tenemos en la tierra el lugar de Dios. Por ella se designa el gozo de una y otra Jerusalén; es a saber, de la Iglesia triunfante y militante, por la cual a todos los fieles de Cristo se manifiesta aquella flor hermosísima que es gozo y corona de todos los Santos. Recibe ésta tú, hijo amadísimo, que eres noble según el siglo, poderoso y dotado de gran valor, para que más y más te ennoblezcas en Cristo Nuestro Señor con todo género de virtudes, como rosas plantadas junto al río de aguas abundantes, cuya gracia, por un acto de su infinita clemencia, se digne concederte el que es Trino y Uno por lo siglos de los siglos. Amén. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

«Alguna vez se ha hecho esta ceremonia en la capilla terminada la Misa, antes de que el Papa bajara de su silla; pero es más conveniente que el Papa vuelva a la Cámara con la Rosa, y así lo encuentro practicado por nuestros mayores. Aquel a quien se da la Rosa, después que ha besado la mano y el pie del Pontífice y dádole gracias, y una vez que el Papa de ha desnudado ya en la Cámara de sus sagradas vestiduras, es acompañado, llevando es su mano la Rosa, hasta la casa de su habitación, por el Colegio de Cardenales, en medio de los dos más antiguos, seguidos de todos los otros, y rodeándole a pie los servidores de la Curia Romana con sus varas, que suelen en aquel día recibir gajes de parte del favorecido con la Rosa»
.

Cuando el beneficiario de la Rosa de Oro no se hallaba en la Corte Pontificia el Papa se la enviaba por medio de un embajador. Desde León X se encargaba de la consigna un ablegado (el mismo que llevaba el birrete a algún cardenal residente fuera de Roma), camarero secreto o protonotario apostólico. En contra de la creencia generalizada, la Rosa de Oro no se concede sólo a soberanas o princesas católicas, aunque así haya sido en muchas ocasiones y casi invariablemente desde el siglo XVI. También han sido gratificados ilustres varones de la Cristiandad por méritos contraídos en la defensa de la Fe Católica y de los derechos de la Iglesia. Y no sólo se concede a personas, sino, como queda dicho al inicio, a santuarios e imágenes insignes. El enviado papal portador de la Rosa de Oro era recibido con gran ceremonia a su llegada al lugar donde se encontraba el agraciado con ella. En España era un Grande el que, comisionado por el Rey, se adelantaba al enviado pontificio para recoger la distinción y llevarla a la iglesia donde se debía verificar su recepción solemne. En el día indicado, el propio representante papal, si tenía el orden episcopal, celebraba misa pontifical. Antes de dar la bendición final, se sentaba en medio del altar, estando frente a él la persona regia destinataria de la Rosa de Oro. El notario real debía entonces leer la bula papal de concesión y las indulgencias otorgadas en la ocasión, acabado lo cual se levantaba el prelado y tomaba aquélla en sus manos para entregarla a dicha persona –que la recibía de rodillas– con estas palabras: “Accipe Rosam de manibus nostris quam de speciale commissione Sanctissimi Domini Nostri NN (nombre del Papa) conferimus tibi”. Dada la bendición, la Rosa de Oro era llevada con gran acompañamiento por la persona distinguida por ella o por su capellán al oratorio donde se iba a colocar permanentemente.


Como dato erudito va a continuación la lista (no exhaustiva) de las concesiones ¡de la Rosa de Oro:

1096: Beato Urbano II a Fulco IV de Anjou
1148: Beato Eugenio III a Alfonso VII el Emperador, rey de Castilla y León
1163: Alejandro III a Luis VII, rey de Francia
1177: Alejandro III a Sebastiano Ziani, dux de Venecia
1182: Lucio III a Guillermo I de Escocia
1220: Honorio III al cardenal Niccolò Chiaramonti
1226: Honorio III a Alfonso IX, rey de León
1227: Gregorio IX al príncipe Raimondo Orsini
1244: Inocencio IV a la iglesia de los Canónigos de San Justo en Lyon
1304: Benedicto XI a la iglesia del Convento de Santo Domingo de Perusa
1330: Juan XXII a Rodolfo III de Nidau, conde de Neuchâtel
1348: Clemente VI a Luis I de Anjou, rey de Hungría
1350: Clemente VI a Niccolò Accaiuoli, gran senescal del reino de Sicilia
1364: Beato Urbano V a Valdemar IV, rey de Dinamarca
1368: Beato Urbano V a Juana I de Anjou, reina de Nápoles y Sicilia
1369: Beato Urbano V a la Basílica de San Pedro del Vaticano
1389: Urbano VI a Raimondo del Balzo Orsini, conde de Nola y gonfaloniero de la Iglesia
1391: Clemente VII de Aviñón a Juan Sin Miedo, duque de Borgoña
1391: Bonifacio IX de Roma a Alberto de Este, marqués de Ferrara
1393: Bonifacio IX de Roma a Astorre Manfredi di Bagnacavallo
1394: Benedicto XIII de Aviñón a Martín I el Humano, rey de Aragón
1398: Bonifacio IX de Roma a Ugolino III Trinci, señor de Foligno
1399: Bonifacio IX de Roma a Benuttino Cima di Cingoli
1410: Aejandro V de Pisa a Niccoló d’Este, llamado el Cojo, marqués de Ferrara
1411: Juan XXIII de Pisa a Carlos VI el Bienamado, rey de Francia
1414: Juan XXIII de Pisa a Lovovico Alidosi, señor de Imola
1419: Martín V a la Señoría de Florencia
1420: Martín V a Guido II de Montefeltro, conde de Urbino
1434: Eugenio IV al emperador Segismundo del Sacro Imperio
1435: Eugenio IV al condotiero Ranuccio Farnese el Viejo
1437: Eugenio IV a la catedral de Santa María de las Flores de Florencia
1442: Eugenio IV a Domenico Rinaldo Orsini, conde de Tagliacozzo y señor de Piombino
1443: Eugenio IV al oratorio de San Lorenzo, llamado Sancta Sanctorum, de Roma (Scala Santa)
1444: Eugenio IV a Enrique VI de Lancaster, rey de Inglaterra
1448: Eugenio IV a Casimiro IV, rey de Polonia
1449: Nicolás V a Luigi Campo Fregoso, dux de Venecia
1450: Nicolás V a Guillermo II el Valiente, landgrave de Turingia y conde de Hesse
1452: Nicolás V al emperador Federico III del Sacro Imperio y su esposa Leonor
1453: Nicolás V a Federico II, elector de Brandeburgo
1454: Nicolás V a Alfonso V, rey de Portugal
1457: Nicolás V a Carlos VII, rey de Francia
1459: Pío II al Senado de Siena
1460: Pío II a Juan II, rey de Aragón y de Navarra
1462: Pío II a Tomás Paleólogo, príncipe bizantino, hermano del último basileus.
1463: Pío II a Pienza, su ciudad natal (antigua Corsignano)
1470: Pablo II a Federico de Aragón, príncipe de Tarento, hijo del rey de Nápoles
1471: Pablo II a Borso de Este, duque de Ferrara
1472: Sixto IV a la catedral de Savona, su ciudad natal
1474: Sixto IV a Cristián I, rey de Dinamarca
1476: Sixto IV a Andrea Vendramin, dux de Venecia
1482: Sixto IV a Eberardo V, conde y después duque de Würtemberg
1485: Inocencio VIII a Hércules de Este, duque de Ferrara
1486: Inocencio VIII a Jacobo III, rey de Escocia
1493: Alejando VI a Isabel I de Castilla, la Reina Católica
1494: Alejandro VI a la iglesia de Santa María en Flandes
1495: Alejandro VI a Agostino Barbarigo, dux de Venecia
1496: Alejandro VI a Francisco II, marqués de Mantua
1497: Alejandro VI a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán
1498: Alejandro VI a Felipe de Habsburgo, archiduque de Austria
1500: Alejandro VI a su hijo César Borgia, duque de Valentinois y de la Romaña y gonfaloniero de la Iglesia
1504: Julio II a la República de Génova
1505: Julio II a Alejandro I Jagellon, rey de Polonia
1506: Julio II al rey Don Manuel de Portugal
1507: Julio II al rey Fernando el Católico
1508: Julio II a Alfonso I de Este, duque de Ferrara

Enrique VIII, recibió la Rosa de Oro tres veces

1510: Julio II a Enrique VIII, rey de Inglaterra
1514: León X al rey Don Manuel de Portugal
1517: León X a Carlos III, duque de Saboya
1518: León X a Federico, duque de Sajonia
1521: León X a Enrique VIII, rey de Inglaterra
1523: Adriano VI a Segismundo I Jagellon, rey de Polonia
1524: Clemente VII a Enrique VIII, rey de Inglaterra
1525: Clemente VII a Carlos III, duque de Saboya
1526: Clemente VII a la Archicofradía del Gonfalón de Roma
1532: Clemente VII a la imagen Acheropita recién descubierta
1537: Pablo III a Federico II Gonzaga, duque de Mantua
1543: Pablo III a Hércules II, duque de Ferrara
1548: Pablo III a Catalina de Médicis, reina de Francia
1550: Julio III a Juan, príncipe del Brasil, heredero del rey Don Juan III de Portugal
1552: Julio III a la imagen de la Madonna Salus Populi Romani en Santa María la Mayor
1555: Julio III a María I Tudor, reina de Inglaterra
1557: Pablo IV a Dª María Enríquez de Guzmán, duquesa de Alba
1561: Pío IV a Ana de Bohemia y Hungría
1564: Pío IV a la República de Lucca
1565: Pío IV a Catalina de Médicis, reina viuda de Francia
1567: San Pío V al oratorio de San Lorenzo, llamado Sancta Sanctorum, de Roma (Scala Santa)
1568: San Pío V a Juana de Habsburgo-Jagellon, esposa del príncipe de Toscana
1570: San Pío V a Cosme I de Médicis, gran duque de Toscana
1571: San Pío V a la reina Ana de Austria, cuarta esposa de Felipe II de España
1573: Gregorio XIII a Enrique de Anjou, rey de Polonia
1577: Gregorio XIII a Sebastiano Venier, dux de Venecia
1578: Gregorio XIII a Bolonia, su ciudad natal
1579: Gregorio XIII a Margarita de Austria, duquesa de Parma y Plasencia
1583: Gregorio XIII a Leonor de Médicis, esposa del duque Vincenzo I de Mantua
1584: Gregorio XIII al santuario de Loreto
1586: Sixto V a Bianca Capello, viuda del gran duque Cosme I de Toscana
1589: Sixto V a Cristina de Lorena, esposa del gran duque Fernando I de Toscana
1592: Clemente VIII a Ana de Austria, esposa del emperador Matías del Sacro Imperio
1593: Clemente VIII a Fernando I de Médicis, gran duque de Toscana
1597: Clemente VIII a la dogaresa Morosina Morisini, esposa del dux Marino Grimani
1598: Clemente VIII a Margarita de Austria-Estiria, esposa del rey Felipe III de España
1601: Clemente VIII al santuario de Loreto
1607: Pablo V a la iglesia de Santa María sopra Minerva en Roma
1608: Pablo V a la basílica de San Pedro del Vaticano
1610: Pablo V al oratorio de San Lorenzo, llamado Sancta Sanctorum, de Roma (Scala Santa)
1613: Pablo V a la Capilla Paulina o Borghese de la Basílica Liberiana
1618: Pablo V a Isabel de Borbón, esposa del príncipe Felipe de España (futuro Felipe IV)
1625: Urbano VIII a Enriqueta María de Francia, reina de Inglaterra
1627: Urbano VIII a Fernando II de Médicis, gran duque de Toscana
1628: Urbano VIII a Magdalena de Austria, viuda del gran duque Cosme II de Toscana
1630: Urbano VIII a María de Austria, reina de Hungría
1631: Urbano VIII a Taddeo Barberini, prefecto de Roma
1634: Urbano VIII a la basílica de San Pedro del Vaticano
1635: Urbano VIII a María Ana de Austria, esposa del elector Maximiliano I de Baviera
1649: Inocencio X a Mariana de Austria, prometida del rey Felipe IV de España
1654: Inocencio X a Lucrecia Barberini, esposa del duque de Módena
1658: Alejandro VII a la catedral metropolitana de Siena
1662: Alejandro VII a María Teresa de Austria, reina de Francia
1668: Clemente IX al Delfín de Francia
1669: Clemente IX a la iglesia de la Santísima Virgen de la Humildad de Pistoya
1671: Clemente X a Leonor de Habsburgo, reina de Polonia, esposa de Miguel Wiśniowiecki
1684: Beato Inocencio XI a María Casimira, reina de Polonia, esposa de Juan III Sobieski
1699: Inocencio XII a Amalia de Brünswick, prometida de José, rey de Romanos, hijo del emperador Leopoldo I del Sacro Imperio
1701: Clemente XI a María Luisa Gabriela de Saboya, reina de España, primera mujer de Felipe V
1714: Clemente XI a Isabel de Farnesio, reina de España, segunda mujer de Felipe V
1725: Benedicto XIII (Orsini) a la ciudad de Benevento, de la que era arzobispo
1726: Benedicto XIII (Orsini) a la catedral metropolitana de Capua
1727: Benedicto XIII (Orsini) a Violante Beatriz de Baviera, princesa viuda de Toscana
1728: Benedicto XIII (Orsini) a la catedral metropolitana de Génova
1739: Clemente XII a la archiduquesa María Teresa de Austria, hija del emperador Carlos VI del Sacro Imperio
1740: Benedicto XIV a María Amalia de Sajonia, reina de Nápoles y Sicilia
1759: Clemente XIII a Francesco Loredan, dux de Venecia
1770: Clemente XIV a la iglesia de San Antonio de los Portugueses en Roma
1776: Pío VI a María Cristina, archiduquesa de Austria, esposa del duque Alberto de Sajonia-Teschen
1780: Pío VI al archiduque Fernando de Habsburgo, gobernador de Milán, y a su esposa María Beatriz de este, princesa de Módena
1784: Pío VI a la archiduquesa María Amalia, duquesa de Parma y Plasencia
1791: Pío VI a la archiduquesa María Carolina, reina de Nápoles y Sicilia
1794: Pío VI a la iglesia de San antonio de los Portugueses en Roma
1819: Pío VII a Carlota Augusta de Baviera, emperatriz de Austria, mujer del emperador Francisco I
1825: León XII a María Teresa de Austria-Este, reina viuda de Cerdeña
1830: Pío VIII a la ciudad y catedral de Cingoli, su tierra natal.
1832: Gregorio XVI a María Ana de Saboya, reina de Hungría
1833: Gregorio XVI a la Basílica de San Marcos de Venecia
1842: Gregorio XVI a María II, reina reinante de Portugal
1848: Beato Pío IX a María Pía de Saboya, princesa de Cerdeña
1849: Beato Pío IX a María Teresa de Austria, reina de las Dos Sicilias
1856: Beato Pío IX a la emperatriz Eugenia de los Franceses, esposa de Napoléon III
1868: Beato Pío IX a Isabel II, reina propietaria de España
1886: León XIII a María Cristina de Habsburgo-Lorena, reina regente de España, viuda de Alfonso XII y madre de Alfonso XIII
1889: León XIII a Isabel I, emperatriz del Brasil
1892: León XIII a Amelia de Orléans, reina de Portugal
1893: León XIII a María Enriqueta de Austria, reina de los Belgas, esposa de Leopoldo II
1914: Benedicto XV a Victoria-Eugenia de Battenberg, reina de España, esposa de Alfonso XIII
1920: Benedicto XV al santuario de Lisieux
1926: Pío XI a Isabel de Baviera, reina de los Belgas, esposa de Alberto I
1937: Pío XI a Elena de Montenegro, reina de Italia, esposa de Víctor Manuel III
1956: Venerable Pío XII a Josefina Carlota, princesa de Bélgica y gran duquesa de Luxemburgo, esposa de Juan II
1965: Pablo VI al santuario de Nuestra Señora de Fátima en Portugal
1966: Pablo VI al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Méjico
1967: Pablo VI al santuario de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil
1979: Venerable Juan Pablo II al santuario de Jasna Gora en Cestokowa (Polonia)
1979: Venerable Juan Pablo II al santuario de Knock en Irlanda
1982: Venerable Juan Pablo II al santuario de Nuestra Señora de Luján en Argentina
1987: Venerable Juan Pablo II al santuario de Matka Boża Kalwaryjska en Polonia
1988: Venerable Juan Pablo II a la imagen de la Virgen de la Evangelización en Lima
2003: Venerable Juan Pablo II a la basílica de Nuestra Señora de la Concepción del Sameiro en Portugal
2004: Venerable Juan Pablo II al Oratorio de San José en el Québec
2004: Venerable Juan Pablo II a la basílica de Lourdes en Francia
2006: Benedicto XVI al santuario de Jasna Gora en Cestokowa (Polonia)
2007: Benedicto XVI al santuario de Nuestra Señora de Aparecida en Brasil
2007: Benedicto XVI al santuario de Mariazell en Austria
2008: Benedicto XVI al santuario nacional de la Inmaculada Concepción en Washington (Estados Unidos)
2008: Benedicto XVI al santuario de la Virgen de Bonaria en Cagliari (Cerdeña)
2008: Benedicto XVI al santuario papal de Nuestra Señora de Pompeya en Campania
2009: Benedicto XVI al santuario de Nuestra Señora de Europa en Gibraltar

El que un papa haya concedido más de una Rosa de Oro en el mismo año no significa que haya bendecido otras tantas, sino que otorga de las que ya están bendecidas de otros años y no han sido conferidas.

Tomado de Roma Aeterna (Una Voce).

lunes, 12 de marzo de 2012

La foto del día.


Santa Misa Tridentina, celebrada por Monseñor Jaime Astorga Paulsen, correspondiente al III Domingo de Cuaresma, en la Parroquia Santa Bárbara de Casablanca. Una Voce Casablanca - Chile.

domingo, 11 de marzo de 2012

III Domingo de Cuaresma.

La ley del ayuno obliga, bajo pena de pecado grave, desde los 21 años de edad hasta los 60, a no mediar falta de salud o trabajo de tal naturaleza que sea moralmente incompatible con su cumplimiento. Y nadie puede, por sí y ante sí decretarse estas exenciones: la ley manda que nadie se considere dispensado del ayuno sino con el fallo del confesor y dictamen facultativo. ¿Y qué es ayunar? Ayunar es hacer una sola comida formal al día, bien sea al mediodía (que es lo ordinario), bien por la noche. De ambas maneras se puede hacer legítimamente. El desayuno debe ser escaso y la colación de la noche lo mismo de modo que la suma del desayuno y de la colación no llegue a ser de la misma cantidad que la comida formal; y en su totalidad, excluyendo siempre, tanto en el desayuno como en la colación, la carne y el caldo de carne, y reduciendo a simple líquido, lo que se toma a la hora del té, si algo se toma. Esto, es cierto, regaña al estómago y mortifica al apetito; pero por eso mismo se llama mortificación y se impone como tal y como tal debe observarse, como medio de satisfacer a Dios por las culpas cometidas.
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sábado, 10 de marzo de 2012

Los Domingos de Cuaresma.

Incluye seis domingos: I, II, III, IV y V de Cuaresma, y el Domingo de Ramos, pórtico de la Semana Santa, del que por eso no vamos a hablar[30]. Por su importancia litúrgica "tienen precedencia sobre todas las fiestas del Señor y sobre todas las solemnidades"[31]. Igualmente, "el miércoles de Ceniza y las ferias de Semana Santa, desde el lunes hasta el jueves, inclusive, tienen preferencia sobre cualquier otra celebración", así como "todas las ferias de Cuaresma tienen preferencia sobre las memorias obligatorias"[32]. Todas las ferias de Cuaresma tienen misa propia, lo que indica el esmero con que la Iglesia ha tratado este tiempo litúrgico.

El Domingo I de Cuaresma, llamado también en los antiguos calendarios Invocabit por su introito y Domingo de las Tentaciones por su evangelio, en la Edad Media recibía el título de Domingo de los Hachones, por los que los fieles portaban este día en la liturgia como símbolo público de arrepentimiento de los excesos carnavalescos. Los griegos lo denominan Domingo de los Santos Ayunos, para indicar la nota fundamental de este tiempo litúrgico, y también Fiesta de la Ortodoxia, en conmemoración del restablecimiento de las santas imágenes tras las luchas iconoclastas del siglo IX. Es considerado caput quadragesimae -cabeza de la cuaresma- por ser "el comienzo del venerable sacramento de la observacia cuaresmal", pues aunque antes viene prologado por el Miércoles de Ceniza y las tres ferias siguientes éstos son añadido posterior para completar, como dijimos antes, la cuarentena de ayuno, y, además, el cutado miércoles, considerado caput jejunii -cabeza del ayuno-, no es de precepto.

A esta jornada le corresponde en Roma estación en la Basílica Patriarcal de San Juan de Letrán, Madre y Cabeza de todas las iglesias del mundo, desde la época del Papa San Sixto III (432-40), índice de la importancia que se le concede en la liturgia. A esto se añade que este templo es el santuario del Santísimo Salvador -que se inmola en la Pascua- y de los santos juanes: el Bautista -profeta de la soledad y el ascetismo- y el Evangelista -el evangelista de la Pasión de Cristo-. En él eran también reconciliados los pecadores públicos el Jueves Santo, y bautizados, en su Baptisterio, los catecúmenos la noche de Pascua.

El II Domingo de Cuaresma es denominado Reminiscere por su introito y Domingo de la Transfiguración por su evangelio. Originariamente fue domingo vacante, libre de estación, pues seguía a las IV témporas, que habían dejado extenuado a los fieles. Después del siglo IX se le asigna estación en Roma: Santa Maria in Domnica, antigua diaconía habitada por San Ciriaco donde San Lorenzo distribuía las limosnas de la Iglesia, en el Monte Celio, en cuya subida imitamos a Cristo ascendiendo a Jerusalén.

Al Domingo III de Cuaresma se le llama Oculi por su introito. En la primitiva Iglesia se denominaba Domnigo de los Escrutinios, por ser ésta la primera de las siete sesiones en la que en Roma se procedía al examen de los catecúmenos a bautizar la noche pascual. La estación era en la jubilar Basílica de San Lorenzo Extramuros, en la que se venera el recuerdo del más célebre mártir de Roma, con lo que se recordaba a los neocristianos los sacrificios que exige la fe cristiana. En la Iglesia griega se procede a la adoración de la Cruz al empezar la semana mesomestime, es decir,centro de los ayunos.

El Domingo IV de Cuaresma, denominado acertadamente Laetare -"alegraos"- por el introito,supone, por coincidir en mitad de la Cuaresma, un alto gozoso en el camino ante el horizonte glorioso que espera, por lo que se puede usar de la música instrumental, del exorno floral del altar y de ornamentos de color rosado, que es como un morado aliviado por la alegría[33].

El título de Domingo de la Rosa de Oro le viene del rito característico papal de origen medieval -hacia el siglo X- de este día de bendecir una rosa áurea como símbolo de realización absoluta[34] y anuncio poético de la Pascua florida[35], que el Romano Pontífice obsequia a algún destacado personaje o institución del orbe católico[36]. Cuando éste residía en el Patriarchio de Letrán, se desarrollaba allí la ceremonia, tras la cual la llevaba procesionalmente a la iglesia estacional, la Basílica de Santa Cruz en Jerusalén. El rito consiste en bendecirla, ungirla con el santo crisma y espolvorearla con sustancias aromáticas. Algunos creen que procede esta ceremonia singular de una costumbre de los fieles romanos de ofrecer rosas a la cruz como signo de veneración en primavera[37].

El Domingo V de Cuaresma, denominado Júdica por su introito, también se conoce como Domingo de Pasión, porque desde este día la Iglesia empieza a ocuparse especialmente del sacrificio del Redentor como último tramo de la preparación pascual; inauguraba lo que en la liturgia romana preconciliar se denominaba Tiempo de Pasión. El título de Domingo de la Neomenía le viene de caer siempre después de la luna nueva que sirve para fijar la fiesta de la Pascua. Para los griegos es elDomingo V de los Santos Ayunos. La iglesia estacional es San Pedro del Vaticano, el más significativo santuario romano para celebración de tanta importancia.


[30].N. U. A. L. C., nº 30.

[31].N. U. A. L. C., nº 5; Carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales16-I-1988, nº 11.

[32].N. U. A. L. C., nº 16 y 14; Carta cit., nº 11.

[33].C. O., nº 252; Carta cit., nº 25.

[34].Es significativo este texto del Papa Inocencio III (1198-1216): "El día de hoy todo el oficio está lleno de alegría, todo está cargado de felicidad [...], así se ve también claramente por las propiedades de esta flor, que ofrecemos a vuestra vista: amor en el color, agrado en el perfume y hartura en el gusto. Y es así que más que otras flores, la rosa alegra por su color, refresca por su perfume, fortalece por el gusto" (Migne, P. L. CCXVII, 393).

[35].P. Guéranguer: El Año Litúrgico, Aldecoa, Burgos 1956, t.II, pp. 341 ss.; J. Pascher: El Año Litúrgico, B.A.C., Madrid 1965, pp. 94 s.

[36].Se documenta por primera vez su envío a extranjeros en el 1096 en que el Papa Beato Urbano II di Lagery la envía a Folco de Anjou, por sus grandes méritos en la I Cruzada. Pascher, cit., p. 94.

[37].Pascher, cit., p. 94.



Ramón de la Campa Carmona

viernes, 9 de marzo de 2012

Martirologio Romano (1956).

9 de Marzo

SANTA FRANCISCA ROMANA, Viuda

  1. En Roma, santa Francisca, Viuda, célebre por la nobleza del linaje, santidad de vida y don de milagros.
  2. En Sebaste de Armenia, el triunfo de cuarenta santos soldados de Capadocia, que, imperando Licinio y presidiendo Agricolao, después de las cadenas y horribles cárceles, después que les hirieron con piedras los rostro, fueron condenados, en lo más crudo del invierno, a pasar la noche desnudos al raso, en un estanque helado, donde, ateridos de frío, se despedazaban los cuerpos; al fin, quebradas las piernas, consumaron el martirio. Eran, entre ellos, Cirión y Cándido los más ilustres; pero de todos ensalzan en sus escritos los esclarecidos triunfos san Basilio y otros Padres. La festividad de estos Mártires se celebra el día siguiente.
  3. En Nisa, el tránsito de san Gregorio, Obispo, hijo de los santos Basilio y Emmelia, y hermano de los santos Obispos Basilio Magno y Pedro de Sebaste, y de la Virgen Macrina; el cual, insigne en santidad y saber, por la defensa de la fe católica, en tiempo de Valente Emperador Arriano, fue arrojado de su ciudad.
  4. En Barcelona de España, san Paciano, Obispo, ilustre en santidad de vida y en la predicación; el cual, en la última vejez, cuando imperaba Teodosio, acabó su vida.
  5. En Bolonia, santa Catalina, Virgen, de la segunda Orden de san Francisco, ilustre en santidad de vida, cuyo cuerpo se venera con gran devoción en la misma ciudad.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

jueves, 8 de marzo de 2012

SAN JUAN DE DIOS.

Confesor
n. 8 de marzo de 1495 en Montemor-o-Novo, Portugal;
† 8 de marzo de 1550 en Granada, España

Patrono de enfermos; enfermeros; pacientes con problemas del corazón; hospitales; personas en trance de muerte; bomberos; libreros; encuadernadores; editores; impresores. Protector contra las enfermedades; alcoholismo.

SAN JUAN DE DIOS, Confesor

Bienaventurados los mansos,
porque ellos poseerán la tierra.
(Mateo 5, 4)

Este santo tenía más avidez de humillación y de menosprecio que la que tienen los hombres mundanos de honores y distinciones. Un día, una mujer lo colmó de injurias y lo trató de hipócrita, y él, secretamente, diole dinero, comprometiéndola a repetir lo dicho en la plaza pública. El arzobispo de Granada le reprochó, porque recibía en el hospital que administraba, a vagabundos y a personas poco recomendables; arrojose el santo a los pies del prelado diciéndole: “No conozco en el hospital a otro pecador fuera de mí mismo, que soy indigno de comer el pan de los pobres”. Otro día corrió en todas direcciones sacando enfermos del hospital, que estaba en llamas, y salió al cabo de una media hora sin la menor quemadura. De rodillas exhaló su último suspiro, abrazando a Jesús crucificado, cuya abnegación, mansedumbre y humildad tan bien había imitado.

MEDITACIÓN
SOBRE LA MANSEDUMBRE

I. Practica la mansedumbre, ahoga con esmero los movimientos incipientes de la cólera; ¿qué ganas con satisfacer esta violenta pasión, que turba tu entendimiento y que atormenta a sus servidores y amigos? Acuérdate de la mansedumbre de Jesucristo. ¡Qué alegría experimentarás por haber reprimido este arranque! ¡Qué recompensa recibirás si te vences a ti mismo! Los que triunfan de sí mismos hacen violencia al cielo (San Cipriano).

II. Practica la suavidad, soportando el mal humor y las imperfecciones del prójimo. Quieres que te soporten tus defectos; es muy razonable que uses de igual indulgencia para con los demás. Ese carácter molesto que reprochas en tu hermano es un defecto de la naturaleza; acaso ella te trató a ti peor todavía, y te hizo más desagradable para el prójimo. Examina tus defectos y soportarás fácilmente los de los demás.

III. Practica la mansedumbre soportando que se te menosprecie. ¿Quién eres tú, en definitiva, para que tanto te cueste soportar desprecios? Tu nada y tus pecados muy merecido tienen este trato. Si te los conociesen dirían mucho más. ¿Y qué mal pueden hacerte ante Dios las palabras que te digan? Más aun, ¿qué corona no merecerías si las sufrieses con paciencia? Si fueses verdaderamente humilde, nada te costaría sufrir el desprecio y los malos tratos. La humildad suaviza todas las tribulaciones (San Eusebio).

La mansedumbre.
Orad por los enfermos.

ORACIÓN

Oh Dios, que después de haber abrasado con vuestro amor al bienaventurado Juan, lo hicisteis andar sano y salvo en medio de las llamas y por su intermedio enriquecisteis a vuestra Iglesia con una nueva familia, haced, en consideración a sus méritos, que el fuego de su caridad nos purifique de nuestras manchas y nos eleve hasta la eternidad bienaventurada.
Por J. C. N. S.

Martirologio Romano (1956)

miércoles, 7 de marzo de 2012

SANTO TOMÁS DE AQUINO.

Confesor y Doctor de la Iglesia
n. hacia 1225 en Aquino (Nápoles), Italia;
† 7 de marzo 1274 en Fosanova

Patrono de teólogos; académicos; apologistas; filósofos; universidades, escuelas y academias católicas; estudiantes; enseñanza; castidad; editores; libreros; fabricantes de lápices. Protector contra las tormentas y los rayos.

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Confesor y Doctor de la Iglesia

Vosotros sois la luz del mundo.
(Mateo 5, 14)

Santo Tomás de Aquino es para la Iglesia lo que el sol para el mundo. La ilustró con su ciencia y con su santidad. Desde los 5 años de edad rezaba dos horas diarias. Entró en la Orden de Santo Domingo y en ella perseveró después de resistir con entereza las amenazas de sus parientes, que se esforzaron por hacerlo renunciar a su vocación. Todos los día celebraba una misa y oía otra. A los pies del crucifijo era donde buscaba la solución de las dificultades que encontraba en el estudio de la teología. Murió en 1274.

MEDITACIÓN
SOBRE SANTO TOMÁS

I. Santo Tomás fue para la Iglesia como un sol refulgente. Su prodigiosa erudición le valió el título de Doctor Angélico. Sus escritos tuvieron por única finalidad hacer conocer cuán admirable es Dios, en sí mismo y en sus obras. Mereció, así, oír de labios mismos de Nuestro Señor: Tomás, bien has escrito de mí, ¿qué recompensa pides?¿Qué hubieras respondido tú, que estudias sólo por vanidad, por curiosidad, por interés? Este santo no quiso otra recompensa que a Dios mismo. Si en tus estudios y trabajos buscas otra cosa que no sea la gloria de Dios y tu salvación y la del prójimo, pierdes el tiempo.

II. Este sol ha enfervorizado tanto como ha iluminado; abrasaba el corazón de los demás con el fuego del amor divino, porque el suyo estaba enteramente penetrado de él. Vamos, con Santo Tomás, a buscar este sagrado fuego en el Corazón del Salvador: en él aprenderemos la ciencia de los santos, sin la cual nuestras luces no son sino relumbrones que nos llevarán al precipicio. Para nada sirve la erudición, si la ciencia de Dios no la corona (San Jerónimo).

III. El consejo es de perenne actualidad. En vano brillara Santo Tomás con tanto fulgor, si no hubiera trabajado por la gloria de Dios; mas su virtud no era menos admirable que su ciencia, y lo que a otros enseñaba él era el primero en practicar. Hombres sabios, Dios espera mucho de vosotros: más culpables seréis que los otros si no sois virtuosos. Humillémonos a ejemplo de Santo Tomás, porque todo lo que tenemos proviene de Dios. De nada hemos de gloriarnos, porque nada es nuestro (San Cipriano).

El desprecio de las riquezas.
Orad por los escolares.

ORACIÓN

Oh Dios, que iluminasteis a vuestra Iglesia mediante la maravillosa erudición de vuestro bienaventurado confesor Santo Tomás, y que la fecundáis mediante la santidad de sus obras, concedednos la gracia de comprender sus enseñanzas e imitar sus virtudes. Por J. C. N. S.

Martirologio Romano (1956)

martes, 6 de marzo de 2012

Martirologio Romano (1956).

6 de Marzo

  1. Las santas Perpetua y Felícitas, Mártires, que el día 7 de Marzo recibieron del señor la gloriosa corona del martirio.
  2. En Tortona, san Marciano, Obispo y Mártir; el cual, imperando Trajano, muerto por la gloria de Jesucristo, fue coronado.
  3. En Nicomedia, el triunfo de los santos Mártires Víctor y Victorino; los cuales, juntamente con Claudiano y con la mujer de éste, Bassa, fueron por tres años atormentados de muchas maneras, y, encerrados en una cárcel, acabaron allí el curso de su vida.
  4. En Chipre, san Conón, Mártir; el cual, imperando Pecio, después de taladrados los pies con clavos, obligándole a correr delante de una carroza, cayó de rodillas, y en la oración entregó su espíritu.
  5. En Siria, el suplicio de cuarenta y dos santos Mártires; los cuales presos en Amorio y conducidos a Siria, terminado allí su esclarecido combate, recibieron vencedores la palma del martirio.
  6. En Constantinopla, san Evagrio, que, en tiempo de Valente, elegido Obispo por los católicos y desterrado por aquel Emperador, Confesor pasó al Señor.
  7. En Bolonia, san Basilio, Obispo; el cual, consagrado por san Silvestre Papa, gobernó santísimamente con el ejemplo y la palabra la Iglesia que se le había encomendado.
  8. En Barcelona de España, san Olegario, primeramente Canónigo, después Obispo de aquella ciudad y por último Arzobispo de Tarragona.
  9. En Viterbo, santa Rosa, Virgen, de la tercera Orden de san Francisco.
  10. SANTA COLETA, Virgen

  11. En Gante de Flandes, santa Coleta, Virgen; la cual profesó primeramente la regla de la tercera Orden Franciscana; después, movida del Espíritu Santo, restituyó muchos conventos de Monjas de la segunda Orden a la primitiva observancia; y, adornada, de virtudes divinas, y resplandeciendo con innumerables milagros, fue canonizada por el Sumo Pontífice Pío VII.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

lunes, 5 de marzo de 2012

Pusillus Grex.


Breve Reseña



Por: Christian Velásquez Cabrera


Como chileno y católico que soy me enorgullezco enormemente que una hija de esta tierra, haya escrito una novela sobre las postrimerías siguiendo el derrotero de quien fue en Chile uno de sus precursores. Me refiero específicamente al Padre Manuel Lacunza, que escribió “La Venida del Mesías en Gloria y Majestad”. Han pasado ya algo más de dos siglos, pero el tema sobre el milenismo o milenarismo aún sigue vigente en un pequeño grupo de chilenos.

Lo curioso de todo esto es, que quienes investigan el tema, no son los eruditos de Órdenes Religiosas, que por lo demás, parecen haberse extinguido hace bastante tiempo. Menos aún, son las universidades, cuna natural donde se debiera pregonar la verdad, pero que no se hace, porque se ha hecho un abandono de ella por un pragmatismo de tipo mercantil. El báculo de la verdad, ha sido traspasado de los sabios del pasado, a los cristianos humildes de los últimos tiempos, porque fue escrito precisamente para ellos, con el fin de iluminarlos cuando la hora de la Gran Tribulación finalmente llegue.


Nuestro Señor ilumina con la gracia aún en la oscuridad del mundo a todas aquellas almas de buen voluntad. Invita a todos, porque es un Dios justo y misericordioso, a la conversión y al sacrificio; empero, no son todos le siguen.Veamos cómo nos puede ilustra al respecto la siguiente parábola: “El reino de los cielos es semejante a un rey que celebró las bodas de su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas, mas ellos no quisieron venir. Entonces envió a otros siervos, a los cuales dijo: Decid a los convidados: Tengo preparado mi banquete; mis toros y animales cebados han sido sacrificados ya, y todo está a punto: venid a las bodas. Pero, sin hacer caso, se fueron el uno a su granja, el otro a sus negocios. Y los restantes agarraron a sus siervos, los ultrajaron y los mataron. El rey, encolerizado, envió a sus soldados, hizo perecer a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. Entonces dijo a sus siervos: “Las bodas están preparadas. Id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a todos cuántos halléis, invitadlos a las bodas”. Salieron aquellos siervos a los caminos, y reunieron a todos aquellos cuantos hallaron, malos y buenos, y la sala de las bodas quedó llena de convidados. Mas cuando el rey entró para ver a los comensales, notó a un hombre que no estaba vestido con el traje de boda. Díjole: “Amigo,¿ Cómo has entrado aquí sin tener el traje de boda?” Y él enmudeció. Entonces el rey dijo a sus siervos: “Atadlo de pie y manos, y arrojadlo a las tinieblas de afuera: allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son llamados, mas pocos los escogidos” Mt. 22, 2-14

La parábola parte haciendo alusión a que el Reino de los Cielos se parece a la celebración de las bodas del hijo de un rey. A esta boda estaban invitados las personas más ilustres del reino, vale decir, el pueblo de Israel, quien rechazó dicha invitación. Los siervos del rey que en la antigüedad correspondía a sus profetas- luego del rechazo de los primeros invitados-fueron reemplazados por los apóstoles y sus sucesores. Estos últimos siervos, no pararon de invitar a las bodas a cuantos se les cruzaron por el camino. Ellos recorrieron continentes enteros buscando a nuevos comensales. A tal extremo llegó su celo por su Señor, que rubricaron con su sangre para cumplir el propósito de su misión.

Pero luego de transcurrir cerca de dos mil años de una cadena sucesiva de siervos que habían cumplido a cabalidad su misión, estos últimos empezaron a prevaricar, por lo que la cantidad de los comensales comenzó a disminuir. Ya nadie se acordaba de las bodas del hijo del Rey, ya ni siquiera se las pregonaba.

Ante tanto silencio, el Rey de Reyes, EL Señor de Señores, inspiró a ciertos hombres para que se acordaran de las profecías, para que las hicieran explícitas, a fin de que éstos recobraran las esperanzas en que el Señor pronto vendrá. Pusillus Grex fue escrito para llevar esperanzas a todas aquellas almas que en el momento de la tribulación ya la han perdido o la están por perder. Es por ello, que la profecía ha sido injertada en medio de una serie de procesos ideológicos ateos de la sociedad del siglo XXI, para que quede muy claro que la profecía no es un vestigio teológico de la antigüedad, sino que tiene la más absoluta vigencia.

La Iglesia católica va a permanecer hasta el fin de los tiempos, es indestructible por promesa divina. Dios la va a sostener a pesar de que el mundo la vea extinguida y derrotada. Pusillus Grex muestra muy bien esto, la
Divina Providencia juega un rol crucial en este mantenimiento de la Iglesia, en especial, con su pequeño rebaño que permanece fiel a la verdad de Dios. Nada va ocurriendo por azar en Pusillus Grex, todo detalle por muy insignificante que parezca, está dispuesto para los planes de Dios, puesto que Dios elije a quien quiere. Dios elije lo peor del mundo para confundir al mundo. Dios cumple sus promesas, y las cumple con los que Él elije, usa medios humanos que no todos saben reconocer. No todos tienen oídos para escuchar a los profetas, ni todos tienen vista para ver las señales del siglo, más el que quiera ser salvo, deberá amar la verdad hasta dar su vida si Dios se lo pide.

Los cristianos actuales, se han olvidado de la Segunda Venida de Nuestro Señor Jesucristo, y se han olvidado porque sus pastores ya no la predican, el católico actual ya no espera a Cristo, el católico actual vive como si Dios no existiera. Pusillus Grex fue escrito para la Mayor Gloria de Dios, fue escrito para decirle al mundo que Cristo vuelve, cuando el mundo menos lo espere. Aquí no existe ni la soberbia ni un carácter pretencioso de parte de su autora, sólo se quiere aportar con un granito de arena toda la gran obra esjatológica de grandes autores a lo largo de los siglos.

El Padre Manuel Lacunza y Díaz fue uno de los que resucitó en Chile una posición teológica que había sido abandonada por siglos en la Iglesia Católica, el llamado milenarismo, que es tomado del capítulo XX, del Apocalipsis de San Juan: “Y vi un ángel que descendía del cielo y tenía en su mano la llave del abismo y una gran cadena. Y se apoderó del dragón, la serpiente antigua, que es el Diablo y Satanás, y lo encadenó por mil años, y lo arrojó al abismo que cerró y sobre el cual puso sello para que no sedujese más a las naciones, hasta que se hubiesen cumplido los mil años, después de lo cual ha de ser soltado por un poco de tiempo. Y vi tronos; y sentáronse en ellos, y les fue dado juzgar, y vi a las almas de los que habían sido degollados a causa del testimonio de Jesús y a causa de la palabra de Dios, y a los que no habían adorado a la bestia ni a su estatua, ni habían aceptado la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. Los restantes de los muertos no tornaron a vivir hasta que se cumplieron los mil años. Esta es la primera resurrección!

Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección! Sobre éstos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, con el cual reinarán los mil años.”Ap. 20, 1-6 San Jerónimo influyó en el pensamiento de San Agustín para hacer de este capítulo una interpretación de tipo alegórica- por respeto a San Jerónimo- y no literal como lo habían hecho muchos de los primeros padres y el joven San Agustín. El Hiponense inclinó su postura hacia la interpretación alegórica siendo seguido por la Iglesia en el transcurso de los siglos. Si bien la Iglesia no ha condenado el milenarismo espiritual, ya que no puede hacerlo porque era sostenido por los primeros padres, ha preferido dejar el tema sin una resolución definitiva.

Los grandes referentes sobre el milenarismo sudamericano son los padres jesuitas Manuel Lacunza y Leonardo Castellani, por lo que Pusillus Grex viene a ser una pequeña pulga parada sobre los hombros de dos gigantes.

Finalmente, quisiera terminar esta breve reseña dando gracias a Dios que todavía existen cristianos que se atreven a expresar su pensamiento en medio de la inercia y el parasitismo de una parte importante de los intelectuales.

Pusillus Grex es el pequeño megáfono que le grita a los oídos de los hombres del siglo XXI.


Para conocer más acerca de esta obra puede escribir aquí



domingo, 4 de marzo de 2012

II Domingo de Cuaresma.

Hoy el Breviario nos habla del patriarca Jacob, modelo que es de entera confianza en Dios, aun en medio de los mayores contratiempos.
Toda la vida de Jacob es figurativa de Cristo. Dice San Agustín que "el hecho de la bendición que Isaac concedió a Jacob tenía un sentido simbólico, por cuanto las pieles de cabrito representaban los pecados, y Jacob revestido de esas mismas pieles era imagen de Aquél que, no teniendo pecados propios, cargó con los ajenos" (Maitines). Simbolismo que todavía recuerda el Pontifical Romano al obispo, cuando se pone los guantes para celebrar Misa.
Jacob fue "el suplantador" de su hermano Esaú, pues le ganó su derecho de primogenitura. Jesús, a su vez, suplantó al demonio, principe de este mundo, arrebatándole su presa con un arte y astucia divinas: ars ut artem falleret.
Jacob en su lucha con el Ángel salió al fin vencedor, y desde entonces le mandó Dios que se llamase Israel, o sea fuerte contra Dios. Pero más fuerte aun fue Cristo Jesús, el cual con dolores y luchas a brazo partido con el ángel malo, lo venció y, lo que es más, logró desarmar a Dios mismo, atándole las manos de su justicia para que no descargase sobre la tierra culpable los golpes merecidos de su ira.
Además Jesucristo es nuestro hermano mayor y nuestro capitán. Debemos escuchar sus palabras porque Él nos ha elegido para ser su propio pueblo. Claramente nos inculca esto la Epístola de hoy.
Jesús se aplica también a sí mismo la aparición de la escala de Jacób, para demostrar que en medio de las persecuciones se ve continuamente protegido por la divinidad y por los Ángeles (S. Juan I, 51). Dice también San Hipólito que "así como Esaú urdía la muerte de su hermano, así el pueblo judío tramó la muerte de Cristo y de su Iglesia.
Jacob hubo de huir muy lejos; y Cristo, a su vez, rechazado por la incredulidad de los suyos, hubo de fugarse a Galilea, en donde le fue dada por esposa la Iglesia, proveniente de la raza gentílica". Mas al fin de los tiempos estos dos pueblos, judío y gentil, llegarán a reconciliarse. También el Evangelio de hoy tiene como precursor en la visión de Jacob.
Él vió la gloria de Dios, y los Apóstoles la vieron en la Transfiguración, y más tarde cuando se les apareció inundado en divinales efluvios después de resucitado Hagámonos dignos de contemplarle cuando la Iglesia y su liturgia nos le presenten radiante de gloria el santo día de Pascua, preludio e la Pascua eterna y de la visión beatífica que no tendrá fin, y que colmará plenamente las ansias más profundas y más nobles de nuestro ser.
*

sábado, 3 de marzo de 2012

Martirologio Romano (1956).

3 de Marzo

  1. En Cesarea de Palestina, los santos Mártires Marino, soldado, y Asterio, Senador, en la persecución del Valeriano. El primero, acusado por sus compañeros de ser Cristiano, y confesándolo en voz alta al Juez que se lo preguntaba, logró, siendo degollado, la corona del martirio. Asterio, porque envolvió en su propio manto el cuerpo del Mártir, separado de la cabeza, y lo llevaba sobre sus hombros, consiguió inmediatamente el honor que tributó al Mártir, hecho también él Mártir.
  2. En Calahorra de España, el triunfo de los santos hermanos Mártires Emeterio y Celedonio, los cuales, militando en el campamento junto a León, ciudad entonces de Galicia, cuando se levantó la tempestad de la persecución, por la confesión del nombre de Cristo, fueron llevados a Calahorra, donde vejados con muchos tormentos, fueron coronados con el martirio.
  3. El mismo día, el suplicio de los santos Mártires Félix, Lucíolo, Fortunato, Marcia y sus Compañeros.
  4. Asimismo, los santos soldados Cleónico, Eutropio y Basilisco, que en la persecución de Maximiano, siendo Presidente Asclepíades, triunfaron felizmente en el suplicio de la cruz.
  5. En Brescia, san Ticiano, Obispo y Confesor.
  6. SANTA CUNEGUNDA, Emperatriz de Alemania, Virgen y Viuda

  7. En Bamberga, santa Cunegunda, Emperatriz; la cual, casada con Enrique I, Emperador de Romanos, guardó perpetua virginidad con asentimiento del mismo, y, colmada de los méritos de sus buenas obras, acabó con santo fin, y después de muerta resplandeció en milagros.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

viernes, 2 de marzo de 2012

Martirologio Romano (1956).

2 de Marzo

  1. En Roma, en la vía Latina, los santos Mártires Jovino y Basileo, que sufrieron el martirio imperando Valeriano y Galieno.
  2. En Roma también, muchísimos santos Mártires, los cuales, en tiempo del Emperador Alejandro y del Prefecto Ulpiano, atormentados por mucho tiempo, fueron finalmente condenados a pena capital.
  3. En Cesárea de Capadocia, los santos Mártires Lucio, Obispo, Absalón y Lorgio.
  4. En el Puerto Romano, los santos Mártires Pablo, Heraclio, Secundila y Jenara.
  5. En Campania, la conmemoración de ochenta santos Mártires, que, no queriendo comer la carné inmolada a los ídolos, ni adorar la cabeza de una cabra, fueron cruelísimamente muertos por los Longobardos.
  6. En Lichfeld de Inglaterra, san Ceadas, Obispo de los Mercios y Lindisfarnenses, cuyas preclaras virtudes conmemora San Beda el Venerable.

Y en otras partes, otros muchos santos Mártires y Confesores, y santas Vírgenes.
R. Deo Gratias.

jueves, 1 de marzo de 2012

Precisiones sobre el Ayuno y la Abstinencia.

Desde tiempo inmemorial es práctica en la Iglesia observar ciertos días de penitencia.
No se pretende en este artículo comentar la historia de la penitencia en la Iglesia, sino explicar la disciplina vigente.

Es una doctrina tradicional de la espiritualidad cristiana que el arrepentimiento, el alejarse del pecado y volverse a Dios, incluye alguna forma de penitencia, sin la cual al cristiano le es difícil permanecer en el camino angosto y ser salvado (Jer 18:11, 25:5; Ez 18:30, 33:11-15; Jl 2:12; Mt 3:2; Mt 4:17; He 2:38 ). Cristo mismo dijo a sus discípulos que ayunaran una vez que Él partiera (Lc. 5:35 ). La ley general de la penitencia, por lo tanto, es parte de la ley de Dios para el hombre.

PRÁCTICAS PENITENCIALES

La Iglesia, por su parte, ha especificado ciertas formas de penitencia, para asegurarse que los católicos, de alguna manera realicen, esta práctica, como lo requiere la ley divina, y a la vez hacerles más fácil el cumplir con esta obligación. El Código de Derecho Canónico de 1983especifica las obligaciones de los católicos de Rito Latino (los católicos de Rito Oriental tienen sus propias prácticas penitenciales, como se especifica en el Código Canónico de las Iglesias Orientales).

Canon 1249 – Todos los fieles, cada uno a su modo, están obligados por ley divina a hacer penitencia; sin embargo, para que todos se unan en alguna práctica común de penitencia, se han fijado unos días penitenciales, en los que se dediquen los fieles de manera especial a la oración, realicen obras de piedad y de caridad y se nieguen a sí mismos, cumpliendo con mayor fidelidad sus propias obligaciones y, sobre todo, observando el ayuno y la abstinencia, a tenor de los cánones que siguen.

Canon 1250 – En la Iglesia universal, son días y tiempos penitenciales todos los viernes del año y el tiempo de cuaresma.

Canon 1251Todos los viernes, a no ser que coincidan con una solemnidad, debe guardarse la abstinencia de carne, o de otro alimento que haya determinado la Conferencia Episcopal; ayuno y abstinencia se guardarán el miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

Canon 1252 – La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido catorce años; la del ayuno, a todos los mayores de edad, hasta que hayan cumplido cincuenta y nueve años. Cuiden, sin embargo, los pastores de almas y los padres de que también se formen en un auténtico espíritu de penitencia quienes, por no haber alcanzado la edad, no están obligados al ayuno o a la abstinencia.

Canon 1253 – La Conferencia Episcopal puede determinar con más detalle el modo de observar el ayuno y la abstinencia, así como sustituirlos en todo o en parte por otras formas de penitencia, sobre todo por obras de caridad y prácticas de piedad.

La Iglesia tiene, por lo tanto, dos formas oficiales de prácticas penitenciales –tres si se incluye el Ayuno Eucarístico antes de la Comunión:

Abstinencia

La ley de abstinencia exige a un católico de 14 años de edad y hasta su muerte, a abstenerse de comer carne los viernes, en honor a la Pasión de Jesús del Viernes Santo. Como carne se considera a la carne y órganos de mamíferos y aves de corral. También se encuentran prohibidas las sopas, caldos, cremas y salsas que se hacen a partir de ellos. Los peces de mar y de agua dulce, anfibios, reptiles y mariscos están permitidos, así como los productos derivados de animales como margarina y gelatina sin sabor a carne.

Para los viernes fuera de Cuaresma, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos obtuvo permiso de la Santa Sede para que los católicos de ese país pudieran sustituir esta penitencia por un acto de caridad o algún otro de su propia elección.

De igual modo, la Conferencia Episcopal Argentina promulgó la siguiente legislación complementaria el 19 de marzo de 1986: «A tenor del canon 1253, se retiene la práctica penitencial tradicional de los viernes del año consistente en la abstinencia de carnes; pero puede ser sustituida, según libre voluntad de los fieles por cualquiera de las siguientes prácticas: abstinencia de bebidas alcohólicas, o una obra de piedad, o una obra de misericordia». Otras Conferencias Episcopales (como la de España o México) han dado normas semejantes.

Con respecto a las obras de piedad que pueden reemplazar la abstinencia, se encuentran el rezo del Via Crucis, el Santo Rosario y la adoración prolongada al Santísimo Sacramento. En cuanto a las obras de misericordia, pueden ser las espirituales y corporales. Obras de misericordia espirituales: 1- Enseñar al que no sabe. 2- Dar buen consejo al que lo necesita. 3- Corregir al que yerra. 4- Consolar al triste. 5- Perdonar las injurias. 6- Soportar los defectos del prójimo. 7- Rezar por los vivos y los difuntos. Obras de misericordia corporales: 1- Dar de comer al hambriento. 2- Dar de beber al sediento. 3- Vestir al desnudo. 4- Recibir al peregrino. 5- Libertar al cautivo. 6- Visitar enfermos y presos. 7- Enterrar a los muertos.

Sin embargo, para la mayoría de las personas, la práctica más conveniente para cumplir correctamente con esta ley divina, sería la tradicional de abstenerse de comer carne todos los viernes del año. En Cuaresma, la abstinencia de comer carne los viernes es obligatoria.

Ayuno

La ley del ayuno requiere que el católico, desde los 18 hasta los 59 años de edad, reduzca la cantidad de comida usual. La Iglesia define esta práctica como una comida principal más dos comidas pequeñas que sumadas no sobrepasen la primera en cantidad. Este ayuno es obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo. El ayuno se rompe si se come entre comidas o se toma algún líquido considerado como“comida” (por ejemplo batidos; pero está permitida la leche). Las bebidas alcohólicas no rompen el ayuno; sin embargo, se las considera contrarias al espíritu de hacer penitencia.

Quiénes están excluidos del ayuno y la abstinencia

Además de los que están excluidos por su edad, también se incluyen a los que tienen problemas mentales, los enfermos, quienes se encuentran en estado de debilidad, mujeres embarazadas o en la etapa de lactancia de acuerdo a la alimentación que necesitan para alimentar a sus hijos, obreros de acuerdo a su exigencia física, invitados a comer que no pueden excusarse sin ofender gravemente o sin causar enemistad, u otras situaciones morales o físicas que imposibiliten mantener el ayuno.

Dispensa y conmutación

El canon 1245 establece unas facultades de dispensa amplias. Por lo tanto, pueden dispensar tanto el Obispo diocesano para sus súbditos como también el párroco. En este caso, sin embargo, se debe matizar que sólo puede dispensar en casos particulares: no puede, por lo tanto, conceder una dispensa general. También puede dispensar el Superior de un instituto religioso o de una sociedad de vida apostólica clerical de derecho pontificio para las personas indicadas en el canon. En todos los casos, se debe tener en cuenta el canon 90: debe haber justa causa para conceder la dispensa.

Conviene indicar que las obligaciones de las que se habló en este artículo son jurídicas. Los fieles están obligados, desde el momento en que queda recogida en el Código de derecho canónico, por la fuerza de la norma. Vale por lo tanto esta consideración para hacer ver que, si bien muchas veces el cumplimiento de la norma no supone sacrificio y penitencia, no por ello los fieles puede ingerir estos alimentos. El fiel al que no le cueste sacrificio abstenerse de carne, ha de abstenerse de todas maneras: y entonces el valor de su acción será la de la obediencia a la norma de la Iglesia. No supondrá sacrificio, quizás, la abstinencia de carne o el ayuno, pero tendrá el mérito y el valor ejemplar de la obediencia a la ley y a la Iglesia.

Como ya se dijo, la Iglesia tiene establecidos tiempos de penitencia que incluyen el ayuno y la abstinencia. Pero se debe tener en cuenta que los fieles están obligados cada uno “a su modo”: las prácticas que se establecen no dispensan de la obligación de hacer penitencia, la cual es personal, y no se debería limitar a las pocas prácticas comunes a todos los católicos.

Aparte de todos estos requisitos mínimos penitenciales, los católicos son llamados a imponerse algunas penitencias personales a sí mismos en ciertas oportunidades. Pueden perfectamente estar basadas en la abstinencia y el ayuno. Una persona puede aumentar, por ejemplo, el número de días de abstinencia. Algunas personas dejan completamente de comer carne por motivos religiosos (al contrario de aquellos que lo hacen por razones de salud u otras). Algunas órdenes religiosas nunca comen carne. De la misma manera, es posible hacer más ayuno de lo requerido. La Iglesia primitiva practicaba el ayuno los miércoles y sábados. Este ayuno podía ser igual a la ley de la Iglesia (una comida principal más dos pequeñas) o aún más estricto, como sólo pan y agua. Este ayuno libremente escogido puede consistir en abstenerse de algo que a uno le gusta –dulces, refrescos, cigarrillos, ese cocktail antes de la cena, etc. Esto queda a elección de cada individuo, siempre, en lo posible, aconsejados por un Director Espiritual.

Una consideración final

Antes que nada estamos obligados a cumplir con nuestras obligaciones y deberes de estado. Cualquier abstención que nos impida seriamente llevar adelante nuestro trabajo como estudiantes, empleados o parientes serían contrarias a la voluntad de Dios.

Fuentes:
- Código de Derecho Canónico (1983); EWTN; AICA; Catholic.net.